Un Estado sin alma

2017-01-13-refugiados

Un grupo de inmigrantes hacen cola para recibir comida en Belgrado (Serbia). Foto: Marco Djurica (Reuters)

Por Álvaro Nuño.

La última ola de frío polar que está sufriendo nuestro continente ha vuelto a sacar a las portadas de los medios de comunicación imágenes que parecen extraídas de un archivo de mediados del siglo XX. Si no fuera por el color, nadie podría distinguir las colas de cientos de seres humanos ateridos de frío, arropados únicamente con mantas en busca de algo caliente que comer y rodeados de nieve que se están produciendo en todos los campos de refugiados de las fronteras mediterráneas, que las de aquellos seres humanos que huían de las batallas de la Segunda Guerra Mundial o del terror de las dictaduras. Las imágenes se pueden llevar setenta u ochenta años, tiempo más que suficiente para que la vieja y rica Europa hubiese terminado con la tragedia, pero la historia se repite sin que muchos de nosotros y la mayoría de nuestros representantes políticos muevan una ceja para ponerle fin.

Sigue leyendo