Malnacidos

Imagen del estado en el que quedó la nave del Banco de Alimentos tras el robo.//Foto: Facebook Banco de Alimentos

Imagen del estado en el que quedó la nave del Banco de Alimentos tras el robo.//Foto: Facebook Banco de Alimentos

Por Ana María Ruiz

Malnacidos o hijos de la gran perra son sólo dos de los calificativos, digamos “finos”, que se me vienen a la cabeza para describir a los miserables que en la noche del 2 de enero perpetraron un robo en la nave que el Banco de Alimentos de Guadalajara posee en el polígono del Henares. Y no utilizo las palabras que realmente me gustaría usar porque este artículo no vería la luz por soez.

Los chorizos sustrajeron nada más y nada menos que 2.000 kilos de comida de los 50.000 que logró reunir esta asociación para cientos de familias desfavorecidas, la mayoría en la campaña solidaria de recogida de alimentos que se llevó a cabo en Navidad. Y no se crean que cogieron lo primero que tenían a mano. No se llevaron garbanzos, ni judías, ni arroz, ni lentejas, ni pasta. Fueron muy selectivos y afanaron precisamente los productos más caros que después podrán revender en esos mercadillos negros callejeros que han proliferado con la crisis: café, aceite, leche infantil, potitos, pescado en conserva, patés, chocolate, turrones, etc. No contentos con el botín mangaron también la furgoneta frigorífica con la que el Banco de Alimentos distribuye su ayuda entre los más necesitados.

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Tres deseos

El genio de la Navidad ha concedido tres deseos a la provincia de Guadalajara. // Foto: talent.paperblog.com

El genio de la Navidad ha concedido tres deseos a la provincia de Guadalajara. // Foto: talent.paperblog.com

Por Marta Perruca

Siempre que en un cuento, un relato o una historia alguien frota una lámpara mágica, un todopoderoso genio sale de su interior para concederle, curiosamente, tres deseos: ni uno, ni dos, ni cuatro, justo tres. Me pregunto por qué. Sinceramente, yo sólo necesitaría uno, aunque es cierto que al escuchar la palabra deseos se nos vienen a la cabeza, casi de manera automática, tres cosas: Salud, dinero y amor. Esto es, precisamente, lo que solemos desear a nuestros seres queridos por estas fechas y, aunque no me creáis, esta mañana me he tropezado con un artefacto misterioso y al frotarlo ha emergido, entre una nube de humo, el gran genio de la Navidad, concediéndome tres deseos para Guadalajara. Soy consciente de que lo que muchos desearían es acostarse el día 23 y despertar el 7, cuando todo este mogollón se haya terminado. Bien mirado y gracias al Corte Inglés, no basta con estos días para escapar de la Navidad y debiéramos irnos un par de meses atrás en el calendario.De alguna manera, la concepción consumista de estas fechas, hace que se pongan de manifiesto nuestras carencias agravadas con la crisis, y eso genera en muchas personas un añadido de frustración y tristeza, que se termina por respirar en el ambiente.

En Navidad, dice el anuncio, nuestros sueños juegan a la lotería, y este lunes nos hemos despertado expectantes con ese soniquete de los niños de San Ildefonso cantando los números del bombo dorado en el televisor, porque el dinero, también dicen, no da la felicidad, pero ayuda. Los guadalajareños hemos gastado una media de 44 euros en la lotería de Navidad, por debajo de la media española, que se sitúa en los 48, y hemos visto que los premios han pasado de largo por nuestra provincia: Tan solo ha caído aquí un Quinto Premio, que ha ido a parar a una papelería de Marchamalo. Al menos en mi casa, nos contagiábamos de la alegría que irradiaban todos esos premiados en el televisor, que parecían necesitarlo.

Pero sin duda el gran agraciado del sorteo ha sido Hacienda, que se embolsará unos 188 millones de euros, ya que se queda con un 30 por ciento de la recaudación y un 20 por ciento de los premios superiores a 2.500 euros. Podríamos sentirnos dichosos, por eso otro que dicen de que Hacienda somos todos, pero a estas alturas creo que ya hemos comprendido que para unos, mucho más que otros. Aun pareciéndome injusto, debo reconocer que no me hubiera importado nada haber tenido que tributar este año por un premio, pero de tener que formular un deseo para la provincia en este sentido, hubiera preferido empleo en cantidad y calidad.

En estas fechas solemos acordarnos también de los que menos tienen, de quienes no pudieron cenar con champán, marisco o cordero y carecen de recursos para apilar paquetes de colores a los pies del árbol de Navidad, porque aunque no lo valoremos en su justa medida, ser solidarios también nos hace un poquito más felices.

En el mes de noviembre, el senador socialista, Jesús Alique, alertaba de que más de 20.000 niños de esta provincia no comían adecuadamente por vivir en condiciones de pobreza, según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE). Braulio Carlés, responsable de la Red de Lucha contra la Pobreza en Castilla-La Mancha, manifestaba en el mes de octubre que en Guadalajara se habían atendido en torno a 10.000 personas en esta situación, que según sus previsiones, alcanzarían las 14.000 a finales de año y es conocido por todos que los comedores sociales no dan abasto para atender el incremento en el número de comensales.

Así que en Navidad surgen por doquier las iniciativas que llevan el apellido Solidario. En mi pueblo, Molina de Aragón, se celebrará, mañana por la tarde, un bingo cuya recaudación irá destinada a Cáritas, pero también somos testigos de cenas y comidas, bancos de alimentos, recogida de juguetes, conciertos y galas, todos ellos con el mismo apellido y en toda la provincia… Probablemente, en otro tiempo, alguien nos pudo reprochar que solo nos acordáramos de nuestros desheredados y de los que sufren el drama a diario de la guerra, el hambre y la pobreza, en Navidad, pero ahora la crisis nos obsequia con estampas de miseria todos los días del año, por lo que parece difícil olvidarse de ello.

Siempre he dicho que si tuviera dinero compraría tiempo, porque a menudo pecamos de dar demasiada importancia a cosas que realmente no la tienen: envidiamos el coche o la casa del vecino, cuando, al menos en lo que a mí respecta,  lo más valioso que puedo atesorar son los momentos compartidos con las personas que me importan. Sin embargo, hay un tiempo que no se puede comprar, aunque a veces el dinero ayude. Por eso en El Casar han decidido celebrar una gala solidaria de Navidad cuya recaudación irá destinada a pagar el tratamiento de una niña de la localidad, que tiene leucemia.

El tiempo y la salud han adquirido en esta época otra dimensión. Me contaban ayer la historia de una vecina que asegura no poder morirse, porque su pensión es el único dinero que entra en casa para mantener a sus hijos y nietos. Asimismo, todos conocemos algún caso en el que las familias han sacado a sus ancianos de las residencias para poder subsistir con su pensión.

Y hablando de salud, doy gracias de que dios me la haya conservado durante estos años, porque tal y como está la Sanidad, no querría haber estado en la piel de los enfermos de esta provincia, de los que han tenido que irse a recibir tratamientos para el cáncer a Ciudad Real, antes del convenio sanitario con la Comunidad de Madrid, por ejemplo; los que han llegado a unas urgencias con unas condiciones de personal que no eran las más adecuadas o los que han pasado a engrosar unas infladas listas de espera. Creo que llegado el momento de formular mi segundo deseo para Guadalajara al todopoderoso genio, le pediría una sanidad gratuita, universal y de calidad.

Visto lo visto, un año más el panorama no parece muy alentador. Aunque el Gobierno hable de crecimiento y recuperación, pienso que a los ciudadanos ya no nos impresionan demasiado los datos, porque a pie de calle la realidad es muy distinta.

Aun con todo, yo no querría hacer paréntesis y despertarme el día 7 de enero como si tal cosa, porque desde mi punto de vista y por muy mal que anden las cosas, la Navidad siempre nos ofrece alguna excusa para sentirnos felices, aunque solo  sea por los momentos de encuentro empapados de sonrisas, por las cenas y comidas compartidas con la familia, por esa tregua de sueños, deseos y esperanzas que nos concede estos días, incluso  por los propósitos de ser mejores, que a los pocos días terminarán en la papelera.

Si me tropezara con una lámpara de aceite y me afanara por frotarla hasta sacar de sus entrañas un genio que tuviera la decencia de concederme, no tres, sino solo un deseo, no lo pensaría dos veces. Pediría la felicidad que quiero compartir con todos vosotros.

¡¡¡ Feliz Navidad!!!

P.D.: Alguno dirá que he hablado de dinero y salud, pero me he dejado algo en el tintero. Nada más lejos, creo que el amor está en cada una de las cosas de esta vida que merecen la pena, por lo que pediría precisamente eso, que cada proyecto, iniciativa, empresa o política esté respaldado por el amor. Como decían los Beatles: “All you need is love”.

 

 

 

Los garbanzos de Navidad

El próximo lunes, los niños de San Ildefonso cantarán El Gordo de Navidad. // Foto: Bernat Armangue / AP Photo -Radial Press.

El próximo lunes, los niños de San Ildefonso cantarán El Gordo de Navidad. // Foto: Bernat Armangue / AP Photo -Radial Press.

Por Rubén Madrid

Un año más, las navidades, tiempos de solidaridad donde los haya, comenzarán y acabarán con nuestros deseos puestos en ampliar nuestro patrimonio material. Por más que a los anuncios de los décimos y del choped les acompañen música con alma, por más que los días pares nos pongamos nostálgicos y los impares estupendos, lo cierto es que, en la mayor parte de los casos, inauguraremos temporada navideña este lunes deseando ser mucho más ricos y acabaremos despertando la mañana del 6 de enero siendo un tanto por ciento más ricos si a los de Oriente no les da por dejarnos carbón, que en Asturias saben desde hace tiempo que es signo de penuria.

No deja de impresionar cada año que en estos tiempos en que somos más solidarios que nunca, en que nuestras conciencias se ablandan y endulzan como el corazón del mazapán, el consumismo imponga sus galones. Cada guadalajareño se gasta de media 49 euros en este sorteo (tocamos a un par de décimos y unas participaciones). Cada español –y aquí lo somos, sin duda– empleará también de media unos doscientos y pocos euros para regalos navideños, en el ejercicio de su propia majestad. Y entre tanto, dicen los expertos, nos pasaremos de los 500 euros entre unos gastos y otros durante estas Navidades. Muy lejos, por cierto, de los más de 900 que se nos calculaba en tiempos de vacas gordas.

Todo esto ocurre en un país en el que la situación ya es calificada de dramática por muchas voces expertas que trabajan en la calle y no en los despachos gubernamentales. Cada poco tiempo se nos atraganta un telediario con algún informe de mal agüero y peor diagnóstico. Se me viene a la cabeza que el guadalajareño Braulio Carlés, responsable de la Red de Lucha contra la Pobreza en Castilla-La Mancha (EAPN C-LM), nos decía hace muy poco -con motivo del Día Mundial de Erradicación de la Pobreza- que el 36,7% de la población de la región está en situación de pobreza o riesgo de exclusión social. Y si los contamos uno por uno nos salen nada menos que 762.197 castellano-manchegos.

La recogida de alimentos en Guadalajara de finales de noviembre se saldó con casi 50.000 kilos en Guadalajara. // Foto: Guadaqué.

La recogida de alimentos en Guadalajara de finales de noviembre se saldó con casi 50.000 kilos en Guadalajara. // Foto: Guadaqué.

La cifra se corresponde con la misma tasa (seguramente porque se basan en datos del INE) que fijaba el informe ‘Pobreza y trabajadores pobres en España’ de la Fundación 1º de Mayo, ese obsceno 36,7%. Dice en sus páginas (lo puede descargar aquí en pdf), también, que los pobres son cada vez más pobres. Hay más desigualdad, más distancia entre quienes estas navidades tendrán la opción de dar un donativo y quienes están casi en la obligación de recibirlo.

Muchos de ustedes habrán visto las colas junto a San Nicolás. Pasen también hacia las nueve de la noche por los contenedores junto al Caprabo de la Avenida del Ejército. A mí me resulta desolador. Cualquiera puede ponerle rostro a estas cifras si pasa por las puertas del supermercado más próximo a la hora en que se deshacen de los productos caducados.

Las navidades, lejos de abstraerse de esas realidades, suelen ser el periodo en que más y mejor nos las enfocan. En las últimas horas se han presentado dos eventos que pretenden recoger alimentos para los pobres: la Copa de España de Voleibol, organizada por el Ayuntamiento de Guadalajara, y el maratón de ocio y juegos de rol de Valdeluz, The Big Game. Pero hay más: el tradicional concierto de Navidad de Manos Unidas, las actuaciones que han tenido lugar días atrás en el centro San José para la campaña de Unicef ‘Ahora no podemos parar’, o en El Cubillo de Uceda de ‘Los 6 tenores en favor de la Asociación contra el Cáncer’, así como las citas más próximas, caso de una carrera popular que recorrerá las calles de Brihuega este domingo. Y son sólo algunos ejemplos que vienen a bote pronto.

Lo de poner un pobre en la mesa ya no se estila, pero lo de calmar la conciencia con un donativo, sí. A quienes todavía tenemos estómagos, nos sientan mal los excesos si no hacemos un descargo previo de conciencia. Y lo saben las organizaciones benéficas o el mendigo de turno a las puertas del súper. Así que estos días muchos de nosotros acudiremos a los actos navideños con envases y paquetes de productos imperecederos para los bancos de alimentos, haremos una visita a la tienda de comercio justo, entregaremos donativos si sucede un tifón en vísperas de Nochevieja y compraremos algún calendario solidario. Y está muy bien. Pero el día 7 de enero, si te he visto no me acuerdo.

Actuación de 'Los 6 tenores' en El Cubillo de Uceda, el pasado fin de semana.

Actuación de ‘Los 6 tenores’ en El Cubillo de Uceda, el pasado fin de semana.

Por eso la pregunta me resulta inevitable: ¿cuántos paquetes de garbanzos –y cajas de galletas, y cartones de leche, y donativos solidarios– nos ahorraríamos si fuésemos tan ‘generosos’ durante el resto del año? Habrá quien crea que se trata de un ejercicio de demagogia, pero en realidad considero que no es más que un capítulo más del eterno debate entre caridad y justicia social que últimamente veo muy desequilibrado en favor de la primera bandeja de la balanza.

Si concediésemos que cada año perderíamos esos mismos 50 euros de gasto medio en lotería de Navidad, pero esta vez no para tirarlos por el desagüe por donde se marchan los anhelos de enriquecimiento exprés, sino para meterlos en una caja común –lo podemos llamar arcas públicas– y disponer de ese gasto en los próximos presupuestos, ¿harían falta tantos donativos por estas fechas? ¿Y si renunciásemos a esa parte desbordada del gasto por regalos, a esa compra prescindible, a ese capricho que está de más?

Lo sé: las arcas públicas recaudan y mucho a partir de la Lotería, e incluso de forma indirecta por las compras navideñas. Pero lo que vengo a plantear es una cuestión casi vital en el comportamiento general de cada uno de nosotros: resulta habitual observar un rechazo reflejo a cualquier subida de impuestos progresivos que nos suponen cantidades discretas y, en cambio, nos lanzamos a derrochar esta solidaridad de temporada por Navidad. Porque de derroches estamos hablando.

Dejo aquí mi reflexión a modo de enmienda a la parcialidad. Allá cada cual con su Mr. Scrooge. Como suelo recomendarles siempre por estas fechas, consuman, pero con moderación. Y hagámoslo, todavía con más motivo, si este año a los niños de San Ildefonso les sale de las bolas darnos una alegría.

PD. – Y hablando de justicia. También desde aquí mi enhorabuena para el colega Óscar Cuevas por el Libertad de Expresión de la Asociación de la Prensa, fallado ayer. Me parece que un artículo con su firma, y publicado precisamente en estos rincones, encarna como pocos aquello mismo que anuncia el premio: la libertad de expresión.