Tormenta de cuentos

Mesa redonda sobre la ciudad de los cuentos, el pasado sábado en el salón de actos del Infantado.

Mesa redonda sobre la ciudad de los cuentos, el pasado sábado en el salón de actos del Infantado.

Por Concha Balenzategui

Cuando el Maratón de los Cuentos llevaba 20 horas de narraciones en el patio de los Leones, se producía una actividad, novedosa respecto a otras ediciones, en el salón de actos del palacio. Se trata de la mesa redonda sobre la ciudad de los ciudad de los cuentos, la discusión de una gran tormenta de ideas con las que conseguir que “Guadalajara siga siendo, todavía más, la ciudad de los cuentos”. En el debate participaban ocho expertos, pero además se invitó a los ciudadanos a expresar sus ideas en un buzón de sugerencias, tanto de forma física, como a través del correo electrónico. Algunas de ellas se mostraron en pantalla durante el acto.

Antes de asistir, ya me parecía una idea fantástica, tanto por el objetivo como por la llamada a la participación. Tanto más después de escuchar las posiciones de los ponentes: el concejal de Cultura, Armengol Engonga; el exalcalde José María Bris; la delegada de Cultura, Rocío Lopez; el antropólogo Jesús Sanz; el presidente del Colegio de Aparejadores, Jorge Riendas; el experto en narración oral Manuel Pedrosa, en representación de la Universidad de Alcalá; el director de la UNED, Jesús de Andrés; y Andrés Peláez, que ha sido durante 25 años director del Museo Nacional de Teatro en Almagro.

Hay que reconocer que no se trata de descubrir la pólvora a estas alturas. Ya se han dado muchos pasos para que Guadalajara sea la ciudad de los cuentos. Después de 25 años, nuestro Maratón se conoce en toda España, lo han recogido este fin de semana en los periódicos nacionales y lo han mostrado en televisión, y no solo nacional: el sábado por la tarde me topé con reporteros de una televisión china entrevistando narradores a las puertas del Infantado. No cabe duda de que tiene un reconocimiento internacional, tanto de la Unión Europea, que lo ha incluido en cinco ocasiones en su financiación como proyecto cultural comunitario, como por la huella que ha dejado un trabajo constante en el camino del estudio, de la investigación, de la documentación y de la difusión de la narración oral, en colaboración con instituciones de otros países.

Es evidente que la marca “Maratón de Cuentos” tiene un valor, conquistado a base de muchos años de perseverancia, de ir creciendo en actividades, en nombre y en repercusión. Algunas de las intervenciones del pasado sábado trataban de indagar qué más se puede hacer: qué actividades convertirían a nuestra ciudad en una ciudad de los cuentos durante todo el año. Ya se han dado pasos, como se apuntó: las calles con nombres de cuentos, la estatua recién inaugurada en la plaza de Dávalos, los viernes de los cuentos… Pero estos días se han sumado muchas más ideas: crear un museo de los cuentos, una cátedra universitaria, cursos de verano, solicitar la declaración del Maratón como Patrimonio inmaterial de la Unesco, “tematizar” los espacios urbanos… Todas ellas tienen sus pros y sus contras, pero merecen un debate pausado.

Una televisión china entrevistaba a narradores y espectadores del Maratón, el pasado sábado.

Una televisión china entrevistaba a narradores y espectadores del Maratón, el pasado sábado.

Pero no se trata (o no solo) de ideas y actividades. Las intervenciones del antropólogo y, especialmente, del director de la UNED, fueron esclarecedoras en cuanto a los motivos y el objetivo de toda esta cuestión. Jesús de Andrés propuso una reflexión de partida sobre la necesidad de encontrar un símbolo para Guadalajara, como lo tienen otras ciudades. Un símbolo que puede ser un monumento (el acueducto en Segovia) y no tiene por qué ser muy antiguo (la torre Eiffel tiene 125 años), ni demasiado grande (el torico de Teruel), pero que también puede ser una fiesta o un evento (los sanfermines, las fallas…). Es importante en este sentido saber si Guadalajara quiere a su Maratón y quiere que este sea su referente, su imagen de marca.

Que Guadalajara trabaje en un símbolo de carácter cultural sería fantástico. Que sea partiendo de un evento abierto y participativo (Jesús Sanz destacaba el hecho de la identificación colectiva) y que sea además inagotable como recurso (las palabras y la literatura no se acaban nunca) son ingredientes añadidos. Como ocurre con las ciudades citadas, la existencia de un referente no significa que se minusvalore otros (Notre Dame no deja de ser Notre Dame por mucho que el símbolo de París sea la torre Eiffel), ni que dejen de organizarse actividades de otro tipo (destaco por ejemplo los grandes eventos deportivos). Es oportuno, en el caso de Guadalajara, cómo se complementan el Maratón de Cuentos y el Palacio del Infantado, candidato a ser declarado Patrimonio de la Humanidad. O cómo un Museo de la Palabra, tal y como propone el periodista Rubén Madrid, uniría el Maratón, el Tenorio Mendocino, nuestras figuras literarias (como Cela, Garcíasol y Buero Vallejo) o el volapük. Algunas exposiciones que hemos visto estos días podrían ser un buen punto de partida, o los planes para abrir un museo sobre el insigne dramaturgo.

Pero es evidente que una tarea así no puede recaer en el Seminario de Literatura Juvenil, ni en el ejército de voluntarios que mueven cada Maratón, por mucho que hayan conseguido lo más importante, un evento de esta magnitud y valía. Deben implicarse intensamente el Ayuntamiento, la Confederación de empresarios y la Universidad, y a ello unirse los colectivos, instituciones y entidades que puedan aportar más visiones (colegios profesionales, asociaciones de todo tipo…).

Para empezar por la Universidad, está claro que facultades como la de Turismo y la de Empresariales tendrían mucho que decir, tanto a través de sus profesores como del trabajo de los alumnos. ¿Por qué no se promueve una implicación similar a la de la Escuela de Artes, cuyos alumnos presentan cada año proyectos para decorar el Maratón? Otras ideas, como la celebración de cursos de verano universitarios sobre la narración oral me parecen igualmente potentes. Basta tener en cuenta que cada año se concentran en el Maratón estudiosos que merecerían una escucha más reposada por parte de los interesados en el tema, con la suficiente entidad para constituir por sí solos un acontecimiento cultural, y que a veces se pierden un poco entre tanta actividad (sin ir más lejos, la ponencia que ofrecía el sábado el catedrático Maximiano Trapero).

Inauguración de la estatua en honor del Maratón, el pasado viernes.

Inauguración de la estatua en honor del Maratón, el pasado viernes. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara.

El Ayuntamiento de la capital, que apoya el evento en financiación y especies, debería plantearse una derivada de la pregunta que lanzaba el Seminario de Literatura. No solo cómo convertir a Guadalajara en la ciudad de los Cuentos, sino cómo aprovechar las sinergias que supone el Maratón de la forma más beneficiosa para la ciudad. Dicho de otro modo, cómo contribuir a generar un movimiento económico mayor, o que se extienda más allá de un fin de semana al año, ya que el beneficio cultural está fuera de toda duda. Ideas como impregnar con temas de cuentos nuestros extensos parques (otro valor de la ciudad, sus zonas verdes), rincones y plazuelas, o cubrir los solares vacíos con lonas decoradas con motivos de relatos, lanzadas por el representante de los Aparejadores, también merecen el estudio. ¿Alguien recuerda el proyecto de “parque de los cuentos” que lanzó una vecina, y que Antonio Román llegó a presentar ante la prensa para nunca más escucharse?

No podemos perder de vista dos circunstancias. La primera, que el Maratón de Cuentos no tiene ánimo de lucro, y que la mayoría de su fuerza se basa en el voluntariado, como bien ha puesto de manifiesto, con los números claros, un completo reportaje elaborado hace unos días por Nuria Fernández. El otro aspecto es que, independientemente de lo anterior, la circunstancia genera un movimiento económico, de multitud de tareas que rodean a la organización o emanan de la afluencia de visitantes: desplazamientos, montajes de escenario, de sonido, sillas, hostelería, hospedaje, comercio… Hay muchos sectores que aprovechan directa o indirectamente la celebración del evento. Y eso, bien encauzado, podría extenderse todo el mes, incluso tener rendimientos todo el año.

Voy a poner un ejemplo que vi el pasado viernes. Un bar, por cierto, bastante alejado del Infantado, anunciaba en un cartel en la puerta: “Tapas de cuento. Prueba la trenza de Rapunzel”. Creo que iniciativas de este tipo deberían ser impulsadas y explotadas colectivamente. ¿Por qué no un menú “Maratón” como se hace en ciudades turísticas con otros motivos?

La mecha esta prendida y sería bueno que tras la tormenta, estas ideas fueran calando y reposando. ¿No les parece?

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Un pensamiento en “Tormenta de cuentos

  1. Buenos días, me han pasado el enlace de la noticia esta misma mañana y me ha parecido muy apropiado leerla con calma y comentarla antes de enfrascarme en las tareas de la jornada. Hay cuestiones muy interesantes dentro del artículo, Guadalajara está en la ruta natural de va desde la cuna de Cervantes hasta la cuna del Castellano. Cela casado en segundas nupcias con otra gallega eligió sin embargo vivir en Guadalajara, junto al Henares y frente a las “Terreras de Cervantes”, un aventurero como Leguineche también se quedó por aquí, no lejos de un Doncel que posa leyendo. Garciasol, Buero Vallejo y tambien otros como José Luis Sampedro oTeresa Viejo, gentes de aquí y de allá, han escrito sobre estas tierras y plasmado su ser. Son muchos los grandes escritores como Carlos Fuentes que hablan de una “patria común del lenguaje”. Esa patria, esa geografía requiere de hitos, requiere de paisajes y requiere de ciudades en su sentido pleno. No parece que sea casual el hecho de que el espíritu del maratón de cuentos haya enraizado aquí. Sería muy interesante profundizar en estos temas y que no se apague su llama hasta un nuevo maratón. Cada piedra, cada recodo, cada plazuela tiene su parroquia y su parroquianos de toda época tienen muchas cosas que narrar.
    Las ciudades, más allá de su solidez edilicia, están formadas por las vivencias de sus ciudadanos.
    En lo que identificamos como los “centros de las ciudades” radica su espíritu, el de toda ella incluidos sus ensanches y sus afueras, sus periferias, sus arrabales antiguos y sus extensiones modernas; radica su esencia y el testimonio de la historia en letras de piedra, en textos y en la acumulación ingente de testimonios de su gentes.
    Hace unos días leía un libro de Rojas Marcos, “Los problemas de la Ciudad”. El gran éxito de este responsable médico de la ciudad de NY se cimentó en hallazgos como la introducción del español, de los idiomas nativos, en el diagnóstico de los males -sobre todo del alma- de la población de la ciudad de los rascacielos.
    Me viene a la memoria al hilo de este artículo uno de esos libros que nos recomendaron en la época de estudiantes, entre apuntes de estructuras y otros de instalaciones urbanas, era “Las ciudades invisibles” de Italo Calvino.
    Es gratificante percibir que es un deseo común todos los ciudadanos de Guadalajara el que la ciudad y sobre todo su centro vuelva a llenarse de vida, de historias y de contenido en toda la extensión de la palabra. Lo demás ha de venir, con dedicación y talento, con sentido común y con sentido de orquesta, cada cual en su papel y con sus instrumentos en la mano. La responsabilidad de que el concierto salga bien es sobre todo nuestra.

    José Antonio Herce, arquitecto. Presidente de la Demarcación en Guadalajara del Colegio Oficial de Arqutectos de Castilla-la Mancha.

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