Historias de la España vaciada: el éxodo (I)

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Guadalajara se empezó a vaciar durante la Guerra Civil y la dinámica ha sido imparable a lo largo de la segunda mitad del s.XX. Foto: Cadena SER.

 

“Así transcurrió la vida en La Huerce durante muchos, muchos años. De hecho, la diferencia entre como se vivía en el pueblo a comienzos de la Edad Moderna y como se vivió hasta mediado el s.XX no era mucha. La rutina del campo y el ganado dejaba poco margen para las excepciones. Si acaso la llegada de la luz eléctrica (…) Llegó un momento en que la producción de la tierra ya no valía para sacar adelante a las familias. La labor de cada casa se iba dividiendo en tantos pedazos como hijos se iban teniendo y lo que le correspondía a cada cual ya no era suficiente para sobrevivir dignamente”. Pedro Aguilar (*)

 

Por Gloria Magro. 

La España vaciada tomó el pasado domingo las calles de Madrid. Miles de personas procedentes de Soria, Teruel, Cuenca, Huesca y así hasta 24 provincias del interior, se manifestaron para pedir un pacto de Estado que acabe con la despoblación y el abandono. Muchos guadalajareños se unieron a la marcha, en la creencia de que menos población no significa menos derechos ni menos servicios. Con una provincia en claro retroceso demográfico y una población rural envejecida y decreciente, la pregunta que cabe hacerse es cuando empezó esta dinámica: ¿Se le puede poner fecha al éxodo, a la diáspora del campo a las ciudades en los pueblos de Guadalajara?  Sigue leyendo

Las lápidas perdidas

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No todas las familias recuperaron a sus muertos tras la contienda. Foto: Biblioteca Nacional.

Por Gloria Magro.

Después de todo un año sin ir al pueblo, lo primero que hacemos nada más instalarnos para el verano es subir a limpiar las  lápidas familiares al cementerio. No hay forma de zafarse de esta especie de ritual que mi madre lleva a rajatabla cada mes de julio. Armadas de cubos y trapos pedimos la pesada llave de hierro a su cancerbero, el bar del Justi, y allí nos plantamos bajo un sol de justicia dispuestas a restregar el mármol polvoriento, renovar las flores de tela y pegarnos un rato de recuerdos y filosofía materna.

Los comentarios son inmutables año tras año. Empiezan con un “Ay, hija, ¡y qué todos hemos de acabar aquí!”, seguido de un “¡ya descansan aquí juntos, toda la vida trabajando para esto!” Y mientras, le damos a la bayeta sobre los abuelos, el tío, los bisabuelos… para finalizar con  otro clásico: “Y claro, como tú no tienes hijas, ¿quién te va a limpiar a tí la sepultura?”. Sigue leyendo