Buscando un foco

Por Borja Montero

Las formas en política siguen habitualmente unos patrones bien establecidos. Uno, al menos en público, suele ser amable hasta la condescencia con los desconocidos responsables de tu futuro electoral, cariñoso ante los micrófonos con aquellos que son compañeros de bancada y beligerante contra los de otros partidos. Estos sentimientos pueden no tener un reflejo acorde en el fuero interno de la figura pública concreta, pero son estrategias de cara a la galería que sirven, si no para avanzar en la consecución de la meta última, el ganar votos, sí para mantener intactos los intereses y las posibilidades.

A pesar de que estas fórmulas están bastante más que consolidadas en el hacer político desde hace lustros, es conveniente no pasarse ni quedarse corto, ya que podría conseguirse el efecto contrario: perder el interés de la calle cuando se es demasiado condescendiente con sus problemas, resultar empalagoso y falso cuando se glorifica en extremo a los propios y resultar rudo y maleducado cuando se critica a los otros.

Pongamos, para este tercer ejemplo, el caso de Armengol Engonga. No es que este equipo de Gobierno haya destacado en sus más de diez años por ser especialmente cortés para con la oposición, respondiendo siempre con severidad y algo de bravuconería a sus preguntas en los Plenos y a sus quejas en los medios. Cada concejal tenía su sello, desde la ironía, a veces fina a veces gruesa, de Juan Antonio de las Heras a la superioridad moral impostado de Antonio Román, pasando por el chascarrillo fácil de Jaime Carnicero o la apelación al conocimiento de la cuestión de Eladio Freijo y Mariano del Castillo, por citar solamente algunos ejemplos. Sin emnafgo, Engonga ha ido consolidando a lo largo de este mandato, en el que ha tenido más responsabilidades mediáticas dentro del Gobierno y del Grupo Popular, un tono que empezó siendo injustificadamente duro y ya se ha transformado en faltón, malencarado y maleducado. La estrategia suele ser la de intentar desprestigiar al interlocutor para no contestar a su pregunta o petición o hacerlo de forma ramplona y sin detalles. Lucía de Luz y Susana Martínez, dos de sus increpadoras más habituales, conocen bien esta forma de hacer las cosas, con insultos velados, cuando no claramente enunciados, una soberbia que le queda más grande que el traje y pocos argumentos a su favor.

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