Siete preguntas y respuestas sobre la protección del lobo ibérico.

Por Ana Lozano del Campo (*).

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Foto: misanimales.com

Desde el pasado 22 de septiembre, el lobo ibérico (Canis lupus) se encuentra dentro del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). Esto implica la unificación de su nivel de protección en todo el país, pero ¿cómo de protegido estará a partir de ahora? ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Qué ha motivado esta decisión? ¿Qué pasa en Guadalajara? Como en todas las cuestiones complejas, hacen falta ganas de aprender, consultar a las fuentes adecuadas y huir de las explicaciones simplistas o alarmistas que, lejos de facilitar el diálogo y la comprensión por parte de todo el público, solo buscan el posicionamiento fácil y caldear debates que no persiguen el entendimiento. Comunicar temas sensibles es una responsabilidad y nunca deben emplearse como arma arrojadiza.

¿Qué nivel de protección tiene el lobo ibérico a partir de ahora?

Con la inclusión del lobo ibérico en el LESPRE, la especie deja de ser cinegética en toda España, lo que solo supone un cambio al norte del río Duero, ya que al sur ya estaba protegida. Sin embargo, todavía se contempla la posibilidad de realizar “extracciones y capturas” en casos excepcionales, bajo autorización administrativa y cuando se hayan agotado el resto de opciones, según contempla la orden ministerial. Esto deja abierta la posibilidad de dar caza a individuos puntuales “cuando no exista otra solución satisfactoria”, si bien el término “extracciones” es amplio y no necesariamente debería implicar la muerte.

Sin embargo, el lobo no se ha incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas bajo la categoría de “vulnerable” porque en la petición no se aportó suficiente información sobre la evolución del estado de la especie a lo largo del último siglo. Además, antes de fin de año tiene que estar publicada la nueva Estrategia del Lobo, que el Ministerio está negociando con las comunidades autónomas (CCAA) y que acabará de definir los métodos de gestión permitidos para la especie.

¿Quién lo ha decidido y por qué?

El Consejo de Estado ha avalado la orden del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), respaldada por el dictamen del comité científico independiente -que aprobó la inclusión del lobo en el LESPRE y su exclusión del Catálogo-. La orden también fue apoyada en la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad, donde se encuentran todas las CCAA, con una mayoría de votos a favor. La propuesta de dicha inclusión y la aportación de las evidencias que la justificaban fue elaborada por la Asociación para la Conservación y el Estudio del Lobo ibérico (ASCEL).

No obstante, esta decisión debería haberse tomado hace tiempo y sin que ninguna asociación lo solicitase, ya que la Agencia Europea de Medio Ambiente concluyó que el lobo en España está en un estado de conservación desfavorable al menos desde 2013 y es, por tanto, una especie prioritaria sujeta a protección estricta según la Directiva Hábitats 92/43/CEE. El estado español, que traspuso la Directiva a la legislación española en la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, debería haber adoptado en ese momento las medidas de protección adecuadas en todo el país.

¿Cómo se puede conocer el estado del lobo en España?

Algunas ramas de la Biología, como la Ecología, la Zoología y la Etología, son capaces de arrojar respuestas bastante firmes sobre el comportamiento y las dinámicas de población de especies que llevan estudiándose durante décadas, como el lobo ibérico. Las aportaciones de las publicaciones científicas las corroboran, además, personas que pasan media vida en el campo por amor a lo que ven y a lo que aprenden, naturalistas. Su pasión les lleva a monitorizar grupos de lobos durante meses, pero también a documentarse en la literatura especializada para contrastar sus observaciones.

España cuenta con unos 297 grupos de lobos según el último censo nacional (2013-2014), casi los mismos que en el anterior (1987-1988), 294. No obstante, la salud y la continuidad de la especie en un territorio no nos la indica tanto el número de individuos como la fracción de éstos que tendrá descendencia – en el caso del lobo, el macho y hembra alfa de cada grupo – y su variabilidad genética – cuanto mayor, mejor –. El lobo ibérico, aislado de los europeos y con altas tasas de endogamia e hibridación con perros, muestra poca variabilidad y hay grupos que no se reproducen todos los años, así que, en lenguaje técnico, la población efectiva es bastante más baja que la censada. En definitiva, el lobo no goza de gran salud ni mucho menos se necesitan controles letales para gestionar su población, dañada además por atropellos, envenenamientos y furtivismo.

¿A quién beneficia esta decisión?

A todo el mundo y a nadie a la vez. La protección de un gran predador como el lobo supone la protección de todo el ecosistema al que regula, manteniendo en equilibrio la biodiversidad y, por tanto, asegurando también nuestro sustento a largo plazo. No podemos olvidar que las personas también dependemos del equilibrio del medio natural, que se regula por sí solo si no truncamos la existencia de las especies que lo componen. Por esta razón, la convivencia con el lobo no es una opción, sino una necesidad vital y viable, siempre y cuando se compartan un territorio y unos recursos que no son ilimitados. Y esto no sucede en todas las regiones del país.

Sin embargo, no conlleva ningún beneficio económico destacable, ni supone la victoria de ningún grupo de presión que haya forzado esta decisión con malas artes ni en busca de algún tipo de provecho propio. Cualquier afirmación de este tipo procede de relatos simplistas que prefieren recurrir al imaginario bélico, enfrentando a “ganaderos contra ecologistas” o a “urbanitas contra rurales”, sin ningún interés por acercar posturas ni por aclarar que ese enfrentamiento dual no es tal, si no que existen múltiples posturas, fruto de diversos intereses y sensibilidades, que pueden llegar a entenderse y alcanzar consensos a través del diálogo y la empatía.

¿A quién perjudica?

A nadie que respete la ley y entienda que el párrafo anterior, que podría tildarse de discurso ecologista, es lo que estudia y explica la ciencia de la Ecología, del griego oikos (casa, vivienda, hogar) y logos (estudio o tratado), que es el “estudio de (nuestro) hogar”, de cómo nos relacionamos entre especies y con el medio en que habitamos. Es entendible que gran parte de los ganaderos teman por su ganado y recelen de una de las pocas especies que a día de hoy pueden dañarlo, pero la protección del lobo no es un ataque contra su profesión y la mayoría de quienes celebran una, desean el éxito de la otra, pues ambas son éxitos para el medio natural.

¿Corre peligro la ganadería extensiva?

Sí, pero no a causa de la existencia del lobo, con quien convive desde el momento en que el ser humano desarrolla la domesticación de otras especies para su sustento hace varios miles de años. La crisis de la ganadería extensiva se debe a cuestiones humanas relacionadas con el abandono que sufren todas las prácticas tradicionales y rurales en la actualidad por parte de la administración. La mercantilización del sector agropecuario ha reducido la rentabilidad por cabeza de ganado, con las consiguientes pérdidas económicas, que tratan de compensar ampliando el número de cabezas, con consecuencias destructivas e insostenibles para los ecosistemas donde se encuentran. Además, la Política Agraria Común (PAC) no ayuda lo suficiente a sostener las prácticas que tratan de mantener vivo el campo y su burocracia para acceder a lo que denomina compensaciones (y no indemnizaciones) por ataque de lobo es excesiva.

Actualmente, los ataques de lobo afectan al 1% de la cabaña española según las estimaciones más reciente – algunos, incluso, los cometen perros asilvestrados o domésticos –, pero casi siempre evitables si se establecen las medidas preventivas necesarias. Pero éstas no son solo responsabilidad de quienes se dedican a la ganadería, a quienes les corresponde tener perros de defensa del ganado, cerramientos y pastoreo. De acuerdo con la Directiva Hábitat y la actual estrategia para la conservación del lobo en España, se deben adecuar las infraestructuras humanas a la conservación de las especies prioritarias como el lobo y es a la administración a quien corresponde regularlo para que su hábitat no se vea destruido por ningún otro sector, tampoco el ganadero. Mientras el lobo disponga de presas silvestres y de espacio para cazarlas, reproducirse y vivir, no tendrá ninguna necesidad de arriesgar su vida acercándose a las explotaciones ganaderas.

 ¿Qué pasa en Guadalajara?

Guadalajara es la única provincia de Castilla-La Mancha con presencia de lobo en este momento. Quienes siguen a estos grupos familiares constatan que solo hay un grupo asentado en la Sierra Norte, que ni crece en número ni expande su territorio, y que ni siquiera es el mismo que se empezó a ver a partir de la reciente expansión de la especie por estas tierras en el año 2000. Los otros dos grupo a los que a veces se menciona no están establecidos en la provincia y quienes gestionan el Proyecto de Voluntariado para el Censo del Lobo consideran que las cifran están magnificadas. Existe un grupo de unos pocos lobos que se han dejado ver alguna vez por la sierra, pero que proceden de una zona de la Comunidad de Madrid donde sufren mucha presión humana. El otro grupo se encuentra en la provincia de Segovia, al límite con nuestra provincia, por donde ha hecho algunas incursiones temporales, pero su presencia aquí no es estable.

En la Sierra Norte predomina el ganado bovino y en los últimos años han denunciado ataques. Los sistemas de prevención frente al lobo (mastines, cercados y pastoreo) no están aquí tan establecidos como en las regiones donde este animal nunca desapareció. Por eso es necesario que las explotaciones ganaderas extensivas tomen estas medidas y se adapten a la convivencia con el lobo para cumplir con la Directiva Hábitat. De este modo, también se lograría reducir su preocupación por este asunto, que no es tan grave como otros problemas ya mencionados, aunque a veces se entremezclen en denuncias públicas que no se lo ponen fácil al público general para comprender la magnitud de cada uno de dichos problemas.

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(*) Ana Lozano del Campo (Guadalajara, 1991) es graduada en Biología por la Universidad de Alcalá, con máster en Biología Evolutiva por las universidades de Groningen (Países Bajos), Munich (Alemania) y Montpellier (Francia), máster en Historia de la Ciencia y Comunicación Científica por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Además, es miembro de Ecologistas en Acción Guadalajara y deportista de alto nivel en activo; ocho veces internacional con la Selección Española de Atletismo.

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