Tal como éramos.

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Cómo hemos cambiado. Imágenes para el recuerdo, auténtica memoria histórica de hace apenas unas décadas. Foto: Guadalajara en la senda del tiempo.

 

Por Gloria Magro.

Y no hace tanto, habría que añadir. Para muestra bien valdría ya no un botón, sino en este caso una imagen ajada en blanco y negro, un momento intrascendente en la vida de un pequeño pueblo. La fotografía aparecía publicada estos días en una página de Facebook, Guadalajara en la senda del tiempo: un grupo de niños mirando como se repara una albarda en La Riba de Saelices en 1958, una estampa veraniega y cotidiana convertida en un documento de memoria histórica indiscutible. El entorno que contextualiza la fotografía, paupérrimo, medieval incluso, bien podría ser una escena de las primeras décadas del s.XX al sur de Granada sacada de un libro de Gerald Brenan. Pero no, así eran los pueblos de la mayor parte de Guadalajara hasta las últimas décadas del siglo pasado, aunque ahora nos parezca lejano, por no decir increíble. Sin luz eléctrica, agua corriente ni pavimento en las calles.  Así éramos hace apenas cuatro días. Los fondos de los primeros gobiernos de la democracia a través de la Diputación Provincial, dotaron, en fecha tan reciente como los años 1980, a todos los pueblos de los servicios públicos necesarios, aún cuando ya en muchos casos la emigración los había desprovisto de población a la que beneficiar.  Sigue leyendo

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Franco no volverá

Por Francisco Palero*

Francisco Palero

Francisco Palero

Se decía en aquel 1975 y en aquella Guadalajara, que había cambiado social, económica y culturalmente, que un viejo republicano, escaso de recursos, llevaba años yendo todas las mañanas al quiosco de prensa de Santo Domingo y cogía el periódico ABC, sin comprarlo, aún indicando el quiosquero que podía mirar en su interior, a lo que respondía no ser necesario, porque la noticia que él esperaba iba a aparecer en primera página. Y un día la primera página reseñaba un lacónico “Franco ha muerto” junto a la imagen del dictador metido en el féretro y Arias Navarro llorando. Y ese día, el único en su vida desde que terminó su condena en Cuelgamuros, allá por el año 1956, ese hombre compró el periódico.

Esa fue la foto que sintetiza los hechos que recuerdo y que recorrió todas las agencias internacionales: fue tan importante que ha perdurado en todas las hemerotecas.

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