Cuando perdiendo se gana

Por Sonia Jodra

Blanca Calvo junto a los otros dos concejales de IU, Fernando Revuelta y Elvira Moreno, era entrevistada por Bernabé Relaño para Nueva Alcarria en el despacho de alcaldesa.

Se cumplen 30 años de un hecho singular en Guadalajara. En 1991, Guadalajara tuvo alcaldesa por primera y única vez. Blanca Calvo tomó el bastón de mando no por ganar las elecciones, sino por perderlas. En un extraño puzzle de piezas que no encajaban, IU con solo tres concejales alcanzó el gobierno de la capital contra todo pronóstico y contra todo resultado. El contexto era de cambio de tendencia, de final de época. La anécdota ponía fin a la alcaldía de Javier de Irízar, que también llegó a la alcaldía en 1979 por otra carambola de la política, por aquella candidatura que no llegó a tiempo o que alguien quiso que no llegara a tiempo.

Sigue leyendo

Ese extraño espejismo, “que la pandemia está llenando los pueblos”

Por Sonia Jodra

Comienzan a difuminarse los mantras pandémicos. “De esta saldremos mejores”, “a partir de ahora sabremos valorar lo que de verdad importa”, “comienza el nuevo éxodo de la ciudad a los pueblos”. Mentira. La pandemia ha sacado lo peor de cada una de nosotras. Lo que más echamos de menos son las compras, salir de marcha y los viajes de ocio. Y los pueblos siguen tan vacíos o más que antes.

Que haya pueblos de 50 habitantes a los que ha llegado a vivir una familia de 5 personas, incrementando el padrón un 10 por ciento, no significa que se invierta la tendencia urbanita que nos acompaña desde hace más de medio siglo. Y es absurdo identificar el incremento en la demanda de vivienda en los pueblos del extrarradio de Madrid con la solución a la despoblación al medio rural. Hay pueblos y pueblos. El Casar es un pueblo y Campillo de Ranas es un pueblo. Pero no tienen nada más en común. La despoblación afecta sólo al segundo.

El espejismo fue bonito mientras duró. Pensar que iniciábamos cambio de ciclo y nos disponíamos a volver a nuestros orígenes resultaba gratificante para quienes presumimos con “ser de pueblo”. Pero hasta en eso nos engañamos, porque la mayoría de los que nos creemos “de pueblo”, realmente somos “gente de barrio”. Crecimos en esos barrios que llenaba la gente llegada de los pueblos y es ese espíritu “de barrio” el que realmente ha marcado nuestras trayectorias vitales.

Somos domingueros y veraneantes “de pueblo”. Igual que los que se afanan en hacer la penúltima ley contra la despoblación desde las diferentes administraciones. Resulta irónico luchar contra la despoblación de los pequeños pueblos desde las grandes ciudades. Es como defender la sanidad pública con un seguro privado o hablar de la lucha contra el cambio climático con una bolsa de plástico en la mano y bebiendo con una pajita. Para defender algo hay que creérselo, hay que tener pasión por ello, hay que vivirlo.

Así que propongo que en el “Anteproyecto de Ley de Medidas Económicas, Sociales y Tributarias frente a la Despoblación y para el Desarrollo del Medio Rural en Castilla-La Mancha” se dé más voz a los territorios y, sobre todo, a sus gentes. Ellas y ellos saben lo que sus pueblos necesitan para no desaparecer del mapa y conocen la dureza que impone vivir en el medio rural una vida que actualmente está diseñada para ser vivida en las grandes ciudades.

Me gustaría reflexionar también en torno a los perfiles de nuevos pobladores del medio rural que se están registrando en estos tiempos. Puesto que considero desacertado pretender que los pueblos sean cómodas oficinas para freelancers de profesiones diversas. Es justo pedir wifi de alta velocidad para poder teletrabajar, pero estamos llevando lo más absurdo de la vida urbanita a los pueblos. Comprar por Amazon a diario, esperar a un repartidor que acaba de recorrer 60 kilómetros para entregarnos una funda de móvil que vale 3 euros y vino de China en barco, comprar embutido y vino online… Eso no es “vivir en un pueblo”. Eso no frena la despoblación, no reabre escuelas, ni impide que se reduzca el número de trenes que paran en nuestro municipio.

“Viendo las nubes y escuchando a Los Panchos, digo que quiero licenciarme en paisajes, ser inspector de nubes”, me dijo una vez el maestro de periodistas Manu Leguineche en una entrevista. Cuando una persona que ha recorrido el mundo viviendo en primera línea los principales acontecimientos informativos del siglo XX habla así de su vida en el pueblo, es que hay otra mirada para poder vivir acompañado por el canto del cuco o el aroma de la lluvia.

Como diría Rosendo, hay muchas “maneras de vivir”. Y todas ellas persiguen lo mismo, hacernos tan felices como seamos capaces de soñar. Desde el espíritu de la chica de barrio que presume con ser de pueblo, os invito a volver al pueblo sin Netflix, a disfrutar del mejor grupo de whatsapp, el que toma el fresco en la plaza en las noches agostinas. Delibes dijo que “si el cielo de Castilla es tan alto, es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo”. En el pueblo se mira el cielo más que en las ciudades. A ver si hay suerte y los que desde las grandes ciudades se afanan en salvar a los pequeños pueblos tienen la altura de miras que esto necesita.

Hagan gasto en la tierra, que no todo es Amazon y Glovo

Por Sonia Jodra

No es la Semana Santa soñada, pero si pensamos en la que tuvimos hace un año, la actual nos puede parecer idílica. Hacer torrijas con un tutorial de Youtube fue el año pasado lo único con lo que pudimos celebrar la época de Pascua. Así que este año tenemos muchas cosas que celebrar. Celebremos la vida, el buen tiempo, los atardeceres y las vacunas que están llegando. Y ya que nos ponemos, hagámoslo con generosidad.

No podemos ir a la playa, a recorrer un país europeo en tres días ni a esquiar. Y aunque ver a los turistas franceses disfrutando de Madrid como nosotros no podemos hacer nos abre las carnes, hay motivos para disfrutar de este cierre perimetral regional que nos proporciona el placer de descubrir que, a veces, nos vamos muy lejos a buscar lo que tenemos muy cerca.

El turisteo por la provincia es tan ideal como el que nos obliga a pegarnos palizas de seis horas de coche con parada en Área de Servicio cutre. El Alto Tajo, el Barranco del Dulce y la Arquitectura Negra están espléndidos, en ese momento del año en el que todo brota. Las lluvias y la nieve del invierno han ido escurriendo poco a poco entre la tierra, generando ahora un espectáculo de colores y aromas inigualable.

Pero además de la vista y el olfato, esta primera Semana Santa de la era pandémica precisa de nuestra generosidad en el gasto. Gastemos con alegría. Cuando vayamos al pueblo, cuando visitemos la provincia, hagámoslo sin tacañería. No esperemos a que nos dejen ir a los centros comerciales de Madrid para gastar lo que tan bien le vendrá a nuestros hosteleros, comerciantes y restauradores en estos días.

Resulta irónico que prefiramos gastar en gasolina para irnos lejos a hacer la compra. No hombre, no. Compremos en los supermercados de los pueblos, echemos gasolina en las áreas de servicio del medio más rural, aunque sea más caro, y compremos todo lo que necesitemos en estos días en las tiendas de los pueblos. Si hay que salir, salgamos, con precaución, pero salgamos, a comer, a cenar, a tomar café, a merendar… Y cuando nos traigan la cuenta seamos sensatos a la hora de hacer comparaciones. En el tique que nos dan en el pequeño autoservicio de pueblo están incluidas muchas cosas que no tienen precio. No podemos pretender que los pueblos sigan siendo generadores de vida a coste cero. No sirve lamentarnos de que los pueblos se mueren y llegar con el coche lleno de todo lo que necesitamos cada vez que los visitamos. No sirve decir que nos encanta el senderismo de bocata y a la vez sentir que solo encontramos pueblos fantasmas en pleno invierno.

La vida urbana nos ha llevado a adquirir extraños hábitos que ya ni nos replanteamos. Pedimos cena barata a domicilio y obligamos a alguien a cruzarse la ciudad en bici, coche o moto para buscar nuestra cena y llevárnosla al otro punto de la ciudad. Damos por buenos este tipo de empleos precarios, fomentamos el empobrecimiento de los trabajadores y cuando vamos a un pueblo nos parece caro que nos pidan dos euros por un refresco y probablemente exijamos tapa, que el aseo tenga jabón de manos y que les den vasos de agua fresquita a los niños.

Estamos a tiempo, pero si nos aplicamos esa frase tan nuestra que desde pequeños nos han repetido; “no te estés”. Pues eso, no nos estemos a tonterías, seamos justos con nuestra tierra. Contratemos una visita guiada en Sigüenza o Guadalajara, igual que hacemos cuando vamos a Toledo, compremos regalos para los amigos, aunque nos parezcan caros y si hay que quedarse a dormir en Brihuega, mejor que mejor. Que, aunque esté cerca de casa, siempre es agradable despertarse en un sitio nuevo, con sonidos diferentes y aromas especiales.

Los pueblos se mueren, pero no lo hacen solos. Lo hacen con nuestra ayuda, nuestra indiferencia y nuestra distinta vara de medir. Pagamos 3 euros para que Amazon nos traiga a casa un boli que vale 4. Esperamos un mes para que nos lleguen de China unas zapatillas. Nos comemos la cena fría después de que haya hecho un absurdo viaje en moto. Pero cuando vamos al pueblo, pensamos que todo es caro, imperfecto y falto de sofisticación.

De verdad, celebremos que este año vivimos la Semana Santa en la calle, no como hace un año que estábamos encerrados. Con todas las precauciones, pero con todas las emociones que precisa una situación como esta. Hagan gasto, señoras y señores, que la tierra nos necesita. Compren, coman, beban, pernocten, alquilen, contraten… Porque tenemos motivos para celebrar y queremos seguir haciéndolo. ¡Feliz Semana Santa!

El centro, de gravedad

Por Sonia Jodra

Que el centro político en nuestro país está herido de gravedad a tenor de los últimos acontecimientos parece una obviedad a estas alturas. Y saber si está herido de muerte o logrará reponerse a las últimas crisis de transfuguismo murciano y Toni Cantó a lo Simeone “partido a partido” resulta una incógnita.

Lo que sí resulta de interés es saber cuáles fueron aquellos polvos que trajeron estos lodos. Por hablar de lo que conocemos, podemos analizar cuál ha sido la trayectoria del partido Ciudadanos en Guadalajara y Castilla-La Mancha. Guadalajara ha acogido 28 Maratones de Cuentos y solo en una ocasión el alcalde de la ciudad no lo ha inaugurado. Era el año 2015 y Antonio Román andaba encerrado negociando el acuerdo con Ciudadanos que al día siguiente le convertiría en alcalde por tercera ocasión. Cuatro años después, en 2019, ese mismo partido hacía alcalde a Alberto Rojo. Entre Antonio Román y Alberto Rojo lo único que hay en común son las iniciales de sus nombres. Y sin embargo ha sido el mismo partido el que les ha hecho alcaldes a ambos. ¿Qué podría haber en común entre los programas electorales del PP en 2015 y el PSOE en 2019? Imaginamos que la respuesta de Ciudadanos sería que en los dos acuerdos de investidura han incluido proyectos beneficiosos para Guadalajara. Pero claro, es que gobernar con el PSOE habría de significar compartir parte de sus idearios en materia de igualdad de oportunidades, feminismo, lgtbiq+, presión fiscal, muerte digna, aborto, dependencia… Y en la misma línea, gobernar con el PP habría de significar compartir parte de su ideario en torno a estas cuestiones. ¿O no?

Un vecino o una vecina de Guadalajara hoy tendría bastante complicado saber qué votó cuando eligió la papeleta de Ciudadanos en las últimas Elecciones Municipales. Y si esas mismas personas ese mismo día eligieron la papeleta de Ciudadanos en las Elecciones Autonómicas sus dudas serán mayores. Ciudadanos en Castilla-La Mancha alcanzó un acuerdo de legislatura con el PSOE de Castilla-La Mancha en el que se incluía gobernar juntos varias alcaldías entre las que se encuentran las de Guadalajara, Ciudad Real y Albacete. Carmen Picazo sintoniza con las políticas de García-Page en Castilla-La Mancha y a pocos kilómetros Ignacio Aguado ha sustentado desde su vicepresidencia las políticas de Isabel Díaz Ayuso en Madrid.

Que todos los partidos son iguales y que estas estrategias las utilizan todas las formaciones no sirve para justificar las incoherencias en las que este partido se ha visto inmerso hasta que este constante baile de la yenka ha desembocado en la deserción de los diputados murcianos de la línea oficialista que les marcaban desde Madrid.

El resultado es que, lastimosamente, el centro político en nuestro país se debilita y dejamos huérfanos a un buen número de vecinas y vecinos que realmente han confiado en las diferentes opciones de centro que han aparecido en España en democracia. Empezando por el CDS y acabando por UPyD la suerte que han corrido estas formaciones ha sido similar. Cada una ha aparecido como respuesta a una realidad muy concreta que finalmente ha acabado por fagocitarla. Ciudadanos nació para frenar al independentismo en Cataluña y ese germen le hizo crecer y extenderse por todo nuestro país. Pero una vez que su victoria en las elecciones catalanas de 2017 se mostró pírrica para impedir que las fuerzas que reclaman la autodeterminación en Cataluña siguieran gobernando, su encaje en las políticas locales de cada territorio se convirtió en una pérdida identitaria que les ha llevado a encadenar fracasos electorales desde 2019.

Alejados de la alta política, las concejalas y los concejales del Ayuntamiento de Guadalajara y de todos los ayuntamientos de España que con ilusión, compromiso y lealtad a las siglas de Ciudadanos tienen que seguir dando la cara día a día, siguen siendo la esperanza de que en nuestro país pueda seguir existiendo un amplio espectro donde haya espacio para opciones políticas moderadas.

De Nevenkas, Manjones y otras cazas de brujas

Por Sonia Jodra

El sonido de la nyckelharpa de los adictivos versos de la película Akelarre podría ser la música de fondo de otras tantas cazas de brujas que en este país se han hecho en nombre de la fe, que viene siendo aquello de lo que están completamente seguros unos pocos y se empeñan con buen resultado en que crean todos los demás.

Andamos de efemérides en estos días, conmemorando como llevamos haciendo desde hace 17 años que en 2004 hubo 191 personas que fueron asesinadas en unos trenes en el más grave atentado terrorista que ha vivido este país. Se cumplen 20 años, además, de un acto de valentía que en Ponferrada se adelantó muchos años a movimientos como “me too” o “no es no”.

Lo que ambos hechos tienen en común es poco, pero relevante. Dos mujeres quemadas en la hoguera pública por pronunciar lo que nadie en aquellos momentos quería oír. El mismo efecto que en la película de Pablo Agüero producían los versos “Ez dugu nahi beste berorik zure muxuen sua baino”, las palabras de Pilar Manjón y Nevenka Fernández hicieron tambalearse los cimientos de lo correcto.

Pilar Manjón perdió a su hijo en el atentado de los trenes del 11 de marzo de 2004. Llena del dolor que solo una madre es capaz de sentir cuando entierra a un hijo, se dedicó en cuerpo y alma a luchar por saber la verdad que se escondía tras los atentados, para honrar la memoria de su hijo y de cuantos con él murieron en aquella mañana en la que España se paralizó. Sus ojos hinchados de llorar sin descanso, su voz quebrada, su cuerpo roto sirvieron para poner voz a las familias de los fallecidos y a las decenas de heridos que vieron cómo su vida se quedaba en aquellos trenes. Fue un ejemplo de valentía, de resiliencia cuando la palabra aún no estaba de moda y de amor infinito a su hijo. Porque así es como se ama a los hijos, de forma infinita. Ni siquiera la muerte es capaz de impedir que una madre siga queriendo a su hijo.

Pero la exposición pública es cruel. Cuando la búsqueda de la verdad choca con intereses partidistas, ideológicos o de cualquier otra índole relevante en el “establishment” la madre coraje se convierte en bruja y solo la hoguera le espera en forma de insultos, acusaciones, increpaciones, bulos y mentiras con el único objetivo de convertirla en cenizas de lo que fue entre el humo purificador del pensamiento único. “Por esa puta y cuatro muertos perdimos las elecciones”, sigue encabezando la lista de citas célebres de algún ex ministro. A propósito de la polémica del rapero Pablo Hasél, a Pilar Manjón le han tuiteado, entre otras lindezas: “A Pilar Manjón le tocó la lotería cuando reventaron al hijo. Menuda puta”; “Imagino que el padre del hijo de la Manjón no dice nada porque no se sabe quién es….”.

Y qué decir de Nevenka Fernández. Han tenido que pasar 20 años para que se atreviera a volver a la esfera pública y contar su verdad después de que a pesar de la sentencia que condenaba a su agresor fuera ella la que tuvo que abandonar su casa, en Ponferrada, y su país en busca de la calma y el sosiego que aquí le negaba el ruido mediático. El documental que ahora ha rememorado lo ocurrido entonces ha hecho que en la localidad leonesa algunos de los que salieron a la calle para convertir al verdugo en víctima y viceversa hoy se ruborizaran. Pero entonces también fue quemada en la hoguera por bruja. Por atreverse a pronunciar versos malditos que acusaban al “buen hombre” de haberla acosado, de haberla hundido, de haberle destrozado la vida y haber anulado hasta su voluntad. “Uno se marcha si tiene dignidad y luego denuncia” fueron las palabras que el fiscal escupió contra ella en un gesto que le llevó a ser suspendido por acoso procesal. Tremendo que la misma persona tenga que sufrir acoso del fiscal en el juicio en el que declara como víctima de acoso.

Considero que su ejemplo de entereza y valentía y su lucha también jalonan la historia del feminismo en nuestro país. Nevenka Fernández fue precursora en tantas cuestiones en materia de derechos de las mujeres que resulta ruin que en estas dos décadas no hayamos sido capaz de poner en valor su acto como pionera. Tuvo que pagar un precio muy alto por negarse a normalizar aquel machismo de provincias que no respetaba a las mujeres formadas, profesionales e inteligentes que además estaban en todo su derecho a ser guapas sin que ello las condenara si un hombre se encaprichaba de ellas. Quiero pensar que su ejemplo ayudó a muchas otras a ser libres de prejuicios, de presiones sociales y de hipocresía.

Pilar Manjón ha presidido durante 12 años la Asociación de Víctimas del 11M. Mítica fue también la frase con la que alguna presidenta madrileña le dio una subvención –“esto es mejor que la lotería porque no hay que pagar a Hacienda”-. Gracias a su trabajo y al de muchas otras personas, los heridos han conseguido que se les reconocieran las secuelas de los atentados, aún hoy siguen luchando por el reconocimiento del agravamiento de muchas heridas. Me temo que no ha logrado encontrar el sosiego y la calma que merece, pero le queda el consuelo de que tampoco otros han logrado su objetivo, verla arder en la hoguera destinada a las brujas y que sus palabras se convirtieran en cenizas.

Los tontos del culo

Por Sonia Jodra

También podríamos denominarles tontos de baba, porque les imaginamos babeando de insana envidia al paso de las grandes estrellas de cine de nuestro país. No hemos visto sus rostros. Pero sin duda se asemejan más al del Homo Neanderthalensis que al del Sapiens Sapiens. Detesto que ambos sujetos se hayan hecho famosos por sus deplorables comentarios sobre las mujeres que desfilaban delante de sus cámaras en la Gala de los Premios Goya gracias al talento que las ha llevado hasta lo más alto. La vulgaridad con la que emiten comentarios como “la que no quieras pa ti me la pasas” es tan hiriente por su contenido como por la normalización con la que la realizan. Dos varones en una posición profesional inferior al de ellas se permiten el lujo de hablar de ese tráfico de carne fresca como si realmente estuvieran en condiciones de hacerlo.

Me preocupa. Me preocupa sobremanera que en este país se siga llamando “puta” a una mujer por su aspecto, por el número de tatuajes que lleva en su cuerpo y por la profundidad de su escote. Los dos sujetos no son más que dos tontos del culo. Pero sus palabras constituyen la normalidad en muchas barras de bar -¡Bendita pandemia que ha limitado sus nocivos efectos!-, en muchos grupos de whatsapp y en muchas noches de copas en cuadrillas que como el Homo Neanderthalensis salen de caza ante lo que ellos consideran una cuestión de supervivencia de la especie; la suya, la de los primitivos que no han logrado llegar a Sapiens.

Y es que en la semana del feminismo por antonomasia, en estos días de 8 de marzo pandémico en que las mujeres seguimos siendo sospechosas de haber precipitado hace un año el contagio de ese virus que en los mítines de partidos de extrema derecha no tiene capacidad de contagio, ha servido para airear los pensamientos podridos que en los últimos años estaban siendo retenidos por quienes reniegan de la necesidad de que por fin las desigualdades de siglos sean corregidas en un acto de justicia social que, sin duda, hará que en este planeta las cosas avancen de forma más racional.

Se ha puesto de moda ser radical anti feminista. Se lleva criminalizar la lucha de las mujeres por las mujeres. Y los tontos del culo se multiplican amparados en los discursos torticeros de las formaciones políticas del exceso y los comentarios esparcidos por opinadores de tercera en platós de televisión. ¡Madre mía! Cuántas mujeres dedicaron su vida a luchar para lograr que las que hemos llegado después pudiéramos manifestar nuestras opiniones, pudiéramos tener voz, pudiéramos tener voto. Si vieran el uso que algunas “compañeras” hacen de esas conquistas, alineándose con el pensamiento del opresor…

Resulta sobrecogedor que palabras como equidad, igualdad, solidaridad, tolerancia y justicia provoquen tanto miedo entre los hombres. Fundamentalmente los de las especies Neanderthalensis y Cromagnon, que últimamente se han venido arriba y piensan que la mascarilla les protege para volver a decir lo que hasta hace pocos años era normal y que en los últimos años habíamos logrado que dejara de serlo. Pero sobrecoge más aún el apoyo que encuentran entre las mujeres de su especie. Señoras, “el hembrismo” no existe porque nunca ha existido un sistema matriarcal basado en privilegiar al género femenino frente al resto. Tranquilicen a sus compañeros porque no es eso a lo que aspiramos las que luchamos para que nuestras hijas no tengan miedo a decir en público que son feministas, que están orgullosas de las grandes mujeres que nos antecedieron en la lucha y que, por supuesto, no solo quieren ser científicas -que últimamente parece que se ha convertido en el objetivo único de esta lucha-. Queremos que nuestras hijas puedan querer ser lo que quieran ser, sin que su género, femenino, masculino, no binario o cualquiera que sea, limite sus opciones de soñar. Como indica Chimamanda Ngozi, “el problema del género es que describe cómo debemos ser, en vez de reconocer quiénes somos”.

Porque esto va de sueños. Sueños de igualdad entendida como proporcionar a cada uno lo que necesita, porque dar lo mismo a todas y a todos significaría perpetuar las desigualdades heredadas desde que los Sapiens aún no se paseaban por Europa.

De verdad, no seáis tontos del culo, que ya no se lleva. Dejad que vuestra especie evolucione al Homo Sapiens por completo, que ya os hemos dado unos siglos de margen para que podáis hacer la transición sin dramas.

La juventud perdida

Por Sonia Jodra

Acabaron la ESO y no hubo fiesta de Graduación. Dejaron el colegio sin pena ni gloria. Llegaron al instituto sin festejos. Cumplieron los 15 sin celebrarlo. Y cada fin de semana fue igual al anterior. Encerrados en lo peor, limitados en el mejor de los casos. Con algo impensable a estas edades, “a las 10 en casa”. Son los adolescentes del “toque de queda”, los jóvenes de la distancia. A quienes les quitaron de la noche a la mañana las verbenas, los conciertos, los botellones, las fiestas en la playa, los flirteos primaverales. Todo va con filtro; mascarilla obligatoria y distancia preceptiva. Todo lleva restricciones; bares cerrados, semi abiertos, solo terraza, sin barra, no hay discotecas.

Se calcula que el número de personas jóvenes que demanda ayuda psicológica se ha duplicado con la pandemia. Niños, adolescentes y jóvenes son los más vulnerables a una realidad que no coincide con lo que ellas y ellos venían soñando. De repente los planes saltaron por los aires y apenas quedan cenizas de los proyectos de parejas, vacaciones, viajes y celebraciones.

Y no solo hablamos de ocio. Salir a estudiar fuera se ha hecho cada vez más complicado. Los períodos de prácticas en empresas el año pasado fueron inviables y este año encuentran numerosas dificultades. Y los trabajos a tiempo parcial para compatibilizar con los estudios cada vez son más escasos.

El resultado es una incertidumbre de dimensiones desconocidas hasta ahora. Unido a que en muchos de los hogares de estos chavales el desempleo se ha hecho presente para sus progenitores. Despidos, ERTEs, autónomos con negocios cerrados, empleos estacionales que no llegan y sectores totalmente hundidos sin esperanzas de recuperación a corto plazo dibujan un panorama desolador en el que los jóvenes agonizan por la falta de esperanza.

Los datos presentados este martes por el Ministerio de Trabajo y Economía Social indican que la cifra de parados menores de 25 años es la peor desde que empezó la pandemia: 366.403. Entre marzo de 2020 y febrero de este año el desempleo juvenil ha crecido un 15 por ciento.

A determinadas edades este año que hemos perdido por la pandemia significa tanto que les resulta casi imposible reponerse a ese vacío. La vida que tienen un año después no se asemeja en nada a la que tenían entonces. Desde el Centro de Neurología Avanzada (CNA), hablan de incremento de cefaleas tensionales, migrañas, mareos e insomnio como algunas de las maneras en las que las y los jóvenes están somatizando la fatiga pandémica.

El confinamiento de hace un año fue tan brusco que han tenido que pasar meses hasta que sus efectos nocivos en la salud mental de los estudiantes han aparecido. Soledad, aislamiento, desconexión y ansiedad son algunas de las situaciones más frecuentes provocadas por este nuevo escenario con relaciones personales edulcoradas en las que solo los más dotados de habilidades sociales son capaces de sobrevivir, mientras que aquellos que venían arrastrando problemas para mantener redes de contacto habitual con sus iguales han visto cómo el vacío crecía a su alrededor.

Por eso es necesario un plus de sensibilidad por parte de los que estamos en la edad adulta, ponernos en sus zapatillas e intentar imaginar nuestros 15, nuestros 17 años en estas condiciones: ir a Alcalá está prohibido, quedar más de seis en una terraza imposible, los locales de copas no abren y a las 10 (desde esta semana a las 12) hay que estar en casa. Solo pensarlo marea. Y por ello hay que entender sus miedos, sus inseguridades y sus desánimos. Transformados muchas veces en ira, confrontación e incomunicación.

En el ámbito académico se traduce en peores resultados en buena parte de los casos. No debemos olvidar la forma en la que concluyó el curso pasado. Un acto heroico por parte de los docentes, pero que sin duda dejó muchos conocimientos no adquiridos por el camino y unas carencias que aún este año, por las especiales circunstancias en las que sigue desarrollándose la actividad lectiva, son imposibles de paliar por completo.

Apelo por tanto a un ejercicio de cariño, de afecto, de apoyo y de reconocimiento sincero hacia nuestros jóvenes. Son la generación de la juventud perdida y no les representan los tres o cuatro que siempre la lían, se saltan las restricciones a la torera y han sido foco de contagio en su entorno. Esos son la excepción, no la norma.

El sistema escolar precisa de refuerzos en determinadas etapas para ir eliminando la brecha que cada vez es más ancha. La pandemia hizo más vulnerables a los vulnerables, restó oportunidades a los que menos tenían y suma carencias a los que de más cosas carecían. La pandemia ha hundido los planes de futuro de los jóvenes. Según un estudio llevado a cabo por el Instituto Valenciano de la Juventud, el 41 por ciento de los menores de 30 años ha desechado tras la pandemia la idea de independizarse. Y uno de cada diez que ya vivía solo ha vuelto a casa de sus padres. Ahora el 38 por ciento necesita ayuda para llegar a final de mes.

La famosa frase de George Bernard Shaw, la juventud es una enfermedad que se cura con los años resulta hoy algo irónica. Los y las jóvenes tienen hoy que curarse, pero de todo aquello que les impide seguir siendo jóvenes.

Descongestionando Madrid 60 años después

Imagen de los nuevos polígonos de descongestión de Guadalajara en los años 60. Imagen de la colección de López Palacios del CEFIHGU.

Por Sonia Jodra

El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga afirma que la evolución no busca, pero encuentra, definiendo así el verbo evolucionar como solucionar problemas que uno se encuentra. Corrían los años 50 y Madrid daba signos de que en breve se colmataría. El éxodo rural con la industrialización de la capital de España cada vez demandaba más terrenos para viviendas, para colegios, para nuevas fábricas. La evolución no buscaba, pero encontró en aquellos Planes de Estabilización y Desarrollo la respuesta al fin de la autarquía.

En 1953 se crea la Comisión Interministerial encargada de designar núcleos de descongestión de Madrid y demás comarcas de inmigración intensiva. Alcázar de San Juan, Aranda de Duero, Manzanares, Toledo y Guadalajara son las cinco localidades elegidas para el papel de “ciudad ventosa”, en palabras del por entonces ministro de la Vivienda, “para atraer un contingente de población que, de lo contrario, congestionaría aún más el volumen de Madrid”. Según el estudio de los años 70 de García Ballesteros, “la elección de estos cinco puntos como polígonos de descongestión estaba basada en el deseo de aprovechar los valles de los grandes ríos meseteños: Tajo, Duero, Guadiana y sus afluentes para proporcionar el agua necesaria para los nuevos núcleos urbanos e industriales”. Se pretende además que estas nuevas zonas de descongestión con un alto índice de emigración pudieran funcionar como “represa natural en el movimiento migratorio entre los campos con excedente de población y Madrid”.

Han pasado más de 60 años desde aquella decisión ministerial que fue el germen del acontecimiento más importante ocurrido en el valle del Henares durante los últimos siglos; el rápido proceso de urbanización protagonizado por Guadalajara capital y algunos municipios del entorno como Azuqueca de Henares en el tránsito del siglo XX al siglo XXI. Seis décadas después continuamos descongestionando Madrid y evolucionando al albur de las oportunidades que nos regala y nos usurpa nuestra cercanía con la capital a partes iguales.

“Ha sonado la hora de Guadalajara, la gran ocasión que todos hemos añorado una y mil veces en el fondo de nuestra amargura o nuestra esperanza está ahí, al alcance de la mano” publicada el periódico Flores y Abejas el 14 de julio de 1959 tras conocerse el anuncio de que Guadalajara era una de las cinco localidades elegidas como “ventosa”. Las palabras del ministro, José Luis Arrese, no pueden ser más elocuentes: “hay que buscar una salida a la noche sin estrellas que cierra el horizonte de tantos españoles. Sí; tú no vengas aquí (Madrid) pero enseñándoles, al mismo tiempo, el camino de luz que desean, ofreciéndoles: tú no vengas aquí porque esta ciudad no tiene cabida para más, pero como es justo tu deseo, te hemos preparado estos sitios donde hemos reunido lo que buscabas, elige entre ellos el que más te agrade. Esta es la orientación del nuevo experimento, esta es la esencia del Plan de Descongestión, defender las grandes ciudades con otras ciudades ventosa, añadir a la fuerza coactiva de la Ley, la fuerza atractiva de una serie de núcleos urbanos que, dotados de un mínimo poder de captación, atraigan voluntariamente sobre ellos a los que hasta ahora sólo tenían el camino de la capital”.

Por tanto, el germen del desarrollo del Corredor del Henares no es otro que “la búsqueda de una salida a la noche sin estrellas”. En 1959 Guadalajara se convierte en el “camino de luz” por partida doble; se designan como polígonos de descongestión El Balconcillo y El Henares. De las cinco localidades agraciadas con el maná de “los planes interministeriales”, Guadalajara puede ser considerada como la experiencia más exitosa. Al finalizar el plan de descongestión, los polígonos de El Henares y el Balconcillo tenían adjudicado el 86,1 por ciento de la superficie enajenable, frente al resto de las localidades afectadas, que apenas adjudicaron el 37,7 por ciento de media.

Sin embargo, como viene repitiéndose en los últimos años con los grandes planes de futuro para nuestra zona, las expectativas hiper optimistas de crecimiento para Guadalajara se quedaron excesivas. Se preveía que en 1975 la capital alcanzaría los 80.000 habitantes. Una cifra que para alcanzarla ha sido necesario cambiar de siglo. Y sólo ocho empresas se acogieron a los incentivos que les ofrecía el Gobierno a las que se trasladasen desde el Área Metropolitana de Madrid a alguna de las “ciudades ventosa”. Pero siguiendo la tesis de Arsuaga, el Corredor del Henares fue capaz de encontrar soluciones para sus propios problemas. Y en uno de esos procesos que podríamos identificar con la serendipia, evolucionó hacia lo que es hoy, una de las zonas de mayor desarrollo económico de toda Europa. El Corredor ha seguido avanzando sin planes ministeriales -en 1969 Guadalajara queda fuera de los incentivos que ofrecía el Gobierno a las designadas como nuevas Zonas de Preferente Localización Industrial, porque “la privilegiada situación de esta ciudad parece no exigir la creación de otros estímulos que por sí misma tiene ya”-. Y lo que parece claro más de medio siglo después es que el valle del Henares es un buen lugar donde evolucionar. Como diría Karl Popper, “all life is problem solving”.