El alcalde paga las Converse.

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Una sociedad “formada”  a través de subvencionar el material no escolar al inicio de curso, según el ideario del gobierno municipal popular de Guadalajara.

 

Por Gloria Magro.

No salgo de mi asombro. El Ayuntamiento de Guadalajara acaba de hacer pública una convocatoria de ayudas con cargo al presupuesto municipal de Educación pero sin fines educativos de ningún tipo. Setenta mil euros a repartir entre todos los escolares empadronados en la ciudad que lo soliciten este mes de septiembre, a razón de 100 o 200 euros por cabeza, en función del ciclo educativo, con la única condición de que no lo gasten en libros o material escolar. Y con unos criterios de adjudicación, vagos y difusos, al igual que la justificación de semejante dispendio a estas alturas de la legislatura. 

Así que, ya que con ese dinero no podremos comprar libros de texto, yo, por mi parte, he decidido solicitarlo y equipar a los niños de zapatillas.  Aún no he decidido si serán unas Converse o unas Adidas, pero en cuanto tenga un rato me subo a El Corte Inglés o me paso por Deportes Olimpiada a elegirlas. Qué generoso Román, que este año nos subvenciona las deportivas de los niños en septiembre. Zapatillas gratis para “favorecer -y cito textualmente la convocatoria de ayudas del Ayntamiento- el bienestar futuro de las familias como base necesaria para la formación, contribuyendo de ese modo a la existencia de una sociedad formada y con valores”. Bien pensado, a lo mejor una mochila nueva Vans contribuye más a la formación en valores de mis dos pseudoadolescentes. O tal vez un chándal nuevo Adidas. Esto hay que meditarlo bien antes de pasarle la factura al Ayuntamiento, no sea que después tengamos remordimientos en casa por gastarnos los dineros municipales alegremente cuando los colegios de la ciudad tienen tantas necesidades de mantenimiento que no se están cubriendo.

Setenta mil euros menos de un presupuesto municipal para Educación en 2018 de trescientos veintiséis mil, sin duda un buen pellizco. Y sin fines educativos, ni de mantenimiento de centros, ni para libros, ni para material escolar. Lo asombroso a día de hoy es que semejante iniciativa, en los términos en que se ha redactado, no aparezca recogida entre las noticias de El Mundo Today. Aún así, y aunque ignoramos quien han sido la cabeza pensante en el gobierno popular del Ayuntamiento que nos hace tan asombroso y generoso obsequio a todos los guadalajareños, habrá que agradecérselo como se merece. Un buen mordisco del presupuesto municipal, dinero para chucherías, una partida presupuestaria caída del cielo. Y repartida sin hacer discriminaciones y no como en las convocatorias de ayudas al material escolar que convoca la Junta de Comunidades, que ahí si que piden los datos económicos de las familias con baremo de por medio antes de soltar un solo euro. Y sin venir a cuento, habría que añadir también.

Será que en Guadalajara el dinero cae del cielo. Dinero para todos y para todo siempre que no sean libros ni lapiceros porque se meten en competencias ajenas. Mochilas, zapatillas y chándales para los niños de los colegios públicos y también de los concertados; para aquellos cuyos padres se lo están gastando en pinchos de chorizo en la Feria y también para aquellos que no pueden permitirse que sus hijos suban a las atracciones. Esto parece Navidad. Y aún quedan nueve meses para las elecciones municipales. Qué embarazo más generoso vamos a tener, apunta maneras desde el principio.

Dice la OCU que los libros de texto suben este curso un 3,4% con respecto a 2017 y cifran en 500 euros por niño lo que nos va a costar a los padres enviar a nuestros retoños al colegio este año. A mi me parece una exageración, la verdad. Será que los míos van a colegio público y no tenemos uniforme, recurrimos a la economía colaborativa para el tema de los libros -que los pasamos y nos los pasan, quiero decir- y tanto el comedor como las actividades extra escolares no tienen los los precios extrañamente hinchados. Tampoco pagamos impuesto revolucionario. Cada vez que paso por el colegio concertado donde yo estudié y veo el magnífico polideportivo cubierto que han pagado los padres de su bolsillo y lo comparo con el patio público donde juegan mis hijos en el recreo, me dan ganas de llorar.

Dice el Ayuntamiento, y vuelvo a citar textualmente, que esos setenta mil euros que ahora nos regalan son “una garantía de formación de un futuro mejor para todos los vecinos”. Curiosa justificación la suya. Será que no les consta que a lo mejor la formación de futuro pasa por unos centros públicos con instalaciones escolares bien mantenidas, en ejercicio de su competencia como titular legal. Solo con atender las demandas de mantenimiento de las Ampas de la ciudad un solo curso se daria buen uso a ese dinero. Esas peticiones que se pasan por el Registro y se deben de ir acumulando en algún despacho mes tras mes, año tras año. Estoy pensando en las canastas inservibles de nuestro colegio, en las porterías sin red, el gimnasio de 1980 que se encuentra hoy tal y como estaba entonces, en 1980. Y que por muy bilingüe y excelente que sea en su programa, el colegio de mis hijos, uno más entre todos los públicos, necesita de un buen remozado, por decirlo suavemente.

La Junta de Comunidades ha invertido este verano cuatro millones de euros en la reforma, ampliación y mejora de más de trescientos sesenta colegios de la region, un tercio de los que hay. En Guadalajara se han beneficiado 125 centros. También se lo podrían haber gastado en material no escolar para los niños de la region, como el Ayuntamiento de Guadalajara. Deportivas o mochilas para todos en vez de mejorar las infraestructuras. Afortunadamente no va a ser así. El consejero de Educación, Ángel Felpeto, acaba de anunciar un plan para la reforma integral de los colegios más antiguos y de esos en Guadalajara tenemos unos cuantos, así que es de prever que nos tocará una buena tajada de ese presupuesto, que va a tener que ser más que generoso. Y viene tarde, bien podrían haberlo anunciado hace varios años, ya estaría en marcha, tanta falta hace ahora como hacía entonces, después de la legislatura Cospedal, cuando los colegios públicos se dejaron morir de inanición. Y después, al Ayuntamiento, al nuestro y a todos los demás, le tocará su mantenimiento, ese al que parecen tan alérgicos y que se lleva a cabo más por la buena voluntad de los operarios municipales que por voluntad política de sus jefes. Pero no adelantemos, nos queda todo el curso por delante.

 

 

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