Europa, canalla, ¡abre la muralla!

2016.08.07 1

Participantes en la Caravana a Grecia Abriendo Fronteras del pasado mes de julio // Foto: Mario Arroyo

Por Blanca Calvo *.

Tres guadalajareños –Mario de Azuqueca, un joven llamado Víctor, y yo- nos embarcamos el 15 de julio en la Caravana a Grecia Abriendo Fronterasuna iniciativa de varias asociaciones y movimientos sociales que, en poco más de un mes, habían conseguido involucrar a doscientos cincuenta ciudadanos dispuestos a ir en bus hasta Tesalónica, y después a Atenas, para protestar contra las fronteras insalvables que pone la UE y sus países miembros –incluido, por supuesto, el nuestro- a los cientos de miles de personas que huyen de sus países buscando la vida tranquila que todos queremos vivir.

No sé cuáles fueron los motivos que animaron a esos dos compañeros, y a los otros doscientos cincuenta, para emprender un viaje de diez días y diez mil kilómetros en condiciones incómodas. Casi estoy por decir que ni siquiera sé cuáles eran los míos. Creo que me subí a ese autobús para “hacer algo” que aliviara, aunque fuera un poquito, ese sentimiento de impotencia que muchos tenemos al ver a miles de personas empantanadas en condiciones penosísimas –o peor: ahogadas en el mar- después de haber tenido que abandonar su país. Con lo que debe de costar cerrar, quizá para siempre, la puerta de tu casa y emprender un camino en el que la muerte ronda. Quizá me subí a ese autobús porque puedo ponerme en la piel de esas personas y me gustaría que, si algún día alguno de los míos, o yo misma, nos viéramos en su situación, alguien “hiciera algo”, aunque fuera tan modesto como hacer un viaje en bus para protestar ante las instituciones políticas que, pudiendo hacerlo, no solucionan el problema

Esa capacidad de empatizar con los que sufren, por suerte, está muy extendida: una encuesta realizada recientemente por Amnistía Internacional entre veintisiete mil personas de veintisiete países indica que “La inmensa mayoría de la gente (80%) recibiría a personas refugiadas con los brazos abiertos, y muchos estarían incluso dispuestos a acogerlas en su propia casa”.

Más allá de las encuestas, en nuestro propio país cientos de ayuntamientos han abierto registros para que se inscriban quienes estén dispuestos a colaborar de una manera u otra en la acogida de personas refugiadas, y muchos miles hemos respondido a esa llamada. Por eso resulta del todo incomprensible que nuestro gobierno no se apresure a acoger, para empezar, a las 17.337 personas que la UE le ha adjudicado.

La Caravana a Grecia Abriendo Fronteras llegó a Tesalónica el lunes 18 de julio, con el discutible honor de ir “escoltada” por la policía griega desde el mismo momento en que pisó el país hasta que lo dejó. Ese mismo día, los viajeros nos instalamos en el Campus de la Universidad Aristóteles, ya ocupado por caravaneros de otros países, fundamentalmente alemanes y griegos. Era una acampada no autorizada pero, a pesar de que a mi edad me resulta más difícil que antes desobedecer a las instituciones, allí planté la tienda y allí dormí varias noches porque pienso que, en circunstancias extraordinarias está justificada la desobediencia civil, y la emergencia humanitaria que se está viviendo en las fronteras de Europa es una de esas circunstancias. Vaya en mi descargo que contribuí a mantener limpio el campus, incluidos sus servicios higiénicos.

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Campamento No Border. Universidad Aristóteles de Tesalónica // Foto: BC

Aunque hubo posibilidad de visitar algún campamento de refugiados no lo hice: las plazas eran limitadas y otras personas estaban más interesadas en ir (no sé si a mí me gustaría recibir visitas estando en las condiciones precarias en las que están ellos). Pero, acampadas en la Universidad, tan lejos de su pasado como del futuro al que aspiran, había familias que podían ser la mía, con niños que podían ser mis nietos. Profesores de universidad con hijos sin escolarizar desde hace tres años. Músicos que no pueden dejar de tocar a pesar de los pesares. Personas como nosotros, atropelladas por la geopolítica mundial.

Sí participé en las acciones políticas de la Caravana. Un día nos acercamos a los campos de refugiados de Paranesti y Xanthi, que deben de ser muy parecidos a los CIE españoles. En el primero dejaron entrar a una delegación de veinte personas, médicos, abogados y periodistas, que pudieron ver la precariedad y el aislamiento en el que viven. En  Xanthi no se dio esa posibilidad, y hubo momentos de mucha tensión.

Otro día intentamos acercarnos al campo de Idomeni, en la frontera con Macedonia, ahora vacío por haber sido trasladada la gente que allí vivía a otros lugares. Nos proponíamos hacer una performance que terminaría con el grito unánime de ¡Vergüenza!, pero la policía no nos dejó llegar hasta la misma verja y tuvimos que hacerlo en un espacio desde el que ni siquiera se veía el campo.

En la tarde del jueves 21 marchamos por las calles de Tesalónica en una gran manifestación encabezada por refugiados. Los cantos, los bailes, los muchos niños presentes y la fuerza con la que gritábamos “Abrid las fronteras” me dejaron la sensación, ojalá no engañosa, de que, unidos, conseguiremos abrirlas en un futuro cercano. He ido a muchas manifestaciones en mi vida pero ésta me ha dejado una huella especial, quizá por ir acompañando a unas personas que, aquel día, debieron de sentirse menos abandonadas.

El encuentro con la dura realidad se produjo cuando quisimos hablar con el embajador español en Grecia. La Caravana había pedido cita antes de salir de España, y nos contestaron que nos recibirían. Una delegación se acercó en la mañana del viernes 22 a Atenas, pero el embajador estaba de vacaciones y fue recibida por un cónsul. Recibida, sí, pero en la calle, sin una invitación a entrar, sin que ni siquiera se le diera la posibilidad de registrar oficialmente un escrito en el que se expresaban nuestras peticiones. En la tensa conversación mantenida con el cónsul, los miembros de la delegación pusieron a su disposición los cinco autobuses de la Caravana para que doscientos cincuenta refugiados pudieran trasladarse inmediatamente a España (ya volveríamos nosotros como pudiéramos), y así cumplir una pequeña parte del compromiso de acogida suscrito por nuestro país. Excuso decir que esa propuesta no fue siquiera considerada por nuestra embajada.

Al día siguiente, la Caravana en pleno se acercó hasta allí para protestar por el mal trato recibido la víspera. Ante la puerta, cerrada a cal y canto, hicimos una pequeña escenificación de la tragedia que todos los días ocurre en el Mediterráneo. Hubo quienes quemaron sus pasaportes, y ciertamente da vergüenza pertenecer a un país que en el pasado ha presumido de hospitalario y ahora acoge a las personas que lo necesitan con un estrechísimo cuentagotas y por obligación.

Visto a posteriori creo que la caravana tenía dos misiones fundamentales: el inmediato, exigir a la UE y a los gobiernos que solucionen de una vez el problema de los refugiados. El segundo, no menos importante, dar visibilidad a la tragedia por la que esas personas están pasando, para que los ciudadanos con sensibilidad no la olviden. No sé en qué medida se han conseguido esos objetivos, aunque a estas alturas de mi vida pienso que todo lo que se hace vale para algo. Si lo miro con optimismo pienso que quizá estemos en el germen de un movimiento ciudadano de base, similar al que hace años exigía que se dedicara el 0,7% del dinero público a cooperación para el desarrollo. La gente que entonces se comprometió podría movilizarse de nuevo, y falta hace. Porque Grecia, al menos, da facilidades a quienes quieren pedir asilo, pero nuestro gobierno ni siquiera eso. En un estudio dado a conocer el 20 de julio pasado, la Defensora del Pueblo urge al gobierno para que permita la petición de asilo en nuestros consulados y embajadas, porque ahora esa posibilidad no existe. Y también que haga ese derecho accesible en Ceuta y Melilla.

Para mí la Caravana a Grecia Abriendo Fronteras ha sido un viaje impactante en el que, como Kavafis aconseja en su poema Ítaca, he procurado llenarme de experiencias. He conocido personas que me seguirán acompañando en el futuro. He gritado a pleno pulmón las palabras que dan título a este artículo, y me he hecho muchas preguntas, incluidas algunas sobre métodos de protesta con los que no comulgo. Pero creo que, si se organiza una segunda Caravana, esta vez a nuestras propias fronteras, más inexpugnables y cercanas que las griegas, allí volveré a estar. Ojalá que, si eso se produce, los autobuses sean muchos más de cinco.

De momento, mientras eso llega, intentaré contribuir, con las personas e instituciones que sienten suyo el problema de los refugiados, a formar una Red Solidaria de Acogida local similar a las que existen en otras ciudades, para trabajar con ellas. Porque hay muchas personas que nos necesitan.

Para ver más imágenes de la Caravana:  http://www.tmex.es/category/caravana-a-grecia/

Blanca Calvo ha presentado esta semana su renuncia en la candidatura al Congreso con Podemos. Foto: Guadaqué.

Blanca Calvo. // Foto: Guadaqué.

* Funcionaria jubiliada, Blanca Calvo fue directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara desde 1981 hasta 2013. Impulsora desde hace 25 años de uno de los eventos más importantes de la ciudad, el Maratón de Cuentos, también ha desempeñado cargos públicos, entre los más destacados los que la pusieron al frente de la Alcaldía de Guadalajara en 1991-1992 y de la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha entre 2005 y 2007.

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Un pensamiento en “Europa, canalla, ¡abre la muralla!

  1. Me ha gustado mucho tu relato del viaje a Grecia. Aparentemente no ha pasado nada, no se ha conseguido nada, el Gobierno hace oídos sordos a tanto grito pidiendo justicia, humanidad, pero insto a personas como tú Blanca, o como Victor o como tantas otras que no cedais, que sigais hablando de ello para que no deje de estar presente.Que no sea como una película en el cine, que te hace llorar, te encoje el corazón, pero sales a la calle y la tragedia se ha quedado en la pantalla. Esta tragedia sigue día a día, minuto a minuto, y hay qiue mantener viva esta realidad. Aquí no se encienden las luces, aquí el sufrimiento de miles y miles de personas sigue invadiendo la pantalla de Europa. No hay puerta de salida. Persigamos constantemente la constatación de unos hechos tan terribles para que nadie pueda decir que no era consciente de lo que estaba pasando.

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