La sinrazón

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Infografía que la empresa promotora de Alovera Beach ha realizado para la presentación del proyecto. // Foto: dream-alcala.com

“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura” (Miguel de Cervantes, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”)

Por Borja Montero

Todo el mundo, casi literalmente, se ha enterado de la noticia de la semana. Guadalajara tendrá playa. Rayet ha presentado estos días un proyecto llamado “Alovera Beach” con el que pretende dotar a esta localidad del Corredor del Henares de una gigantesca laguna artificial rodeada de arena de playa, zonas recreativas y de hostelería y todo lo habitual en este tipo de complejos de ocio; en definitiva, la playa artificial más grande de Europa, según aseguran los promotores de esta instalación. El Ayuntamiento de Alovera ya ha dado el visto bueno a la posibilidad de llevar a cabo el proyecto, “un sueño hecho realidad”, en palabras de su alcaldesa, que se ha materializado en la cesión de la explotación de una parcela municipal para ello, aunque la burocracia necesaria para dar el pistoletazo de salida a las obras aún no se ha llevado a cabo.  Sigue leyendo

Una monja en mi playa

Misión de evangelización en playas de Valencia. // Fopto: pildorasdefe.net

Misión de evangelización en playas de Valencia, este verano. // Fopto: pildorasdefe.net

Por Concha Balenzategui

He pasado unos días en la playa y he encontrado millones de conchas, decenas de medusas, colillas y otro tipo de desperdicios traídos por el mar, que ya se sabe que acaba por devolvernos lo que arrojemos en él. En la costa uno se encuentra de todo. Es posible desenterrar incluso un trozo de ladrillo de El Algarrobico antes de que comience la demolición. Y ¿quién no ha ido a la cala más recóndita y se ha visto cruzando saludos con alguien de Guadalajara? En vacaciones uno puede toparse con ese compañero insoportable de la oficina, con el vecino cansino y con la petarda de turno. Que se lo digan a una amiga mía, que se dio de bruces con su jefa en pleno Partenón de Atenas y le faltó Acrópolis para esconderse.

Pero yo vuelvo desolada porque me he perdido el fenómeno que últimamente está más en boga, el trending topic playero de este verano: Una monja predicando el Evangelio, entre toalla y toalla. Cuando al regresar he leído la noticia y me he imaginado a las religiosas remángandose el hábito para animar a los veraneantes a la lectura de las sagradas escrituras, he sentido que a mis vacaciones les ha faltado chispa. Mira que te ofrecen helados, refrescos, cucuruchos de camarones, bañadores a cinco euros, bollos de Sanlúcar o masajes orientales. Pero yo no he visto todavía una monja en acción pastoral entre las sombrillas.

Veo que todo se ha fraguado tierra adentro, justamente en nuestra provincia. Porque el cursillo de preparación para estas religiosas se ha impartido en Espinosa de Henares, en el convento de las Misioneras del Evangelio de la Misericordia. Por lo que deduzco, la acción en las playas de Mazarrón, que llaman “camping-misión”, venía a ser como unas prácticas para aprender a evangelizar en cualquier parte. Y si los fieles no están en las iglesias, habrá que ir a buscarlos allá donde acuden.

Guadalajara tiene una buena cantera en esto de predicar la religión. Hace años eran los Hare Krishna los que repartían magdalenas y cánticos en la plaza de Santo Domingo. También se paseaban por las cruces unos jovencitos elegantes y guapísimos, Biblia en mano. Tenemos un montón de curas diocesanos -un montón relativo, que sabida es la carencia de vocaciones- repartidos por varios continentes en las misiones. Y últimamente es frecuente encontrarse el quiosco de la Concordia tomado por los cantos y los testimonios de las iglesias evangélicas o evangelistas (no lo sé muy bien), que hasta el alcalde Román se apuntó al sarao uno de los días. Lo llaman respeto a las confesiones religiosas.

Antonio Román, en la apertura de las jornadas evangelistas. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Antonio Román, en la apertura de las jornadas evangelistas. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Así que estas monjas han querido hacer honor al nombre de su congregación, Misioneras del Evangelio, y tras un campus de preparación en Espinosa, se han puesto a predicar. ¿Por qué no buscar feligreses hasta los confines de la tierra firme?, se han debido preguntar. Pues a la playa. “Venga jovencito, que si te vienes a una reunión esta tarde, que vamos a comentar la palabra de Dios”. Así se la deben soltar a uno cuando está desprevenido en la toalla, y frotándose los ojos por la visión. “Es que a esa hora precisamente he quedado par ir de botelleo, hermana”, les debe contestar más de uno.

Fuera de bromas, eso de que las monjas bajen a la arena, y nunca mejor dicho, no me parece mal. No sé si enseñarán mucho a los bañistas, o sus palabras pías calarán en algunos oídos vacacionantes. Pero seguro que ellas aprenden algo de lo que se cuece por aquí fuera. Les viene bien airear los hábitos, observar y escuchar lo que dice el rebaño. Siempre con cautela, que el clero nos está dando más de un susto este verano con sus misiones. En Palma de Mallorca rescataron, afortunadamente con bien, a una monja de 78 años que flotaba inconsciente a 25 metros de la orilla. Debió llevar su misión al extremo y suerte que andaba por allí la Policía, que no descansa ni fuera de servicio.

Serán los nuevos aires del papa Francisco, las calendas veraniegas o la falta de gente en los templos de interior, pero algo mueve a estas siervas del Altísimo a llegar al nivel del mar. Me parece bien. Lo que me fastidia es habérmelo perdido y no poder contarles como testigo directo que esta semana me había encontrado con sor Calendas cuando iba al chiringuito. Vaya verano insulso.