La buena noticia

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El Edificio Negro del Centro Cívico preside la plaza del Concejo, un punto algo anárquico en lo arquitectónico pero de tránsito casi obligado de cientos de vecinos para su trabajo, sus quehaceres ciudadanos o su ocio. // Foto: lacronica.net 

Por Borja Montero

La capacidad inherente a cada periodista de cuestionarse absolutamente todo hace que, en ocasiones, hasta las buenas noticias puedan verse rodeadas de informaciones que ensombrecen su innegable bondad. Este fenómeno de transmutación de la apariencia de la realidad, basado en un sentido crítico bastante en declive en la época de las redes sociales y la información al minuto, de las rueda de prensa sin preguntas y de las notas de prensa como medida del mundo, suele prestar atención no tanto al qué como al cómo o al por qué, a los hechos que rodean la noticia en sí o al análisis concienzudo de los datos de la misma. En las cuestiones públicas, el interés de los rivales políticos de hacer patentes sus críticas a la labor de Gobierno es también un buen acicate para estos exámenes en profundidad y estos relatos de lo que sucede paralelamente a la cuestión en sí. Sigue leyendo

El tiempo, en espiral

Guitarra

Por Marta Perruca

La guitarra, encima de la cama sobre su funda y un montón de partituras con canciones nuevas, dispuesta a cualquier minuto que se escape en el reloj y quiera arrancarle algunas notas; el vaso de Coca-cola ocupa el lugar que en otro tiempo perteneció al cenicero, porque  mañana hace un mes que volví a dejar de fumar – qué vicio más perverso-. Y aquí estoy otra vez, delante del ordenador, tratando de comprobar hacia dónde me llevará esta reflexión. Sigue leyendo

La Plaza del Concejo

Asamblea de Ganemos Guadalajara en la Plaza del Concejo, el jueves pasado. // Foto: Twitter de Ganemos Guadalajara.

Asamblea, el jueves pasado en la Plaza del Concejo, de la iniciativa política surgida este verano.  // Foto: Twitter Ganemos Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Si un marciano o un murciano se dejasen caer en Guadalajara por la plaza del Concejo tal vez viesen únicamente una placita con escaleras, algunos arbustos, una zapatería… y poco más. Resulta un apéndice caprichoso del caótico urbanismo del centro, desprovisto de sus históricos monumentos –de los que apenas queda el testimonial Arco de San Gil-, situado a la sombra de ese oscuro engendro que es el edificio negro del Cívico, un gigante con pies de barro que convocaría más aplausos que lamentos si acabase por doblar las rodillas.

A sólo unos pasos de la Plaza Mayor, que impone su peso en el nombre, la fisonomía y la presencia de la casa consistorial, la Plaza del Concejo es, en cambio, como esos patios traseros de las comunidades de vecinos que, ocultos a la vista, apenas sirven para tender la ropa y almacenar cuatro trastos viejos. Es una plazuela vulgar. Poca cosa, dirá ese marciano o ese murciano. Pero lo dirá porque no está sabiendo ver.

Veamos, pues.

Original de un acta de una sesión del Concejo de Guadalajara en 1454. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara.

Acta de una sesión del Concejo en 1454. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

Con historia. Hay algo que evidentemente no se ve, que es la historia. Y para eso están las estatuas. En nuestra Plaza del Concejo no hay ninguna efigie, ningún monolito ni un triste símbolo que recuerde la importancia que tuvo este lugar como punto de reuniones del concejo medieval, una institución que, frente a una más rancia lectura como residuo de la política feudal, podemos buscarle otra mucho más interesante como remoto presagio del municipalismo que tenemos en democracia.

Quisiera no equivocarme al ver el concejo medieval como lo más parecido a la sociedad civil que podía haber en la Guadalajara del siglo XV. Según relatan nuestros historiadores, sus reuniones al aire libre eran sesiones abiertas (al menos en sus primeros tiempos) a nobles y vecinos que pagaban impuestos y que –no había Twitter ni WhatsApp– eran convocados por el tañido de las campanas de la iglesia de San Gil. Eligieron regidores, pero también decidieron sobre asuntos tan variados como arreglos en las calles, los detalles de celebraciones tan destacadas como la boda de Felipe II o el encargo de gigantes para las comparsas del Corpus Christi.

Sustituido más tarde este concejo por reuniones bajo techo en una casa consistorial ya construida, la institución medieval apenas es recordada ya en los libros de historia y en el nombre de este cruce de caminos donde en su día tuvo la sede, la antes llamada la Plazuela de San Gil. Pero resulta interesante la carga simbólica del relato histórico.

El alcalde y el edil Carnicero, en una reciente visita a las obras de Dávalos. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

El alcalde y Carnicero, en una visita a las obras de Dávalos. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

Sin remodelación. Aparte de la remodelación de la antigua carretera de Barcelona en el rebautizado pomposamente como Eje Cultural, el equipo de Gobierno ha invertido desde 2009 más de 1,3 millones de euros en las reformas del casco antiguo, que se ha extendido por todo el eje principal de la Calle Mayor y Miguel Fluiters, por varias calles próximas y en la muy necesitada Plaza de Dávalos. Por cierto, cualquiera que pase por allí ya puede hacerse una idea bastante definida del resultado de esta última acometida, con una configuración escalonada que está siendo muy comentada: aquello se va a convertir en el paraíso de los monopatinadores y le auguramos un futuro glorioso al ‘skate’ alcarreño.

El caso es que el Plan de Reforma Integral del Casco Histórico deja fuera de sus 8.300 metros cuadrados de superficie afectada a la Plaza del Concejo. Es una decisión que resulta insólita: ante una planificación tan ambiciosa, este rinconcito ha sido obviado, olvidado o marginado. Y seguramente no haya otra oportunidad similar para meterle mano. Tal vez el Ayuntamiento haya considerado que no había una necesidad imperiosa, como en Dávalos, aunque parece que el concejal de Obras llegó a barajar, más en privado que en público, algunos arreglos con las mejoras que ofertase la empresa adjudicataria de las obras en Miguel Fluiters; tal vez desde el Consistorio consideren que su aspecto actual no desentona en exceso con los nuevos brillos del resto de las obras, al tratarse de un rincón ciertamente arrinconado y poco expuesto a la vista de vecinos y forasteros, incluyendo murcianos y marcianos.

Los nuevos tiempos. A pesar de que toda la carga histórica del enclave haya quedado reducida a la placa que da nombre a la plaza y pese a la confirmación de la condena a las ausencias también en las partidas presupuestarias, la plaza del Concejo ha resucitado. Y lo ha hecho con todo el vigor de su naturaleza, que es ciudadana.

En los últimos días ha sido muy compartida en redes sociales esta estampa antigua de la zona del Cívico, con la iglesia de San Gil al fondo. // Foto: fototeca de Patrimonio Histórico.

En los últimos días ha sido muy compartida en las redes sociales esta antigua estampa de la zona del Cívico, con la iglesia de San Gil al fondo. // Fototeca de Patrimonio Histórico.

Dos de los principales movimientos sociales surgidos en los dos últimos años han tenido su origen precisamente en la Plaza del Concejo. Cuando en el verano de 2012 la Consejería de Cultura cerró el Teatro Moderno, un grupo de artistas y amantes de la cultura se reunió allí para poner en marcha una plataforma de oposición a esta decisión que tiempo después cristalizaba como Amigos del Moderno, la asociación cultural con más socios (supera los 400) que hay actualmente en la ciudad.

Este último verano, en pleno mes de julio, IU convocó una asamblea ciudadana en el mismo lugar para poner en marcha un proceso de convergencia entre partidos políticos y movimientos sociales con el objetivo de estudiar la opción de configurar una candidatura para las elecciones de mayo próximo. La propuesta ha tomado forma después de varias reuniones allí mismo y de una asamblea que reunió la semana pasada a casi un centenar de personas en la plaza. Ganemos Guadalajara, una iniciativa por otra parte similar a las que proliferan por todo el país, ha tenido el oportunismo de obrar su bautismo de fuego en este lugar emblemático. Si algún día llegase a ser importante, Ganemos Guadalajara tendría en la Plaza del Concejo algo así como el escenario de su mito fundacional.

Integrantes de los grupos de trabajo de la asamblea de Ganemos colgaron las propuestas de sus debates. // Foto: R.M. (El Hexágono).

Integrantes de los grupos de trabajo de la asamblea de Ganemos colgaron las propuestas de sus debates. // Foto: R.M. (El Hexágono).

Desconozco si la búsqueda de este punto del callejero para el nacimiento de la iniciativa ha sido intencionada. Pero, historia (tan intangible) al margen, decíamos al principio que tal vez el murciano o el marciano no hayan sabido mirar la verdadera particularidad de esta plaza, que radica en un aspecto muy operativo: allí uno puede sentarse. Y en verano, además, hay sombra.

A diferencia de lo que ocurre en las plazas de la concatedral de Santa María, en el Jardinillo o incluso en la propia Plaza Mayor, cuyas remodelaciones arrasan con todo para crear superficies abiertas, poco habitables y sepultadas en cemento, esta otra plazuela mantiene la vieja estética y resulta ideal para convocar asambleas y dividir a los participantes en grupos de debate y comisiones de trabajo que luego ponen sus conclusiones en común. La Plaza del Concejo es ideal para el ejercicio de la política horizontal en plena calle. De un modo tal vez muy similar al que hacían los antiguos vecinos del concejo medieval. Así que, al César lo que es del César: hay que agradecer que la estrategia urbanística de Carnicero haya librado a esta plaza de las piquetas.

Nota a pie de página: El periódico Nueva Alcarria celebró ayer martes sus 75 años de trayectoria. El acto contó con suficientes respaldos por parte de las autoridades invitadas para soplar las velas. No está de más que quienes estamos menos preocupados por la imagen corporativa de las cabeceras recordemos que algunos colegas que allí curran están acumulando importantes retrasos en los pagos y que 18 trabajadores fueron despedidos de allí hace dos años y medio sin que la dirección haya cumplido con el acuerdo de pagar en dos tiempos las nóminas pendientes y los finiquitos (en total, me dicen, unos 400.000 euros). Nueva Alcarria, que sigue haciendo negocio en los quioscos y en el mercado publicitario, está de fiesta; los demás pagaremos sus deudas a través del Fogasa, espero -por el bien de los compañeros- que más pronto que tarde. Ánimo a los compañeros.