La ciudadanía despierta

Por Yago López

Imagen de la manifestación del pasado 25 de septiembre en Madrid. // Foto: Y.L.

Tenía intención, esta nueva ocasión que me enfrento un día más con este reto de dar color a una cara de El Hexágono, de abordar la oposición de cartón que vivimos  en esta provincia, que en la tónica del resto del país, lejos de enriquecer el debate político no hace más que cumplir con las pocas expectativas que de la clase dirigente  tiene  la ciudadanía, dedicándose a la crítica fácil y vacía sostenida en las cuatro consignas que les dictan sus partidos desde Madrid.

Sin embargo, pospongo mi intención unos días  porque la actualidad manda y además la señora Cospedal se empeña en no dejarme repartir las críticas acaparando una semana más estas humildes líneas.  Su comparación de la iniciativa popular “Rodea el Congreso” con el golpe de Estado del 23F es simple y llanamente vergonzosa. Quiero pensar que no lo dijo en serio, no obstante, no deja de ser la presidenta regional –cargo que se ha ganado en las urnas- y eso me lleva a pensar que es una estrategia para criminalizar los movimientos sociales que reclaman una política de verdad y de paso alimentar un poco más la cultura del miedo.

Contaba también el delegado de Gobierno de Castilla la Mancha, Jesús Labrador, en su visita a las obras del nuevo cuartel de El Casar esta semana, que, en la línea del discurso de Rajoy, los manifestantes eran tan sólo una minoría que no eran representativos del sentir del pueblo, al tiempo que les instaba a formar parte del juego democrático, midiendo su fuerza con el instrumento que para este fin tiene el sistema parlamentario: las elecciones.

No le falta razón a Labrador cuando asegura que una mayoría de la población eligió a su partido para gobernar en la capital alcarreña, en la provincia, en la región y en todo el Estado, pero lo curioso es que eso nadie lo ha puesto en duda. La cuestión de fondo de estas últimas movilizaciones , masivas o no, tiene que ver con la calidad del sistema democrático. Utilizando el mismo argumento que Labrador, la soberanía popular se expresa en las urnas del mismo modo que las medidas que se pretenden aplicar una vez se salga elegido se recogen en el programa electoral. Si este último es papel mojado, ¿por qué el voto que se llevo a cabo bajo unas premisas falsas sigue teniendo validez?

El continuo incumplimiento de los programas electorales es sólo un grano de arena en el ortopédico sistema político en el que estamos sumidos. Nadie en su sano juicio puede pensar que los que el pasado martes salieron a la calle en Madrid tenían intención de entrar por la fuerza en el Congreso para asumir el control del país. Se trataba sólo de una protesta que pretendía llamar la atención de los diputados para que comiencen a trabajar para que la soberanía popular a la que dicen representar sea real y no una entelequia que esconde una especie de despotismo ajeno a las verdaderas necesidades del pueblo.

En mi modesta opinión, es una gran noticia, aunque sea en gran medida consecuencia de la trágica situación en la que se encuentran muchos ciudadanos, que miles de personas promuevan un cambio en el anquilosado sistema de representación actual porque  demuestra interés en formar parte de una sociedad que les pertenece.  Lo que me preocupa es que la clase política prefiera una mayoría de gente dormida y silenciosa que deposite ritualmente cada cuatro años su voto en la urna.

Un pensamiento en “La ciudadanía despierta

  1. Solo una cuestión. No es cierto que el PP gobierne con el voto mayoritariamente de la poblacio´n :Exactamente gobierna con el 44,62% de los votos emitidos que a su vez son aproximadamente un tercio del cuerpo electoral. Eso no es la mayoría.Pero gracias entre otras cosas a una Ley Electoral injusta goza de mayoría absoluta que se convierte en un cheque en blanco para hacer lo que le de la gana los próximos 4 años. Porque a la vista están los continuos incumplimientos de su programa electoral (que debería ser una especie de contrato), y las formas de gobierno (27 decretos-ley en solo unos meses) y la ausencia total ni intención de convocar ninguna de estas (referendum, atención a iniciativas legilativas populares…) por parte de la ciudadanía sobre decisiones importantísimas que afectan a ésta y a las próximas generaciones. Si se va a un rescate con todo lo que ello implica. ¿Se va a convocar acaso un referendum para que la decisión pueda ser refrendada por la ciudadanía? La respuesta es clara: no. Todo ello hace que estemos ante un gobierno legal pero no legítmo, que además de errático, se dedica a calentar la calle y a insultar a los que ejercen su derecho de manifestación. Desde luego, estamos ante una democracia de baja intensidad que además empeora a pasos agigantados.

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