ZARA y el paradigma urbano

Por Gloria Magro.

La noticia se venía rumoreando desde hace años -literalmente desde hace años- pero con el tiro errado: lo que cierra no es El Corte Inglés de Guadalajara, ni tampoco se reconvierte en un outlet como decía la maledicencia popular, sino que sorpresivamente es el Grupo Inditex el que abandona el barco en el Ferial Plaza de Guadalajara. Cambian los hábitos de consumo y las ciudades se adaptan a nuevas formas de vida. De poco sirve aferrarnos a lo establecido, el nuevo año está a las puertas y la ciudad, que va mutando lentamente al compás de los tiempos, empieza a perfilar sus nuevas aristas. Esta es la primera de ellas.

El próximo día 26 de enero cerrarán sus puertas los ZARA, Massimo Dutti, Oysho, Pull&Bear y Stradivarius de Guadalajara. Inditex anunció su nueva política de empresa hace meses. Se trataría de potenciar la venta en los canales online y rentabilizar los locales propios en las localizaciones más valiosas a través del alquiler a terceros. Este no es el caso de Guadalajara, donde todas sus tiendas se ubican en el centro comercial, así que en principio no parecía que estuviésemos en ese listado, de ahí la sorpresa. Los puestos de trabajo no se perderán, el grupo ha ofrecido a los empleados recolocarlos e Inditex tiene una logística potente en la provincia, pero es inevitable la sensación de que la ciudad pierde el último emblema de esa modernidad que creíamos haber alcanzado. ZARA era la constatación de que estábamos por fin en primera división.

Anunciada ya la decisión por el grupo gallego, ahora cabe preguntarse si se trata de un avance al compás de los tiempos, o de un retroceso en toda regla: ¿el futuro era esto? Vayamos por partes. La pandemia ha cambiado los hábitos de consumo, no hay que ser experto en nada para intuir cambios profundos. En líneas generales, ha consolidado el canal online y potenciado la compra reposada por encima de la impulsiva. El mercado es adaptación o muerte: no se toman prisioneros ni se espera a las pérdidas, aunque se trate de una empresa milmillonaria que bien podría hacer patria en casa y dejar sus políticas agresivas fuera de nuestras fronteras. No es el caso. Los pequeños comercios de Guadalajara tal vez crean que el cierre les va a dar un respiro, al igual que se lo ha dado la imposibilidad de ir a Madrid durante estos últimos meses: a río revuelto… ganancia local, pero es posible que esta ecuación que hoy parece lógica, no lo sea tanto. Inditex va siempre por delante, anticipa tendencias y marca el camino. Su apuesta firme por el comercio online por encima de la venta a pie de calle es una severa advertencia para todo el sector y también para la economía. En el caso de Guadalajara, la tendencia daría pie a un análisis profundo acerca del devenir de la ciudad y el nuevo paradigma urbano.

Las legislaturas monocolor y sucesivas producen efectos a largo plazo, acomodan el paisaje urbano a la idea que sus dirigentes creen que es la mejor para los ciudadanos. Así, se toman decisiones, se manejan presupuestos, se otorgan concesiones y se va construyendo un modelo que tarda en emerger: los cimientos tardan en fraguar. Los votantes valoran y dan su beneplácito, elección tras elección, conscientes o no de todo el contexto. Y todo parece ir bien o al menos en un sentido meditado. Se cambian configuraciones urbanas, emergen nuevos desarrollos, se invierten caudales de dinero público durante años y un día, de repente, tenemos un modelo acabado y pulido de ciudad. Cierto es que siempre hay voces discordantes que se alzan y avisan sobre este proyecto o aquel, nunca se gobierna a gusto de todos, pero tampoco a espaldas de los demás. Las obras se anuncian, se publicitan, se extiende su ejecución durante largos periodos de tiempo y después se valoran. Y así, paso a paso, hemos llegado a 2020 y a la Guadalajara de hoy y de los próximos años, un proyecto acabado y reluciente que nos mira de frente. Ahora falta por ver si nos gusta lo que vemos. O al menos si lo reconocemos.

Contaba hace algunas semanas en un editorial para Nueva Alcarria, que hay vecinos de la ciudad que por sorprendente que nos parezca a muchos, nunca han pisado la calle Mayor ni tienen intención de hacerlo. Gente que no tiene por costumbre aventurarse más allá de la plaza de Santo Domingo ni para ir a hacer recados. Sin una oferta cultural, gastronómica o comercial atractiva, hay muchos guadalajareños de nuevo cuño que hacen su vida en los nuevos desarrollos de la ciudad. Los trámites oficiales los resuelven desde casa, cómodamente, los niños acuden a centros escolares alejados del centro y con sus lugares de trabajo fuera de Guadalajara, su sentido de la ciudad es otro, sin sentimentalismos o apegos. Más allá del barranco del Alamín se extiende una nueva ciudad, otra Guadalajara, con vecinos que tienen otras costumbres, otros horarios, otros usos y otras reglas.

Sólo con ver un mapa es fácil darse cuenta del nuevo urbanismo hasta Taracena. Limitado por la ronda Norte pero apenas ya contenido por ésta, las grúas avanzan incontenibles y no tardarán en asomarse a las terreras del Henares. Lo que hasta hace muy poco eran calles desoladas, bloques de hormigón que impedían el paso y avenidas sin vida, de un día para otro ha devenido en una nueva urbe de edificios en altura y promociones ya habitadas o de próxima construcción. Un repaso a los portales de compraventa y a las webs de inmobiliarias y constructoras dan idea de lo que se ha movido en toda esa parte de la ciudad en estos últimos años. Y también de lo que ya está en marcha, planificado. Miles de guadalajareños hacen vida en unos desarrollos que a muchos vecinos del resto de la ciudad les son ajenos y lejanos, exactamente igual que a estos nuevos guadalajareños se lo es el casco histórico o la ciudad de toda la vida.

Un recorrido por el remate de Las Cañas, por los aledaños de la ronda norte, por esas calles cuyos inmuebles se eternizaban hasta hace poco en los portales de venta de pisos dando la sensación irreal de que en aquellos andurriales no quería vivir nadie, da idea de las miles de personas que se estima que harán su vida en aquella parte de la ciudad. Sin locales comerciales donde encontrar tiendas de cercanía, sin servicios públicos de momento, ni bares, cafeterías o guarderías, la nueva Guadalajara parece una réplica de cualquier ciudad dormitorio de extrarradio. A la antigua usanza si, con todos los errores cometidos en otros lugares, pero también con las posibilidades que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance. Los servicios de delivery conocen perfectamente los nombres de las calles, por más que los demás no las ubiquemos: calle Majuelo de la Calzeta, Maruja Mallo, Juan Emilio Pérez García, María de Maetzu, María Zambrano… ¿les suenan? Lo más probable es que no, que si no se han aventurado por aquel entorno -la nueva ruta del colesterol de los paseantes- aún sigan pensando que Guadalajara se extiende a ambos lados de la calle Virgen del Amparo, discurre hasta el río Henares y poco más. Craso error.

Por un tercio de lo que cuesta una vivienda en alguna localidad del sur de Madrid y atraídos por el empleo que genera el Corredor del Henares, Guadalajara es un imán para nuevos propietarios. Un vistazo a las estadísticas demográficas desde 2000 dan idea de este crecimiento y le ponen cifras. Y son esos nuevos habitantes, con sus nuevos hábitos de vida, nuevos hábitos de consumo y nuevas economías y modelos familiares, los que configuran el presente y el futuro de la ciudad. Ellos son los que cuentan para Inditex, los que dan lugar a las políticas de crecimiento del grupo, los que determinan que se abre y que se cierra y hasta el escaparate de cada tienda de la enseña gallega. Familias jóvenes, con una renta determinada, en un tipo de vivienda tipo y con una forma de vida estereotipada y archiconocida por los expertos en mercados. Con sus hábitos rastreados por Google, por Movistar, por Netflix… la economía gira hacia ellos en todo el país. Ahora bien, ¿se les tiene en cuenta? ¿gobiernan para ellos las administraciones locales? Seguramente aún no. Los expertos en marketing político harían bien en tomar nota. Y también los expertos en urbanismo.

Como experimento ya se llevó a cabo. Baste recordar que el Centro Comercial Ferial Plaza se inauguró hace once años en pleno auge económico. Se trataba de dar servicio a la mega urbanización que se levantaría en Valdeluz, aprovechando la nueva estación del AVE. La estimación era de varios cientos de miles de vecinos que necesitarían hacer sus compras y consumir. En aquel momento, el centro comercial era el modelo comercial en boga. Esa apuesta acabó en cierto modo con las tiendas tradicionales y la vida de ciudad, con las tardes de paseo y el ambiente los fines de semana en el centro de Guadalajara. Si no fue el único culpable, tal vez si fue la puntilla final a un modelo económico que hacía aguas. Hoy, más de una década después, ese modelo está agotado. En parte porque Valdeluz nunca llegó a desarrollar el crecimiento previsto, algo que con la crisis pronto fue evidente, pero también porque en estos momentos los hábitos de consumo giran hacia otro lado. El adiós de Inditex en Guadalajara así lo señala.

El universo online trasciende a todos los ámbitos y trastoca nuestro mundo. Hasta adonde llegará no lo sabemos, pero si es evidente que está aquí y ha venido para quedarse. De momento, más allá del barranco del Alamín, por encima de Guadalajara, hay una nueva ciudad que se beneficia de estas nuevas posibilidades a golpe de click. Y no parecen necesitar nada más.

Un pensamiento en “ZARA y el paradigma urbano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .