A la fuerza, ahorcan

Por David Sierra

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que los pastores salían a su labor con el morral lleno y la cantimplora vacía.  Conocían de primera mano los mejores lugares donde manaba el agua más pura, fresca y saludable. Y aprovechaban esa sapiencia, adquirida en muchos casos a través de la experiencia, la investigación sobre el terreno y la radio, en su propio beneficio. A veces, las menos, compartían el secreto con la más tierna chavalería, que en contadas ocasiones se saltaba las reglas para adentrarse en los espacios prohibidos en torno a las riberas de ríos y arroyos.

Sigue leyendo