La dolce vita de Nacho Villa

Ignacio Villa, director general de RTVCM entre 2011 y 2015, en las Cortes. // Foto: Efe

Ignacio Villa, director general de RTVCM entre 2011 y 2015, en las Cortes. // Foto: Efe

Por Concha Balenzategui

Pertenezco a una profesión castigada con especial dureza por la situación económica. En estos últimos años hemos comprobado cómo desaparecían medios de comunicación, uno tras otro, dejando en la cola del paro durante meses -o años- a grandes profesionales. He visto a buenos compañeros reconvertirse en camareros, vendedores y autónomos por falta de contrato, que no por vocación emprendedora. Nada que ustedes no sepan. Nada que no haya alcanzado a los demás oficios, aunque me atrevo a asegurar que a pocos con la crudeza que ha azotado a los periodistas.

Quizá por eso, porque sé lo que ha pasado mi gremio, y lo que sigue sufriendo, me haya escocido más conocer cómo vivía, durante estos últimos años, uno de sus más encumbrados miembros: Ignacio Villa, director de la televisión autonómica entre agosto de 2011 y agosto de 2015. Esta semana hemos sabido que el periodista nombrado por María Dolores de Cospedal para llevar las riendas del canal castellano-manchego gastó con la tarjeta de crédito del ente público casi 134.000 euros. 34.000 euros de media en cada uno de los cuatro años que ocupó el cargo, y que se unen a un sueldo bruto anual de 120.000 euros, dietas aparte. Hemos conocido al detalle que Villa “se pulió” el 92 por ciento del montante de la Visa Oro en el sector de la hostelería, en una lista en la que figuran paradores, hoteles de lujo y restaurantes de postín. El directivo del ente también retiraba efectivo en cajeros automáticos y pagaba en supermercados, centros comerciales y tiendas de distinto tipo. No se trata de que el hombre siguiera con el caviar cuando sus colegas de profesión estaban “a dos velas”, no. Es que esta dolce vita era a cuenta del erario público, la pagábamos usted y yo, precisamente en el cuatrienio de la austeridad.

También hemos sabido, a través del diario El País, el curioso funcionamiento de la corresponsalía de Hong Kong, que suponía un gasto de 12.000 euros brutos al mes, a los que hay que unir, entre otras cuestiones, casi 5.000 euros en llamadas realizadas por el propio Villa desde el móvil de la tele. ¿Una corresponsal en Hong Kong?, nos hemos preguntado muchos, quizá porque no vemos lo suficiente la televisión autonómica como para habernos topado con alguno de los reportajes elaborados por la corresponsal entre corrida y corrida. Luego hemos sabido que la periodista encargada del puesto, Ana María Pérez Pierna, era una persona de confianza de Villa ya en la cadena Cope, de la que ambos procedían, y que ocupó ese mismo puesto para la cadena de los obispos antes que para RTVCM. Afortunadamente, la cara extravagancia de una corresponsal en Asia duró apenas seis meses, y su titular pasó después a Toledo, donde fue nombrada adjunta a la dirección. Turbio donde lo haya.

También hemos oído estos días, en que la prensa nacional y regional ha tratado el tema en abundancia, las explicaciones del propio Villa sobre el asunto, pues hay que reconocer que el periodista no se ha escondido. Al contrario, se ha mostrado en los medios tan peleón como cuando encarnaba las posiciones más reaccionarias en las tertulias televisivas. Pero su defensa ha sido tan airada como poco fundamentada: Que es una comunidad autónoma muy extensa, que su cargo le obligaba a viajar frecuentemente pues la televisión hacía retransmisiones constantes desde todos los puntos de interés informativo, que trabajaba todos los meses y los fines de semana, por lo que los gastos se extienden…

En fin. No hace falta abundar mucho más en los datos y argumentos que ustedes conocen ya a estas alturas. Bien sé que el asunto no sale a la luz en estas fechas gratuita ni casualmente. Sé que si el extracto de la Visa Oro se filtra a un medio en plena campaña es con la intención de incidir en su voto. Los lectores de este blog son lo suficientemente inteligentes para llegar a esa conclusión sin que se les aparte la vista del hecho en sí, que no admite otro calificativo que el de la desvergüenza, que no voy a lanzar gratuitamente.

Nacho Villa fue nombrado por el PP para gobernar una televisión sobre la que Cospedal había “echado pestes” durante su etapa en la oposición, tanto por su parcialidad como por el despilfarro que suponía. Y con buena carga de razón. Hay que recordar que Cospedal prometió vender esta cadena e incluso habló de cerrarla, y que su partido presentó una querella contra el anterior director del ente autonómico, Jordi García Candau, por presuntos fraude, prevaricación y malversación de caudales públicos. El PP también prometió que la situación iba a cambiar, tanto en el despilfarro como en la parcialidad.

Ignacio Villa con Dolores de Cospedal. // Foto: castillalamancha.es

Ignacio Villa con Dolores de Cospedal. // Foto: castillalamancha.es

A la vista está que no lo hizo. Durante el mandato de Cospedal, el presupuesto de la televisión se redujo, es cierto. Según la expresidenta, fueron 90 millones menos en cuatro años. Pero no fueron suficiente como para poner coto al dispendio manirroto de Villa. Durante ese tiempo, la tele de Castilla-La Mancha se convirtió en el canal autonómico con menos audiencia, se arrinconó a algunos periodistas y se contrató a muchos profesionales sin mediar convocatorias de mérito y capacidad, aun tratándose de empleo en un ente público (la llamada redacción paralela, que ayer Cospedal lamentaba que se hubiera quedado en la calle con la llegada al Gobierno del PSOE). La manipulación informativa no es cuestión de opiniones: Ha quedado probada con varias sentencias condenatorias por las informaciones vertidas. Pero además, mientras las comidas con estrellas Michelín y las llamadas de 40 minutos a Hong Kong se producían, las arcas del ente seguían en números infrarrojos. La deuda acumulada el pasado verano, cuando Villa fue destituido por el Gobierno entrante, era de 8 millones de euros. En eso sí se marcaron diferencias con García Candau, que no se había salido de lo presupuestado.

Dice Villa que la tarjeta de crédito no era opaca y que sus movimientos estaban fiscalizados. Pero lo cierto es que ni el Comité de Empresa (con presencia de los sindicatos), ni el Consejo de Administración (con vocales de la oposición socialista), conocieron los gastos del director. De ser así, hubieran puesto el grito en el cielo, y eso sí que hubiera sido munición a discreción en la pasada campaña de las Elecciones Autonómicas. Es lógico que un director alterne con personajes importantes de la política y del mundo empresarial de la región, comparta en ocasiones mesa con ellos, y le toque pagar algunas rondas. Pero las cifras de las que estamos hablando, posiblemente habituales en una compañía privada, no tienen encaje en una televisión y una comunidad sumida en el “austericidio”.

Las explicaciones de Villa pintan a un exdirector comprometido con su trabajo, infatigable de lunes a domingo, pendiente del más mínimo detalle, desde la decoración del plató -que él mismo elige en Ikea o en Leroy Merlin- hasta las retransmisiones de eventos desde todos los puntos de la región. Pero es difícil imaginarlo repasando la escaleta o comprobando las condiciones técnicas de las conexiones desde los hoteles de cuatro y cinco estrellas en Madrid, o desde los paradores que visitó en más de 60 ocasiones (entre los que, por cierto, el de Sigüenza ni se menciona, mientras los de Cuenca, Almagro y Toledo eran muy frecuentados).

Pasa lo mismo con el affaire de Hong Kong. Cuesta creer que la importancia de las exportaciones de productos castellano-manchegos al mercado asiático o la incursión de los vinos en China justificaran este dispendio. Pero más aún que una corresponsal de ese nivel -por el sueldo lo deducimos- necesitara instrucciones constantes y directas del propio Villa para hacer su trabajo. ¿Por qué el director llamó 300 veces a la corresponsal en Asia y solo 2 al de Bruselas, como apuntaba agudamente un digital esta semana?

A pesar de todo lo dicho, creo que Villa solo hizo lo que le estaba permitido. Tenía una tarjeta y la usó como creyó conveniente, como probablemente sea habitual en una cadena de televisión privada. Nadie le puso límite a priori, y nadie le echó el alto durante cuatro años. Y en todas las lecturas me parece un comportamiento pernicioso, tanto si quienes le contrataron sabían como si permanecían ignorantes de su uso. Si le extendieron un cheque en blanco para el despilfarro, malo. Si supieron del abuso y lo consintieron, peor.

En realidad, no son las explicaciones de Villa, a quien se agradece que dé la cara desde el primer momento, las que yo esperaba. Quería saber qué opina quien le nombró y quien le mantuvo. Quien no puso suficientes mecanismos de control o quien miró para otro lado. Pero las reacciones del PP apelan al “y tú más”: recuerdan los 180.000 euros que García Candau, se gastó en regalos de lujo. Como si fuera lo mismo gastar en merchandising en una época más boyante, además, que en su propio tren de vida en la era de los recortes. En definitiva, el PP no ofrece ninguna explicación coherente al gasto de Villa, en una defensa que no logra convencerme. Pero al menos me aclara en cuál de los escenarios que yo planteaba nos encontramos. Las palabras de Cospedal ayer lo dejaron claro: no hubo ignorancia, sino consentimiento; incluso orgullo. Así de claro.

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4 pensamientos en “La dolce vita de Nacho Villa

  1. Todo muy cierto y entrado en razón.
    Tan sólo una corrección: ese individuo no es periodista. Nunca lo ha sido y nunca lo será. Villa no obtuvo más título que el de licenciado en Historia. Luego entró como locutor en la COPE (vaya usted a saber por qué) y el resto ya es sabido.

  2. Pingback: Un juguete roto |

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