ZARA y el paradigma urbano (II)

Por Gloria Magro.

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El antiguo edificio conocido como Maragato ya tiene luz verde para su construcción. Con mucha probabilidad los trabajos empezarán este año. La novedad es que los últimos informes técnicos de expertos en patrimonio obligan a los propietarios a que los andamios deben quedar integrados en el edificio al considerarse como elementos de gran valor histórico, ya que, son del siglo pasado y difícilmente se encontrarán andamios como éste en el futuro. Son muchos los años que llevan formando parte del paisaje urbano y eso ha sido uno de los elementos que ha pesado en la decisión técnica. Nueva Alcarria, 28/12/2020

La inocentada de este año en el periódico de la provincia ha sido la mejor de los últimos años, sin ninguna duda y eso que después del anuncio sorpresivo de la marcha de Inditex de Guadalajara ya poco puede sorprendernos. El popular monumento al andamio es el símbolo de la decadencia urbana de la ciudad y también de la pérdida de identidad como una de las causas de ese movimiento centrífugo que traslada la vida desde los cascos urbanos hacia los nuevos desarrollos en construcción.

El espíritu de la ciudad“, como lo ha definido en Twitter @GuadalajaraExiste: “Eso que nos define, como nos relacionamos, como somos con los demás y con las cosas comunes. Y cómo eso se refleja también en las instituciones. ¿Porqué los Ayuntamientos han dejado morir el casco? Por que a la mayoría de los ciudadanos les ha dado igual. Y como no nos quejamos, ellos obran en consecuencia”. La cuenta @GuadalajaraArtePatrimonio, apunta en el mismo sentido: “… las dos Guadalajaras. La falta de identidad y arraigo es palpable. La falta de redes que puedan tejer puntos de acercamiento entre una y otra también es evidente”.

Fíjense bien en la fotografía de Guillermo Mangada: no hay ciudad fea sino mal retratada y Guadalajara gana en contenido, encanto y carácter a través de la lente de un fotógrafo enamorado de la ciudad. Las panorámicas que se pueden ver en sus redes sociales son bellas y sugerentes, mucho más que su correlato real. Observen la imagen. Ahí, junto al andamio eterno de la Plaza Mayor, se ve el solar de lo que fue un edificio con soportales que marcaba el contrapunto al antiguo Ayuntamiento. A su lado, la antigua Telefónica, hoy en venta, y que bien merecería ser reconvertida en lofts o apartamentos singulares pero que lleva décadas de abandono. Enfrente, perdido el edificio tradicional de La Villa de Madrid, una entidad bancaria sin carácter o personalidad pese al lugar emblemático donde se alza… Y así podríamos seguir narrando inmueble a inmueble, el devenir de todo el núcleo central de Guadalajara y expandirnos calle Mayor arriba, calle Mayor abajo. Las luces de Navidad embellecen el entorno y lo realzan pero una vez se apaguen, poco quedará de ese encanto.

Las ciudades pequeñas son el sueño de cualquier urbanista. De tamaño manejable, con poca población y cierta cohesión social, añádasele a la ecuación inicial la carencia de un gran patrimonio histórico que limite las posibilidades de actuación o las restrinja -pero que al mismo tiempo se pueda poner en valor- y ya tenemos algo así como un lienzo en blanco sobre el que poder actuar. Guadalajara podría haber sido el ejemplo perfecto y sin embargo, en algún momento, algo salió mal. En algún cajón municipal deben de estar las auditorias que varios equipos de gobierno encargaron en el cambio de siglo para actualizar el casco histórico con una actuación integral. La conclusión en ambos casos fue desoladora: Guadalajara no tenía remedio ni recuperación posible. Y parece que a posteriori se han aplicado bien desde el Ayuntamiento en hacer realidad la premisa inicial pese al enorme caudal de fondos públicos que se han derramado sobre la ciudad desde entonces. Después de la inversión del Plan Zapatero a partir de 2008 -14 millones de euros- y de la lluvia de millones con cargo a los Fondos EDUSI de la UE -23 millones de euros- desde 2016, deberíamos tener una ciudad ejemplar: estructurada, pulida y profundamente actualizada en todos los ámbitos, con un casco histórico imponente, vivo y dinámico. Es evidente que eso no es así y un simple vistazo a nuestro alrededor basta para calibrar que Guadalajara a día de hoy y desde hace mucho no es comparable a Vitoria, Burgos o Cuenca, por poner algún ejemplo similar.

Cualquiera que tenga un poco de memoria o que guste de ver fotografías antiguas, sabrá que la nuestra era una ciudad pequeña y coqueta, de dimensiones reducidas y edificios seguramente no muy lujosos pero si con encanto. Las imágenes de los años 40 y 50, incluso anteriores, nos transmiten el carácter que en algún punto del camino se perdió para no ser recuperado jamás. Las intervenciones a lo largo de la calle Mayor y aledaños han dado lugar a un pastiche arquitectónico sembrado de solares con poco o ningún atractivo para el comercio y el sector inmobiliario. Y la realidad actual es que la actividad ha huido del centro y los vecinos también. Teniendo en cuenta que el crecimiento urbano no parece estar dotando los nuevos barrios de una red comercial y de servicios adaptados a esas nuevas necesidades y que el Centro Comercial al otro lado de la A-II cada vez reduce más su oferta, aún cabría la posibilidad de reconducir la situación.

Con la fuga de Inditex de la mayor parte de las calles principales, en muchas capitales de provincia se plantean estos días que hacer para no perder un modelo que funcionaba y dotaba de vida al centro. No es el caso de Guadalajara. Aquí partimos de una situación mucho más compleja y que se arrastra desde hace décadas. Nuestro problema con la marcha de las enseñas del grupo gallego es otro y tiene que ver más con el modelo de ciudad a futuro que con el presente de nuestro casco histórico y su recuperación. De donde venimos y hacia adonde vamos como ciudad es motivo de discusión habitual en todos los ámbitos. El actual equipo de Gobierno ha anunciado para esta legislatura sus líneas de actuación urbanísticas. La más importante seguramente, la recuperación de los restos del Alcázar. Junto con la dotación del Fuerte, al otro lado de la ciudad, un proyecto singular para la cárcel, el fin de las obras del edificio Cívico y la renovación y dotación de contenido del inmueble de los Juzgados que pronto dejarán su ubicación actual, habría trabajo y proyectos más que suficientes para varias legislaturas. Es evidente que algo se mueve en ese sentido.

Guadalajara como nunca la habías visto“, decía esta semana en Twitter la segunda teniente de alcalde y concejala @Sara_SimonA. Y añadía que “otra ciudad es posible y que con esfuerzo y liderazgo lo están haciendo posible y lo están poniendo en marcha“. El último pleno municipal del año y la presentación de los Presupuestos para 2021 es buena muestra de ello. Además de las líneas de actuación municipales, las propuestas del resto de grupos políticos sobre patrimonio, regeneración de espacios históricos e incluso bienes muebles perdidos, se han multiplicado. Así, AIKE Guadalajara aboga, entre otras muchas enmiendas que van en este mismo sentido, por la recuperación de las farolas isabelinas, perdidas en alguna nave municipal. Y los grupos de la oposición se interesan por los edificios públicos que van quedando vacíos, como el de los Juzgados (VOX) y sacan con consenso sus propuestas adelante.

Tal vez sea demasiado tarde y de conseguir el tan ansiado renovado y dinámico centro histórico, éste se acabe convirtiendo en poco más que una atracción de feria artificial. La sociedad del futuro que se construye hoy o que tal vez ya ha llegado a Guadalajara es la de nuevos desarrollos alejados sentimental y físicamente del núcleo urbano. Esta realidad enlazaría con el modelo actual de sociedad individualista y desconectada, que no establece relaciones, que se encuentra cómoda en un entorno dormitorio porque a un golpe de click obtiene todos los servicios que necesita. ¿Consecuencia o desencadenante de la falta de identidad cultural del entorno? Habría que ahondar en el concepto.

La doctora en Geografía de la Universidad de Sevilla, Marta María Lorente Velasco, ha estudiado la pérdida de la identidad urbana asociada a las transformaciones del territorio que conlleva el inevitable crecimiento urbano. En opinión de esta investigadora, “La Identidad es un concepto fuertemente unido a lo social, circunstancia que no impide
que sea tratado por otras ciencias como el Urbanismo. La actividad urbanística ha ocasionado numerosos impactos sobre la identidad de los municipios, al ir creciendo sin tener en cuenta sus rasgos endógenos propios conformados por el paso del tiempo, ni su emplazamiento o localización. Es importante la detección de dichos impactos y reflexionar acerca de los motivos causantes, para frenar y evitar nuevos impactos en espacios que todavía no se hayan visto afectados”.
Es evidente que en Guadalajara llegamos ya tarde para detener esta pérdida de rasgos propios.

En este sentido ahonda la profesora y articulista Ana García. La clave en su opinión estaría en ese pérdida de carácter y vitalidad. “No sé yo cuál será el nuevo modelo de ciudad, pero lo cierto es que yo lo veo algo distinto… Pienso que Guadalajara, más que una ciudad dormitorio es una ciudad dormida. Lo cierto es que en esta ciudad no ha calado hasta ahora ningún modelo ni social, ni económico ni urbanístico que sí han tenido su momento en ciudades similares. No es la pandemia la que ha cambiado los hábitos de ciudad, no es tampoco el crecimiento de la ciudad a este lado del barranco, lo que sucede es que esta ciudad ha ido perdiendo sus señas de identidad si es que alguna vez las tuvo”, afirma. Mañana domingo en El Hexágono, su análisis completo.

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