Nacer en el lado equivocado del mar…

Refugiados

“Una razón para no proteger a un niño. Dadme sólo una”, dice Gema Ibáñez, directora de Comunicación de Cruz Roja en Guadalajara y autora del artículo. // Foto: Asis Messinis

Por Gema Ibáñez Morcillo*

“No me sentaré nunca frente a un teclado sin sentir en mi espalda el peso del Código Deontológico al que juré cumplimiento”. Me pronuncié esta frase hace muchos años. En silencio y con un bolígrafo entre mis manos. Una dura promesa que sabía podría marcar mi trayectoria no sólo como periodista, sino también como persona. Veinte años después, la rompo.

Y la rompo poniendo sobre la mesa imágenes sensibles. Siento si duelen. Pero al Código Deontológico al que me sometí sólo le rasgaré por ahí. Y porque creo, tal vez con demasiada firmeza, que mostrar la foto de Aylan o la de cientos de empapados cadáveres, o la de niños refugiados a los que no protegemos, no representa en absoluto vulnerar su honor. O su intimidad. O su derecho a la Imagen. Señores… lo que hemos vulnerado es nada menos que su Derecho a la Vida, hemos destrozado cualquier ley que les amparara dentro del seno del Derecho Humanitario. Y su imagen… es la prueba.

Nacer en el lado del mar equivocado. Ese es el “pecado” que llevan marcado a fuego los millones de niños que nacieron de un vientre de madre siria. La larga epidemia de cinco años de asedio y guerras urbanas ha obligado a que más de cuatro millones y medio de sirios hayan huído de su hogar. Y de esa su huida silenciosa y resignada, estamos siendo testigos. Sólo eso… testigos.

Recuerdo cuando era niña y el “Parte” se apagaba cuando las imágenes de niños desnutridos se reflejaban en nuestros platos de comida. Nuestra conciencia no podía con eso. Pero ahora sí. Nuestra piel es mucho más dura. Y si antes no queríamos ver porque dolía… ahora miramos y el dolor es casi imperceptible. Estamos perdiendo el estremecimiento que nos hace humanos…

"La verdadera cumbre sobre refugiados se celebra en Lesbos cada día. Allí no se negocia salvar vidas... Se salvan". Tuit de Gema Ibáñez. // Foto: Achileas Zavallis

“La verdadera cumbre sobre refugiados se celebra en Lesbos cada día. Allí no se negocia salvar vidas… Se salvan”. Tuit de Gema Ibáñez. // Foto: Achileas Zavallis

Cuando una es madre, ver la imagen de un bebé de dos años ahogado en su intento de tener una vida, arrojado por un mar que no deja de arrastrar cuerpos y lágrimas… la bofetada es de las que duelen. Porque… ¿cómo le explico a mis hijos que los niños mueren porque los mayores no somos capaces de protegerles? ¿Cómo les cuento que los flotadores de Héroes y Princesas con los que ellos jugaban a ser felices en el mar son los mismos con los que se ahogan dos pequeños al día en el Egeo? ¿Cómo…?

Cuando unos padres se arrojan al mar con sus hijos protegidos por chalecos de porexpan es porque la tierra de la que escapan es un infierno. No me apeo de este burro, ya lo siento. Y si antes con no demasiada información podía pensar que lo que buscaban era una vida mejor… ahora, con los datos en la mano, me doy cuenta de que lo que buscan es vivir. Una oportunidad de respirar. En Siria las bombas les desmembran. En el mar… hay una pequeña oportunidad.

Pero Europa no tiene piel. Estoy segura. La piel de la Europa de la que un día nos sentimos tan orgullosos es hoy un caparazón. ¡Y por supuesto que mira! ¡Y escucha!. Pero ni ve, ni oye.

Refugiados 2

Foto: Sakis Mitrolidis

Los refugiados no son de nuestra tribu. No son nuestros. La excusa más brutal y obscena que hemos podido elegir para apartarnos del hombro esta crisis que nos toca de lleno.

En Lesbos, la isla griega a la que llegan cientos de refugiados sirios cada día, el panorama es demoledor y alentador a la vez. Ni puedo ni quiero quitarme de la cabeza las imágenes de abuelos y abuelas griegos acunando a los bebés que sobreviven. Dándoles el calor que el mar les quita. Y sí… yo sí soy de esa Europa. La de los europeos. Tan distinta a la de las Administraciones… Y cuando veo los cientos de personas voluntarias que se echan a las gélidas aguas del mar para salvar refugiados cuyas barcas han naufragado… cuando veo sus sonrisas exhaustas al rescatar vidas creo, y lo creo muy fuerte, que otro mundo es posible…

Hagámonos las preguntas adecuadas y no las que ya tienen respuesta oficial. Preguntémonos por qué no se está protegiendo a los niños, por qué no hay rutas seguras, por qué no dejamos de decirles “no”, por qué las vallas son cada vez más altas, por qué nos empeñamos en lacerar sus cuerpos con concertinas cuando su condición de “refugiados” debería ser una entrada limpia…

Y dejo una última pregunta. La que yo, como madre, me repito cada día: “¿Y si fuera mi hijo?”

Gema Ibáñez, autora del artículo

Gema Ibáñez, autora del artículo

*Gema Ibáñez Morcillo es periodista. Actualmente es directora de Comunicación e Imagen de Cruz Roja Española en Guadalajara y en Castilla-La Mancha, miembro de la Unidad de Comunicación de Emergencias de Cruz Roja Española, y responsable y portavoz de @VOSTclm y VOST Team.

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