Page vuelve al tajo

Hospital de Guadalajara

Emiliano García Page (en el centro) durante la visita a las obras del hospital. // Foto: Guadaque

Por Álvaro Nuño.

Por fin el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, acudía el pasado miércoles a Guadalajara capital a visitar unas obras, y no unas obras cualquiera sino quizás el reto –“institucional y político”, según sus propias declaraciones- que tiene la Junta en esta provincia, que no es otro que la finalización del Hospital Universitario. Como en las grandes ocasiones ya casi olvidadas de las épocas de vacas gordas, Page y una numerosa cohorte de cargos políticos y técnicos, seguidos de las cámaras de los medios de comunicación, se calzaban el casco de albañil y el preceptivo chaleco fosforito de seguridad para recorrer el interior de esos edificios fantasma coronados durante los últimos años por unas grúas inertes que vistas desde el horizonte parecían el monte del Calvario.

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Inconexos

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Obras del nuevo carril de entrada al aparcamiento del Hospital. // Foto: J. Javier Ramos (Sescam)

Por Álvaro Nuño.

La falta de conexión entre nuestros políticos es uno de los fenómenos que deja más perplejos a los ciudadanos. Cuando un responsable de un determinado partido político o de un organismo público habla sobre otro como si aquel no le oyera y éste contesta sin entrar en la cuestión sino echando balones fuera o quitándose el muerto de encima, los ciudadanos nos quedamos boquiabiertos observando este diálogo de sordos que se reproduce en los medios de comunicación y que normalmente no concluye en nada realmente productivo. El intercambio de declaraciones acompañadas casi siempre de pullas envenenadas contra el rival político evita en la mayoría de los casos la colaboración que debería ser habitual entre representantes públicos a los que se les vota para que se entiendan y solucionen los problemas, no para aportar más de los que ya tenemos.

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El Hospital hace aguas

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Gotera del pasado sábado en la cafetería del Hospital // Foto: Guadaque.com

Por Álvaro Nuño.

Como año tras año, las lluvias de esta primavera han vuelto a cebarse con una instalación que parece tener más agujeros que un queso gruyer. Se supone que un hospital debería ser una infraestructura que, por sus usuarios y la finalidad para la que está construido, debería estar aislado de las inclemencias meteorológicas externas más que ningún otro sitio, pero el de Guadalajara parece diferente. El pasado sábado, en la cafetería del centro hubo barra libre para todo el que se atreviera a entrar y cruzar por en medio de una auténtica cascada que terminó convirtiéndose en inundación. Algunas otras zonas del centro también se vieron afectadas por el agua, como la planta de Traumatología, donde se cayó un falso techo, por no hablar de las inmensas balsas que se producen en la entrada principal del edificio.

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Un Hospital de “Todo a Cien”

En la imagen, la "vajilla" proporcionada a los enfermos del área de Hospitalización./Foto: Ana María Espada

En la imagen, la “vajilla” proporcionada a los enfermos del área de Hospitalización./Foto: Ana María Espada

Por Ana María Ruiz

El Hospital Universitario de Guadalajara está enfermo. El centro, que el próximo 25 de enero cumplirá 32 años y que en la década de los 80 se convirtió en un referente nacional en tecnología y calidad asistencial, se nos está haciendo viejo y agoniza poco a poco sin que sus responsables hagan nada por evitarlo.

Las instalaciones dejan mucho que desear y las necesarias obras de reforma integral que el recinto entero está pidiendo a gritos no se reflejan en los presupuestos regionales de Sanidad para 2015. Ni se han reflejado en toda la legislatura, a lo largo de la cual la inversión sanitaria en Castilla-La Mancha ha disminuido en cerca de 200 euros por habitante, según los datos publicados por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública. Los recortes introducidos desde el año 2011 por María Dolores Cospedal, cumplidos a rajatabla por el consejero José Ignacio Echániz, están empeorando la lenta agonía de nuestro Hospital: menos personal, pésimo servicio de hostelería para pacientes ingresados, brutal racionalización del gasto en infraestructuras y material sanitario, etc.

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Hartos de las esperas

hospital guadalajara

Por Abraham Sanz

Los defensores de la sanidad pública estamos de capa caída. Más aun cuándo día a día el funcionamiento de la misma nos deja en evidencia tantas veces que hay veces que es sólo la propia fe en que lo público ha de mantenerse y sostenerse como uno de los pilares básicos de nuestro Estado del Bienestar, la que nos hace valorar positivamente este servicio que, de unos años a esta parte, está sufriendo un más que notable deterioro. Y es una pena, porque el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha era una de las instituciones con mejor valoración a nivel estatal y, aún con los recortes, las propias encuestas de la Administración nos siguen diciendo que la ciudadanía está satisfecha. Sin embargo, ahora la gran pregunta es, ¿a quién preguntan en estas encuestas?

A mí no. Y tengo clara mi respuesta. Mi grado de satisfacción con esta prestación se ha ido devaluando en función de según ha ido avanzando la tijera en el patrón político del PP en la región. Probablemente, nuestra región contará con unas cifras que era mejor no contemplar cuándo llegaron al Gobierno, pero tras tres años de gestión, quienes ganaron porque tenían la pócima que resolvería todos nuestros males, no han mostrado ni un solo atisbo de ser capaces de acometer esta mejoría. Únicamente se han preocupado de entorpecer unos servicios como la Educación o la Sanidad que, si bien eran mejorables, contaban con unos status de calidad de un notable grado. Ahora bien, ese estatus se sigue gozando gracias a la presencia de un buen número de instalaciones por nuestro atomizado mundo rural, por los centros de salud ejecutados por los barrios de la ciudad –aunque del futuro de Los Valles ya ni se habla y ni siquiera se plantea-,… pero no dejan de ser ladrillos, edificios que antes contaban con una presencia médica mayor y que ahora, obliga a muchos vecinos de localidades vecinas a hacer cábalas para cuándo pueden ir al médico, atendiendo a su realidad personal, la realidad laboral y, además, las dificultades añadidas de no gozar de una presencia médica similar a la anterior.

Si bien, ante esta tesitura de crisis que hemos vivido, estos recortes, pueden ser entendidos, hasta aceptados. Pero lo que es inadmisible son las demoras para poder tener en tus manos unas pruebas que al profesional sanitario le permitan corroborar una enfermedad o la posibilidad o no de realizar un tratamiento; o peor aún, demoras de meses que para poder realizar alguna prueba diagnóstica necesaria para la evaluación de un paciente. ¡Por ahí sí que no! Y así lo ha denunciado el PSOE recientemente, con datos de pacientes reales, en los que se demuestran retrasos de siete meses para poder realizar una resonancia magnética; mientras que otros pacientes sufren ya demoras –de forma rutinaria- de entre tres y cuatro meses para realizar cualquier otra prueba que si bien no es de urgencia, si genera una intranquilidad e incertidumbre que no es de recibo. Más aún, el tiempo de espera que habría que sumar para que los resultados fueran vistos por un especialista…. ¡Acabáramos!

Es una lástima que un servicio como SESCAM esté en boca de todos, pero para realizar comparaciones peyorativas con otros entes que prestan una labor similar, pero de forma privada que, a la fuerza siguen ganando terreno con el beneplácito de nuestros políticos más interesados en reformar el sistema a su gusto, que tratar de reensamblar el endeudado sistema sanitario anterior. También es una lástima que una obra como la ampliación del Hospital de Guadalajara, que era de carácter prioritario en el año 2007 y por tal motivo, tanto PSOE como PP la llevaban en sus programas electorales; siete años más tarde esté empantanada. Primero porque los primeros no supieron gestionar tan notable infraestructura y tan notable gasto. Tanto que al final se tuvo que parar porque la empresa ya acumulaba demasiadas mensualidades sin recibir sus emolumentos. Y los segundos, porque no les ha importado ver esa obra inacabada y no tratar de buscar una salida útil para la ciudadanía y para el propio centro hospitalario. Tanto que ya ni siquiera se encuentra en el cajón de las prioridades y, según las últimas palabras de Cospedal, se terminará cuándo se pueda. Casi, indicando que se trata de una obra que nunca se debería haber puesto en marcha porque, ahora la prioridad está en Toledo donde escándalo tras escándalo, han caído en la cuenta de que aquellos polvos -tanto recorte- vienen estos lodos… En fin, cosas de la política que al final, pagamos los de siempre, los ciudadanos de a pie.

Eso sí, parece que ya por fin, cuando acudamos al Hospital de Guadalajara, podremos aparcar sobre asfalto y caminar sobre una vía pavimentada, cuando aparquemos nuestro coche en este lugar. La lamentable imagen de este invierno con la gente sorteando charcos y barros para poder acceder al centro, parece que ha hecho mella en nuestros dirigentes que si bien, primero quisieron negar lo innegable, ahora han tenido a bien, echar una pequeña capa de asfalto que dignifique esta instalación. Ya era hora.