Vuelta al cole

Por David Sierra

Sucede cada día durante el curso escolar. Padres y madres acuciados por la hora de entrada al centro dejan sus vehículos medio tirados en cualquier parte después de dar varias vueltas al colegio. Sin miramientos ni reparos. Algunos utilizan la doble fila. Otros aprovechan una parte de la acera para subirse. También están los que bloquean las entradas de los garajes. “Es sólo un minuto” argumentan. Algunos aprovechan incluso la parada en un paso de cebra para proceder a la descarga. El propósito es sólo uno, aparcar en la misma puerta y todos intuyen que ese día tendrán esa suerte que nunca llega. El conductor del autobús urbano, que recorre cada día esa ruta que le obliga a pasar cerca de varios colegios, casi nunca hace parada. Sin embargo, ya prevé el atasco que le impedirá cumplir con los horarios establecidos. Ni siquiera utiliza el claxon. Está acostumbrado. En las horas de salida de los centros, más de lo mismo.

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Vinieron para marcharse

Por David Sierra

Vinieron para quedarse. Eran cinco. Una familia tipo: madre, padre, niña y dos niños. Uno de ellos ya adolescente. El otro aún en pañales. Decidieron buscar un lugar donde la economía familiar les permitiese rentar más. Y optaron por salir de la gran ciudad y hacer caso de los rumores que les llegaban a diario sobre que la vida en el pueblo daba mucho más de sí. La idea les apasionaba. Encontrar el sosiego y la paz después del trabajo les atraía con especial ilusión. También la creencia de ver crecer a su prole en la libertad que ofrece el mundo rural, donde las normas se adaptan a lo que dicta la razón.

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