La Universidad que queremos

Viñeta ilustrativa de las posibles consecuencias de las reformas educativas.

Viñeta ilustrativa de las posibles consecuencias de las reformas educativas.

Por Marta Perruca

“¡Chicas! Me he mudado a Madrid”. Hacía varios años que no sabía nada de mis compañeras de Facultad, salvo de Mónica, con la que he compartido varios años de profesión en Guadalajara, pero aquel mensaje saltó en mi Facebook como si el tiempo  hubiera  estado deambulando perdido en aquellos pasillos grises, escudriñando esos sótanos de película de terror con olor a filmoteca o a las puertas del aula 506, cuando las que estábamos perdidas éramos nosotras y decidimos conocernos a lo largo de los próximos cinco años de Universidad.

Y de repente, me encontré de nuevo en ese vagón de tren con rumbo a Madrid, sentada frente a Mónica, como si esos viajes diarios a Ciudad Universitaria jamás hubieran dejado de formar parte de nuestras vidas, aunque esta vez no se tratara de llegar a tiempo a clase.

Dicen mis compis que diez años no son nada y, en cierto sentido, y teniendo en cuenta que la última vez que nos vimos fue detrás de esas mesas corridas de la Facultad, cuando todavía alguna suspiraba por cierto “atractivo profesor”, no hemos cambiado tanto. Cabría esperar encontrarse con unas perfectas desconocidas con las que ya solo compartes un puñado de años de facultad, por cierto, bastante decepcionantes gracias a una incomprensible reforma universitaria y, sin embargo, fue como si nos hubiéramos despedido el día anterior y todos estos años formaran parte de un extraño sueño. La vida puede dar muchas vueltas en diez años, pero en mi caso creo que se ha dedicado a repetir giros de 360 grados.

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