Adiós maestra

Por David Sierra

Suena el reloj. Las campanas repican con entusiasmo avisando de la algarabía. La plaza del pueblo se alborota. Carreras, juegos, ese pilla-pilla que poco a poco se torna cada vez más agresivo. Los primeros sudores tras el desayuno no amansa a las fieras a las que les cuesta mantener la atención y el orden. En la puerta, el automóvil de la maestra y su presencia en el portalillo convierte la anarquía en dictadura. La fila, corta como un tren sin vagones, se forma de inmediato. En parejas, uno queda solo. La lástima de ser impares en el aula. La escuela ha conseguido salvar un año más su existencia. Un alivio. Otros ya no pueden contar lo mismo.

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Escuela de Campillo de Ranas. / Fuente: Henares al Día.

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