Las visten como… ricas

carmen-polo-abc

Carmen Polo, mujer de Francisco Franco, apodada popularmente como “La collares” por su gusto por las joyas de perlas. // Foto: Archivo ABC

Por Patricia Biosca

Van por la calle y ven al niño de unos amigos que ha crecido considerablemente, ya articula palabras y sus sonrisas no son un acto reflejo. ¿Cómo le tratan? Normalmente, su voz se elevará una cuarta por encima de su tono normal, hablarán más alto y exaltarán sus atributos, porque es lo políticamente correcto. “¡Qué grande está ya este chico!”, les saldrá por la boca como un mantra socialmente aceptado y esperado. Ahora cambien al sujeto de la interpelación por un perro. La misma voz, las mismas frases hechas incluso aunque el infante y el can sean de razas diferentes y sus clados se hayan separado hace millones de años. Y lo mismo ocurrirá con un anciano, al que tratarán como si fuera su hijo adolescente en plena edad del pavo. “¡Hay que comer bien, Faustina, que luego el cuerpo se resiente…!”. Porque la población considerada adulta nos permitimos el lujo de tratar a los animales como personas y de infantilizar a nuestros mayores aunque lleven vivido más que nosotros mismos. Y esta costumbre está tan extendida que hasta los poderes públicos les toman por tontos y dan los mismos mensajes que en otro contexto serían duramente criticados. ¿O acaso el “La policía recomienda no hacer ostentación de joyas por la calle” no les suena a “La policía advierte que las muchachas no vayan con la falda demasiado corta y mucho escote”?

Sigue leyendo

El Ojo te ve, o te verá

Por David Sierra

Conchi iba todas las mañanas a ver a su vecina, que vivía dos números más arriba. Encontraba siempre abierta la parte superior de la puerta, una de esas dividida por la mitad. Entraba decidida sin hacer uso del aldabón de bronce. Se colaba hasta la cocina y se acomodaba en alguna de las sillas de enea que rodeaban la mesa redonda de conglomerado y con brasero, que había al lado de la chimenea, donde la lumbre daba sus primeros lametazos a los troncos. Allí esperaba paciente, hasta que alguien entraba a darle conversación. A esas horas era también habitual que el cartero apareciese. Tampoco le hacía falta llamar la atención cuando no portaba cartas certificadas. Dejaba la correspondencia en la mesita de mármol del vestíbulo y marchaba sin avisar, como una presencia fantasmagórica.

Cámara de videovigilancia_detail

En la calle se respiraba confianza. Siempre encontrabas a alguien. Las vecinas merodeaban de una casa a otra mientras ponían en orden sus moradas. Los cerrojos apenas se usaban. Los chismes corrían como la pólvora. En las ventanas, tras los visillos, era corriente descubrir ojos y siluetas que vigilaban cualquier movimiento o ruido que resultara fuera de lo habitual. No había secretos, y los que surgían se guardaban en comunidad.

La situación ha cambiado. Las calles ya no tienen números. Apenas unas cuantas están habitadas. Solitarias permanecen casi todo el año. Un vecino por allí, una vecina por allá. Y algún dominguero que se ha dejado caer fuera de su rutina. En el día a día, son pocos los momentos en los que unos cuantos coinciden. Quizá cuando suena el claxon del panadero. A lo mejor el día de visita del médico. Los calaminos ruedan y ruedan con el viento sin que nadie haga nada por detenerlos. Y ante ese panorama, surgen los temores y acechan los miedos.

Hace ya casi una década que varios municipios de la provincia decidieron hacerse cargo de su seguridad, apostando por la videovigilancia. Poner cámaras en las calles que sustituyesen las miradas expiatorias de los ventanales. Y ganar la confianza perdida por la disminución de la población. Pero se dieron de bruces con una normativa demasiado complicada para ser acatada por ayuntamientos con recursos limitados. Querían contrarrestar así el hecho de que un buen número de cuarteles fueran cerrando y sus integrantes desplazados o reducidos a la más mínima expresión. El medio rural quedaba así dejado a la suerte de los vándalos. Significativos fueron los casos de Heras de Ayuso y Mantiel, con reproches políticos, denuncias públicas de atentado a la intimidad y amenazas veladas de sanciones inasumibles.

Ahora el fenómeno ha cambiado y está de moda salir en las fotos de los salvadores de lo despoblado. Por eso, cuando en la Sierra Norte sus alcaldes levantan la voz y plantean como solución grabar en vídeo las calles, obtienen buenas palabras. Y los vetos de antaño se convierten en manos tendidas y un concienzudo asesoramiento sin inconvenientes. El complemento ideal a ese plan de seguridad que incluye mayor presencia y esfuerzo policial del cuerpo más maltratado en sus condiciones laborales. La policía local de los pueblos, transformada también en custodio de unas imágenes que bien podrían facilitar su trabajo o directamente sepultarlos.

Ante tal tesitura, la apuesta para garantizar la seguridad y convivencia en nuestros pueblos es tirar por el camino de en medio. En el cajón de las administraciones ha quedado el interés de varios municipios de la provincia, partidarios de crear un cuerpo policial mancomunado que pueda resolver las carencias en materia de protección que existen en el medio rural. Una vez más los impedimentos, superaron a las voluntades. Y quizá esté en la garantía de esa seguridad, y no en el ‘Ojo te ve’, una de las vías para que nuestros pueblos vuelvan a repoblarse.

 

El Rey en Alcolea

Felipe VI pasando revista a los agentes junto al Ministro del Interior y el Presidente de Castilla-La Mancha. // Foto: Europa Press

Por Álvaro Nuño.

El Rey Felipe VI, acudía esta semana en Alcolea del Pinar al acto oficial de reapertura del Cuartel de la Guardia Civil de la localidad, que dará servicio de nuevo a este y a todos los pueblos de esta zona de Guadalajara. En su visita, Su Majestad se ha interesado por el trabajo que desarrollan los 40 agentes que volverán a prestar servicio en esta extensa zona de la provincia cerrado “erróneamente” en enero del año 2013 y reabierto felizmente tras las protestas llevadas a cabo por los vecinos tras una oleada de robos, y que fueron atendidas de manera diligente por los responsables de todas las administraciones públicas. Durante su visita al cuartel, Su Majestad ha tenido la oportunidad de departir unas palabras tanto con los agentes que volverán a prestar servicio en la Agrupación de Tráfico, como con los guardias civiles rurales que se vieron forzados a abandonar este servicio aún antes que sus compañeros. A estos les acompañaban sus familiares, que han vuelto también a residir en esta localidad, permitiendo la reapertura también de la escuela y de varios comercios locales.

Sigue leyendo

Ya vienen los lobos

Por David Sierra

En mi pueblo, a finales de septiembre, cuando terminaban las fiestas en honor a San Miguel y las chimeneas comenzaban a humear se decía que “ya vienen los lobos”. Es la coletilla con la que se daba a entender que el otoño y el invierno deja las calles de localidades como ésta abandonadas a su suerte. Sin un alma que transite en cuanto el sol yace en el horizonte más temprano que tarde a consecuencia del cambio horario. Se vislumbra una sensación de soledad que estremece al cualquiera y los silencios únicamente se rompen con el paso de algún que otro tractor con el surco montado y afanado en las tareas agrícolas propias de esta época.

Sigue leyendo

¿Es inseguro el medio rural de Guadalajara?

Por Raquel Gamo

Inseguro, no. Pero vulnerable, tal vez.

El problema de la inseguridad en los pueblos de Guadalajara rebrota de forma recurrente cada vez que salta a los medios nacionales algún robo especialmente pintoresco. Así ocurrió hace pocas semanas con la publicación de varios reportajes que llamaban la atención sobre el desvalijamiento de la práctica totalidad de las casas de Abánades, después de que una banda organizada campara a sus anchas durante más de cuatro horas. No era la primera vez que los ladrones frecuentaban esta zona. Antes habían visitado Renales, Sacecorbo, Canredondo, Laranueva, La Torresaviñán y Canales, localidad ésta última donde se ha registrado otro robo en los últimos días. Sigue leyendo