Los otros virus

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El coronavirus no es la única epidemia que sufrimos esta semana. // Imagen: TVE

Por Álvaro Nuño.

No cabe duda de que la noticia de los últimos días en Guadalajara es la evolución del archinombrado “coronavirus”. Desde que el pasado domingo se conociera el primer caso de infección en nuestra provincia, el de un vecino de Marchamalo de 62 años ingresado en la UCI del Hospital General -y donde todavía permanece-, una noticia que nos sonaba un poco a chino de repente se ha trasladado como quien dice a la puerta de nuestra casa, con la consiguiente preocupación y atención de los medios de comunicación. Parecía sólo cuestión de tiempo que el ahora rebautizado por la comunidad científica COVID-19 no apareciera por aquí puesto que somos un provincia cercana a Madrid y porque todos vivimos en un mundo intercomunicado y global, para lo bueno y para lo malo. Apenas cuatro días después, ya son ocho los casos detectados, la mitad de ellos relacionados con el primero y con foco en la localidad campiñera.

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Póntelo, pónselo

Por David Sierra

Fue a finales de los ochenta, en 1988 concretamente, cuando un anuncio sobre las prácticas de riesgo para contraer el SIDA alteró las conciencias conservadoras hasta el extremo. El spot, encargado por el Ministerio de Sanidad dentro de la campaña de prevención de esta enfermedad, y recogido bajo el lema ‘SiDa / NoDa no cambies tu vida por el SIDA’, se retransmitió por TVE y mostraba dos dibujos animados con formas redondeadas manteniendo relaciones sexuales, pinchándose con jeringuillas, besándose o bebiendo litronas, entre otras conductas susceptibles de favorecer el contagio de este virus y cómo se debía actuar para evitarlo.

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Héroes cotidianos

Voluntarios

Participantes en el Día del Voluntariado en Guadalajara // Foto Twitter Ayto. Gu.

Por Álvaro Nuño.

Pepe tiene 67 años. Como cualquier otro jubilado podría entretenerse jugando a la petanca, paseaando por la avenida del Colesterol en las mañanas soleadas, haciendo la compra o cuidando de los nietos. Sin embargo, aprovecha su experiencia como conductor y se dedica a ir a buscar a un grupo de ancianos, trayéndoles desde la casa de cada uno a un centro social de la ciudad donde trata de que pasen un buen rato a la semana, sacándoles de su absoluta soledad, fomentando que se relacionen, que hablen de sus cosas y que realicen de paso ejercicios de memoria. Cuando termina la sesión, coge de nuevo la furgoneta y les deja de nuevo en sus domicilios. Para estas personas, estas salidas son una verdadera terapia sanadora de su principal enfermedad, la soledad y el olvido.

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No estás sola

manifestacion contra la violencia de genero

Foto:// Agencia EFE

Por Sonsoles Fernández Day

Hoy le ha costado ponerse el abrigo. El golpe que se dio ayer en la espalda no le ha dejado dormir, pero tiene que llevar a los niños al colegio. Seguramente se le pasará en unos días. Se ha tomado un ibuprofeno, eso le irá bien. Al menos puede andar sin que se note. No tiene ganas de hablar con nadie, a ver si se va a poner a llorar. ¿Por qué no le gustaría ayer lo que le hizo de cena? Si ya lo había cocinado otras veces. Será eso. Le dijo que estaba aburrido de sus comidas. Le tiró el plato al suelo y la empujó contra la mesa. Cuando estaba tirada en el suelo le dio una patada en la espalda. ‘Levántate y limpia esto, inútil. ¡Que tienes la casa hecha un asco!’ Sigue leyendo

De datos, aforos y mujeres muertas

Acción de la Plataforma Feminista de Guadalajara. // Foto: Plataforma Feminista de Guadalajara

Acción de la Plataforma Feminista de Guadalajara. // Foto: Plataforma Feminista de Guadalajara

Por Patricia Biosca

¿Ha estado alguna vez en el Teatro Buero Vallejo? En una de esas funciones en las que se han acabado las entradas, que abarrotan la sala. Con esa foto en la cabeza, ahora imagine esta otra: todas y cada una de las personas que ve riendo, esperando a que comience el espectáculo, que charlan animadamente con el de al lado, todas y cada una de ellas, muertas. Todos asesinados con violencia, estrangulados, acuchillados, cosidos a balazos, desmembrados. 1.003 personas -número de aforo de butacas-, incluída usted, muertas de una manera terrible. Y más de medio centenar que se quedó fuera sin entradas, también. Ahora tiene una idea de todas las mujeres que han perdido la vida por la violencia machista solo en España desde 2003. 1.064 féminas que podrían estar riendo, esperando que empiece el show, charlando con sus hijos, sus nietos o sus amigos. Pero para las que cayó el telón mucho antes de lo esperado.  Sigue leyendo

Nacionalidades contra educación

Edificio abandonado donde se produjeron los hechos de la violación en grupo en Azuqueca de Henares. // Foto: El Español

Edificio abandonado donde se produjeron los hechos de la violación en grupo en Azuqueca de Henares. // Foto: El Español

Por Patricia Biosca

Guadalajara, esa provincia que no suele salir en los titulares de los medios nacionales, fue noticia la pasada semana por un acto brutal, cruel, salvaje, vomitivo: la violación en grupo a una menor de 12 años. Durante un año los hechos permanecieron ocultos a la opinión pública, entre susurros de pueblo. Aunque aquella ominosa tarde Policía y Guardia Civil se pusieran a investigar a los seis agresores tras la denuncia; aunque había otra niña que se salvó casi de milagro de un infierno que duró 45 minutos; aunque el grupo de amigos de ambas estaba presente en las inmediaciones de aquel inmueble abandonado que sirvió para tapar tres cuartos de hora de horror; aunque existía un instituto en el que todo el mundo sabía qué es lo que había pasado el 15 de marzo de 2018. Y durante 365 días nadie dijo nada. ¿Por qué? Sigue leyendo

Sumisa igualdad

Por David Sierra

Se acerca el 8 de marzo. Una fecha señalada en el calendario. Las calles se tiñen de protesta. De reivindicación. De proclamas en favor de la igualdad. En defensa de los derechos para que sean efectivos sin distinción de géneros. Para reclamar el fin de las discriminaciones, de las violencias en todas sus formas. Para hacer entender a quienes desde las aceras miran y callan incrédulos, anclados en la tradición, porque aún no comprenden el cambio al que de manera ineludible el movimiento feminista conduce a la sociedad.

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Manifestación por el Día de la Mujer. / Fuente: Ser Guadalajara.

 

En la cola del ‘super’ la proporción, a simple vista, refleja que los avances que poco a poco se van sucediendo son lentos. Ellas siguen insistiendo en demostrar que son todoterreno. Y de eso, otros, los otros, se aprovechan. Vuelan con la compra de un lado a otro por los pasillos de la tienda, mientras atienden al pequeño chiquillo encaprichado con unos chocolates de la caja. Con el portafolio del trabajo bajo el brazo. Multiplican esfuerzos y alzan la cabeza altivas. Mujeres del nuevo siglo. Capaces de todo. Convencidas de haber superado el listón sostenido de manera y bajo unas reglas que no preveían su presencia en la línea de salida.

Otras utilizan el teléfono móvil como una prolongación de la oficina, mientras sus ojos desvelan propuestas para la cena. Preguntan con descaro a la dependienta donde está eso o aquello, marcando el territorio a través del establecimiento de esa diferenciación de clase que otorga el poder económico, ese que incide en las mayores desigualdades y cuya lucha para frenarlas ha quedado relegada al ostracismo bajo el temor de la desaceleración. Vestidos y perfumes se enfrentan al uniforme aromatizado de la panificadora. Los planes de igualdad inciden sobre las mujeres que ya están empoderadas y relegan a las débiles a la sumisión social de las rutinas que marcan el día a día. Son soluciones que se alejan de la otra mitad, de su educación, de su involucración, de recibir y decodificar el mensaje correctamente y de dotarle de las herramientas y conocimientos necesarios para eludir la desinformación y evitar caer en el adoctrinamiento que rezuma de las tradiciones.

Aparecen amas de casa que extrañan a sus hijos cuarentones, aún dependientes de la economía familiar, incapaces de adquirir una barra de pan sin equivocarse. Siguen cumpliendo con aquello que heredaron de sus madres, defienden en libertad vigilada los valores que les instan a permanecer enjauladas entre los barrotes invisibles del costumbrismo machista. Y lo defienden con uñas y dientes. Y, cuando a veces se revelan, es una rebelión ficticia que acaba de nuevo en el redil; sin consecuencias, a no ser que enviudar antes de tiempo suponga esa llave liberalizadora.

Sintomáticamente, el 8 de marzo se ha convertido en una cita de contraposición de pareceres entre las propias mujeres. De conceptos, de modelos. Una confrontación dentro del propio género femenino con respuestas, actuaciones y manifestaciones públicas dispares. Una lucha necesaria en la que, quizá por primera vez, la masculinidad se pone al servicio de la femineidad o bien queda al margen como un mero espectador expectante por el resultado final. Llegar hasta este punto pone de manifiesto que el movimiento feminista ha dado pasos de gigante hacia ese reto utópico que consiste en conquistar la igualdad.

Y sin embargo, la igualdad aún queda lejos porque sigue siendo sumisa. Está sometida. Carente de la distancia necesaria para evitar la imposición de un género sobre el otro. Es una igualdad que continua abriéndose paso para sobresalir entre las acentuaciones constantes de las diferencias entre hombres y mujeres en vez de focalizarse en aquellos aspectos que pueden generar más empatía. Que no es otra cosa que la propia humanidad, entendida como tal.