Nacho Villa y los límites del humor negro

El periodista Nacho Villa y la expresidenta de la región, Cospedal. // elplural.com.

El periodista Nacho Villa y la expresidenta de la región, Cospedal. // elplural.com.

Por Rubén Madrid

La televisión debería estar para dar noticias, y no para protagonizarlas. Pero la televisión pública castellano-manchega viene siendo objeto en los últimos tiempos de una catarata de sentencias judiciales, escándalos públicos y ‘reality-shows’ vividos en sus propios estudios que engrosan un noticiario paralelo al de su muy particular escaleta de informativos. El último de los llamativos episodios que ha vuelto a ponernos a los castellano-manchegos en el mapa de los despropósitos ha sido el telediario del sábado, en el que la noticia de la toma de posesión del nuevo presidente de la Junta, Emiliano García-Page, no apareció hasta el minuto 21, después de unas piezas sobre las vacaciones.

Dicen quienes han convivido estos años con Nacho Villa, el director de la Radiotelevisión de Castilla-La Mancha, que es un tipo raro, frío y obsesivo con el trabajo. Que trabaja incansable y acompañado permanentemente de una tablet en la que controla –incluso cuando está de almuerzo– los contenidos que emite su ‘Telecospedal’, esa que ha llegado a tales extremos de manipulación que, como ironizó el Gran Wayoming en El Informal, ha terminado por hacer que Telemadrid nos parezca la CNN.

En realidad, Telemadrid no ha sido la CNN, pero Telecospedal ha hecho buena a Telebono, que ya es delito. El descaro con el que el PP puso la radio y la televisión públicas en manos de un comisario político afín en lo ideológico y sin escrúpulos morales superó en tiempo récord todos los vicios adquiridos en la RTVCLM durante los años de los gobiernos socialistas de Bono y Barreda. Aquella tele, no nos olvidamos, daba grima verla. Pero la de ahora, sencillamente, revuelve en lo más hondo.

Manipulando hasta el ridículo. Ha habido muchísimos ejemplos, pero yo siempre cuento una misma anécdota: en la previa de los actos centrales del Año del Greco, el contenido del acto central pasó a un segundo plano porque lo realmente importante era una pieza ‘vecinal’ contando los desastrosos paneles turísticos que para tan insigne ocasión había dispuesto por las calles de Toledo su Ayuntamiento (léase Page). No había quien se guiase por la capital imperial. Los testimonios eran tremendos, ponían al alcalde a caer de un burro. Lo que pasa es que cualquier periodista que haya salido alguna vez a hacer encuestas a vecinos sabe perfectamente que es no sólo posible sino incluso sencillo encontrar testimonios que refuercen cualquier hipótesis. Y esta ha sido, durante estos años, la fórmula puesta en práctica para castigar al enemigo.

Protesta de los 'viernes negros' de algunso periodistas del ente público. // Foto: trabajadorescmt.com

Protesta de los ‘viernes negros’ de algunso periodistas del ente público. // Foto: trabajadorescmt.com

Porque el sello más característico de Villa en la tele regional ha sido que la manipulación ha invadido el terreno de lo ridículo sin ningún rubor, como si el desembarco de todo un especialista en la materia (la materia es la manipulación informativa) hubiese dejado esta tele en un juguetillo al que hasta ahora no habíamos acertado a explotarle todas sus prestaciones. Recuerden la trituradora de carne en el suceso de Cifuentes. O la dramatización con la enfermera por el Ébola.

Hay quien limita su capacidad para explotar los límites del humor negro a un puñado de tuits, pero estaremos de acuerdo en que el director de la tele ha conseguido ir más allá para trasladar hasta nuestros televisores su mirada siniestra. Hay quien sospecha que Nacho Villa es en realidad un vampiro; hay quien revela que se le ha visto beber sangre en el último cóctel del Balón de Oro de Castilla-La Mancha y que su imagen no se refleja en los espejos del retrovisor de su coche oficial. No sé si son leyendas urbanas, pero hay algo cierto: don Ignacio Villa dirige la única tele que tiene ‘viernes negros’.

Seguramente estos cuatro años hayan sido una suerte de broma macabra, tal vez resulte que ninguno entendimos que en su enfermizo trabajar sin descanso, Nacho Villa vino a Castilla-La Mancha para convertir nuestra tele de retransmisiones de toros, coplas y películas del Oeste en un canal especializado, en su caso en humor negro. Un canal temático, como el Discovery Channel, pero con peores resultados por culpa de los ineptos trabajadores (a la jefa de informativos Victoria Vigón la sacan de sus casillas y por eso, medio en serio y medio en broma, le entran ganas de matarlos). Y así pasa que entre tanta ineptitud el proyecto de una supertele temática a Villa le nació muerto, que también es una ironía de humor negro, y por eso se ha parecido, a la postre, más que a Discovery Channel o a la tele de National Geographic al canal del Real Madrid, una cosa que sólo pueden ver los muy entregados a la causa.

Retrato de Nacho Villa. // Foto: Lacronica.net.

Retrato de Nacho Villa. // Foto: Lacronica.net.

Con su afán por competir con las televisiones nacionales con debates en los que volvíamos a ver las mismas caras que en TVE pero en diferentes días y donde lo más parecido a un tertuliano alcarreño era Chani corriendo detrás de los grises, ‘Telecospedal’ ha acabado por resultar una mala imitación de Telemadrid y de la TVE de Urdaci, por ejemplo cuando omitió hablar de la detención de Rodrigo Rato o cuando convirtió los abucheos a Cospedal en un acto en aplausos de lata como los de las Chicas de Oro. Y en elecciones, por supuesto, no ha logrado celebrar un debate entre candidatos.

La televisión de Nacho Villa tenía como objetivo prolongar la hegemonía de Cospedal en la región. Pero también aquí ha sido un fracaso. Nos hemos reído mucho con esta tele, pero lo cierto es que el modelo ha matado cualquier asomo de pluralidad y ha maltratado con descaro a los alcaldes socialistas de Azuqueca y Marchamalo, Bellido y Rafa Esteban, no digamos ya a Page. La gente, en sus hogares, también se ha tomado estas informaciones calumniosas a risa, porque los tres han salido bastante bien parados en las últimas elecciones.

De modo que Villa ha sacrificado de manera inútil el poco crédito y los escasos espectadores que la tele pública tenía. Y los resultados, pese a los esfuerzos del incansable profesional, han sido terribles. Los que se miden (audiencias, elecciones) y los que tienen un carácter más subjetivo. Las pocas luces (algún programa recorriendo los pueblos de la región, cierto empuje en el joven equipo de deportes) han quedado engullidas por las muchísimas sombras.

A la vista del incumplimiento de los objetivos, el funcionario no médico mejor pagado de toda la región –por encima de la presidenta– debería haber presentado su dimisión por vergüenza torera, que tan bien encaja con el espíritu de Televisión Castilla-La Mancha. Debió renunciar al cargo la misma noche electoral y no haber permanecido ni un minuto más. No lo hizo y a estas alturas le deberían quedar, a lo sumo, un par de telediarios. Pero él sigue pendiente de su tablet, le ha dicho al vicepresidente Martínez Guijarro que no tiene prisa y que va a esperar sentado a que el nuevo ejecutivo nombre al Consejo de Administración, que será quien definitivamente le releve en el cargo.

¿Y a partir de ahora, qué? Mientras esto sucede, quienes todavía creemos que es posible una televisión pública de calidad exigimos al nuevo gobierno que aleje cualquier tentación de convertir nuestro ente público regional no ya en Telecospedal –que de sobra sabemos que no lo será– sino en algo parecido a Telebono. Pongan luz: estamos hartos de humor macabro y de cazas de brujas. Deben cesar las condenas por manipulación o por incumplimientos en el convenio con los trabajadores. Hay que acabar con las redacciones paralelas y los arrinconamientos de los colegas que han sido castigados como críos en un rincón de la redacción.

El presidente Gacía-Page, tras una entrevista en Televisión Guadalajara en campaña, con los periodistas Roberto Mangas, Rosa San Millán y Rubén Madrid.

El presidente Gacía-Page, tras una entrevista en Televisión Guadalajara en campaña, con los periodistas Roberto Mangas, Rosa San Millán y Rubén Madrid.

Hay que luchar por una televisión digna, y el momento es ahora porque ya sabemos que no nos vale ni el modelo ni el contramodelo; hay que exigir una televisión con contenidos propios y locales, que dé cabida al periodismo sin ataduras para explicar lo que nos sucede aquí cerca, que esté en nuestros partidos de fútbol, nuestros festejos y nuestros sucesos, que permita las entrevistas a nuestros personajes y el debate entre periodistas de la región sobre asuntos de la región, que le dé a los alcaldes cuando en realidad se lo merezcan. La etapa de Zapatero en La Moncloa demostró que el nombramiento de un consejo de expertos y la elaboración de un modelo de televisión pública independiente y al servicio del ciudadano era posible. Ese debe ser el ejemplo a seguir. No hace falta fichar a estrellas del ‘otro lado’ como Jesús Cintora.

El propósito incluido en el pacto de investidura entre PSOE y Podemos apunta hacia la dirección correcta: garantizar la independencia del ente público “en base a criterios de profesionalidad, pluralidad y participación de los trabajadores en los órganos de gestión y dirección”. Las palabras son las correctas, veremos qué sucede con los hechos.

A día de hoy, ni la tele de Castilla-La Mancha engancha ni Televilla es una maravilla. Nuestra televisión está siendo, salvo contadísimas excepciones, una basura de la que sólo podemos estar abochornados, que se gana los reproches de las asociaciones de profesionales y que una y otra vez salta a los medios nacionales para rubor de quienes la pagamos: 82 euros por hogar, según calculó la consultora Deloitte.

Villa, como el zombie de serie B al final de la película, está dando sus últimos y titubeantes pasos antes de caer definitivamente desplomado. La última campaña que ha presentado nuestra tele lleva por lema, parafraseando al cómico manchego José Mota, “no me lo mejores, iguálamelo”. Aun en las últimas, el periodista conservador no se resiste a seguir explorando los límites del humor negro. No me digan que el eslogan, dicho por un muerto viviente, no tiene su gracia si se aplica a la televisión autonómica menos vista de España: “No me lo mejores, iguálamelo”.

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2 pensamientos en “Nacho Villa y los límites del humor negro

  1. Yo creo que te has quedado corto, me acuerdo un día preguntando por una zona de Azuqueca, y haciendo las preguntas en el Infantado, preguntar a gente, si estaba bien señalizada la Estación de Renfe de Azuqueca, y haciendo la entrevista en una calle paralela, y nadie de los encuestados, sabía ir. Y luego está claro que los pueblos gobernados por el PSOE, hacen cosas mal, bien, regular y lo que quieras, pero es que en Guadalajara, todo lo que se hizo es perfecto. Venga vamos.

    Otra vez hablando de los autobuses de Toledo, que si las paradas, que si tarda mucho en pasar, etc…. no sé si te suenan las quejas, ya sé que si. Pues si algún día dijeron algo de los autbuses, es que eran una maravilla, y lo hacían todo perfecto.

    Un saludo y gracias por vuestros artículos.

  2. Pingback: Nacho Villa y los límites del humor negro | Los Mundos de Madeleine

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