La tierra tiembla, pero los latidos son más fuertes

Un miembro de Cruz Roja reparte víveres en México tras el terremoto.

Un miembro de Cruz Roja reparte víveres en México tras el terremoto.

Por Gema Ibáñez

He recordado estos días la única vez que sentí aquello. Una sensación extraña, un mareo desacompasado que me despertó en la cama con el corazón en la garganta. Pocas horas después sabría que aquel 7 de junio de 2007, a las 3:42 horas de la madrugada, la tierra tembló por unos minutos en Guadalajara. El Instituto Geográfico Nacional registró un terremoto de 4.1 grados en la Escala Macrosísmica Europea con epicentro en Escopete. No hubo daños.

Y si la sensación me eriza la piel todavía, imposible meterme en la de los miles de personas que estos días han vivido en su carne un terremoto de 7,3 en la Escala de Ritcher. El daño ha sido brutal. Otro zarpazo del que la Tierra tardará en recuperarse. Física y emocionalmente. Lo peor, las vidas perdidas. Las más de 220 personas a las que el mundo se les vino abajo, literal, y les pilló en el peor sitio. En una escuela, en casas, en edificios de oficinas… El daño ha sido irreparable para ellos. Para sus familias, amigos… Y aunque entre hay entre ellos un ciudadano español que nos acerca la tragedia, todos duelen. Todos.

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