Trabajo basura

Por David Sierra

Rebuscaba en el contenedor. Su cuerpecillo, delgado y maleable como el de una lombriz, se colaba hasta la mitad del recipiente como si una gran boca le estuviera engullendo. Con un balanceo abdominal constante mantenía el equilibrio permitiéndole utilizar las dos manos. En una de ellas portaba una barra de acero con una ganzúa en la punta de uno de los extremos para ir separando las bolsas y recuperar aquello que pudiera serle de utilidad. Con la otra se asistía. Junto a él llevaba un viejo carrito de la compra donde introducía todo lo que encontraba. Ya estaba casi a rebosar y entre el cierre se podían ver utensilios como sartenes o cacerolas, aunque no hacía ascos a prácticamente nada.

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Dichosas etiquetas

Y

Por Gema Ibáñez.

Lo reconozco. Me superan las etiquetas que a diario nos colocan desde las administraciones para evitar llamar a las cosas por su nombre. Que lo tienen.

Me sobrepasa que frente a la crisis, frente al desastre en cifras de empleo, tiremos del epígrafe de “Personas en riesgo de Exclusión Social” ¿Perdona? ¿Que la sociedad me llama excluido? ¿Por no tener un empleo? No. No trago.

En riesgo de Exclusión Social está todo aquel que hace daño a la sociedad o al que la sociedad renuncia. Desde luego no alguien capacitado y con formación detrás que no ha podido acceder a un empleo o al que le han despojado de él. ¿O es que seguimos todavía en la atroz idea de que el que no trabaja es porque no quiere?

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Pollo tres días

billetes_euroEstaba clavado frente al estante del jamón serrano como el que mira intensamente una obra de arte. Su mirada atisbaba temor, aunque los años de experiencia le permitían seguir tranquilo. No era la primera vez. Ni seguramente sea la última. Cuando el pasillo quedó vacío, echó la mirada a un lado y otro asegurándose de que no hubiese miradas delatoras. Fue rápido. En un movimiento de mano ensayado agarró dos paquetes de apenas noventa gramos y sin mirarlos siquiera los introdujo en la parte trasera del pantalón. Lo tenía estudiado al detalle. Para salir del paso dio otra vuelta por el comercio, metió en el carrito de compra un par de cervezas de marca blanca y marchó hasta la caja. Nunca podría intuir que le habían delatado y le estaban vigilando. Cuando tuvo que testificar, avergonzado, reconoció que lo hacía para comer.

La Tasa de Pobreza o Exclusión Social publicada en la última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) sitúa a Castilla La Mancha como la cuarta comunidad autónoma con mayor porcentaje, un 37,9%, por debajo de Canarias (44,6%), Ceuta (41,9%) y Andalucía (41,7%) y diez puntos por encima de la media nacional. Que la recuperación económica no está llegando a todos por igual lo demuestran unas cifras que en la región empeoran en casi un punto porcentual con respecto a la encuesta publicada en 2015. Y todo ello a pesar de que la renta anual media neta por persona ha supuesto un incremento en casi 250 euros, poniendo de manifiesto una mayor desigualdad entre los que más ganan y los que menos. Además, la región es la segunda que más sufre carencia material severa junto con Murcia. La carencia material severa se define como la ausencia de al menos cuatro conceptos de los nueve que se preguntan en la encuesta: no puede permitirse ir de vacaciones una semana; no puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado cada dos días; no puede mantener la vivienda con una temperatura adecuada; no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos; retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda; no puede permitirse disponer de un automóvil ni teléfono ni televisor ni lavadora.

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Porcentaje de personas con carencia en al menos cuatro conceptos.

Se acercaba la hora de cierre. Pocos clientes frecuentaban los pasillos del supermercado. Eran las compras de última hora. En esos instantes saltaron todas las alarmas de la atención que el dependiente tiene cuando él entró por la puerta. Llevaba una camiseta llena de agujeros, como si estuviera recién sacada de un cubo de basura. Le estaba grande. Las bermudas sucias y descoloridas, desgastadas por toda la zona de la entrepierna, tampoco favorecían su imagen. Unas chanclas con calcetines completaban la indumentaria. Sus andares tampoco transmitían confianza. Eran bastos y sin un destino seguro. En sus ojos se veía el hambre. También su honestidad. Lo estaba pasando mal. Se acercó a uno de los dependientes y le susurró al oído. No quería que nadie se diera cuenta de sus intenciones. ¿Me podría dar algo de comer?. Le dijo. Las palabras sobran cuando la necesidad llama a la puerta. Le pidió que le acompañara hasta el almacén. De allí sacó una barra de pan junto con un paquete de magdalenas que estaban a punto de caducar. Y le acompañó hasta la salida con un gracias que difícilmente salió de la garganta. Nunca más regresó.

Casi un 17 por ciento de los encuestados en la región ha declarado llegar con mucha dificultad a fin de mes. La cifra varía poco de la obtenida el pasado año y es otro indicador de las dificultades por las que está atravesando la población. Las cifras únicamente se ven aliviadas por el dato de los hogares medidos con este mismo indicador, que muestran un descenso de dos puntos con respecto al año anterior, pasando del 16,4 al 14,7%.

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Más de un 43% de la población castellanomanchega encuestada revela no poder permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año y más de un 4% reconoce no poder permitirse una comida de carne, pescado o pollo cada dos días y casi un 16% admite retrasos en el pago de recibos como la hipoteca, el alquiler, el agua o la luz, una cifra muy superior al 2% que lo admitía en 2004.

No obstante, desde el Ministerio de Economía y Competitividad ven el vaso medio lleno y acogen los datos globales como agua de mayo en lo que han denominado “crecimiento inclusivo” de la economía española. Sustentan esta idea en la bajada de la carencia material severa, por segundo año consecutivo, tras pasar del 6,4% al 5,8%, y por la reducción de la baja intensidad en el empleo, desde el 15,4% al 14,9%. A pesar de esta buena impresión, algunos sectores de población no consiguen ver el vaso de la misma manera que el Gobierno de España. Tal es el caso de los extranjeros no pertenecientes a la Unión Europea que por tercer año consecutivo ven incrementar su porcentaje en las dificultades para llegar a fin de mes.

“2×1” se puede leer sobre la tapa de un yogurt. “50% de descuento” en el plástico de una bandeja de carne con fecha del día. Así hasta una decena de referencias de todo tipo. Es la comida que se tira. Que podría tirarse al final del día. Que se acumula en los contenedores al término de cada jornada. Que algunos recogen con ganchos y bastones. Los buscadores de su tesoro. Son la parte de esas cifras que miden la indignidad y que luchan para romper la estadística. Para comer pollo, al menos, tres días.

Condiciones de vida

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Por Míriam Pindado

¿Te cuesta llegar a fin de mes? ¿Puedes permitirte ir de vacaciones al menos una semana al año? ¿Podrías hacer frente a algún gasto imprevisto? ¿Te has visto obligado a retrasar los pagos corrientes de tu vivienda? Con los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) se puede comprobar que una importante parte de la población española tiene serios problemas para llegar a fin de mes, y más en el caso de nuestra región, ya que Castilla-La Mancha se sitúa entre las cinco comunidades autónomas con mayor riesgo de pobreza.

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Que el Comercio Justo acompañe a los Reyes Magos en Guadalajara

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Interior de la tienda de Oxfam Intermón de Comercio Justo de Guadalajara, en la plaza Capitán Boixareu Rivera, 68, al lado de la Concordia.

Por Alberto Abad Adelarpe*.

Para Oxfam Intermón, el Comercio Justo es un sistema comercial solidario y alternativo cuyo objetivo es mejorar el acceso al mercado de los productores más desfavorecidos y cambiar las injustas reglas del comercio internacional, que consolidan la pobreza y la desigualdad mundial.

Como cada año, Oxfam Intermón pone al alcance de aquellos consumidores que quieran optar por unas compras con garantías éticas y medioambientales, productos de comercio justo especialmente pensados en esta ocasión para potenciar el confort y el bienestar.

Lamentablemente, el próximo 16 de enero cerrará la tienda Oxfam Intermón de comercio justo de Guadalajara (ubicada en la plaza del Capitán Boixareu Rivera, 68.) Han sido más de 12 años dando a conocer la labor de Oxfam Intermón, realizando actividades en la calle, explicando los proyectos en los que trabaja y acercando el comercio justo a la ciudad de Guadalajara, y quiere agradecerte tu apoyo durante todo este tiempo.

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De bruces con la realidad

Un hombre rebuscando entre la basura en el barrio de Los Manantiales.//Foto: Ana María Ruiz

Un hombre rebuscando entre la basura en el barrio de Los Manantiales.//Foto: Ana María Ruiz

Por Ana María Ruiz

Seguimos otra semana más hablando de pactos, acuerdos, formación de gobiernos, minorías, mayorías, alcaldías y presidencias, que por otra parte es lo que toca como mínimo hasta finales de este mes. En estos días en los que todos nos hemos convertido en improvisados analistas políticos, el Instituto Nacional de Estadística se ha encargado de devolvernos a la realidad, a la más cruda realidad que padecen miles de castellano-manchegos y cientos de vecinos de Guadalajara.

El organismo oficial ha presentado los resultados de la Encuesta de Calidad de Vida 2014, que reflejan que un 22 por ciento de los españoles vive en el umbral de la pobreza. En Castilla-La Mancha el porcentaje se eleva hasta el 28,4 por ciento, lo que convierte a nuestra región en la cuarta Comunidad Autónoma con la tasa de pobreza más alta del país, sólo por detrás de Murcia (37,2%), Andalucía (33,3%) y Extremadura (33,1%). Para echarse a temblar.

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Tres deseos

El genio de la Navidad ha concedido tres deseos a la provincia de Guadalajara. // Foto: talent.paperblog.com

El genio de la Navidad ha concedido tres deseos a la provincia de Guadalajara. // Foto: talent.paperblog.com

Por Marta Perruca

Siempre que en un cuento, un relato o una historia alguien frota una lámpara mágica, un todopoderoso genio sale de su interior para concederle, curiosamente, tres deseos: ni uno, ni dos, ni cuatro, justo tres. Me pregunto por qué. Sinceramente, yo sólo necesitaría uno, aunque es cierto que al escuchar la palabra deseos se nos vienen a la cabeza, casi de manera automática, tres cosas: Salud, dinero y amor. Esto es, precisamente, lo que solemos desear a nuestros seres queridos por estas fechas y, aunque no me creáis, esta mañana me he tropezado con un artefacto misterioso y al frotarlo ha emergido, entre una nube de humo, el gran genio de la Navidad, concediéndome tres deseos para Guadalajara. Soy consciente de que lo que muchos desearían es acostarse el día 23 y despertar el 7, cuando todo este mogollón se haya terminado. Bien mirado y gracias al Corte Inglés, no basta con estos días para escapar de la Navidad y debiéramos irnos un par de meses atrás en el calendario.De alguna manera, la concepción consumista de estas fechas, hace que se pongan de manifiesto nuestras carencias agravadas con la crisis, y eso genera en muchas personas un añadido de frustración y tristeza, que se termina por respirar en el ambiente.

En Navidad, dice el anuncio, nuestros sueños juegan a la lotería, y este lunes nos hemos despertado expectantes con ese soniquete de los niños de San Ildefonso cantando los números del bombo dorado en el televisor, porque el dinero, también dicen, no da la felicidad, pero ayuda. Los guadalajareños hemos gastado una media de 44 euros en la lotería de Navidad, por debajo de la media española, que se sitúa en los 48, y hemos visto que los premios han pasado de largo por nuestra provincia: Tan solo ha caído aquí un Quinto Premio, que ha ido a parar a una papelería de Marchamalo. Al menos en mi casa, nos contagiábamos de la alegría que irradiaban todos esos premiados en el televisor, que parecían necesitarlo.

Pero sin duda el gran agraciado del sorteo ha sido Hacienda, que se embolsará unos 188 millones de euros, ya que se queda con un 30 por ciento de la recaudación y un 20 por ciento de los premios superiores a 2.500 euros. Podríamos sentirnos dichosos, por eso otro que dicen de que Hacienda somos todos, pero a estas alturas creo que ya hemos comprendido que para unos, mucho más que otros. Aun pareciéndome injusto, debo reconocer que no me hubiera importado nada haber tenido que tributar este año por un premio, pero de tener que formular un deseo para la provincia en este sentido, hubiera preferido empleo en cantidad y calidad.

En estas fechas solemos acordarnos también de los que menos tienen, de quienes no pudieron cenar con champán, marisco o cordero y carecen de recursos para apilar paquetes de colores a los pies del árbol de Navidad, porque aunque no lo valoremos en su justa medida, ser solidarios también nos hace un poquito más felices.

En el mes de noviembre, el senador socialista, Jesús Alique, alertaba de que más de 20.000 niños de esta provincia no comían adecuadamente por vivir en condiciones de pobreza, según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE). Braulio Carlés, responsable de la Red de Lucha contra la Pobreza en Castilla-La Mancha, manifestaba en el mes de octubre que en Guadalajara se habían atendido en torno a 10.000 personas en esta situación, que según sus previsiones, alcanzarían las 14.000 a finales de año y es conocido por todos que los comedores sociales no dan abasto para atender el incremento en el número de comensales.

Así que en Navidad surgen por doquier las iniciativas que llevan el apellido Solidario. En mi pueblo, Molina de Aragón, se celebrará, mañana por la tarde, un bingo cuya recaudación irá destinada a Cáritas, pero también somos testigos de cenas y comidas, bancos de alimentos, recogida de juguetes, conciertos y galas, todos ellos con el mismo apellido y en toda la provincia… Probablemente, en otro tiempo, alguien nos pudo reprochar que solo nos acordáramos de nuestros desheredados y de los que sufren el drama a diario de la guerra, el hambre y la pobreza, en Navidad, pero ahora la crisis nos obsequia con estampas de miseria todos los días del año, por lo que parece difícil olvidarse de ello.

Siempre he dicho que si tuviera dinero compraría tiempo, porque a menudo pecamos de dar demasiada importancia a cosas que realmente no la tienen: envidiamos el coche o la casa del vecino, cuando, al menos en lo que a mí respecta,  lo más valioso que puedo atesorar son los momentos compartidos con las personas que me importan. Sin embargo, hay un tiempo que no se puede comprar, aunque a veces el dinero ayude. Por eso en El Casar han decidido celebrar una gala solidaria de Navidad cuya recaudación irá destinada a pagar el tratamiento de una niña de la localidad, que tiene leucemia.

El tiempo y la salud han adquirido en esta época otra dimensión. Me contaban ayer la historia de una vecina que asegura no poder morirse, porque su pensión es el único dinero que entra en casa para mantener a sus hijos y nietos. Asimismo, todos conocemos algún caso en el que las familias han sacado a sus ancianos de las residencias para poder subsistir con su pensión.

Y hablando de salud, doy gracias de que dios me la haya conservado durante estos años, porque tal y como está la Sanidad, no querría haber estado en la piel de los enfermos de esta provincia, de los que han tenido que irse a recibir tratamientos para el cáncer a Ciudad Real, antes del convenio sanitario con la Comunidad de Madrid, por ejemplo; los que han llegado a unas urgencias con unas condiciones de personal que no eran las más adecuadas o los que han pasado a engrosar unas infladas listas de espera. Creo que llegado el momento de formular mi segundo deseo para Guadalajara al todopoderoso genio, le pediría una sanidad gratuita, universal y de calidad.

Visto lo visto, un año más el panorama no parece muy alentador. Aunque el Gobierno hable de crecimiento y recuperación, pienso que a los ciudadanos ya no nos impresionan demasiado los datos, porque a pie de calle la realidad es muy distinta.

Aun con todo, yo no querría hacer paréntesis y despertarme el día 7 de enero como si tal cosa, porque desde mi punto de vista y por muy mal que anden las cosas, la Navidad siempre nos ofrece alguna excusa para sentirnos felices, aunque solo  sea por los momentos de encuentro empapados de sonrisas, por las cenas y comidas compartidas con la familia, por esa tregua de sueños, deseos y esperanzas que nos concede estos días, incluso  por los propósitos de ser mejores, que a los pocos días terminarán en la papelera.

Si me tropezara con una lámpara de aceite y me afanara por frotarla hasta sacar de sus entrañas un genio que tuviera la decencia de concederme, no tres, sino solo un deseo, no lo pensaría dos veces. Pediría la felicidad que quiero compartir con todos vosotros.

¡¡¡ Feliz Navidad!!!

P.D.: Alguno dirá que he hablado de dinero y salud, pero me he dejado algo en el tintero. Nada más lejos, creo que el amor está en cada una de las cosas de esta vida que merecen la pena, por lo que pediría precisamente eso, que cada proyecto, iniciativa, empresa o política esté respaldado por el amor. Como decían los Beatles: “All you need is love”.

 

 

 

Los garbanzos de Navidad

El próximo lunes, los niños de San Ildefonso cantarán El Gordo de Navidad. // Foto: Bernat Armangue / AP Photo -Radial Press.

El próximo lunes, los niños de San Ildefonso cantarán El Gordo de Navidad. // Foto: Bernat Armangue / AP Photo -Radial Press.

Por Rubén Madrid

Un año más, las navidades, tiempos de solidaridad donde los haya, comenzarán y acabarán con nuestros deseos puestos en ampliar nuestro patrimonio material. Por más que a los anuncios de los décimos y del choped les acompañen música con alma, por más que los días pares nos pongamos nostálgicos y los impares estupendos, lo cierto es que, en la mayor parte de los casos, inauguraremos temporada navideña este lunes deseando ser mucho más ricos y acabaremos despertando la mañana del 6 de enero siendo un tanto por ciento más ricos si a los de Oriente no les da por dejarnos carbón, que en Asturias saben desde hace tiempo que es signo de penuria.

No deja de impresionar cada año que en estos tiempos en que somos más solidarios que nunca, en que nuestras conciencias se ablandan y endulzan como el corazón del mazapán, el consumismo imponga sus galones. Cada guadalajareño se gasta de media 49 euros en este sorteo (tocamos a un par de décimos y unas participaciones). Cada español –y aquí lo somos, sin duda– empleará también de media unos doscientos y pocos euros para regalos navideños, en el ejercicio de su propia majestad. Y entre tanto, dicen los expertos, nos pasaremos de los 500 euros entre unos gastos y otros durante estas Navidades. Muy lejos, por cierto, de los más de 900 que se nos calculaba en tiempos de vacas gordas.

Todo esto ocurre en un país en el que la situación ya es calificada de dramática por muchas voces expertas que trabajan en la calle y no en los despachos gubernamentales. Cada poco tiempo se nos atraganta un telediario con algún informe de mal agüero y peor diagnóstico. Se me viene a la cabeza que el guadalajareño Braulio Carlés, responsable de la Red de Lucha contra la Pobreza en Castilla-La Mancha (EAPN C-LM), nos decía hace muy poco -con motivo del Día Mundial de Erradicación de la Pobreza- que el 36,7% de la población de la región está en situación de pobreza o riesgo de exclusión social. Y si los contamos uno por uno nos salen nada menos que 762.197 castellano-manchegos.

La recogida de alimentos en Guadalajara de finales de noviembre se saldó con casi 50.000 kilos en Guadalajara. // Foto: Guadaqué.

La recogida de alimentos en Guadalajara de finales de noviembre se saldó con casi 50.000 kilos en Guadalajara. // Foto: Guadaqué.

La cifra se corresponde con la misma tasa (seguramente porque se basan en datos del INE) que fijaba el informe ‘Pobreza y trabajadores pobres en España’ de la Fundación 1º de Mayo, ese obsceno 36,7%. Dice en sus páginas (lo puede descargar aquí en pdf), también, que los pobres son cada vez más pobres. Hay más desigualdad, más distancia entre quienes estas navidades tendrán la opción de dar un donativo y quienes están casi en la obligación de recibirlo.

Muchos de ustedes habrán visto las colas junto a San Nicolás. Pasen también hacia las nueve de la noche por los contenedores junto al Caprabo de la Avenida del Ejército. A mí me resulta desolador. Cualquiera puede ponerle rostro a estas cifras si pasa por las puertas del supermercado más próximo a la hora en que se deshacen de los productos caducados.

Las navidades, lejos de abstraerse de esas realidades, suelen ser el periodo en que más y mejor nos las enfocan. En las últimas horas se han presentado dos eventos que pretenden recoger alimentos para los pobres: la Copa de España de Voleibol, organizada por el Ayuntamiento de Guadalajara, y el maratón de ocio y juegos de rol de Valdeluz, The Big Game. Pero hay más: el tradicional concierto de Navidad de Manos Unidas, las actuaciones que han tenido lugar días atrás en el centro San José para la campaña de Unicef ‘Ahora no podemos parar’, o en El Cubillo de Uceda de ‘Los 6 tenores en favor de la Asociación contra el Cáncer’, así como las citas más próximas, caso de una carrera popular que recorrerá las calles de Brihuega este domingo. Y son sólo algunos ejemplos que vienen a bote pronto.

Lo de poner un pobre en la mesa ya no se estila, pero lo de calmar la conciencia con un donativo, sí. A quienes todavía tenemos estómagos, nos sientan mal los excesos si no hacemos un descargo previo de conciencia. Y lo saben las organizaciones benéficas o el mendigo de turno a las puertas del súper. Así que estos días muchos de nosotros acudiremos a los actos navideños con envases y paquetes de productos imperecederos para los bancos de alimentos, haremos una visita a la tienda de comercio justo, entregaremos donativos si sucede un tifón en vísperas de Nochevieja y compraremos algún calendario solidario. Y está muy bien. Pero el día 7 de enero, si te he visto no me acuerdo.

Actuación de 'Los 6 tenores' en El Cubillo de Uceda, el pasado fin de semana.

Actuación de ‘Los 6 tenores’ en El Cubillo de Uceda, el pasado fin de semana.

Por eso la pregunta me resulta inevitable: ¿cuántos paquetes de garbanzos –y cajas de galletas, y cartones de leche, y donativos solidarios– nos ahorraríamos si fuésemos tan ‘generosos’ durante el resto del año? Habrá quien crea que se trata de un ejercicio de demagogia, pero en realidad considero que no es más que un capítulo más del eterno debate entre caridad y justicia social que últimamente veo muy desequilibrado en favor de la primera bandeja de la balanza.

Si concediésemos que cada año perderíamos esos mismos 50 euros de gasto medio en lotería de Navidad, pero esta vez no para tirarlos por el desagüe por donde se marchan los anhelos de enriquecimiento exprés, sino para meterlos en una caja común –lo podemos llamar arcas públicas– y disponer de ese gasto en los próximos presupuestos, ¿harían falta tantos donativos por estas fechas? ¿Y si renunciásemos a esa parte desbordada del gasto por regalos, a esa compra prescindible, a ese capricho que está de más?

Lo sé: las arcas públicas recaudan y mucho a partir de la Lotería, e incluso de forma indirecta por las compras navideñas. Pero lo que vengo a plantear es una cuestión casi vital en el comportamiento general de cada uno de nosotros: resulta habitual observar un rechazo reflejo a cualquier subida de impuestos progresivos que nos suponen cantidades discretas y, en cambio, nos lanzamos a derrochar esta solidaridad de temporada por Navidad. Porque de derroches estamos hablando.

Dejo aquí mi reflexión a modo de enmienda a la parcialidad. Allá cada cual con su Mr. Scrooge. Como suelo recomendarles siempre por estas fechas, consuman, pero con moderación. Y hagámoslo, todavía con más motivo, si este año a los niños de San Ildefonso les sale de las bolas darnos una alegría.

PD. – Y hablando de justicia. También desde aquí mi enhorabuena para el colega Óscar Cuevas por el Libertad de Expresión de la Asociación de la Prensa, fallado ayer. Me parece que un artículo con su firma, y publicado precisamente en estos rincones, encarna como pocos aquello mismo que anuncia el premio: la libertad de expresión.

Sudamericanizarse o morir

Magro, posando en un paisaje de sus viajes profesionales a América Latina

Magro, posando en un paisaje de sus viajes profesionales a América

Por Gloria Magro Esteban*

En los últimos años Guadalajara ha perdido varios miles de habitantes. En algunos casos es la búsqueda de nuevos y mejores horizontes económicos, educativos o laborales de jóvenes con aspiraciones que no pueden satisfacer ni aquí, ni en el resto de España. En otros casos se trata de emigrantes económicos que emprenden el camino de vuelta a sus países de origen. Pueden ser retornos temporales, a la espera de que la economía repunte, como los europeos del Este, que después de aquí intentan probar suerte en Italia o Alemania. Pero en otros, si hablamos de los latinoamericanos que vuelven a cruzar el Atlántico, tal vez se trate de un viaje sin retorno. Y la realidad que les espera, en muchos casos, no es ni mucho menos tan halagüeña como las cifras económicas que los periódicos parecen sugerir.

Junto al bullicio y el aparente caos que parece calcado de unos países a otros, cada vez que aterrizo en un aeropuerto latinoamericano, y eso es algo que hago varias veces al mes desde hace ya unos años, no deja de sorprenderme la enorme distancia entre lo que desde aquí se denominan con asombro e incluso envidia economías que repuntan, con unos datos de crecimiento asombrosos en comparación con los nuestros, y lo que allí se ve a pie de tierra, sin que medien cifras de por medio. La realidad cotidiana del viajero, por poco perspicaz que sea, desmiente mitos o al menos los aligera en gran parte. Y si en vez de un viajero ocasional se es un expatriado económico en busca de mejores horizontes profesionales, la perspectiva en un primer momento tiene que ser, como poco, alarmante.

Bogotá

Vista de Bogotá // Foto: Jorge Díaz (Wikipedia cc)

Podemos referirnos a Bogotá, Santiago de Chile, Río de Janeiro o Lima. Sus economías funcionan, los datos avalan las gestiones de sus gobiernos, y para muchos españoles esos países son un nuevo “El Dorado”, dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos. Sin embargo, no hay que rascar mucho bajo la superficie para darse cuenta de que no se está en una tierra de promisión y de que el milagro del crecimiento económico en el que se les supone inmersos no es desde luego perceptible, o al menos no alcanza a la mayoría de la población.

Sin haber salido aún del aeropuerto, la realidad de estos países asalta al viajero en toda su crudeza, con su miseria, economía informal, deficiencias de infraestructuras y sobre todo, las vertiginosas diferencias de clase. Las cosas no mejoran según te vas acercando a las grandes ciudades. Y no es por la sensación subjetiva, en muchos casos, de que si el taxi tiene un pinchazo el atraco y posible asesinato es seguro, sino por la indignación creciente de por qué es posible que en países tan ricos y con esas cacareadas economías de crecimiento exponencial, la mayoría de la población viva en esas condiciones de decrepitud. Después, cuando se dejan atrás esos barrios inmensos de techos de hojalata -o ni eso- en muchos casos las vigas de hormigón con las varillas elevándose hacia el cielo es todo lo que hay. Al fin se llega al confort de un hotel lujosísimo en una zona segura, pudiente y bien fortificada, y se respira con alivio. Pero la inquietud ahí sigue. Los europeos no estamos acostumbrados a considerar a la mitad de la población de nuestros países como inferiores, social ni racialmente, ni a excluirlos de ese milagro económico que aquí nos venden en contraposición con la situación que nosotros arrastramos.

Pobreza

Las políticas económicas expansivas y el crecimiento exponencial han reducido los índices de pobreza en países como Brasil, pero las desigualdades continúan

Es cierto que en los últimos años, por toda América, gobiernos corruptos y despolitizados han dado paso a nuevas formas de enfrentarse a la pobreza y a la desigualdad, con el apoyo de una población que por fin parece darse cuenta de su poder en las urnas y de que es posible cambiar su presente y su futuro. Pero, o no es suficiente, o los cambios van demasiado despacio.

Siempre pensé, seguramente con mis escasas dotes para la clarividencia sociopolítica, que el progreso era imparable y que lógicamente los países de Centro y Sudamérica acabarían alcanzando niveles de desarrollo e igualdad semejantes a los logrados por Europa. O que al menos iniciarían ese camino. Pero nunca se me ocurrió, y a tenor de nuestra realidad hoy creo que a nadie más tampoco, que seríamos nosotros los que nos “sudamericanizaríamos”, en el peor sentido del término.

Favelas en una gigantesca barriada de Caracas // Foto: Olga Rodríguez

Favelas en una gigantesca barriada de Caracas // Foto: Olga Rodríguez

Para quien todavía no lo capte, el significado del término es sencillo de explicar a grandes rasgos, dentro de su complejidad. Sin Educación universal de calidad, sin Sanidad pública de ningún tipo, en la mayor parte del continente americano parece imperar la ley del más fuerte, que no del más inteligente o talentoso, como muchas veces se piensa. Así, la pobreza es endémica al sur del Río Grande. Los pobres son hijos de pobres y padres de pobres, en un círculo difícil de romper. Y donde se ha roto, como en Venezuela, el escándalo internacional y el rechazo por las prácticas neocomunistas está servido. En muchos casos, los países latinoamericanos han seguido históricamente las recetas económicas y los dictados de su vecino del norte, prisioneros de sus multinacionales y vendidos por su propia élite. Con una población despolitizada, entregada a partidos políticos colorados o blancos, vacíos de contenidos y de programas pero dedicados sin ningún pudor a llenarse los bolsillos, y con una aristocracia local cuyo único interés es irse de compras a Miami, las oportunidades quedan acotadas a los que viven en sus jaulas de oro, dejando fuera a la mayoría de la población. Sin embargo, de un tiempo a esta parte muchos de estos países han dado giros copernicanos en sus gobiernos y sus políticas, intentando revertir su destino con medidas que, si bien sobre el papel están dando resultado, de momento no parece que mejoren las condiciones de la mayoría de la población.

Masiva manifestacion en Guadalajara contra los recortes sociales, en julio de 2012 // Foto: Nacho Izquierdo

Masiva manifestacion en Guadalajara contra los recortes sociales, en julio de 2012 // Foto: Nacho Izquierdo

Todo eso, explicado en un país como el nuestro, donde el empleado de la gasolinera puede ser vecino de rellano de un profesor universitario o de un ejecutivo de banca, grosso modo parece irreal. Pero poco a poco nosotros también vamos dando pasos en esa dirección. No creo que sea irremediable aún, pero las prácticas sudamericanizantes de viejo cuño empiezan a implementarse en España, justamente cuando esos países han abandonado ese camino. Las últimas elecciones fueron buena prueba de ello. Se mintió con los programas, se impusieron por la fuerza de una mayoría engañosa unos recortes que van a ser muy difíciles de levantar, y el empobrecimiento de la mayoría de la población hoy es patente. Pero no para todos: los ricos son más ricos que nunca, y con la crisis se han vuelto más ricos aún. Y ahí está ya la cuña de la pobreza, de las diferencias sociales, de la ley del más fuerte, como si España también estuviera al sur del Río Grande.

Dentro de unos meses tendremos Elecciones Municipales y Autonómicas, un ensayo de las Generales. Tenemos la oportunidad de empezar a revertir el proceso. O no.

magropeq* Originaria de Jadraque, Gloria Magro Esteban es periodista, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, y además tiene estudios universitarios de Antropología Social y Cultural. Como profesional de la comunicación trabajó en varios medios de prensa, radio y televisión de la provincia de Guadalajara, antes de dar un salto profesional, y vivir en primera persona los últimos años de vida del extinto periódico nacional “Diario 16”. Tras el cierre de esta cabecera cambió de profesión, y se recicló como auxiliar de vuelo. En la actualidad vive a caballo entre su casa de Guadalajara y cualquier país del continente americano, porque hace rutas transoceánicas unas tres veces al mes.