Sensacionalismo viral

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Imagen de portada de algunas noticias relacionadas con el asesinato de Pioz. /Foto: EFE

Por Míriam Pindado

El sensacionalismo en los medios de comunicación no es algo nuevo.  Las rotativas llevan un lustro imprimiendo en amarillo y las emisoras de radio, las cadenas de televisión y evidentemente Internet y sus incontrolables redes sociales, han seguido este camino de baldosas amarillas hasta hacer de este tipo de periodismo un auténtico negocio. Es evidente que a los “espectadores” les gusta este producto y que el negocio funciona como ha funcionado desde sus orígenes, pero con las nuevas herramientas de comunicación se está llegando a unos límites tan peligrosos como inmorales en los que algunos sucesos y catástrofes se retransmiten como un Gran Hermano.

El sensacionalismo viral, por llamarlo de alguna manera, ha conseguido que los monógraficos de determinadas cadenas de televisión salten a las redes sociales donde ya no hay límites. Una sopa de informaciones sin contrastar, especulaciones,  comentarios injuriosos, ofensas gratuitas, vídeos  vejatorios e imágenes vedadas  nos dan de desayunar, comer y cenar todos los días. Ya no hay filtros y eso es realmente peligroso. El morbo alimenta bocas y bolsillos y también acaba con la privacidad de vidas que fueron anónimas hasta que llegó la tragedia.

the_yellow_kid_by_zombiegoonSucesos como la desaparición de Diana Quer se han convertido en un auténtico espectáculo de masas del que la audiencia se alimenta y algunos medios se engordan. El debate sobre la defensa del interés público y los temas humanos coletea desde finales del siglo XIX. Una época en la que la “batalla periodística” entre el New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de Hearst abrieron la caja de pandora de la que salió El Chico Amarillo o The Yellow Kid. Entre  1895 a 1898 no hubo límites y si Hearst y Pulitzer levantasen la cabeza ahora seguramente enloquecerían con las “posibilidades” que ofrecen las redes sociales a ciudadanos y también a redactores.

Por ejemplo, desde hace unos días,  la provincia de Guadalajara y el país entero está pendiente de lo que ocurrió en Pioz. Un trágico asesinato del que aún no se sabe apenas nada pero del que ya se está hablando mucho mientras las Fuerzas de Seguridad investigan el caso que está bajo secreto de sumario por orden del Juzgado de Instrucción 1 de Guadalajara.

Es lógico que un hecho como este despierte la preocupación, el interés y las ganas de conocer más datos por parte de la ciudadanía, tanto por la proximidad de los hechos como por la barbaridad que rodea a los mismos, pero hay ciertos datos y detalles a los que es difícil encontrar sentido y utilidad más allá del morbo por el sensacionalismo. Los profesionales de los medios de comunicación no deberíamos olvidar que hay ciertas informaciones que atentan contra la intimidad, la imagen y la dignidad de las personas y de sus familias. Ni tampoco deberíamos pasar por alto que existen unos principios de profesionalidad contenidos en un Código Deontológico además de unas normas éticas comunes a todos.

Y es que hay afirmaciones, comentarios y especulaciones que pueden hacer mucho daño a las personas allegadas de los afectados o víctimas y que, además, pueden acabar por entorpecer las investigaciones policiales. Al hilo de ello, y trascribiendo parte de la presentación de un curso de Tratamiento Informativo de Sucesos y Catástrofes (sí, existen cursos de este tipo), no deberíamos obviar  “que, a veces, prime el espectáculo sobre la información, o que ésta se tiña de tanta espectacularidad que acabe ocultando la verdadera información, es algo que podemos constatar con demasiada frecuencia”.

Para terminar, me gustaría compartir uno de los Principios Generales del Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas que no deberíamos olvidar y más en estos tiempos locos en los que parece que todo vale y todo el mundo sabe:

  1. Sin perjuicio de proteger el derecho de los ciudadanos a estar informados, el periodista respetará el derecho de las personas a su propia intimidad e imagen, teniendo presente que:

a) Solo la defensa del interés público justifica las intromisiones o indagaciones sobre la vida privada de una persona sin su previo consentimiento.

b) En el tratamiento informativo de los asuntos en que medien elementos de dolor o aflicción en las personas afectadas, el periodista evitará la intromisión gratuita y las especulaciones innecesarias sobre sus sentimientos y circunstancias.

c) Las restricciones sobre intromisiones en la intimidad deberán observarse con especial cuidado cuando se trate de personas ingresadas en Centros hospitalarios o en instituciones similares.

d) Se prestará especial atención al tratamiento de asuntos que afecten a la infancia y a la juventud y se respetará el derecho a la intimidad de los menores.

 

 

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