Planazo

Jaime Carnicero, ayer, en la presentación del concurso del plan para urbanizar y rehabilitar Villaflores.

Jaime Carnicero, ayer, en la presentación del concurso del plan para urbanizar y rehabilitar Villaflores. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara.

Por Concha Balenzategui

Dice Jaime Carnicero que lo importante es que el Ministerio de Cultura haya consignado una inversión para actuar en el palacio del Infantado, aunque haya decidido días después no ejecutar las obras. El vicealcalde de Guadalajara ha intentado convencernos de que la intención, la de invertir en la cubierta y fachadas del inmueble candidato a Patrimonio de la Humanidad, es lo que cuenta, y así se justifica que varios concejales populares de la capital se hicieran la foto el otro día en el patio de los Leones junto al delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha, José Julián Gregorio, que vino a anunciar las obras a sabiendas de que se había desistido de contratarlas. Lo “importante” -Carnicero usó siete u ocho veces esta palabra en la misma frase- es el plan, viene a decir; lo de menos es que se lleve a cabo.

Carnicero hacía estas declaraciones en su comparecencia para presentar otro plan, el “Plan Especial de Protección, Proyecto de Ejecución de la urbanización, proyecto de restauración y rehabilitación y dirección de obra del conjunto edificatorio del Poblado de Villaflores”, que salió a concurso el pasado viernes en el Boletín Oficial de la Provincia. Este plan, que no es importante sino de “gran envergadura e interés” en palabras del vicealcalde -en adelante “el planazo”-, viene a dar cumplimiento a la obligación del Ayuntamiento de proteger un Bien de Interés Cultural, que lo es desde abril de 2015. Han pasado, además, seis años desde que expiró el plazo que tenía el agente urbanizador de Valdeluz, Reyal Urbis, para actuar y proteger esta área, por lo que el Consistorio ejecutó el aval de más de 3 millones de euros de esa empresa hace unos meses.

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Una ciudad y cinco cuentos

El Palacio del Infantado, sede del Maratón de los Cuentos de Guadalajara.//Foto: Facebook

El Palacio del Infantado, sede del Maratón de los Cuentos de Guadalajara.//Foto: Facebook

Por Ana María Ruiz

Cuando ustedes lean este artículo estaremos casi en el ecuador del Maratón de los Cuentos de Guadalajara, que este año celebra su vigésimo cuarta edición. A lo largo de 46 horas la ciudad se convierte en el centro internacional de la narración oral con una actividad de la que pueden presumir todos los guadalajareños porque comprime en apenas tres días toda la riqueza de la palabra CULTURA, así con mayúsculas: creación, imaginación, divulgación, diversión, entretenimiento y participación.

Tengo que reconocer que nunca he tomado parte activamente en el Maratón. Sí lo he hecho como público a título particular y como periodista cubriendo la información del evento. Pero jamás me he atrevido a subirme al escenario a contar un cuento por temor a sufrir un “Pastora Soler”. En el fondo soy una gran tímida y sólo de pensar en tener que hablar ante un auditorio, por pequeño que sea, me da pánico.

Sin embargo, este año voy a hacer mi particular aportación al Maratón y les voy a contar no uno sino cinco cuentos. Así que pónganse las gafas de lectura porque empiezo con el tradicional “Érase una vez…”

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