Renovación celular y Semana Santa

Por Patricia Biosca

Es curioso el paso del tiempo y su efecto en nuestros cuerpos. Quizá tenga algo que ver que cada diez años todas y cada una de las células de nuestro cuerpo se han renovado, convirtiéndonos en un ser totalmente nuevo al del principio, al que parió nuestra madre; o a nuestro ‘yo’ adolescente, si han pasado los suficientes años; incluso al veinteañero que se comía el mundo a la vez que se moría de la vergüenza por tonterías. Eso podría explicar que, de pequeña, las torrijas y el potaje fueran dos de mis penitencias de Semana Santa, un peaje a pagar por unas vacaciones que gastaba en procesiones de enigmáticos capuchinos y violentas imágenes en procesión (ver cargar con una cruz a un señor casi esquelético coronado por espinas no es precisamente equiparable a un capítulo de los Teletubbies) que me permitían ver uno de los temas tabú por excelencia: la muerte. Sin embargo, crecí y curiosamente las torrijas y el potaje se convirtieron en los mayores alicientes de esta pausa laboral que en realidad tampoco es tan larga. Más aún cuando, de repente, una pandemia mundial azota al planeta Tierra y nos deja durante dos convocatorias sin más planes que acercarnos a Cuenca (en el caso de los castellanomanchegos, claro). 

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Medio milenio de Corpus

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Corpus 2019. // Foto: La Crónica

Por Patricia Biosca

Puede sonar tópico, ñoño o beato, pero uno de los días más felices de mi vida fue el de la Comunión. Esa fiesta en la que eliges un vestido rococó con el que aprendes la definición de “jareta”, te ponen un divertido cancán que se levanta cada vez que te sientas, te regalan un nuevo testamento que intercambias con tus amigos y puedes cortar la tarta de varios pisos del restaurante con una espada molona que luego te llevas para casa. De aquel día recuerdo hasta la cena: unos gloriosos huevos fritos con patatas que mi madre tuvo a bien hacernos después del fiestorro que todos, pequeños y mayores, nos pegamos aquella jornada del 26 de mayo de 1996. Y sé de buena tinta que la mayoría de los chavales de mi generación también vivieron un glorioso -nunca mejor dicho- día. Por eso a alguien se le debió ocurrir repetir aquel éxtasis ceremonial, aunque sin restaurante y sin espadas. Y así creía yo que se inventaron las celebraciones del Corpus, para darle salida a aquellos vestidos que de otra manera solo te pondrías un día. Pero resulta que no.  Sigue leyendo

Campaña Santa

Dgo. Ramos

Autoridades en la pasada procesión del Domingo de Ramos // Foto: Guadalajara Diario.es

Por Álvaro Nuño.

En plena Semana Santa, los gurús de las campañas electorales de los diferentes partidos políticos pronostican que la coincidencia de estos días de vacaciones para muchos, devoción religiosa para otros y de desconexión y descanso para la inmensa mayoría, no son los más adecuados para salir con la pancarta y el megáfono a la calle  interrumpiendo las procesiones. Entre otras cosas porque son actos se supone de recogimiento y silencio -cada vez menos por la irrupción de aplausos al paso de los pasos, costumbre más turística y folclórica llegada del sur y que se ha impuesto de unas décadas a esta parte a la sobriedad castellana, menos espectacular pero más de la tierra-.

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