POM: Mirando ciudad adentro

Uno de los planos del avance del POM, publicado en 2009.

Uno de los planos del avance del POM, publicado en 2009.

Por Concha Balenzategui

El alcalde de Guadalajara, Antonio Román, ha mantenido recientemente una reunión trascendental para el futuro de la ciudad. Como anunció la semana pasada, y como ya estaba previsto en el programa electoral con el que acudió a las elecciones en 2015, se retoman los trabajos del Plan de Ordenación Municipal, que él mismo paralizó en el año 2010. El trabajo sigue en manos del estudio “Arquitectura, Sociedad y Territorio” encabezado por el arquitecto José María Ezquiaga, toda vez que la reanudación de esta planificación se basa en el mismo contrato que se firmó en su día, en este caso con el socialista Jesús Alique como alcalde.

Es evidente que en estos seis años se ha producido un gran cambio en la realidad de Guadalajara, que obliga a una mirada muy diferente hacia el futuro. De hecho, habían empezado a cambiar algunas cosas -la fiebre del ladrillo había dado paso a la crisis inmobiliaria- cuando se decidió aparcar el plan, del que ya se había redactado un avance, sometido durante seis meses a información pública y a la presentación de alegaciones. Por eso es lógico, como punto de partida, que el Equipo de Gobierno fije sus miras en la ciudad ya consolidada, más que en el futuro crecimiento. Por eso habrá que enmendar aquel avance, que hay que recordar se sometió a una aprobación inicial que obtuvo los votos a favor del PP y la abstención de PSOE e IU.

Además de la composición del Pleno de la Corporación, mucho ha cambiado la ciudad, como decía. Sobre Guadalajara ha caído como una hecatombe una crisis que ahora nos hace ver las cifras de aquel avance de POM como de ciencia ficción. ¿Recuerdan que el Plan proyectaba un crecimiento de 14.800 viviendas para los años venideros? Y eso, a sabiendas de que cuando se paralizó quedaban cerca de 5.000 casas recién construidas aún por vender. Ese fue uno de los motivos por los que se aparcó aquel Plan, puesto que no había necesidad imperiosa de nuevo suelo si no había visos de crecer. Probablemente tampoco la hay ahora. Sin embargo, como recuerda el alcalde, es necesario culminar el planeamiento, puesto que tanto la legislación estatal como la autonómica han cambiado, dejando fuera de juego al plan vigente, que data del año 2000.

José María Ezquiaga, redactor del POM, es doctor en Arquitectura y licenciado en Sociología.

José María Ezquiaga, redactor del POM, es doctor en Arquitectura y licenciado en Sociología. // Foto: Madrid Diario

Pero cuestiones que se planteaban a finales de la primera década del siglo ahora están muy lejos de su sentido inicial. Por ejemplo, se planteaban tres zonas de nueva construcción de viviendas: una entre la Ronda Norte y la Autopista R-2; otra al otro lado de la actual autovía, entre el nudo del hospital y la carretera de Iriépal (con 8.600 y 5.300 casas, respectivamente); y una tercera zona residencial de menor entidad pero que despertó no poca polémica. Con unas 800 viviendas, se conocía en los foros como el “Ecobarrio”, en la cuña situada entre el río y la carretera de Fontanar, entre el Puente Árabe y la Ronda Norte. Es lógico que todos esos planes expansionistas se revisen de acuerdo con las nuevas perspectivas y con la nueva concepción de la ciudad, incluso que se borren de los mapas. Al plan se le confía, según las directrices apuntadas por Román, centrarse en la ciudad y en los sectores residenciales que estaban previstos y que no han sido totalmente desarrollados.

Faltan otras incógnitas por despejar aún, algunas de las cuales están tan inciertas o más que cuando se dibujaron los primeros planos, como son el trazado de la Autovía de la Alcarria o la variante de la A2, de las que hace años que ni se oye hablar y que determinarían mucho nuestro crecimiento. Pero ahora se habla de mejorar los problemas de conexión entre las distintas zonas de la ciudad, incuso de la movilidad sostenible.

En este punto, por citar algunos, ha cambiado una de las arterias importantes de la ciudad, con la conversión del “eje cultural” en vía de un solo sentido; hay más gente viviendo al otro lado del barranco, o más vecinos acudiendo al otro lado de la autovía. Sin embargo, no habrá tanta obsesión por atrincherar o soterrar las vías del tren, que eran una prioridad en los años del avance, puesto que la Universidad y el Parque Científico y Tecnológico se planeaban en el Polígono del Ruiseñor, ahora descartado.

Aunque entonces ya se pensaba en utilizar el centro urbano para algunas dotaciones no académicas o auxiliares de la Universidad, el concepto cambia radicalmente con el acuerdo de las Cristinas. Y seguramente -eso quiero ver yo en las nuevas directrices del alcalde-, conecta con esa alusión que Román hace de encontrar un nuevo uso a edificios públicos desocupados, citando expresamente la cárcel, el Hospital Provincial, Correos, el Parque Móvil, el Palacio de San Esteban o el todavía edificio de los Juzgados. Se alude al patrimonio, y en este punto hay que recordar que el catálogo de edificios protegidos del año 2000 ha quedado totalmente obsoleto, pues algunos incluso están por los suelos, por lo que urge un nuevo catálogo de protección como apunta el alcalde. Porque otra de las cosas que ha cambiado en estos seis años -al menos así lo veo- es la sensibilidad por el casco histórico. Ya en los primeros trabajos de Ezquiaga se diagnosticaba su situación de “declive”. Ahora, con todas las alarmas encendidas, el casco debe pasar al primer plano del POM.

Plano del término de la capital, en el avance del POM.

Plano del término de la capital, en el avance del POM.

Pero hay muchas más cuestiones en este listado de voluntades reconducidas. Anota Román la necesidad de más suelo industrial. Ciertamente, en el avance no era primordial, puesto que parecía que el Ruiseñor colmaba la demanda, y ahora se adivina una apuesta más ambiciosa, que subraye nuestra vocación de recuperación económica por encima de nuestra condición de ciudad dormitorio.

Otra cuestión que apuntaba Ezquiaga en el primer acercamiento que puso sobre el papel era la próxima obsolescencia de las viviendas de grandes zonas de la ciudad, aquellas que crecieron como la espuma en los años 60 y principios de los 70, que estaban cercanas a cumplir el medio siglo de vida. El problema ya lo tenemos aquí, por lo que la rehabilitación debe ocupar una parte importante de esta tarea.

Confieso que me ha gustado la manera en que ha sonado la noticia del nuevo POM y también esa mirada hacia dentro de la ciudad que plantea el alcalde. En definitiva, aunque se aborde la cuestión de manera pausada (un plan es algo que supera una legislatura) asistimos a un momento apasionante, que debe aprovecharse como oportunidad. El POM va mucho más allá de hacer rayas sobre un plano marcando dónde van las casas y con qué altura, dónde la industria o qué queda como zona verde. Por eso es bueno que volvamos a reflexionar sobre la ciudad que tenemos y que queremos, sobre la forma de hacerla más habitable sin sacar a pasear el cántaro de la lechera.

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