El Alto Señorío de la Alcampínia

Formas de dividir Guadalajara. // Imagen: TwitterPor Patricia Biosca

Tabarnia ha abierto la veda: la independencia está de moda. Los memes, los virales, las redes sociales y todo lo que sirva para hacer mofa cómoda, desde el sillón, está de su parte. Esas herramientas tan poderosas que te pueden hacer cantante desde la cola del McAuto o que pueden llevarte a la cárcel. O que sirven de desahogo a líderes globales de gatillo/dedillo fácil. Y aunque en Guadalajara se lleva practicando el deporte del independentismo con gracia castellana desde hace ya mucho tiempo, ha tenido que llegar Tabarnia para que el resto de provincias quieran también su trocito de tierra de cachondeo. A pesar de todo, se trata de un momento “perita dulce” que no se puede desaprovechar, así que allá vamos. Yo propongo hasta el nombre: El Alto Señorío de la Alcampínia. Sigue leyendo

Otro plan para la Sierra y Molina

Por Raquel Gamo

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, anunció la semana pasada la puesta en marcha de sendos “planes especiales” –palabras mágicas siempre en cualquier política- para las comarcas de la Sierra Norte y el Señorío de Molina. Los planes en cuestión consistirán en duplicar las ayudas europeas hasta 2020 para estos territorios a través de las ayudas de la UE, ya sean los Fondos Feder, el Fondo Social Europeo o los Fondos de Desarrollo Rural.

Sigue leyendo

¿Tiene arreglo la despoblación?

Imagen de una casa derrumbada en Villacadima, pueblo deshabitado de la Sierra Norte. // Foto: R.G.

Una casa derrumbada en Villacadima, pueblo deshabitado de la Sierra Norte. // Foto: R.G.

Por Raquel Gamo

Invierno, calles vacías y un silencio desgarrador que contrasta con el bullicio de antaño. Es la estampa que cualquier viajero puede encontrar ahora mismo en la mayoría de los casi tres centenares de términos municipales de Guadalajara. Es también la fotografía del desaliento de las mesetas. La demostración empírica de un fracaso social.

La despoblación es un lastre de la estructura económica y demográfica de España que nunca ha sido una prioridad en la agenda política, pero que de vez en cuando rebrota como asunto de interés a cuenta de alguna trifulca nacional. La última, la reciente polémica alrededor de la supresión de las diputaciones, una medida incluida en el pacto suscrito entre el PSOE y Ciudadanos. No parece que la idea vaya a tener demasiado recorrido -entre otras cosas, porque los líderes de estos partidos no han hecho alarde de la misma-, pero el caso es que ha despertado reacciones encontradas. Julio Llamazares, uno de los pocos intelectuales españoles preocupados por los pueblos, sostiene que “la pérdida de población de las zonas rurales es un pequeño gran genocidio cultural”. Lleva razón, y no es un uso indiscriminado del léxico. La cuestión relevante es si los poderes públicos consideran este genocidio amortizado o aspiran a frenarlo.

Sigue leyendo

La Sierra de ayer, hoy y mañana

SERRANIA GU

Imagen del VIII Día de la Sierra, celebrado el 17 de octubre en Pálmaces de Jadraque. / FOTO: Asociación Serranía de Guadalajara

Por Míriam Pindado

De su Sierra, de sus pueblos, de sus campos, de sus jaras, hoy se desprende un lamento que nos desgarra hasta el alma. Para quien quiera escuchar, cantaremos alto y fuerte: Que si la Sierra se hundiese, Guadalajara también se muere”. Esta es parte de la Canción de La Sierra, compuesta por Isabel Nolasco e interpretada por el Grupo Folk Las Colmenas. Estas frases desvelan el sentir generalizado de una comarca que quiere hacerse oír sin que el eco de sus montañas, las más altas de la provincia,  interfiera en su mensaje.

El pasado fin de semana hablaron alto y claro y lo hicieron desde Pálmaces de Jadraque con motivo de la celebración del VIII Día de la Sierra. Los serranos (y los que les quieren) se dieron cita en este municipio de la Serranía de Guadalajara -uno de los más dinámicos de la zona a pesar de contar con menos de 50 vecinos- para celebrar su fiesta pero también para reivindicar que los serranos tienen voz (y que además cantan muy bien). Sigue leyendo

Eros en la Serranía Celtibérica

Selfie en el Museo con la autora del libro y su marido.

Selfie en el Museo con la autora del libro y su marido.

Por Marta Perruca

En ocasiones nos sorprendemos con eso que solemos llamar casualidades y que, la verdad sea dicha, cada vez estoy más convencida de que no lo son. No, no era mi intención ponerme metafísica, aunque todavía no sé muy bien qué nos deparará el artículo de este jueves.

El caso es que aquel día tenía en el Museo de Molina a unos visitantes muy interesados por la Celtiberia, consultando las distintas publicaciones que tenemos disponibles en nuestra librería sobre el tema. Se trataba de un matrimonio con su hija adolescente, que cargaron a conciencia con casi todas las actas de los distintos congresos sobre Celtiberia celebrados en los últimos años en la vecina comunidad de Aragón, por lo que me atreví a sugerir: “Pues si os gusta la Celtiberia existe una novela que se llama  ‘Eros en Tiermes’ …” No llegué a terminar la frase porque la mujer enseguida se identificó como la autora de la misma y creo que yo terminé ruborizándome.

Sigue leyendo

Un problema de enfoque

La localidad de Embid, con su castillo y la iglesia de Santa Catalina. // Foto: M.P.

La localidad de Embid, con su castillo y la iglesia de Santa Catalina. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

Puede que sea una apreciación personal, pero últimamente, y desde que el proyecto Serranía Celtibérica puso en el mapa a la comarca de Molina de Aragón, junto con algunas zonas de otras nueve provincias colindantes, como el desierto más grande de Europa, he percibido que el Señorío despierta cierto interés en los medios de comunicación, más allá de nuestras fronteras. Sigue leyendo

No te salves

"No te salves" es uno de los poemas más conocidos de Mario Benedetti. // Foto: Carmen Almiñana atirohecho.wordpress.com

“No te salves” es uno de los poemas más conocidos de Mario Benedetti. // Foto: Carmen Almiñana atirohecho.wordpress.com

Por Marta Perruca

“No os salvéis”. Ese fue mi deseo para la joven pareja. No se me ocurrió mejor cosa que augurarles el día de su boda, aunque algunos, entre los invitados, se quedaran estupefactos mientras leía los versos de aquel poema de Benedetti que había elegido para la ocasión: La boda de mi hermano y mi cuñada. No, no entendieron lo que quería decir, a pesar de que, a renglón seguido, les dedicara unas palabras de mi puño y letra para explicarlo. Aunque reconozco que puede parecer algo poco ortodoxo espetar un “no te salves” en un momento en el que todo el mundo espera que se hable de amor y felicidad eternos, sigo pensando que es lo mejor que puedo desear a alguien a quien quiero: “No te quedes inmóvil al borde del camino; no congeles el júbilo; no quieras con desgana. No te salves ahora ni nunca”. En definitiva, vivir intensamente, luchar por lo que uno quiere y no dejarse vencer por el miedo, porque el miedo, cuando aplaca, es lo peor que hay.

Sigue leyendo

¿Esfuerzo y austeridad, o sacrificio?

Un momento del Pleno provincial en el que se aprobaron los presupuestos para 2015. // Foto: www.guadaque.com

Un momento del Pleno provincial en el que se aprobaron los presupuestos para 2015. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Marta Perruca

Otra vez y ya debe ser la “tropecientas”. En esta ocasión, en palabras del vicepresidente provincial, Lorenzo Robisco, con motivo del Pleno de la Diputación para aprobar los presupuestos de esta casa para 2015. Un total de 60.003.974,43 machacantes, de los cuales, un tercio irá destinado a inversión en los municipios. Se trata de unos presupuestos, señaló, que se elaboran en un panorama distinto al de los tres ejercicios anteriores, porque ahora existen indicios que “hacen mirar al futuro con optimismo y esperanza” Y esto ha sido posible, dijo, gracias a las medidas que se han ido adoptando con el esfuerzo de todos y a las políticas de austeridad que ha llevado a cabo el equipo de Gobierno de la Diputación, y los gobiernos de Rajoy y Cospedal.

Al menos yo,  me siento incapaz de contar el número de veces que he escuchado un discurso similar en las últimas semanas. Cada vez que se anuncia una medida que, a priori, parece positiva, alguien pulsa el botón del Play y se escucha la misma cantina “y esta medida es posible gracias a las políticas impulsadas por el gobierno de Rajoy, de Cospedal, o de quien proceda”, por no decir que no deja de resultarme sospechoso que justo las administraciones tengan disponibilidad presupuestaria para abordar esos proyectos y medidas justo ahora que se avecinan las próximas citas electorales. Particularmente, ese discurso me crispa bastante, porque creo que tiene matices muy importantes, que cabría explicar: Si se ha logrado reducir el déficit, generar empleo y una cierta estabilidad económica –que no creo que sea para tirar cohetes-, desde mi punto de vista, no se tendría que hablar en términos de “esfuerzo” y “austeridad”, esa palabreja que sacaron de la chistera con la crisis y que a estas alturas está más que desgastada, sino de SACRIFICIO. A mí, particularmente, me parece un matiz importante.

Todos podemos entender que si alguien se encuentra endeudado hasta las cejas no se puede comprar un Ferrari, es obvio, pero parece que se nos olvida que esta situación, que ahora nos parece optimista y esperanzadora, se ha conseguido metiendo la tijera y estrangulando a las pequeñas y medianas economías a base de impuestos. No me parecen soluciones demasiado meritorias y creativas, la verdad sea dicha, y además, considero que hemos tenido que pagar un precio demasiado alto por ello: Hemos sacrificado la calidad de la Sanidad, la Educación, de otros servicios públicos y sociales y también del empleo, con una reforma laboral que ha puesto la alfombra roja a la precariedad y la inestabilidad.

No digo que estas medidas, desde mi punto de vista, erráticas, no vayan a tener o estén teniendo efectos positivos, sino que este Gobierno ha inclinado su balanza por soluciones de viejo manual y de escasa justicia social. No ha habido un salvavidas contundente para los más desfavorecidos, y sí para aquellos que más tienen y que más se llevaron al buche en épocas de bonanza.

El otro día leía en la prensa que los bancos han puesto a la venta 158.000 viviendas en sus páginas web y no puedo decir que el dato me sorprendiera, teniendo en cuenta que, según publicaba el periódico La Calle en el mes de junio, desde 2007 y sólo en Guadalajara, se han incoado 3.897 ejecuciones hipotecarias, que dieron lugar a 1.295 resoluciones de desahucio, de las cuales –hasta el mes de junio- se habían llevado a término 1.019.

A mí, estas cifras me producen escalofríos pero, sobre todo, lo que no me entra en la cabeza es que el Gobierno haya salido al rescate de la banca con la friolera de más de 88.100 millones de euros de los bolsillos de todos los españoles, de manera gratuita y sin condiciones.

Habría estado bien que ese rescate estuviera condicionado a dar marcha atrás a todos los procesos de desahucio –teniendo en cuenta que hemos sido todos los españoles los que hemos tapado los agujeros que estas hipotecas hubieran podido causar y otros muchos más- y a favorecer las líneas de crédito para proyectos empresariales de pequeñas y medianas empresas, que contribuyeran a dinamizar una maltrecha economía.

Pero ese tren ya lo vimos pasar de largo desde el andén con cara de estúpidos y a mí no me extraña nada que, al final, a los ciudadanos, se nos quede  la sensación de que, en este país, los de siempre –casta los llaman por ahí- se zampan el pastel y a los demás nos toca pagar los platos rotos.

La moción del grupo socialista y Serranía Celtibérica

Ya sé que, con toda seguridad, cuando Robisco pulsó el botón del Play para que sonara con sus propias palabras y su voz, ese manido discurso, no era consciente de que fuera la vez número 1.567, por poner una cifra, que escucho “semejante insensatez”. No le voy a culpar por ello más que a los otros supuestos 1.566, aunque dicen que la oportunidad la pintan calva y a mí me venía al pelo para poner de manifiesto mi indignación personal con la dichosa frasecilla.  Mis disculpas por adelantado, señor Robisco, porque en ese Pleno, la noticia principal fue esos más de 60 millones de euros, frente a los 56.495.330,90 que se contemplaban en el ejercicio anterior y lo que realmente creo que debería ser objeto de crítica es la actitud de la oposición con respecto a la presentación de una moción que, personalmente, considero oportunista y desleal.

La Diputación Provincial, y creo que el grupo socialista lo recordará bien, dio luz verde en el mes de junio, con el apoyo de los tres grupos políticos, a una declaración institucional para respaldar el proyecto de “Serranía Celtibérica” e integrarse en el “Consorcio Celtiberia”. Se trata de una iniciativa bien fundamentada, que lleva a sus espaldas más de un lustro de trabajo por parte de una treintena de investigadores de la Universidad de Zaragoza, capitaneados por el catedrático, Francisco Burillo. Este equipo de trabajo ha detectado un extenso territorio con 63.098 kilómetros cuadrados, comprendido en diez provincias y cinco comunidades autónomas (Castilla-La Mancha, Aragón, Castilla y León, La Rioja y Valencia) cuyas condiciones, en cuanto a despoblación, son similares a las de la zona ártica de los Países Escandinavos, con 503.566 vecinos censados y una densidad de población de 7,98 habitantes por kilómetro cuadrado, por lo que lo han denominado “La Laponia del Sur”. Toda la provincia de Guadalajara, exceptuando la capital y el Corredor del Henares, se encontraría dentro de este territorio.

El proyecto “Serranía Celtibérica” pretende, en palabras de Burillo, “la visibilización de ese territorio: Esto es que el Estado Español lo vea como una entidad de especiales circunstancias, sobre todo dentro de la Ley de Desarrollo Rural Sostenible, y que la Unión Europea reconozca sus características extremas, pues es el único territorio de gran extensión (es un 20% superior a Holanda) en el que se encuentran tres de las seis categorías para los que tiene  legisladas ayudas específicas: zona de montaña, rural remota y despoblada”.

El  proyecto Serranía Celtibérica tiene bien meditadas y maduradas unas líneas de acción para desarrollar una potente herramienta de promoción conjunta a nivel nacional e internacional, que aúne todos los elementos potencialmente turísticos y ponga en valor los productos de calidad agroalimentarios que convergen en este territorio, lo cual coincide con la trayectoria que la mayoría de estas zonas, acosadas por la despoblación, han emprendido, dentro de sus políticas de desarrollo rural.

En la hoja de ruta de este proyecto se encuentra, precisamente, la creación de una unidad de Inversión Territorial Integrada (ITI), con el propósito de llegar a tiempo a los fondos de cohesión social previstos para el periodo 2014-2020, de la que formen parte todas las provincias de esta Laponia del Sur. Las ITI son una estrategia aprobada por el Consejo de la Unión Europea en diciembre de 2013 para este periodo 2014-2020, que permite a los estados miembros combinar inversiones de varios ejes prioritarios de uno o varios programas operativos, siempre que el área propuesta tenga continuidad territorial y una población inferior a los 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado. Por lo tanto, se puede decir que ya tenemos un territorio definido y un proyecto dispuesto que cumple con los requerimientos de la Unión Europea, por lo que considero absurdo, además de oportunista y desleal, que el grupo socialista venga a presentar una moción para que se emprenda una senda distinta a la que ya dieron su apoyo y luego manden una nota de prensa diciendo que el equipo de Gobierno de la Diputación no quiere esos fondos europeos.

Cuando las aguas andan revueltas, o remamos todos en la misma dirección o lo más probable es que el barco termine por hundirse. Ya lo he dicho en otras ocasiones, que crisis y oportunidad son las dos caras de una misma moneda y que esta situación sin precedentes debía desterrar las soluciones de viejo manual, para contemplar medidas distintas. Ya hemos dejado pasar varios trenes y pagado por ello nuestra cota de sacrificio. Esta vez deberíamos estar preparados para subirnos en los que llegarán.

Otoño en modo “ON”

Paisaje otoñal en el Barranco de la Hoz. // Foto: J.A. Martínez Perruca

Paisaje otoñal en el Barranco de la Hoz. // Foto: J.A. Martínez Perruca

Por Marta Perruca

Un año más, el verano se ha deshecho entre nuestros dedos: entre las ramas de los chopos que chorrean raudales de hojas doradas que, poco a poco, se van acumulando al borde del camino y en los borbotones rojos que surgen entre los árboles de nuestros bosques, que el otoño acabará desnudando cuando inicie su rauda carrera marrón para encontrarse con el invierno. Pero ahora la naturaleza se pone sus mejores galas para admirarnos con su explosión de colores otoñales y estas primeras lluvias nos invitan a salir en busca de esas deliciosas setas que nos regala la naturaleza y que descubrimos entre exclamaciones de sorpresa como si de pequeños tesoros se tratase. Y no ha despuntado el alba y ya escuchamos desde la cama el ladrido nervioso de los perros y los coches poniéndose en marcha para salir de cacería envueltos por el olor del bocata de lomo recién hecho o, puede que con la tortilla de patata en la tartera.

El otoño en los pueblos de nuestra provincia tiene otro sabor, otra intensidad y otro ritmo distintos a los que están acostumbrados los vecinos de la capital. Son muchos los que se escapan un fin de semana o varios para disfrutar de esos pequeños placeres que han quedado sepultados bajo bloques de cemento en las ciudades, sin tan siquiera preguntarse por qué están ahí y, quizá, dando por hecho que estarán esperándoles el año que viene cuando decidan regresar.

Me sugería nuestra compañera, Concha Balenzategui, que hablara hoy de las setas, recordando que solía ser un tema recurrente de esta temporada en las páginas de los diarios de nuestra provincia. Cabría hablar en estos días de consejos y precauciones, pues cada año, por estas fechas, los molineses nos acordamos del mal rato que pasamos con la intoxicación por amanita faloides que casi le cuesta la vida a un vecino de nuestra localidad; también de una regulación de esta actividad que nunca termina de llegar. En los pueblos de la provincia, muchas veces, nos lamentamos de que cada vez son más las limitaciones que nos imponen para disfrutar de un medio que nos perteneció a base de jornadas inolvidables que han construido nuestros recuerdos y nuestra identidad, pero también es cierto que después clamamos al cielo cuando pasa la marabunta de recolectores “furtivos” que descorchan y arrasan el suelo de nuestros bosques con el uso de rastrillos; o por las prácticas delictivas, cada vez más frecuentes, de algunos foráneos que amenazan y extorsionan a aquellos que pretenden pasar un día en el campo recolectando setas, como si la explotación de esos montes de uso público fuera de su propiedad.

Con las lluvias, han salido ya las primeras setas de otoño. // Foto: A. Perruca

Con las lluvias, han salido ya las primeras setas de otoño. // Foto: A. Perruca

Pero, con todo, y de alguna manera, cuando el verano pierde intensidad, el otoño nos espera con su particular sinfonía de color. Nos esperan los montes repletos de boletus, niscalos, champiñones, o setas de cardo y los cotos están listos para la caza del ciervo o el jabalí y sigue siendo así, quizá por que el bajo índice de población de nuestras zonas rurales contribuye a su buen mantenimiento, pero a menudo me pregunto qué sería de estos espacios si en nuestros pueblos ya solo chillasen los fantasmas y no quedase nadie que velase por ellos.

Es fácil adelantarse al adjetivo que describe a estas zonas que aglutinan los pulmones de la provincia. Son las comarcas olvidadas. Esos territorios que a fuerza de despoblación parece que no interesan a nadie, porque la lógica del sistema no se rige por una gestión eficiente y responsable, sino por el peso de las papeletas en las urnas. Por eso, parece lógico que las plataformas de estos lugares de olvido: La Otra Guadalajara y la Plataforma en Defensa de la Sierra Norte, unan sus fuerzas a las de otros colectivos en una manifestación, prevista para el 8 de noviembre, con un amplio catálogo de reclamaciones de toda índole –contra el Fraking, la despoblación o los recortes en Sanidad y Educación; para la firma de un convenio Sanitario con la Comunidad de Madrid o la construcción del Parador que se prometió, entre otras-  y bajo el lema “‘Defiende tus derechos, defiende tu tierra, defiéndete”.

Desde mi atalaya, me gusta contemplar las posiciones estratégicas en la lucha contra la despoblación, en la que este tipo de plataformas cumplen un papel fundamental. Ellas trabajan en la defensa de los intereses de los territorios y en combatir las injusticias cuando el peso de los votos desequilibra la balanza. Ellos son los contrafuertes que apuntalan el edificio, pero lo cierto es que nada impedirá que éste se desmorone si no existe un elemento activo y dinamizador que trabaje en la reconstrucción de la casa, mientras los puntales la soportan.

El otro día, viajaba a Utrillas para participar en unas jornadas sobre despoblación organizadas por la Diputación de Teruel, bajo el título “Iniciativas para el mantenimiento y acogida de pobladores en los pueblos de Teruel“, en las que se presentaron algunos de los programas que se están desarrollando en la provincia vecina para hacer frente a este fenómeno, algunos de ellos con arraigo también en nuestra provincia como “Fundación Cepaim”, que pretende asentar población inmigrante en aquellos municipios con problemas de despoblación o “Abraza la Tierra”, que ofrece asesoramiento y apoyo a aquellas familias que buscan un proyecto de vida en el medio rural; y proyectos, como “Serranía Celtibérica”, del que ya he hablado en otras ocasiones, y que plantea una herramienta de desarrollo basada en los recursos de estas zonas y una vía para recavar fondos europeos teniendo en cuenta sus especiales circunstancias.

No obstante, lo que más me impactó de estas jornadas fue la exposición del profesor  Luis A. Sáez, de la Universidad de Zaragoza. Puede que estemos tan acostumbrados al argumentario victimista de los territorios asolados por esta problemática, por un lado, y a los discursos mesiánicos de los representantes de las administraciones que parecen haber encontrado la panacea con cada política que abordan al respecto, por otro, que se nos haya pasado por alto realizar un análisis frío del mismo.

Desde luego, a mí me llamó la atención que en un encuentro en que cada cual vendía los parabienes del proyecto que está llevando a cabo, alguien salga al estrado para poner de manifiesto que se han estado haciendo las cosas mal desde la base. Según el profesor no sólo hemos llegado tarde, sino que lo hemos hecho con un problema de enfoque y con diagnósticos erróneos. No todos los lugares acuciados por la despoblación están dispuestos a embarcarse en un proyecto de futuro. Parece obvio que si de lo que se trata es de reanimar al muerto, lo más importante es que éste tenga ganas de vivir. La condición de posibilidad de nuestros pueblos es la existencia de una masa crítica con la realidad que le rodea y que tenga la voluntad de emprender reformas para revertirla. La situación actual, dijo, es consecuencia de la inacción política, pero también social. Por otra parte, habló de una absoluta carencia de evaluación de resultados en las políticas de desarrollo rural y de un análisis coste-beneficio, así como de acuerdos horizontales entre territorios o administraciones para afrontar problemáticas comunes. Pero no todo son nubarrones negros en el planteamiento del investigador social, quien terminó la exposición señalando los tres pilares sobre los que, desde su punto de vista, se puede asentar el futuro de estas zonas rurales: Talento, Tolerancia y Tecnología.

Podríamos haber salido de aquellas jornadas con el ánimo por los suelos y decididos a tirar la toalla, ante la evidencia de que hemos llegado tarde a nuestra lucha y, sin embargo, creo que sucedió todo lo contrario, porque entonces pensamos en todos esos pueblos que todavía tienen una masa crítica; en esas asociaciones y colectivos de la comarca a la que pertenecemos, que parece que solo necesitan una pequeña chispa para que se encienda una gran llamarada de acción y que se encuentran siempre dispuestos a empujar, cuando la situación lo requiere. Nadie va a venir a rescatarnos, ya lo he dicho otras veces, pero eso no quiere decir que tengamos que dejarnos morir, sino que quizá solo debamos aprender a rescatarnos a nosotros mismos: Pulsar el botón de ON para poner en marcha una maquinaria que nadie pueda ya detener y que llegue otro nuevo otoño, pero no porque nos hayamos quedado sentados esperando, sino porque estemos convencidos de que el camino emprendido nos encontrará cada año despertándonos en medio de ese espectáculo que nos brinda la naturaleza a esos que todavía tenemos el privilegio de vivir en el medio rural.