Extrapolando, que es gerundio

JdA_peqPor Jesús de Andrés Sanz *

Entre los pasados 22 y 25 de mayo se celebraron elecciones al Parlamento Europeo. Los 28 países que integran la Unión Europea eligieron a sus 751 diputados, estando en juego cuestiones tan importantes como la elección del presidente de la Comisión Europea (con el popular Jean-Claude Juncker y el socialdemócrata Martin Schulz como máximos aspirantes), el futuro del debate federalista europeo, la posible fusión en la práctica de los cargos de presidente del Consejo Europeo y presidente de la Comisión, el rumbo de la Unión tras la aprobación del Tratado de Lisboa o, agárrense, la dirección de las políticas económicas y el modelo social derivado de ellas.

En España, siguiendo la tónica de otras ocasiones, se prestó más bien poca atención, por no decir ninguna, a estos asuntos, llevando la disputa al terreno doméstico. La penosa campaña electoral, brillantemente resumida en estas mismas páginas, y el debate posterior a los resultados se han limitado a las estrechas fronteras nacionales, como si lo ocurrido en los otros 27 países o las consecuencias globales de los resultados no fueran con nosotros.

No es este, por tratarse de un medio con vocación local, el lugar adecuado para adentrarse en los enrevesados asuntos que afectan a la articulación europea, ni tampoco parece el momento oportuno para hacer pedagogía sobre instituciones y procesos cuyo conocimiento deberían haber fomentado nuestras autoridades desde hace años. Por ello, tan sólo intentaré, en la medida de lo posible, contribuir al interesante análisis iniciado por Rubén Madrid y continuado por Óscar Cuevas en esta semana de intensa discusión postelectoral centrándome en una serie de puntos que clarifiquen qué son y qué no son estos comicios, en particular para Guadalajara, y qué proyecciones, o no, pueden hacerse de cara al futuro más próximo.

1. Unas elecciones muy particulares. Desde la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea en 1986 han tenido lugar siete procesos electorales al Parlamento Europeo (los de 1987, 1989, 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014). Pues bien, desde entonces –algo también común en el resto de países europeos- dichas elecciones han sido de “segundo orden”, es decir, han tenido un nivel de movilización mucho menor que el que tienen las elecciones generales, municipales o autonómicas. En las ocasiones en que se han celebrado en solitario, sin coincidir con municipales o autonómicas, el porcentaje de participación ha oscilado, más o menos, entre el 45 y el 55% del censo, unas cotas ínfimas. En esta ocasión ha sido del 45’84, resultado que hubiera sido bastante menor de no haber concurrido el debate soberanista en Cataluña (que ha implicado un aumento de la participación en dicha Comunidad, afectando al total). En el caso de Guadalajara, del 51’43% de las europeas de 2009 se ha pasado al exiguo 47’75% del domingo pasado.

Tabla 1

Tasas de participación en elecciones en España. // Fuente: Ministerio del Interior

La percepción de que lo que se elige no es importante, la amplitud de candidaturas presentadas y la circunscripción única reducen el denominado “voto útil”, favoreciendo la entrada de partidos nuevos y aumentando sus posibilidades de obtener un mejor resultado. De esta forma, el ciudadano se ve más dispuesto a votar a candidaturas que podrían calificarse de “extravagantes” y recurre al “voto protesta” más que en otro tipo de elecciones. No hay que olvidar, sin pretender comparar aquel fenómeno con otros actuales, que Ruiz-Mateos consiguió dos eurodiputados en 1989. Por su parte, los principales partidos guardan algunos de sus principales puestos en las listas a políticos que pasan a la “reserva”, al exilio dorado que es el Europarlamento.

2. ¿Se pueden extrapolar los resultados? En vista de la particularidad que tienen, no. Pero tampoco puede obviarse que son la mejor radiografía de cómo está la situación política en el modelo español, el mejor termómetro demoscópico, una encuesta a tamaño real. Las diferencias entre estas elecciones y el resto de comicios no son sólo de actitud por parte tanto de los ciudadanos como de los propios partidos, es decir, por el lado de los actores, sino que la dificultad de extrapolar los resultados a otro tipo de elecciones deriva del diferente marco institucional de unas y otras. Dicho lo cual, extrapolemos.

3. ¿Habrá cambios en las generales? Si comenzamos la extrapolación, por ejemplo, por las elecciones generales, hay que tener en cuenta que en modelo español confluyen en realidad dos tipos de sistemas electorales. En teoría el modelo es proporcional con la corrección mayoritaria que le confiere la ley D’hondt, pero en la práctica, dado que las circunscripciones son las provincias, resultan dos tipos dependiendo de si estamos ante provincias muy pobladas (con alto número de diputados a elegir) o ante provincias como la nuestra donde los escasos puestos en disputa, tres en este caso, articulan un modelo prácticamente mayoritario con presencia del segundo partido. Es decir, que quien gana se lleva el premio (dos diputados) y al segundo clasificado le queda, por lo general, el escaño de consolación. De ahí que en Guadalajara, el tradicional bipartidismo no corre, por el momento, riesgo alguno. La suma de votos del PP y el PSOE alcanza casi el 56% y la distancia del tercero, incluso sumando los votos de IU y Podemos (suma que está por verse que sea automática en caso de que concurrieran juntos), sigue siendo inalcanzable. Cabe la posibilidad de que tanto el PP como el PSOE, por distintos motivos, sigan perdiendo apoyos, pero hay que recordar que en las elecciones generales vuelve el “voto económico”, la empatía organizativa y la identificación ideológica partidista, cuestiones todas ellas abandonadas de forma provisional cuando de elecciones europeas se trata. Un 2-1 a favor del PP, como ha venido ocurriendo casi siempre, es un resultado más que previsible. Lo indica la tradición pero lo confirman los resultados del pasado domingo. En caso de porra, yo no jugaría otra opción.

Tabla 2

Resultados provinciales elecciones europeas 2014. //Fuente: Ministerio del Interior

4. ¿Y en las municipales? En las elecciones municipales, al contrario de lo que ocurre en las generales, el marco institucional favorece un resultado proporcional. En la capital son 25 concejales los elegidos, 21 en Azuqueca y 11, 13 o quizá 17 en la casi quincena de municipios que sobrepasan los 2.000 habitantes. En buena parte de ellos es más que probable que haya reajustes. En primer lugar por el doble desgaste del PP, tanto a nivel nacional como en aquellos municipios donde gobierna, en segundo lugar por el ascenso de fuerzas que posiblemente alcancen representantes por primera vez (UPyD, IU, Podemos…). Sigue siendo una incógnita si el PSOE conseguirá remontar sus resultados allí donde no gobierna, algo lógico cuando se ejerce la oposición, o si sus problemas internos continuarán en la primavera próxima, dando al traste con sus posibilidades. Sea cualquiera que sea el escenario, es más que probable que la creciente fragmentación del voto y la pérdida de apoyos de los dos grandes (aunque en parte volverá por haber poder que repartir) obligue a alianzas y acuerdos para constituir los ayuntamientos. Difícil resulta, por tanto, sin saber si habrá coaliciones pre o postelectorales, si algunos partidos se presentarán (Ciudadanos, por ejemplo, que ha conseguido la sexta posición con el 3,86% de los votos), si otros han conseguido resolver sus problemas o si la economía progresa, difícil resulta, decía, anticipar escenarios para los que, en términos políticos, aún queda mucho tiempo. Si una semana antes de las elecciones no hubo ni una sola encuesta que anticipara el buen resultado de Podemos (las que más, le daban una horquilla de 1-2 eurodiputados), difícilmente vamos a ser capaces de prever que ocurrirá dentro de casi un año.

Tabla 3. Resultados Guadalajara capital elecciones europeas 2014. // Fuente: Ministerio del Interior

Resultados Guadalajara capital elecciones europeas 2014. // Fuente: Ministerio del Interior

5. ¿Y Castilla-La Mancha qué, otra vez campeona en Europa? Lo ocurrido en Castilla-La Mancha, tanto con Barreda como con Cospedal, tiene un nombre académico: herestética, concepto que acuñara el politólogo norteamericano William Riker para definir la manipulación de las estructuras que intervienen en la toma de decisiones con el objetivo de conseguir la victoria. Si Putin, por ejemplo, eleva cada cierto tiempo la barrera electoral para impedir que determinados partidos accedan a la Duma, aquí se modifica el número de diputados, después de hacer las cuentas, para que gane quien tiene que ganar. La modificación de la Ley electoral de 2007 por parte de Barreda, pasando de 47 a 49 escaños; el cambio posterior de 2012 de Cospedal, de 49 a 53; o el último capítulo, la aprobación de la reforma del Estatuto (no se pierdan el Preámbulo: no tiene pérdida), son algunos hitos en este sentido. Se entenderá mejor extrapolando el resultado electoral del domingo: en un Parlamento autonómico en el que Guadalajara tuviera 9 diputados (como hasta ahora), el PP obtendría 4 diputados, el PSOE 2, IU 1, UPyD 1 y Podemos 1 diputado. El escenario de fragmentación del voto, con la debida prudencia, permitiría el acceso (¡en Guadalajara!) de tres nuevas fuerzas políticas. En un Parlamento con cinco escaños, como se prevé si se confirma que finalmente estará compuesto por 33 diputados, los resultados serían (y esta es mi porra) 3 diputados para el PP y 2 para el PSOE. Ingeniería política de primer nivel.

6. Predecir el pasado. Vuelvo al principio: no se pueden extrapolar los resultados, pero qué difícil es resistir la tentación de hacerlo. En un escenario disputa por el poder más cercano es más que probable que regrese el voto útil, que los préstamos que tan alegremente se realizan en las europeas regresen a su redil. Si buena parte del voto del PP (¡quien ha perdido casi un veinte por ciento con respecto a las europeas de 2009!) se ha ido a la abstención, a Vox o a Ciudadanos, ante la tesitura de unas municipales o generales regresará.  Otro tanto le pasará al PSOE con el voto que ahora se le ha escapado a IU, a Podemos o a Primavera Europea. No obstante, por curarme en salud, que las palabras se las lleva el viento pero los blogs se almacenan en discos duros, hay tendencias ligadas a la creciente desafección que, sin anticipar un escenario de disolución del actual sistema de partidos, permiten entrever comportamientos y tendencias no observadas hasta ahora, las cuales hacen más difícil todavía cualquier ejercicio de prognosis. Aunque la incapacidad de las ciencias sociales para pronosticar el futuro ha sido demostrada una y otra vez (todo lo más, en ocasiones consiguen presagiar el pasado, el cual también es a veces imprevisible), sin duda el resultado de estas elecciones ha tenido unas consecuencias que pueden hacer de ellas un punto de inflexión en el tiempo político por venir.

* Jesús de Andres  Sanz (Guadalajara, 1968) es profesor titular de universidad en el Departamento de Ciencia Política de la UNED. Doctor en Ciencia Política y de la Administración (con premio extraordinario) por la UNED, licenciado en la misma disciplina por la Universidad Complutense de Madrid, máster en Relaciones Internacionales por el Instituto Universitario Ortega y Gasset (UCM) y Diplomado en Derecho Constitucional y Ciencia Política por el CEPC. Ha realizado estancias de investigación en la Academia de Ciencias de Rusia y en la Universidad de Glasgow y publicado numerosos artículos y capítulos de libro relacionados con las transiciones políticas, la violencia política, los símbolos, los legados de las dictaduras y los sistemas políticos ruso y español, así como varios libros, entre los que destacan El voto de las armas; La ampliación de la Unión Europea; Historia de la Guerra Civil y Sistema Político Español, entre otros.

2 comentarios en “Extrapolando, que es gerundio

  1. Creo que es inteligente reducir el numero de representantes políticos. Ademas de ser menos deberían estar mejor pagados: subiría el nivel y los mediocres quedarían fuera. Si el efecto secundario es una acentuación del bipartidismo como se indica en este brillante articulo, esas corrientes distintas e innovadoras deberían integrarse en los dos grandes partidos. En este caso, sería imprescindible que hubiese democracia interna en todos los partidos, así esos discursos alternativos podrían ser opciones reales y harían frente a los discursos oficiales. Debería ser obligatorio que los partidos democráticos tuviesen democracia interna para elegir a los mejores y/o aquellos con mejores ideas. Lastima que todo esto suene a utopia…

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