Revuelta en el ALSA

Placa de advertencia en los autobuses ALSA. // Foto: P. B.

Placa de advertencia en los autobuses ALSA. // Foto: P. B.

Por Patricia Biosca

Es jueves. Son las 8.45 horas y ya estoy esperando en una exasperante cola. “No tendría que estar aquí”, pienso mientras la parsimonia de la señora que tengo delante y que le cuenta en verso su vida a la taquillera está agotando mi poca paciencia recién levantada. Me ha llevado hasta allí un cúmulo de catastróficas desdichas, empezando por ese momento en el que mi veinteañero coche -es joven de espíritu, aunque sus achaques digan lo contrario- me dejó tirada en la A2 ayer. A partir de ahí una cascada de circunstancias, un torrente de infortunio, ha causado que esté en aquella cola, aguardando para sacar un billete de ida hacia mi trabajo. Como las oscuras golondrinas de Bécquer, como la Navidad, como los cuñados, como la salsa rosa de los entrantes que hace tu madre en Nochebuena… Yo acabo de regresar al ALSA una vez más. Y así fue el reencuentro con mi vieja amiga “tragahoras” antes conocida como Continental. Sigue leyendo

Vinieron para marcharse

Por David Sierra

Vinieron para quedarse. Eran cinco. Una familia tipo: madre, padre, niña y dos niños. Uno de ellos ya adolescente. El otro aún en pañales. Decidieron buscar un lugar donde la economía familiar les permitiese rentar más. Y optaron por salir de la gran ciudad y hacer caso de los rumores que les llegaban a diario sobre que la vida en el pueblo daba mucho más de sí. La idea les apasionaba. Encontrar el sosiego y la paz después del trabajo les atraía con especial ilusión. También la creencia de ver crecer a su prole en la libertad que ofrece el mundo rural, donde las normas se adaptan a lo que dicta la razón.

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El misterio de la estación de buses de Guadalajara

La

La “serpiente maldita” que se forma por las mañanas en la estación de autobuses de Guadalajara. // Foto: Foto: Javier @JaviHeavyM / Twitter

Por Patricia Biosca

Soy una ferviente seguidora de “Cuarto Milenio“, el programa dirigido por el periodista Iker Jiménez. Ahí he aprendido varias cosas: que después de la “fiebre del oro”, desde los años 70 hasta su cenit en la década de los 90 llegó la “fiebre del OVNI”, que fue parecida pero mirando al cielo en vez de al suelo; que en medio de Madrid tuvimos nuestro propio “Chernóbil” por una fuga radiactiva de la que sus responsables pasaron olímpicamente porque se iban de “finde”; o que en algunos lugares en los que se viven experiencias muy extremas queda impregnado en el aire la agonía de las gentes que padecen ese tedioso capítulo, lo que condena al lugar a repetir una y otra vez la misma escena que produjo tanto dolor y sufrimiento. Pues bien, Iker, le anuncio que en Guadalajara se está dando ahora mismo el tercer fenómeno descrito. En concreto, en la estación de autobuses de la capital alcarreña, donde las almas de los trabajadores y estudiantes de la vecina Comunidad de Madrid cualquier día acaban en uno de sus reportajes de sucesos. Sigue leyendo

La “Conti” ya no tiene quien la quiera

221, el número que marca los autobuses de la línea regular Madrid-Guadalajara. // Foto: ABC

221, el número que marca los autobuses de la línea regular Madrid-Guadalajara. // Foto: ABC

Por Patricia Biosca

Son las 7.50 horas de la mañana. Hay una cola de unas tres personas esperando delante de la ventanilla de Alsa en la estación de autobuses de Guadalajara, ese edificio que no ha cambiado en 30 años salvo porque cada vez más pantallas reemplazan a los taquilleros de carne y hueso. Los que esperan se encuentran ansiosos: quedan diez minutos para que salga el autobús y aún no tienen el billete que les llevará al atasco diario, al trabajo, a una entrevista, a la universidad, al médico… Las razones son diversas. Mientras, un hombre de unos treinta y muchos habla con la persona al otro lado del cristal, con un tono de rabia contenida que busca la educación, pero sin perder la firmeza. “¿Entonces me dices que no hay ninguna solución? Vale, pues dame una hoja de reclamaciones. Por favor”. El estrés de la cola se mezcla con la intriga acerca de la demanda de aquel que bloquea la meta de conseguir un billete, y aunque la mayoría suelen ser viajeros esporádicos (el abono transporte manda), las escenas de quejas ante la garita empiezan a ganar en hábito. Sigue leyendo

Mercancías sin destino

Con el cerro de La Muela aún presente por el retrovisor interior, las barreras del paso a nivel que antecede a la estación de Humanes iniciaron su descenso obligando a detener el vehículo. La locomotora que se aproximaba de fondo desprendía un sonido diferente al de las modernas de la alta velocidad y los cercanías, que transitan sigilosas por el paisaje desolador de la despoblación rural interior. Era un convoy de mercancías. De esos que llevan contenedores de color granate oxidado. Apenas unos cuantos que si hubiera puesto interés podrían haberse contado. Lejos quedaba en la memoria la imagen de esas interminables caravanas que años atrás hacían desesperar a nuestros padres, induciéndoles incluso a detener el motor del ocho y medio para ahorrar en combustible. De esas expediciones de diferentes vagones con los que la imaginación jugaba a descubrir su contenido. De esos que apenas ya se ven, testigos del declive de un medio de transporte marchitado en favor del asfalto.

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La Comunidad del Abono

Estudiantes a la salida del metro de Ciudad Universitaria. // Foto: Diego Sánchez (Madridiario.es)

Estudiantes a la salida del metro de Ciudad Universitaria. // Foto: Diego Sánchez (Madridiario.es)

Por Patricia Biosca

La semana pasada salieron las notas de Selectividad de los estudiantes que hicieron el examen en la Comunidad de Madrid, entre los que se incluyen los guadalajareños por estar suscrito el campus de Guadalajara en la Universidad de Alcalá de Henares. Atrás quedaron los nervios, la incertidumbre, las elecciones entre Historia o Filosofía, Economía o Historia del Arte (en mi época, allá por 2005, era así; ahora ni siquiera sé si la prueba se sigue llamando de la misma forma, porque en Educación somos siempre muy modernos y nos gusta cambiar el nombre cada dos por tres, como si fuese la contraseña de la caja fuerte de un banco). Ahora lo que toca es echar cuentas y optar, en la mayoría de los casos, a una carrera universitaria. Muchos elegirán Madrid como destino, aún a sabiendas que tendrán que ir y volver todos los días. Pero, ¿qué es un viaje en transporte público cuando espera el comienzo de una nueva etapa? Sigue leyendo

Esperando el tren

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Un tren de la línea C-2 de Cercanías, la que ha unido a su alrededor a ocho municipios de la provincia, a su paso por la estación de Alcalá de Henares. // Foto: SER Henares

Por Borja Montero

Las nuevas tecnologías han hecho que desaparezca la pequeña parcela de poesía que había en algunos hechos medianamente cotidianos. Así, ya nadie se alegra al abrir el buzón ni se aposta al lado del teléfono a la espera de una llamada, ya que la hiperconectividad a la que estamos expuestos hace que el género epistolar solamente sea cultivado por las empresas que requieren el pago de sus servicios o las administraciones que buscan corregir nuestras conductas a través de multas y que uno pueda estar localizable todo el día llevando su propio terminal telefónico en el bolsillo. Igualmente, lo de esperar el tren en la estación también ha perdido cierto encanto, tanto por la diferencia entre los viejos vagones de madera del Orient Express y los convoyes de alta capacidad y velocidad de nuestros días como por la cotidianidad del hecho de tomar este medio de transporte. Este caída en desgracia de la emoción de coger un tren se convierte directamente en cabreo cuando el hecho en sí se produce en Guadalajara, punto de partida de una línea de Cercanías, la C-2, que en los últimos años ha ido haciéndose menos útil para sus potenciales usuarios. Sigue leyendo