Selectividad, sin solución al problema

Cerca de mil estudiantes se enfrentan desde hoy a la Prueba de Acceso a la Universidad.

Cerca de mil estudiantes se enfrentan desde hoy a la Prueba de Acceso a la Universidad.

Por Abraham Sanz

Llega el mes de junio. Temporada final de exámenes para todos los alumnos que sirven para poner nota a lo que será su verano y a su trabajo a lo largo del curso. Pero, si es un mes tan temido como deseado, ese es para los estudiantes de 2º de Bachillerato dado que se enfrentan a la temida Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), lo que todos conocemos como selectividad. Este examen que se implementó como un mecanismo corrector de las notas a lo largo del curso, donde evaluar la profundidad de conocimientos y la capacidad de sobreponerse  a unas jornadas de alta tensión y nervios, tienen sus horas contadas tras la aprobación en el último Consejo de Ministros de su desaparición del marco educativo en el horizonte de cuatro cursos. ¿Y ahora qué?

Lo que parece evidente que el formato de selectividad que actualmente conocemos va a desaparecer, salvo que las universidades de las diferentes autonomías, se pongan de acuerdo para establecer una prueba similar para regular el acceso a la Universidad. Y sinceramente –y que me perdonen todos aquellos que se enfrentan hoy a estos exámenes- me parece un error. No creo que la selectividad sea el mejor método para efectuar una criba que permita acceder a unas carreras u otras; pero sí que supone el primer gran obstáculo dentro de la vida de un estudiante. Todo examen siempre genera una serie de emociones que el joven ha de comenzar a controlar, a comenzar a adueñarse de sí mismo y a comprobar sus reacciones en situaciones de tensión o estrés. La PAU, sin duda, eleva todo ese amasijo de emociones al cubo dado que se pone en liza el poder estudiar, o no, la carrera universitaria deseada.

No obviando que tras la última reforma del anterior Ejecutivo nacional, se otorgó un mayor peso al trabajo realizado durante el curso; la función de estos exámenes globales sirven para corregir esa nota en función de distintas variables que a este Gobierno o bien se le pasan por alto o bien ha decidido no atender. Y es que es de sobra conocido, que hay centros –de carácter principalmente privado- que en aras de satisfacer unas más que notables estadísticas con las que poder captar nuevos alumnos, hay notas medias que llegan un tanto infladas a final de curso que, sin un examen realizado por un equipo externo, no permitiría corregir esas notas o bien respaldarlas en el caso de que se hayan obtenido de una forma justa. Lo cierto es que la selectividad dotaba de ese marco de igualdad a todos los estudiantes que se puede perder en los próximos años debido a que si la tendencia en los centros privados a engordar notas prosigue como ha proseguido desde que yo caminaba por los pasillos del Brianda de Mendoza; estaremos ante un atentando a la igualdad de acceso a los estudios ya que podrían coparse de alumnos no tan validos, pero con una mejor cuenta bancaria.

La pelota envenenada que ahora tienen las universidades no es nada fácil. Especialmente de la pública que debe ser garante de los derechos de todos los estudiantes y que, obviamente buscará establecer algún tipo de filtro al acceso a los estudios universitarios para no encontrarnos con demasiados abandonos tras el primer año de carrera. Pero, ¿qué filtro poner? ¿Cómo ha de ser éste? Y sobre todo y más importante, ¿debe ser igual para todas las autonomías y para todos los centros de estudio?

Sinceramente, dejar ahora tanta manga ancha para volver a dar una vuelta a este tema, me parece ridículo cuándo se ha comprobado que es un sistema que ha funcionado durante los últimos años; y con los últimos reajustes otorgando un 60 % al trabajo del año y un 40% a la selectividad, creo que se hace más justicia con los alumnos; se decida apartar del itinerario educativo de los jóvenes. Sí compartiría una nueva vuelta de tuerca en estos exámenes buscando potenciar una faceta que a muchos se les nubla a la hora de estudiar que es la de pensar. Es necesario reflexionar, leer, imaginar, relacionar, comprender lo que se está aprendiendo y examinar esos niveles de comprensión. Pero no como un ejercicio memorístico, sino como parte de un ejercicio más práctico que nos permita y, sobre todo, que permita ver a los chavales los usos que tiene todo aquello que se aprenden. Muchas veces sólo memorizan los contenidos, los sueltan en un examen y al día siguiente, se pierden en el jardín del olvido; de ahí que si hemos de reformar la selectividad, pensemos primero en que estudiantes queremos para nuestra universidad y, eso es fácil: alumnos que se atrevan a pensar.

De ahí que el Bachillerato se debería enfocar no sólo a alcanzar ya conocimientos más elevados, sino a elevar su capacidad de raciocinio, de comprensión y sobre todo, de interpretación de los contenidos. Es necesario lograr que se abandone ese estudio memorístico y encaminarlo hacia uno donde la práctica cuente con mayor protagonismo y así enganchar más alumnado que, al final, llegaría con una mente más abierta y menos obtusa a la Universidad. Tanto  la selectividad como el Bachillerato precisan de una reforma, pero, sin duda, no es la que Wert nos ofrece.

 

P.D.- Desde aquí, desear suerte a los cerca de mil estudiantes de Guadalajara que se enfrentan hoy a estos temidos exámenes de selectividad.

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.