Colegios, hiperventilados pero sin COVID

Por Gloria Magro.

Quedan apenas unos días para que acabe el trimestre escolar y contra todo pronóstico, el balance de la primera escolarización en pandemia ha resultado mucho mejor de lo esperado. No solo no hay una incidencia significativa de casos Covid en los colegios e institutos, sino que se ha constatado que los niños contagian menos de lo que se creía. Y también que los protocolos del Ministerio de Sanidad -en coordinación con el de Educación-, funcionan pese a las dudas, el frío y la ausencia generalizada de purificadores de aire. Y también pese a las quejas de algunos padres por el rigor de las normas implementadas.

Según los datos ofrecidos por el Ministerio de Educación los centros escolares son el tercer ámbito de proliferación de los brotes de coronavirus, por detrás del social y el sanitario, lo que se corresponde con los datos que maneja la OMS. Para la Organización Mundial de la Salud, de los casos diagnosticados de Covid, el 1,2% se corresponde con menores de cuatro años; el 2,5%, con niños entre cuatro y 14 años; y el 9,6%, con los jóvenes de entre 15 y 24 años. Los últimos datos publicados en España sobre incidencia escolar de la pandemia corresponden a la primera semana de noviembre, en pleno aumento de los contagios. Las aulas en cuarentena eran en ese momento 6.469, el 1,67% del total del sistema educativo y sin embargo, al inicio del curso escolar, en septiembre, la creencia general era que las clases presenciales apenas se prolongarían unas pocas semanas y que los centros serían un foco incontenible. No solo no ha sido así, sino que han llegado abiertos hasta diciembre y lo han hecho constatando que el COVID no se contagia en las aulas y que la política de ventilación es el sistema más económico y eficaz de combatir la propagación del virus.

Las medidas para paliar los efectos de la pandemia y ofrecer un entorno seguro a alumnos y profesores -y por extensión a sus familias- vienen dictadas por por el Ministerio de Sanidad en coordinación con el de Educación. En el caso de Guadalajara, a través de la Consejería de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con una guía orientativa dirigida a los centros. La medida más destacada es la distancia social, seguida de la discutida ventilación, una vez que la toma de temperatura a los alumnos de los primeros días de curso dejó de ser una práctica generalizada. Convertir a los profesores en sanitarios y en último término en algo así como policías escolares apenas duró unos días. Todos los colegios se han plegado a la normativa excepcional de este curso. Públicos o concertados, el miedo al contagio, al cierre de las aulas y a la extensión comunitaria del Covid ha propiciado un apoyo masivo a los protocolos por parte de la comunidad educativa. Y también seguramente un exceso de celo. En la práctica no es que haya mucho margen para la disensión, ningún centro tiene autonomía para dictar su propia normativa o hacer cambios significativos en la que le viene impuesta. Ni el equipo directivo, el Consejo Escolar o el Ampa pueden hacer modificaciones al respecto, aunque sí hay padres que no están de acuerdo con las medidas adoptadas ni su respaldo científico y así lo han hecho saber.

En la base de los protocolos que se siguen en los centros educativos está la constatación de los medios de propagación del virus. Así, el SARS-CoV-2 se transmite a través de las secreciones respiratorias de personas infectadas, principalmente por contacto directo con gotas de más de 5 micras (capaces de transmitirse a distancias de hasta 2 metros) por las manos o los fómites contaminados con estas secreciones, seguido del contacto con la mucosa de la boca, nariz u ojos. El riesgo de propagación de SARS-CoV-2 aumenta a mayor interacción de las personas, y mayor tiempo de duración de la misma, sin las adecuadas medidas de prevención. Esta información viene respaldada por estudios científicos y da lugar a las medidas que se han implementado durante todo este trimestre: limitación de contactos, ya sea manteniendo una distancia de 1,5 metros o conformando grupos estables de convivencia, la higiene de manos como medida básica para evitar la transmisión, la higiene respiratoria, la ventilación frecuente de los espacios y la limpieza del centro.

Los colegios e institutos y demás centros educativos adaptaron sus instalaciones a esta nueva situación durante los meses de verano y los niños acuden a clase provistos de mascarillas y gel hidroalcohólico, no se mezclan ni a la entrada, ni a la salida, los grupos no comparten recreos y todos asisten a clase en aulas a temperatura ambiente, con ventilación cruzada e intermitente, el punto más polémico de todos. El Real Decreto 486/1997, de 14 de abril de 1997, por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo, como son también los centros escolares, establece en su Anexo III que “La temperatura de los locales donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares estará comprendida entre 17 y 27 ºC“. Y la LOE ( Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo ), en su artículo 132, apartado d, dice textualmente que “es competencia del director garantizar el cumplimiento de las leyes y demás disposiciones vigentes2.

En situación de Estado de Alarma la excepcionalidad está por encima de otras consideraciones y de hecho, hay ayuntamientos que han optado a título particular por dotar a sus colegios e institutos de unidades purificadoras de aire, en un intento por minimizar el riesgo en sus aulas a la vez que se garantiza el confort. Marchamalo es uno de ellos y con cargo a los presupuestos municipales ha adquirido e instalado equipos de filtrado de aire en todos sus centros públicos de enseñanza y también en las instalaciones del Ateneo, donde se llevan a cabo las actividades culturales de las Escuelas Municipales. La compra de los equipos ha sido respaldada por los servicios jurídicos del propio ayuntamiento y cuenta con el visto bueno de la Delegación de Educación de Guadalajara, desde donde se recuerda que estos aparatos no sustituyen la ventilación ni el uso obligatorio de mascarillas en las aulas. Marchamalo ha invertido 75 mil euros en aparatos que eliminan las partículas en suspensión y reducen así la exposición a posibles virus que se propagan por aerosoles, como es el caso del SARS-COV-2, su nombre técnico. En Azuqueca de Henares, el ayuntamiento también ha encargado una primera partida de 200 filtros HEPA para instalar en todos los colegios, institutos y escuelas infantiles. El objetivo de esta medida es «garantizar la salud de la población escolar, del personal docente y del resto de la población«, según explicó en su día la concejala de Educación Global, Susana Santiago. La inversión asciende a más de cuarenta mil euros y, se tiene previsto que lleguen a la localidad del corredor otros 154 aparatos, lo que supondrá una inversión adicional de cerca de veintiocho mil euros más.

Sin embargo, en Yebes, el ayuntamiento contrató a una empresa para que midiese los niveles de CO2 en las aulas de su colegio público, el CEIP Jocelyn Bell de Valdeluz. El diagnóstico, entregado esta semana, trataba de determinar si era necesaria la instalación de equipos de filtrado de aire o si por el contrario la ventilación natural de las aulas daba suficiente protección. Y así ha sido: según el análisis realizado en el centro, con mantener cinco minutos de cada hora las ventanas abiertas sería suficiente para que el aire esté limpio de virus y CO2. Con estos datos en la mano, se podría decir que en muchos centros han pasado frío sin necesidad.

La concentración de hidróxido de carbono está relacionada con la propagación del Covid en entornos cerrados. Si hay una mayor concentración de CO2, la calidad del aire será peor y también la acumulación de aerosoles potencialmente infectivos será más alta. Dicho de otro modo, si no hay una buena ventilación que elimine el CO2 tampoco se eliminarán los aerosoles.

Los aerosoles son pequeñas gotas que se exhalan al hablar, toser, estornudar e, incluso, respirar y tienen la capacidad de permanecer durante horas flotando en el aire circundante. Estas partículas pueden portar coronavirus si la persona que los emite está infectada y su concentración aumenta el riesgo de infección en recintos cerrados o con ventilación inadecuada. El Reglamento de Instalaciones Térmicas de Edificios recoge que en los centros educativos no se deben superar los 900 ppm (partes por millón) de CO2, aunque la Escuela de Salud Pública de Harvard recomienda que no se pase de los 700 ppm. En aquellos sitios donde las condiciones sean adversas, como pueden ser las aulas escolares, se recomienda combinar la ventilación con el uso de filtros HEPA, que retienen las partículas del aire, también los aerosoles y, por tanto, pueden reducir la posible carga viral que haya en el ambiente. Sin embargo, los expertos aseguran que nunca serán tan efectivos para la renovación del aire como abrir las ventanas de par en par. Los datos recopilados en el colegio de Valdeluz así lo confirman, y también que no es necesario pasar frío en clase para evitar el virus.

Con las estadísticas disparadas a las mismas puertas de la Navidad, es difícil adivinar que traerá el inicio de año cuando se retomen las clases. De momento no hay sobre la mesa ninguna modificación futura de los protocolos visto su éxito y sin embargo, tal vez sería recomendable recapacitar un poco y dar instrucciones sobre ventilación más claras y más acordes con los estudios. Alumnos y profesores seguro que lo agradecerían.

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