WhatsApp de padres, secuestros y bulos

La Policía Nacional ha desmentido el bulo que lleva circulando varios días por toda España. // Foto: Twitter Policía Nacional

La Policía Nacional ha desmentido el bulo que lleva circulando varios días por toda España. // Foto: Twitter Policía Nacional

Por Patricia Biosca

Necesito tu ayuda. En estos últimos días no hacen más que circular WhatsApp respecto a intentos de secuestro de niños y me estoy volviendo loca”. Esta frase real destila la angustia que en los últimos tiempos muchas madres y padres han sentido debido a la proliferación de audios que alertan que “un conocido cercano”, “un amigo” o “un cuñado” -siempre hay un cuñado en estos casos- que es Guardia Civil -o un íntimo, que es policía, que también nos vale- y que le ha advertido acerca de dejar a sus hijos solos. En la era de la comunicación instantánea y la expansión casi infinita de la información en cuestión de segundos, estos mensajes toman una relevancia desmedida que puede llegar a trastocar los nervios del más pintado -incluso aquel escéptico que no se dejó convencer por la pantera de la Sierra Norte-. Más aún si se enmarcan en un contexto en el que los tristes sucesos en los que se ven implicados niños llenan la actualidad informativa con una virulencia jamás antes experimentada. ¿De quién fiarse en estos tiempos aciagos? Sigue leyendo

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Asustapadres

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil,  Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil, Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

Por Concha Balenzategui

Como soy madre, como padre es Rafael Esteban, puedo entender perfectamente los motivos que llevaron al alcalde de Marchamalo a escribir el comunicado que el pasado miércoles inundó las redes sociales, hablando de un presunto intento de secuestro en el pueblo. Como soy madre, como padre es Juan Pablo Sánchez, entiendo también que el subdelegado de Gobierno quisiera contrarrestar toda sensación de alarma entre los vecinos, al día siguiente del comunicado.

No, no voy a situarme en la equidistancia en esta polémica, seguramente porque ni siquiera voy a entrar en el rifirrafe de las declaraciones. Pero permítanme algunas consideraciones más generales antes de “mojarme”, que es para lo que me “pagan” (dicho sea metafóricamente) con su lectura.

El mundo está lleno de padres y madres, personas que asumimos la importante tarea de sacar a nuestros hijos adelante, satisfacer sus necesidades básicas (alimento, vestido, cuidado), educarlos para convertirlos en buenas personas, y tratar de que sean felices. Ahí es nada. Pero desde el mismo momento en que se corta el cordón umbilical, los niños comienzan el camino irreversible de la autonomía, un camino que está lleno de peligros y amenazas que no podemos controlar. Desde el mismo momento en que actúan las tijeras en el paritorio, se descarga automáticamente en el cerebro de padres y madres una especie de aplicación de alerta para tratar de que a nuestro hijo no le pase nada malo. Por eso, como la mayoría de los animales con los que compartimos el planeta, se activan nuestros instintos de protección al cachorro ante la más leve amenaza.

En este contexto de inseguridad nos debatimos, con la preocupación inserta en nuestro ADN y nuestra sensibilidad a flor de piel, pero intentando mantener la cabeza fría para que la vida siga y nuestras criaturas crezcan sin volverlas ni volvernos locos. Así, nos acostumbramos a no intervenir en las pequeñas disputas del parque, para que también los niños aprendan a resolver sus propios conflictos, o nos permitimos dormir cuando el adolescente no ha regresado a casa de anochecida. Quizá también la pugna entre la preocupación y la cabeza fría hayan estado detrás de la actitud adoptada por Esteban y Sánchez en este episodio.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Pero prosigamos con el contexto social. El imaginario colectivo está lleno de figuras que tratan de inculcar en los niños el miedo como vieja fórmula para atajar los peligros que les acechan: El hombre de saco, el que regala caramelos en la puerta del colegio o las calcomanías impregnadas de sustancias estupefacientes… ¡Cuánto habremos inventado y nos habremos creído a un tiempo! Ocurre que, según evolucionan las amenazas, van transformándose las figuras del mal, encarnadas ahora por rumanos -casi siempre rumanos, a veces albanokosovares- que venden perfumes en tu propia casa o que te hacen encuestas a la entrada del cine, por citar dos de las alertas que he recibido últimamente en mi teléfono. Y ese es el problema. Que si el mensaje se mantiene muy similar, solo cambiando los personajes, el medio es totalmente nuevo. Porque el miedo viaja ahora en grupos de wasap y en las redes sociales. Y lo hace a velocidad vertiginosa y con un impacto brutal por las constantes réplicas. Viralidad lo llaman.

Como afortunadamente no hay nadie dañado, vamos a recordar que al reciente caso de Marchamalo se une otro más el mes pasado en Alovera, cuando una alarma similar recorrió los grupos de wasap. A mi móvil había llegado otra más, muy parecida, el pasado verano, que hablaba de intento de secuestro de niños, y en este caso citaba la puerta de un supermercado de otra localidad del Corredor, indicando el color del vehículo del supuesto delincuente. Mi reacción fue y es la del susto inicial; supongo que es inevitable. Pero mi respuesta siempre ha sido la de no reproducir ningún mensaje “asustapadres” de este tipo. Cuando tengo tiempo, busco en los medios de comunicación una confirmación de que la denuncia existe y es pública, y si encuentro información, matizo o desmiento en el mismo grupo que la propaga. Con alguna historia rocambolesca de las que circulan, esas de los rumanos de las que hablaba, me ayuda bastante el perfil de Twitter de la Policía Nacional (@policia), que suele atajar los bulos que circulan.

Y este, el del premiadísimo community manager de la Policía, es un buen ejemplo de cómo adaptarse a los medios para transmitir información y cómo difundir alertas sin crear alarmas innecesarias. Y miren que es difícil hacerlo de forma impecable, cuando solo tiene 140 caracteres a su disposición. Estoy convencida de que, lejos de la guerra de declaraciones entre el subdelegado de Gobierno y el alcalde de Marchamalo, lo sucedido en estos meses, con un caso real y espeluznante como el del pederasta de Ciudad Lineal como telón de fondo y caldo de cultivo de nuestras angustias paternales, debería hacernos reflexionar.

Creo seriamente que las autoridades deben replantearse los protocolos de información y de alerta ante las emergencias en los nuevos tiempos. Sabiendo que el miedo es más viejo que nosotros y que el gusto por el chismorreo es inherente a la condición humana, pero también que los medios a nuestro alcance mucho más poderosos. Para bien y para mal.

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

No se han hecho bien las cosas en estas semanas, claro que no. Pienso que el alcalde de Marchamalo se precipitó, porque debía haber coordinado su información con la Subdelegación de Gobierno en lugar de alertar -o alarmar- por su cuenta. Y sobre todo que su mensaje no debía aportar datos que serán esenciales para la investigación (la descripción del vehículo y su conductor), pero pueden convertirse en una caza de brujas entre la población cuando no hay nada demostrado. Pero también prefiero recibir un mensaje firmado por un ayuntamiento, al que doy más credibilidad, como ocurrió en Marchamalo, que el caso de Alovera, donde el comunicado era más confuso, y a mí me llegó cuando ya había leído dos mensajes con versiones contradictorias sobre el supuesto ocurrido.

También pienso que el subdelegado, ese mismo que cuando era alcalde recorrió Pastrana megáfono en mano alertando a sus vecinos de que las monjas se llevaban los cuadros del convento, exacerbando los ánimos en un episodio en el que hubo hasta un obispo zarandeado, tendría que ser más comprensivo. No debería utilizar el tema para la pugna política, porque estoy convencida de que sus palabras hubieran sido otras si el alcalde “asustapadres” fuera del PP. Y sobre todo, debería informar. Pero claro, la Subdelegación el Gobierno casi nunca informa. Su máxima es que aquí no pasa nada, y si se reduce el parte de sucesos, la sociedad dormirá más tranquila. Y no es así. Si comunicara de forma más transparente, si desmintiera en los medios los bulos que circulan o los atajara con los hechos ciertos, estaríamos más informados. Seríamos menos presa del miedo irracional.

Y uso deliberadamente el término Subdelegación. Porque este modo de actuar es habitual en la institución, y no en este subdelegado en concreto. Las quejas por la opacidad son ya viejas en la prensa. Incluso recuerdo a María Dolores de Cospedal, siendo candidata, prometiendo ante los medios una mejor comunicación de los sucesos cuando el PP llegara al Gobierno. Pero de lo dicho nada. Las notas de prensa, redactadas en Toledo y no en Guadalajara, son escuetas y se limitan a contar los sucesos esclarecidos, los delincuentes detenidos, no los hechos denunciados. Las ruedas de prensa solo se dan para hablar de las operaciones exitosas. En lugar de un periodista encargado del asunto en la Subdelegación, en su puesto hay un recomendado militante sin conocimiento ni experiencia en comunicación. Últimamente veo más a Juan Pablo Sánchez ante los micrófonos azotando al PSOE, en su papel de secretario provincial del PP, que atizando a los “malos”, como subdelegado. Y no es de recibo.

Pero vuelvo a lo que nos ocupa esta semana: Es necesario que la Sudelegación de Gobierno convoque una reunión de la Junta Provincial de Seguridad y repase las últimas alarmas suscitadas en el Corredor. Y debe revisar con todos los implicados los protocolos de coordinación de la información y los pasos para comunicar las alertas a la población. Abrir canales directos e inmediatos con los medios de comunicación, y utilizar los nuevos medios que usa la población. De lo contrario, seguiremos asustados como en los tiempos del hombre del saco.