Sobre el papel

Por Borja Montero

“Me encanta que los planes salgan bien”. Esta es una de las más icónicas frases de la televisión de los 80, un remate genial de los guionistas que servía para enmarcar y poner el punto y final a la victoria de los buenos un nuevo episodio de El equipo A. Además de este uso estético y épico por parte de los creadores de la serie, este running gag de Hannibal Smith es también una pequeña pieza de filosofía que nos recuerda que no siempre todo sale según lo previsto y que, aunque el papel lo aguanta todo, la realidad, en la que intervienen las circunstancias dadas en cada momento pero también la mano de los actores humanos intervinientes, termina siendo la que determina si el plan sirve para algo o necesita una revisión. Como siempre, hay ejemplo guadalajareño.

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Y hablando de nieve…

 

Pasado Anquela del Ducado, los centímetros de nieve se reducía a una leve capa de talco. // Foto: M.P.

Pasado Anquela del Ducado, los centímetros de nieve se reducía a una leve capa de talco. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

“Si aquí está nevando así, en Molina debe de estar cayendo la mundial”, me dije a mí misma mientras veía las calles de Guadalajara cubrirse de nieve al otro lado del cristal de la ventana. Tenía la esperanza de que las carreteras amanecieran atascadas  y dar esquinazo a otro pesado lunes con la excusa, pero no fue así. A Molina de Aragón se lo conoce como el pueblo más frío de España, pero fue pasar Anquela del Ducado y los centímetros de  nieve se convirtieron en un tímido manto de talco, que apenas dejaba constancia de algún copo fugaz.

Supongo que sentí la misma frustración que los escolares de los pueblos de esta comarca al comprobar que más de 200 alumnos de la provincia se quedaban sin clase, mientras ellos tuvieron que acudir religiosamente a los centros educativos de Molina.

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Super Román y el ‘clan de los romanones’

Ilustración incluida en el vídeo de La Sexta que abordaba los privilegios de los diputados y que aludía directamente al alcalde de Guadalajara.

Ilustración incluida en el vídeo de La Sexta que abordaba los privilegios de los diputados y que aludía directamente al alcalde de Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Qué manera de animarnos el debate municipal tuvo el domingo por la noche La Sexta al recordarnos –nada nuevo, por otra parte– que el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, cobra por tener tres ocupaciones. El surtidor de notas de prensa del Ayuntamiento estuvo el lunes que echaba humo dispensando buenas noticias, seguramente para ahuyentar la mala sombra de Ana Pastor. Al alcalde nos lo presentaron en El Objetivo de La Sexta como un “superhombre” capaz de compatibilizar el bastón de mando con el escaño en Madrid y con la bata de médico en la clínica Sanz Vázquez. Una ironía para mostrarle como el campeón de los diputados privilegiados, una elípsis para no mencionar directamente a la casta.

En el reparto de la parrilla de La Sexta a Román le cayó el papel de villano de la noche. Nuestro alcalde apareció en la pequeña pantalla justo después que el exsecretario general del PCE e IU, Gerardo Iglesias, al que Jordi Evole visitó en Salvados como ejemplo de honradez en política: este picador asturiano volvió a la mina después de su temporal estancia política en los despachos de Madrid. En el retrato expresionista de Román que nos mostró El Objetivo, no ahorraron las artimañas marca de la casa. Y como Ana Pastor nos invitaba a sacar nuestras propias conclusiones, aquí van algunas notas.

  • El alcalde no se escondió y dio la cara ante las cámaras de La Sexta. Quienes vemos habitualmente el programa –con su encantadora sección de las pruebas de verificación– estamos acostumbrados a observar la negativa de muchos dirigentes de todo el país a dar explicaciones sobre aquellos asuntos feos por los que son señalados. Román hizo lo que debía, pero en estos tiempos resulta todo un gesto.
  • La anécdota: hasta en dos ocasiones se nos dijo que Guadalajara es la segunda ciudad de La Mancha… Tan aplicados cada domingo por la noche en impartir lecciones de Educación para la Ciudadanía, El Objetivo suspende en Geografía: Guadalajara no está en La Mancha, ni falta que hace, como Salamanca no es León por más que pertenezca a Castilla y León. El asunto solivianta a muchos y nos incomoda a otros. El programa no supo, pudo o quiso corregir a pesar de las advertencias de los alcarreños en las redes sociales desde días antes. Tampoco me consta ninguna nota disculpatoria. Adolece así de lo que a menudo censura. Erró el dato (somos la segunda capital o tercera ciudad de la región en población) y ahonda en la falta de credibilidad en la que ya incurrió cuando se aproximó a Valdeluz para grabar unos planos y tomar unas declaraciones del alcalde de Yebes, que luego manipuló a su antojo para obtener la pieza a la carta que buscaba de antemano: ya entonces cualquier parecido con la realidad fue mera coincidencia.
  • No por constituir la política local una escala instuticional menor (en lo territorial, demográfico y presupuestario) debe rebajar el compromiso moral de sus representantes. En este caso, no parece lo más idóneo que un alcalde de una capital de provincia sea también diputado, por mucho que la proximidad a Madrid o las nuevas tecnologías ahorren tiempo y esfuerzos. Pero Román no es por eso un corrupto -lo digo por si alguien ha tenido la tentación de llevar el asunto tan lejos- ni tampoco debe ser tratado como tal. Buen favor le haríamos a los corruptos si lo metiésemos en el mismo saco. Más que a un afán de enriquecimiento personal, me parece que su presencia en el Congreso responde a otras causas (cálculos electorales, razones de partido, proceso de transición en su ámbito de servicio público). Aun así, no sé qué demonios pinta el alcalde en el Congreso ni qué necesidad hay de ello. Y no vale lo de tener voz en Madrid para atraer inversiones de los PGE para nuestra provincia: a los resultados me remito.
  • El alcalde, flanqueado por los tenientes de alcalde De las Heras y Carnicero. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

    El alcalde, flanqueado por los tenientes de alcalde De las Heras y Carnicero. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

    No creo que el programa del domingo haya dañado la imagen de Román ante su electorado. Airear esta ‘triplicidad’ de cargos públicos indigna un poco más a quienes en su día no le votaron, pero dudo que añada indignación en quienes sí le votaron, que tanto en las municipales como en las generales lo hicieron de forma mayoritaria. Dudo que ninguno de los votantes del PP encogiese la mano en las urnas por la incompatibilidad, o que ésta pesase más que su voluntad de echar a los socialistas de La Moncloa. De modo que tampoco cuela el argumento de que lo de los tres trabajos del alcalde sea menos feo porque esté avalado en las urnas. Estas lecturas serán válidas el día en que haya listas abiertas: quienes no compartan estas estrategias individuales podrán privar a un alcalde de su escaño en Madrid.

  • Estoy de acuerdo con quienes opinan que a un primer edil nunca le puede sobrar ni un minuto para atender las necesidades de su municipio, más aún si afronta retos tan importantes como combatir el desempleo que castiga a tantos de sus vecinos. Y abro paréntesis: el desempleo. La principal inmoralidad que se desprende de los cálculos de los tres salarios de Román como diputado (unos 5.000 euros al mes), alcalde –una cantidad muy inferior, sólo dietas por plenos y comisiones– y doctor en la clínica -por lo que declara casi 29.000 euros anuales, pese a la dedicación marginal- radica en la enorme suma que se embolsa por estas tres actividades en una ciudad en la que hay más de 7.500 parados. Admito que el argumento roza la demagogia, pero es que Román también es alcalde de esos más de 7.500 parados y su principal reclamo en campaña fue, precisamente, combatir el paro, una asignatura que sigue pendiente.
  • ¿Y la clínica privada? No me parece un escándalo que trabaje unas horas a la semana en la clínica Sanz Vázquez. Me convence su argumentación de seguir activo para “estar preparado para volver a tu profesión” al entender que el paso por la política es transitorio. Tampoco creo que cuatro horas semanales afecten en exceso a su dedicación en Alcaldía, porque seguramente se las quita a su familia o a sus aficiones o vicios, si los tuviera. Preferiría, eso sí, que el dinero que recibe por estas ‘ñapas’ lo donara a una organización social, pero este punto lo desconozco. Dicho todo esto, también es cierto que a Román la argumentación se le está rompiendo por la base: ¿es su dedicación política temporal? Lleva en cargos públicos desde que en 1995 empezó como concejal y cada vez acapara más responsabilidades. Cualquiera puede pensar, con mucha razón, que Román está lejos de poner fin a esta etapa transitoria. Más ahora que está dispuesto a ser reelegido alcalde faltando a la promesa de permanecer sólo dos mandatos.
  • ¿Alguien se ha quejado hasta ahora de que Román desatienda a la ciudad por estar en Madrid? No había oído hasta el domingo que nuestro primer edil, que corre el riesgo de escuchar hasta mayo la cantinela de que es “nuestro alcalde a tiempo parcial”, haya desatendido sus obligaciones en Guadalajara. He asistido a plenos en otras ciudades españolas como Oviedo, donde les aseguro que al presidente de la Corporación no se le veía ni en pintura, y la presencia de Román viene siendo razonable, al menos en la esfera pública: ofrece ruedas de prensa, realiza recepciones en el Ayuntamiento, está en inauguraciones y eventos sociales, culturales o deportivos… Tal vez disimule bien, pero parece cualquier cosa menos un alcalde desaparecido. Si acaso, y eso lo tendrán que decir los cronistas parlamentarios, su labor a medio gas será la del Congreso, donde precisamente cobra un sueldo por su dedicación absoluta. El balance es pobre: diez intervenciones y nueve iniciativas en tres años.

    Vista general del Pleno del Ayuntamiento. // Foto: Jesús Ropero (Ayto. de Guadalajara).

    Vista general del Pleno del Ayuntamiento. // Foto: Jesús Ropero (Ayto. de Guadalajara).

  • El alcalde reconoció ante las cámaras que su compatibilidad de cargos es posible por el enorme número de liberados que hay en el equipo de gobierno, algunos de ellos también por sus ocupaciones en Madrid, caso de Encarnación Jiménez (su compañera en el Congreso) o Juan Antonio de las Heras (en el Senado). Román coordina, nos dijo. Pero no cuela. Aquí es peor el remedio que la enfermedad: que el alcalde justifique que puede estar en misa y repicando porque se dedica a coordinar un equipo de profesionales de la política parece un peaje excesivo. Antes que a los concejales número 15 y 16, los ciudadanos le escogieron a él. Por no hablar de algunos casos concretos, como el teniente de alcalde De las Heras, capaz de compatibilizar su discretísima gestión municipal con el escaño en el Senado y la banqueta en la terraza del Dublin House.
  • Desconozco qué intereses hicieron posible que se destapasen la Gürtel, el caso de los ERES o el Watergate, pero las sinvergonzonerías son explosivas por sí mismas, con independencia de qué mano encienda la mecha para hacerlas estallar. No voy a apuntarme yo aquí a la teoría del linchamiento, que igual vale para justificar las pequeñas inmoralidades de Errejón en la universidad que para ahuyentar las explicaciones sobre los vuelos a Canarias de Monago el santo. No. Huyo de las teorías del miedo, del caos, de la conspiración… De lo que se trata es de tener las cuentas claras y de ofrecer explicaciones convincentes. Ni sé ni me importa la razón por la que El Objetivo se fijó en Román y no en otro (quizá nadie tenía tan buen cartel: diputado, alcalde y médico) pero desde diciembre de 2011 Román trabaja para todos los españoles en el Congreso y no hay nada de malo en que el resto del país conozca lo que aquí ya sabíamos: sus tres trabajos. Eso sí, prefiriendo siempre un alcalde a dedicación completa y con una retribución en conjunto más acorde con la realidad salarial de sus vecinos, no me voy a poner estupendo diciendo que es el peor de los males que nos acechan.
  • Más que la compatibilidad de Alcaldía y escaño (que ocurre en el 10% de nuestros parlamentarios en Madrid, por cierto) me preocupan las políticas que se llevan a cabo en la ciudad: que Román no haya cumplido su promesa electoral de dar trabajo a cambio del voto –eso sí fue populismo, aunque fuese ibérico en vez de bolivariano–, las facilidades que da este gobierno local a las empresas privadas como la que tiene ahora mismo un expositor permanente en
    Román, que es vicepresidente de la comisión de Sanidad del Congreso, en una rueda de prensa de la ministra Mato. // Foto: Efe.

    Román, que es vicepresidente de la comisión de Sanidad del Congreso, en una rueda de prensa de la ministra Mato. // Foto: Efe.

    la plaza de Santo Domingo, las zancadillas que en cambio pone a tantas asociaciones sin ánimo de lucro, la subida de tasas a lo largo de toda la legislatura (y no sólo la bajada para el año electoral) y el sobrepeso de la carga por el IBI, el incremento del precio del agua desde que la gestión fue privatizada, la falta de reflejos desde la Plaza Mayor ante los desplantes de consejeros como Marín o Echániz a lo largo de la legislatura, el sindiós en que se ha convertido el servicio de autobuses urbanos con un brutal descenso de pasajeros, la imputación del ‘vicealcalde’ por el supuesto uso de recursos públicos de Aguas del Sorbe para otros fines, la proliferación de solares en el casco antiguo, la apuesta por el cemento visto para los proyectos de plazas en el centro, el cerrojazo a los mecanismos de participación ciudadana, el gasto empleado para erigir una estatua del Papa Juan Pablo II y un busto de bronce del expresidente Adolfo Suárez, el rechazo a recordar como se merece a los fusilados de la Guerra Civil que yacen en la fosa común del cementerio, los impagos de más de 350.000 euros de varias concesiones municipales de establecimientos de hostelería y aparcamientos, la negativa a propuestas ciudadanas como la del Rincón Lento para poner en marcha huertos urbanos, la cesión de espacios como la iglesia del Fuerte al Obispado, la invención de grandes proyectos a mitad de legislatura -como el megacontrato frustrado- que no figuran en los programas electorales, la filtración de espíritu religioso en las Ferias y Fiestas o la supresión del festival de teatro callejero Titiriguada. Este equipo municipal ha hecho algunas cosas bien y muchas mal, y son sobre todo estos desatinos los que me preocupan. Y, puestos a hablar de transparencia, me inquieta la falta de información sobre los asesores del PP en cargos públicos (y a qué dedican realmente su tiempo) o la más que sospechosa inclinación de esta Corporación para acabar confiando la realización de proyectos malogrados o ineficaces a una constructora de la que nunca se han acabado de aclarar los intereses que en ella puedan tener algunos dirigentes del PP. A mí, a diferencia de lo que le ocurre al Españolisto, mucho más que los tres salarios de Román, lo que me preocupa es lo que hace el ‘clan de los romanones’.

El código ético

La 'famosa' peineta de De las Heras a los manifestantes en el pregón de Ferias de 2011, en una captura de Canal 19.

La ‘famosa’ peineta de De las Heras a los manifestantes en el pregón de Ferias de 2011, en una captura de Canal 19.

Por Rubén Madrid

Imaginen que durante ocho años uno de ustedes se dedica a robar indiscriminadamente farolas de la calle, ordenadores e impresoras de los despachos municipales, porterías y canastas de las canchas deportivas, la escultura de Buero Vallejo del teatro o el nuevo cuadro del rey que presidirá el Salón de Plenos y cuyo precio, por cierto, no nos han anunciado todavía. Supongamos que todo este material alcanza un valor de 240.000 euros. Y pongamos que todos nos enteramos de lo que ha hecho. Tendría que darse por perdido: lo mínimo sería correrle a gorrazos hasta que tomase camino de Soria para no volver nunca más. Pero resulta que si en vez de farolas, obras de arte o materiales de oficina se deja de pagar la concesión municipal de un negocio, el peso de la ley se aligera y el tiempo se dilata. Aunque nos haga perder el mismo dinero.

Como les supongo unos lectores instruidos, les pido disculpas por acudir esta vez a la demagogia para censurar por enésima vez la ligereza con que se gestionan los fondos públicos desde nuestras administraciones. Les supongo al tanto de la denuncia que hacía el viernes el PSOE de Guadalajara, pero les refresco la memoria: varias concesiones municipales adeudan un total de 335.000 euros al Ayuntamiento, a todos nosotros, en algunos casos desde hace ocho años.

Es el caso del restaurante El Botánico en San Roque, que debe 165.000 euros desde 2006. El propietario es el mismo que el del bar de La Concordia, por el que debe otros 75.000 euros desde 2009. Es decir, suma 240.000 euros, la cantidad a la que nos referíamos al inicio. Pero faltan también por pagar los 12.000 euros del empresario al que se le adjudicó el quiosco de La Chopera (que luego tuvo otras vicisitudes largas de contar aquí), y otros más de 16.000 euros que se deben todavía desde el bar del Zoo Municipal. Año tras año siguen sin cumplir, pero a ustedes no se les ocurre hacer un ‘simpa’ cuando se toman algo en sus terrazas.

He escuchado después en la radio al alcalde Román decir que, a pesar de algunos retrasos tan abultados, esta deuda no está perdonada y sigue estando reclamada y perseguida, aunque desde luego no se puede decir que lo estén haciendo ni con urgencia ni con contundencia. Sólo se ha retirado una concesión a un moroso, la del quiosco de Taracena, por la que se dejaron de pagar más de 16.000 euros entre los años 2010 y 2013. Tampoco se ha actuado todavía sobre los impagos de los cinco aparcamientos públicos (El Carmen, Santo Domingo, Plaza Mayor, Manantiales y Adoratrices) que acumulan por diferentes cánones y conceptos una deuda total con las arcas municipales de 73.851 euros.

Lo inmoral. Estas noticias saltan de cuando en cuando, aunque últimamente con una frecuencia que está superando nuestra infinita capacidad de encaje. Hay episodios a patadas y estas cosas de nuestro terruño parecen -aun cuando parten de la misma raíz: la administración de nuestros fondos públicos- una minucia cuando las comparamos con el crimen organizado de los ERES, los Gürtel o las tarjetas negras de Caja Madrid.

Virgilio Zapatero, exministro socialista y exrector de la UAH. // Foto: El Mundo.

Virgilio Zapatero, exministro socialista y exrector de la UAH. // Foto: El Mundo.

A falta de levantarnos un día también aquí con el susto de saber que lo que ocurría en los cortijos de Blesa y Rato pasaba en otras cajas que nos eran más próximas y con políticos que accedían a sus órganos de gestión gracias a nuestros votos, el escándalo mayúsculo de nuestra vecindad también nos ha enfrentado a muchos de nosotros a una profunda reflexión sobre la ética (y su ausencia) de los negocios públicos cuando hemos visto envueltos en el caso a personajes que llegamos a tratar con tanta frecuencia como –así parece, aunque él lo niega– el exrector de la UAH, Virgilio Zapatero. Estos días se me ha repetido con insistencia la escena de un entrevista que mantuve con él en su despacho: posó junto a una estantería donde había una figurita de Chaplin. Entretuvimos el momento de la foto comentando cosillas de este personaje inigualable, capaz de denunciar sin estridencias la podredumbre de la sociedad de su tiempo, tan pronto invocando carcajadas como conmoviéndonos hacia la amargura.

Hay veces que uno se echa a reír por no llorar y en este país hemos inventado un nuevo género durante esta crisis con el humor indignado, casi al nivel de la picaresca que cundió en el Siglo de Oro. Que hasta un catedrático de Derecho y Moral pueda estar envuelto en un asunto de este nivel dinamita cualquier puente (confianza, deberíamos llamarlo) que aún pudiese quedar en pie entre la ciudadanía y la ética individual de quienes nos administran. A veces me acusan de ingenuo. Y se lo he escuchado decir a muchos estos días: es que tenemos un problema de ética. O de Ética.

De acuerdo. Cada cual es culpable de sus propias inmoralidades, que son las inmundicias del espíritu, pero también es cierto que todos somos corresponsables de que no se castiguen convenientemente cuando afectan a intereses comunes, como ocurre con los usos irregulares de los fondos públicos, las evasiones de impuestos, los tráficos de influencias, las prevaricaciones habidas y por haber, todos los mangoneos. Y es aquí donde entra en juego, y no descubro nada, la figura de los castigos ejemplares.

Castigos ejemplares. Un profesor de Cabanillas, Ángel Renieblas, fue expedientado de manera fulminante por la Consejería de Cultura porque en una huelga de febrero de 2012 entregó una carta a los padres de sus alumnos justificando los motivos por los que ejercía su derecho a huelga. Le conocí porque hice con él un reportaje sobre un huerto urbano que tenía con los chavales en el patio del colegio, una historia que incluso me valió el Premio de Medio Ambiente de la APG. Me pareció un profesional ejemplar, y un modelo en la educación en valores. Pero Renieblas ha sido finalmente sancionado con un mes de empleo y sueldo porque su notificación a los padres se ha juzgado como falta leve. ¿Saben qué? El juez que ratificó en abril la sanción insistió en que este profesor había incumplido el código ético que rige la actuación de los empleados públicos. En mi idioma incumplir un código ético es cometer una inmoralidad.

Rueda de prensa de noviembre pasado con los llamados 'cinco del Buero'. // Foto: http:// lamanchaobrera.es.

Rueda de prensa de noviembre pasado con los llamados ‘cinco del Buero’. // Foto: http:// lamanchaobrera.es.

Recordarán también el castigo ejemplar que puede recaer sobre los llamados ‘los cinco del Buero’, algunos de los más exaltados profesores de la marea verde que interrumpió el pregón oficial de Almudena de Arteaga en el Buero Vallejo, en las Ferias de 2011. Nunca compartí los modales de aquella protesta, pero los cuatro años de cárcel que la Fiscalía pide a partir de la denuncia que hizo -y por la que no dio marcha atrás- nuestro ayuntamiento me parecen desproporcionados.

También fue feo, horrible, el gesto del teniente de alcalde Juan Antonio de las Heras, con una peineta que dio la vuelta a España en los medios de comunicación. No sé, ni me importa, si el indecoroso dedo corazón le ha acarreado algún coste político a De las Heras dentro de su partido. Pero sí sé que no ha tenido ningún castigo ejemplarizante como servidor público. Jamás pediría para él cuatro años de cárcel, pero sí que hubiese cesado en el cargo.

No ahondaré en demasiados casos: seguro que ustedes tienen sus favoritos. Los más llamativos, eso sí, son siempre aquellos mecanismos ‘sui géneris’ de depurar responsabilidades cuya aplicación difiere si el infractor procede de dentro o fuera de sus filas. Les pongo un ejemplo: al alcalde que desobedeció y pidió contra el criterio de su partido el cementerio nuclear para su pueblo, el yebrano Pedro Sánchez, se le abrió un expediente informativo del que nuca más supimos. Fue una reacción forzada y con los hechos consumados, después de partir al pueblo en dos. Al alcalde de Hiendelaencina, que defendió las urgencias de su pueblo con la inmensa mayoría de sus vecinos alentándole, se le ha castigado (ejemplarmente: para que no cundiese su díscolo ejemplo en la comarca) con la eliminación de las ayudas para la celebración de la Feria del Ganado y con un conflicto que dejó inadmisiblemente sin agua a los vecinos durante meses.

Y si hace un momento hablábamos de establecimientos comerciales que son concesión municipal a quienes de momento se les permite abrir cada día a pesar de sus elevados niveles de morosidad, también sé de casos en que el propietario se las ve y se las desea para organizar actividades paralelas (conferencias, mesas redondas, fiestas, conciertos) porque no cumplen con la legalidad. Algunos de estos establecimientos se ven obligados a renunciar a dinamizar sus negocios para evitar que caiga sobre ellos un castigo ejemplarizante. Porque con ellos, lo saben, no habrá vista gorda.

Así que sí es cierto que tenemos un problema de ética, o de Ética. Y que incluye el modo en que se aplican o no los castigos ejemplarizantes en esta ciudad, aunque me atrevo a decir que en todo el país, y que remite a su vez a un problema todavía mayor, un problema de moral, o de doble moral. Una doble moral que tiene otro nombre común: hipocresía.

Doble moral. La hipocresía es otra de las cabezas de este monstruo polifacético en que hemos convertido nuestro sistema. Por eso en la disputa entre esa oligarquía que se beneficia del estado de las cosas y una ciudadanía que sólo cuenta para añadir más carbón en la sala de máquinas, emerge el concepto de ética como núcleo central de la tan cacareada regeneración política. Y los partidos escupen continuamente mensajes de regeneración y de transparencia, pero sobre todo han parecido encontrar la piedra filosofal en el concepto de código ético.

¡Ay, el código ético!

Resulta un tanto artificiosa esta repentina adhesión de los partidos de siempre a los códigos éticos. Hace ya tres años y medio que el 15M expresó su multitudinaria pitada hacia unos partidos mayoritarios que por vez primera parecían verdaderamente abochornados. Detrás de eslóganes como “no hay pan para tanto chorizo”; “no nos falta dinero, nos sobran ladrones; “le llaman democracia y no lo es” o “entre capullos y gaviotas nos han tomado por idiotas” había en realidad una denuncia de la doble moral, de la hipocresía, de la falta de ética. ¿Por qué han tardado entonces el PSOE y el PP, los partidos más directamente aludidos, tres años y medio en reaccionar? ¿Por qué han tardado tanto en escuchar el clamor de las calles y las exigencias de su militancia más honesta, que la hay? Y es más: ¿Por qué han incumplido durante esta legislatura tantas veces los supuestos códigos éticos que ya tenían? ¿Y por qué son tan escasos sus códigos éticos cuando los comparamos con las exigencias a las que están dispuestos a someterse en otras formaciones como UPyD y Podemos?

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha desembarcado con la transparencia y la ética en la política como principios reivindicados en el ejercicio de la política.

El número uno del PSOE, Pedro Sánchez, ha desembarcado reivindicando ética en el ejercicio de la política y en el caso de las tarjetas opacas ha reaccionando expulsando a diez implicados.

Reaccionan ahora los partidos con códigos éticos como si su preocupación por la moral tuviese en realidad mucho menos componente ético que político, concretamente de cálculo electoral. O nuestra mirada está ya muy viciada o vemos que ha quedado al descubierto que su amor por la ética se ha desatado por la proximidad de las elecciones de mayo, en las que tendrán que lidiar con la competencia supuestamente al alza de UPyD, IU y ERC, los únicos partidos que aprueban para Transparencia Internacional, y de esos otros proyectos que llegan con la pureza de los recién nacidos.

Lo dudoso de esta apasionada entrega a los códigos éticos por parte de los partidos mayoritarios reside precisamente en eso, en que no han sido los remordimientos propios ni los sonrojos por los afeamientos desde las acampadas, los intelectuales independientes o las encuestas del CIS lo que les ha llevado a renovar su compromiso ético. Aun cuando debieron hacerlo hace muchísimo tiempo, si no desde el principio porque el código ético debería de ser el código genético de la tarea pública.

Recomienda Savater en su ‘Etica para Amador’ que “quien desee la vida buena para sí mismo, de acuerdo al proyecto ético, tiene también que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad, la justicia y la asistencia”, como pilares fundamentales de la vida en democracia.

De modo que los convictos de la nueva moral están a tiempo de convencernos a base de hechos: más vale tarde -y es tarde- que nunca. Que no hablen tanto de ética y que pongan sus códigos en práctica cuanto antes. Que cese la laxitud con el amigo empresario y que se acabe la ausencia de los castigos ejemplares cuando los infractores están en nuestras filas. La ética es un saber práctico. Como el movimiento, sólo se demuestra andando.