A propósito del verano

José María Barreda durante la inauguración del Centro de Interpretación de Zaorejas. // Foto: www.lacerca.com

José María Barreda durante la inauguración del Centro de Interpretación de Zaorejas. // Foto: http://www.lacerca.com

Por Marta Perruca

Siempre he tenido la sensación de que el tiempo pasa más deprisa en primavera y verano. Son meses que discurren raudos en el calendario, quizá porque se configuran las circunstancias idóneas para que nos detengamos un buen puñado de instantes a disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Parece como si el sol, por una especie de embrujo, hiciera que nos afanemos con mayor ahínco en diseñar momentos agradables. Pensamos, por ejemplo, en planear nuestras vacaciones a la playa o a cualquier otro destino, pero después la cosa no se queda ahí y entonces buscamos nuevos días de sol para seguir disfrutando.

La llegada del verano nos recuerda que los hermosos parajes naturales de nuestra provincia están ahí. Llevan esperando todo el año a que vayamos a visitarlos, a que nos bañemos en las aguas de nuestros ríos y pantanos y disfrutemos de sus paisajes con la tartera de tortilla de patata en la mochila o cargando en el maletero con la nevera y la mesa y las sillas plegables de campo, cuando nos ponemos el atuendo de domingueros. No es que el resto del año desaparezcan. Puede, incluso, que nos decidiéramos a salir una mañana de otoño a recolectar setas o, simplemente, a dar un paseo, pero no fue más que un tímido pensamiento que cierto día nos animó a ser intrépidos. En verano escuchamos alta y clara su llamada, casi como un mandato categórico, que nos obliga a disfrutarlos al máximo antes de que el frío establezca sus límites y la pereza nos aconseje quedarnos en casa.

Y cada año, cuando el verano pone en la hoja de ruta estos rincones, no puedo evitar acordarme de que los centros de interpretación, para los que se desembolsaron millones a mansalva en época de bonanza, continúan cerrados. Aquellos eran tiempos en los que la inversión más importante parecía no ser la más útil y mejor pensada, sino la que llevaba adosada un presupuesto de mayor cuantía, como si la preocupación de los dirigentes por los ciudadanos a los que gobernaban se midiera, entonces, en millones de euros, en lugar de en medidas eficaces. Y claro, entre todas las infraestructuras que vieron la luz se encontraban estos centros de interpretación que, con excepciones, podría decirse que  competían en ver cuál tenía el diseño más ostentoso y menos sostenible, en el que encajaran bien los políticos el día de la inauguración, para hacerse la foto.

Lo cierto es que casi fue esa su única función, porque poco después de concluirse los seis centros de la provincia  (cuatro en el Parque Natural del Alto Tajo y dos en el del Río Dulce) –dejaremos al margen el de la Riba de Saelices, al que ya ni se le ve, ni se le espera-, llegó ese mandato de austeridad a cerrar sus puertas. La austeridad y la intención velada o claramente manifiesta, según se mire, de la Junta de Comunidades de privatizarlos. Pero el Gobierno regional no contó con que esta oferta no resultara interesante para la empresa privada, primero porque el criterio, o la falta del mismo, con el que fueron diseñados hace muy costoso su mantenimiento y después, porque tal y como están planteados, no son rentables.

Las distintas administraciones han mostrado cierta voluntad de volver a abrir sus puertas. Sin ir más lejos, hace apenas unos días conocíamos el acuerdo que ha alcanzado el Gobierno regional con Geacam para que la empresa pública se haga cargo de su mantenimiento y gestión durante los años 2014 y 2015, aunque los centros permanecen a día de hoy cerrados y no se concreta una fecha, ni calendario de apertura. También hay que tener en cuenta que se ha dejado pasar el tren de la Semana Santa y de la primavera e, imagino, que habrán sido muchos los visitantes que se marcharían decepcionados al encontrar sus puertas cerradas a cal y canto.

También el año pasado se anunciaba de manera somera su apertura y los centros abrieron sus puertas sin pena ni gloria durante algunos fines de semana. La medida no contó con la publicidad necesaria y si alguien se enteró fue de casualidad. De esa manera me encontré abierto el Centro de Interpretación de Pelegrina, dedicado al Barranco del Río Dulce y a la figura de Felix Rodríguez de la Fuente, cierto fin de semana de otoño, justo el último domingo antes de volver a cerrar sus puertas.

Imagen del interior del centro de  interpretación de Pelegrina. // Foto: M.P.

Imagen del interior del centro de interpretación de Pelegrina. // Foto: M.P.

Por otra parte, existen iniciativas municipales como la de Checa, que propone un catálogo de medidas, como ubicar allí una modesta tienda, con el fin de lograr hacer su apertura económicamente más viable. La propuesta ha sido bien acogida por los órganos gestores del Parque Natural, pero el Ayuntamiento todavía no tiene noticias al respecto.

Y es cierto que si nos ponemos a echar números y sopesamos en la balanza las prioridades de gasto que impone la crisis, está claro que la apertura de estos centros retrocedería posiciones hasta ocupar los últimos puestos de la lista. Es evidente que la gestión de estos centros nunca podría ser rentable para una empresa privada, por mucha entrada que pretendiera cobrar por su visita. Desde luego, no es necesario tener  dos dedos de frente para darse cuenta de que dos y dos son cuatro. Pero que estas infraestructuras no sean apetecibles para una empresa privada no quiere decir que no sean rentables.

¿Cuántas veces nos lamentamos de que el turismo de esta provincia, a pesar de su importante riqueza patrimonial y natural, no acaba de despegar? Tenemos extensas zonas rurales que hoy por hoy malviven prácticamente del turismo, porque apenas cuentan con otro recurso que explotar.

Desde mi punto de vista, el problema está claro. Si el turismo de esta provincia no ha terminado de arrancar es porque carece de una apuesta firme y, en consecuencia, la oferta turística no termina de llegar de una manera clara al visitante potencial.

Para lograr un despegue real se deberían dar muchos pasos previos, tanto en la promoción de este territorio, como en la rehabilitación, mantenimiento y dinamización de los recursos y establecimientos turísticos. Pero en ese puzzle, los centros de interpretación podrían cumplir un papel muy importante, como puntos estratégicos de información que fueran auténticos escaparates de la oferta turística, desde donde centralizar y distribuir las visitas por todo el territorio. Lugares donde, más allá de mostrar los caprichos de un arquitecto o de una empresa de diseño de interiores, que en su día se llenaron los bolsillos con aquellas adjudicaciones millonarias, se mostrase no solo el valor natural del entorno, sino también el resto de  la oferta turística de los alrededores. Y ya de paso, además se podría facilitar información sobre los alojamientos y establecimientos hosteleros existentes, que por cierto, no son demasiado abundantes en estas zonas, y estoy convencida de que, como a mí me ha pasado en más de una ocasión, trae de cabeza a los excursionistas que improvisaron convencidos de que podrán llevarse algo a la boca en alguno de los pueblos de la zona.

No es casualidad que, cada año, cuando el verano hace todavía más visibles los rincones naturales de nuestra provincia, me acuerde de los centros de interpretación, cuya construcción supuso un desembolso importante de dinero, que en lugar de una inversión pareció ser un gasto. Y lo que me resulta más paradójico es que, a pesar de ello, no logro  considerarlos como uno de esos proyectos baldíos que consiguieron ver la luz con las vacas gordas. Muy al contrario, creo que eran necesarios. Lo que puede que resultara oportunista fue su planteamiento y desarrollo. Quizá ahora que la crisis nos ha vuelto más audaces, en lugar de esperar que la solución llueva del cielo, se podría apostar por una vuelta de tuerca, para que además de bonitos y ostentosos, fueran útiles y rentables.

Pero quizá todo esto solo sea una de mis divagaciones, a propósito del verano.

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