De railes y a pedales contra la despoblación

Por David Sierra

La bicicleta se ha convertido en uno de los elementos de movilidad con mayor proyección tanto para el fomento del ocio deportivo y de naturaleza como de medio de desplazamiento limpio y eficaz, sobre todo en las grandes ciudades cuando han adaptado su espacio a este vehículo que no es nuevo, aunque lo parezca. Si bien en Guadalajara capital el Ayuntamiento tiene aún una ardua tarea por delante si quiere incorporar los vehículos a pedales en sus calles, en la provincia se están dando varios movimientos que reclaman una mayor presencia de la bicicleta en el ámbito rural y han comenzado a exigir y trabajar para obtener el espacio que merecen.

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Más promoción para las huellas del amigo Félix en nuestra provincia

Por Sonia Jodra

Félix Rodríguez de la Fuente eligió la provincia de Guadalajara para desarrollar buena parte de su proyecto ecologista en nuestro país, cuando ni siquiera se había inventado el término ecologismo. Cuando alguien de su talla nos elige es para presumir de ello y conseguir poner en valor todos y cada uno de los atractivos por lo que lo hizo. En plena pandemia, el 40 aniversario de la muerte de Félix pasó algo inadvertido y aún hoy proyectos como “Tras las huellas de Félix Rodríguez de la Fuente” no han recibido el impulso necesario para que la figura del precursor del amor por los animales y por la naturaleza haga brillar a esta provincia en la que él encontró el mejor plató natural para sus documentales y para ver crecer a sus hijas. Decía una canción de Mecano que “andamos justos de genios”, buenísima razón para poner en valor los que tenemos.

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Hagan gasto en la tierra, que no todo es Amazon y Glovo

Por Sonia Jodra

No es la Semana Santa soñada, pero si pensamos en la que tuvimos hace un año, la actual nos puede parecer idílica. Hacer torrijas con un tutorial de Youtube fue el año pasado lo único con lo que pudimos celebrar la época de Pascua. Así que este año tenemos muchas cosas que celebrar. Celebremos la vida, el buen tiempo, los atardeceres y las vacunas que están llegando. Y ya que nos ponemos, hagámoslo con generosidad.

No podemos ir a la playa, a recorrer un país europeo en tres días ni a esquiar. Y aunque ver a los turistas franceses disfrutando de Madrid como nosotros no podemos hacer nos abre las carnes, hay motivos para disfrutar de este cierre perimetral regional que nos proporciona el placer de descubrir que, a veces, nos vamos muy lejos a buscar lo que tenemos muy cerca.

El turisteo por la provincia es tan ideal como el que nos obliga a pegarnos palizas de seis horas de coche con parada en Área de Servicio cutre. El Alto Tajo, el Barranco del Dulce y la Arquitectura Negra están espléndidos, en ese momento del año en el que todo brota. Las lluvias y la nieve del invierno han ido escurriendo poco a poco entre la tierra, generando ahora un espectáculo de colores y aromas inigualable.

Pero además de la vista y el olfato, esta primera Semana Santa de la era pandémica precisa de nuestra generosidad en el gasto. Gastemos con alegría. Cuando vayamos al pueblo, cuando visitemos la provincia, hagámoslo sin tacañería. No esperemos a que nos dejen ir a los centros comerciales de Madrid para gastar lo que tan bien le vendrá a nuestros hosteleros, comerciantes y restauradores en estos días.

Resulta irónico que prefiramos gastar en gasolina para irnos lejos a hacer la compra. No hombre, no. Compremos en los supermercados de los pueblos, echemos gasolina en las áreas de servicio del medio más rural, aunque sea más caro, y compremos todo lo que necesitemos en estos días en las tiendas de los pueblos. Si hay que salir, salgamos, con precaución, pero salgamos, a comer, a cenar, a tomar café, a merendar… Y cuando nos traigan la cuenta seamos sensatos a la hora de hacer comparaciones. En el tique que nos dan en el pequeño autoservicio de pueblo están incluidas muchas cosas que no tienen precio. No podemos pretender que los pueblos sigan siendo generadores de vida a coste cero. No sirve lamentarnos de que los pueblos se mueren y llegar con el coche lleno de todo lo que necesitamos cada vez que los visitamos. No sirve decir que nos encanta el senderismo de bocata y a la vez sentir que solo encontramos pueblos fantasmas en pleno invierno.

La vida urbana nos ha llevado a adquirir extraños hábitos que ya ni nos replanteamos. Pedimos cena barata a domicilio y obligamos a alguien a cruzarse la ciudad en bici, coche o moto para buscar nuestra cena y llevárnosla al otro punto de la ciudad. Damos por buenos este tipo de empleos precarios, fomentamos el empobrecimiento de los trabajadores y cuando vamos a un pueblo nos parece caro que nos pidan dos euros por un refresco y probablemente exijamos tapa, que el aseo tenga jabón de manos y que les den vasos de agua fresquita a los niños.

Estamos a tiempo, pero si nos aplicamos esa frase tan nuestra que desde pequeños nos han repetido; “no te estés”. Pues eso, no nos estemos a tonterías, seamos justos con nuestra tierra. Contratemos una visita guiada en Sigüenza o Guadalajara, igual que hacemos cuando vamos a Toledo, compremos regalos para los amigos, aunque nos parezcan caros y si hay que quedarse a dormir en Brihuega, mejor que mejor. Que, aunque esté cerca de casa, siempre es agradable despertarse en un sitio nuevo, con sonidos diferentes y aromas especiales.

Los pueblos se mueren, pero no lo hacen solos. Lo hacen con nuestra ayuda, nuestra indiferencia y nuestra distinta vara de medir. Pagamos 3 euros para que Amazon nos traiga a casa un boli que vale 4. Esperamos un mes para que nos lleguen de China unas zapatillas. Nos comemos la cena fría después de que haya hecho un absurdo viaje en moto. Pero cuando vamos al pueblo, pensamos que todo es caro, imperfecto y falto de sofisticación.

De verdad, celebremos que este año vivimos la Semana Santa en la calle, no como hace un año que estábamos encerrados. Con todas las precauciones, pero con todas las emociones que precisa una situación como esta. Hagan gasto, señoras y señores, que la tierra nos necesita. Compren, coman, beban, pernocten, alquilen, contraten… Porque tenemos motivos para celebrar y queremos seguir haciéndolo. ¡Feliz Semana Santa!

Madrid huye

Por David Sierra

Madrid huye. Sus vecinos escapan de esa ciudad mugrienta y tóxica en la que se convierte cuando desaparecen los miedos de pandemia. El estado de alarma, que los ha mantenido a raya hasta el pasado domingo ya no es impedimento y en cuanto la oportunidad ha surgido la capital ha quedado vacía en domingo. Como ocurría antes. Y como sucedía también antes de surgir el Coronavirus, el lunes caótico de tráfico y ruido motorizado ha vuelto a sus orígenes. Los peatones han visto de nuevo reducido su espacio a la mínima expresión, mientras en beneficio de la recuperación económica, la actividad sobre las cuatro ruedas manda en el espacio público, sin conceder opciones a las nuevas fórmulas de gestión, ni a los beneficios no sólo medioambientales, sino también económicos y sociales que ello conlleva. Y ante tanto humo aparecen algunos atisbos de cambio impuestos desde los juzgados para retratar a su Consistorio por sus esfuerzos para cargarse la única iniciativa válida, hasta la fecha, de convertir esa ciudad en mínimamente habitable.

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Ciudad Encantada de Tamajón en Guadalajara. /Foto: guias-viajar.com

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Félix Rodríguez de la Fuente y sus lobos de Pelegrina

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Félix Rodríguez de la Fuente en una fotografía de archivo.

Por Miguel Pou (*)

Félix descubrió el hermoso cañón de Pelegrina persiguiendo un halcón para recapturarlo. Los halcones se le escapaban a veces y debía correr horas. Era un fantástico corredor. En aquel año de 1969 soñaba con tener un programa propio de filmaciones y lo logró 5 años después, gracias al descubrimiento de aquel valle y roquedos, desde que llevó animales de nuestra fauna para rodar la Serie ibérica, que daría la vuelta al mundo y que aún se emite por ser aceptada como un clásico imperecedero lo mismo que las obras de Mozart o Beethoven.

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Turismo y despoblación

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El presidente de la Diputación, al frente de la delegación en Fitur // Foto: Guadapress

Por Álvaro Nuño.

Como todos los años, la provincia de Guadalajara se afana estos días en mostrar todos sus encantos en Fitur, la Feria Internacional de Turismo que se está celebrando en el Ifema hasta el próximo domingo 26, jornada en la que además seremos los protagonistas en el stand de Castilla-La Mancha. Todas las administraciones, comenzando por la Junta de Comunidades y acabando por los municipios más «turísticos» -como Hita, Brihuega, Cifuentes,  Pastrana, Molina de Aragón,  Cogolludo, Atienza, Sigüenza, Torija y la propia capital-, y pasando por la Diputación, exponen los reclamos de cada lugar para intentar atraer al mayor número de visitantes. No en vano, es la mayor feria del sector del mundo a la que el año pasado acudieron más de 140.000 profesionales y 110.000 personas de público general.

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El callo de la repoblación

Por David Sierra

Mientras en la ciudad del Doncel tenía lugar recientemente un nuevo encuentro sobre despoblación con ponencias y mesas redondas en las que figuraban ya personalidades contrastadas relacionadas con este asunto y políticos de turno, en un pequeño municipio de nuestra provincia uno de sus vecinos volvía a maldecir, por enésima vez, a la compañía telefónica con la que había contratado el servicio de Internet. De nuevo la red volvía a fallar y le impedía comunicarse. Frustrado, tras conversar con un operador sin que le solucionara el problema, y harto de pagar mucho más por un servicio peor que el que recibe un ciudadano de la gran ciudad, meditaba en voz alta que “esto es como si las autopistas no tuvieran peaje y a nosotros nos pusieran uno por ir por estas carreteras”. Se refería a la pequeña carreterilla a medio parchear que une el pueblo con la vía comarcal.

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El vicepresidente de la JCCM, José Luis Martínez Guijarro durante su intervención en Sigüenza.

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Despoblación y movimientos sociales: El caso Fraguas

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Varias personas reconstruyendo un tejado. // Foto: Colectivo Fraguas Revive

Por Isaac Alcázar *

Ya se hace impertinente glosar el gran problema de la despoblación que observamos atónitos en nuestro país. Ningún preboste que se precie puede permitirse no hablar de tan cacareado asunto, aunque luego sus acciones desmientan ese impostado interés. La realidad, dura como un témpano: sin intervenciones decididas cientos de pueblos desaparecerán del mapa sólo en la próxima década. Guadalajara es una de las provincias más afectadas. Las casas están vacías, los huertos yermos; el mundo rural es ya un escenario falto de personajes.

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Vinieron para marcharse

Por David Sierra

Vinieron para quedarse. Eran cinco. Una familia tipo: madre, padre, niña y dos niños. Uno de ellos ya adolescente. El otro aún en pañales. Decidieron buscar un lugar donde la economía familiar les permitiese rentar más. Y optaron por salir de la gran ciudad y hacer caso de los rumores que les llegaban a diario sobre que la vida en el pueblo daba mucho más de sí. La idea les apasionaba. Encontrar el sosiego y la paz después del trabajo les atraía con especial ilusión. También la creencia de ver crecer a su prole en la libertad que ofrece el mundo rural, donde las normas se adaptan a lo que dicta la razón.

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Donceles de mentirijilla

El sepulcro del falso doncel de Sigüenza. // Foto: Wikicommons

El sepulcro del falso doncel de Sigüenza. // Foto: Wikicommons

Por Patricia Biosca

En un relato de aventuras (ya sea en forma de película, serie o libro) muchas veces se busca algún refuerzo histórico con el fin de dar una mayor verosimilitud al relato. Con mayor o menor acierto (hay veces que la historia se retuerce tanto para que encaje con un guión que queda en triste parodia innecesaria), se impregna en el imaginario colectivo si la obra ha adquirido cierta popularidad, y obtiene credibilidad en la misma medida que la creación artística gana lustros; por ejemplo, mucha gente asume que el eterno personaje de Drácula está inspirado en la leyenda de Vlad Tepes, un sanguinario conde que empalaba a sus pobres víctimas. Y en parte sí, en parte no. Si le preguntan a alguien en Rumanía le contará que Tepes es un héroe nacional que luchó con uñas y dientes por su pueblo y que incluso plantó cara a los “stragoi” (los “chupasangre” primigenios, esos que no tenían ni melenas largas y cuidadas, ni tesoros escondidos, ni harenes de tres novias, pero se pirraban por un rechupeteo de sangre), raza que Bram Stoker otorga a su protagonista. ¡Qué caprichoso es el curso del tiempo que una sola mente puede cambiar la percepción de millones con un bonito envoltorio! Sigue leyendo