Casualidades y planes de empleo

Alfonso Esteban, teniente de alcalde, junto con Isabel Nogueroles, concejal de Empleo. // Foto: Ayto. Guadalajara

Alfonso Esteban, teniente de alcalde, junto con Isabel Nogueroles, concejal de Empleo. // Foto: Ayto. Guadalajara

Por Patricia Biosca

El runrún se venía gestando desde hacía semanas y desde el PSOE ya lo habían advertido: el Ayuntamiento de Guadalajara no se pronunciaba acerca de si se sumaría al Plan de Empleo Extraordinario de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y se hacía “el sueco” como cuando sonaron las trompetas del cambio de posición a un rango mayor del alcalde de Guadalajara, Antonio Román. Este lunes era Alfonso Esteban, teniente de alcalde del consistorio, flanqueado por Isabel Nogueroles, su homóloga de Empleo, quien confirmaba que la capital no se sumaría a uno de los planes estrella de Emiliano García-Page. “No vamos a seguir participando en un plan que genera cero inserción laboral y que puede ocasionar que los ayuntamientos adheridos tengan que hacer frente a indemnizaciones millonarias, como ya les está ocurriendo a numerosas localidades españolas”, argumentaba Esteban en rueda de prensa, enumerando unas razones que, aunque bien hiladas (han tenido tiempo en estas semanas durante el periodo de alimentación de esa incertidumbre que tanto parece gustarles), escaman hasta al menos puesto en política local.

Según ha afirmado el teniente de alcalde, estos empleos suelen tener una duración finita: los seis meses que marca el convenio. Después, paro. Por otro lado, ha asegurado que este tipo de iniciativas han generado acciones legales contra los ayuntamientos (no la Administración regional competente) por despidos improcedentes o por desigualdad entre los salarios de los funcionarios “oficiales” y los “oficiosos”, dando ejemplos: “Gijón tendrá que pagar 5,5 millones; Avilés, 1 millón; Oviedo 2,5 millones; Langreo, 400.000 euros…”. Además, y aquí ha llegado la vehemencia del discurso, ha tachado las declaraciones del consejero de Sanidad (que no de Empleo) de “groseras”. “Dijo que el Ayuntamiento se dedicara a sus cosas y que la Junta se dedicaría a las suyas. Yo digo lo mismo: el empleo es una competencia regional; que el Gobierno de Castilla-La Mancha, entonces, destine más recursos a ello y trabaje de un modo efectivo en la generación de puestos de trabajo”.

Hasta aquí, todo correcto en el discurso. En la misma rueda de prensa, Nogueroles hinchaba pecho sobre la publicación en el BOE de una convocatoria para que las empresas contraten a jóvenes que han realizado un curso de venta online y marketing digital en la Escuela de Organización Industrial (EOI) durante el año pasado. Este convenio se sufragará a través del acuerdo entre el Ayuntamiento y la Fundación EOI, además de estar cofinanciada en casi un 92% con el Fondo Social Europeo. El contrato tiene como máximo una retribución de 4.500 euros y una duración mínima de 6 meses. La concejal de Empleo ha aseverado que este plan (perdón, “convocatoria”; “plan” es solo para referirse a la idea de Page y hay que diferenciar) servirá para que “los alumnos que se han formado o se están formando bajo este programa tengan una oportunidad real de trabajo”.

Vayamos al Plan Extraordinario de Empleo de la Junta: promovido por el Gobierno regional, cada ayuntamiento sufraga el 67% del coste total. El resto se paga a través de la Diputación provincial y el Gobierno regional, que según el consistorio alcarreño, “solo aporta el 4%”, ya que el resto procede de fondos europeos. Duración de los contratos: seis meses. Retribución: 8% por encima del Salario Mínimo Interprofesional.

García-Page en la firma del Plan Extraordinario de Empleo con los secretarios regionales De UGT y CCOO. //Foto: JCCM

García-Page en la firma del Plan Extraordinario de Empleo con los secretarios regionales De UGT y CCOO. //Foto: JCCM

¿Diferencias? El dinero que aporta el Ayuntamiento de Guadalajara entre uno y otro y el origen del empleo: de un lado incentiva a las empresas, del otro, al contrato público. Similitudes: seis meses de contrato. Aunque el “tufillo” a Plan E se huela de lejos en el plan ideado por Page, la precariedad de estos contratos sigue siendo la misma: pan para hoy, hambre para mañana. Algunos dirán que es mejor esto que nada, pero entonces no parece justo enarbolar la bandera de la sabiduría infinita. ¿La precariedad es menos precariedad cuando la ejerce una empresa privada porque las culpas no recaen directamente sobre la administración pública? Solo es una pregunta sin maldad, lo juro.

No tardaba el PSOE en opinar sobre el anuncio: el diputado del PSOE en las Cortes de Castilla-La Mancha, José Luis Escudero, pedía explicaciones a Román (a lo mejor es que pedía la interlocución directa con el alcalde, sin pasar por tenientes alcaldes, vicealcaldes, subalcaldes y casialcaldes) y criticaba que “le dedica un ratito al Ayuntamiento, otro ratito a la sanidad pública, otro ratito a su consulta privada y ahora otro ratito al PP” y que por ello no está “por la labor de atender la prioridad de sus ciudadanos, que es la creación de empleo“. Pero ni rastro de una contestación del argumentario de Esteban. Puede ser que la pregunta le pillase en frío y deba apuntarse la estratagema del tiempo pausado del equipo de Gobierno del consistorio y menos la reacción cerilla del tempus fugit.

Si hay algo que no se le puede discutir al Ayuntamiento, aunque se pronuncie tarde, es de haber estudiado el argumentario: aunque esté cogido con pinzas, son de buena calidad. Pero no olvidemos que se cierran sobre la cuerda de la política, que está en constante bamboleo, más si hay tormenta. Pero tengo una pregunta: ¿Habría pasado lo mismo si María Dolores de Cospedal fuese presidenta de Castilla-La Mancha? Es fácil imaginar la respuesta en el caso del consistorio alcarreño: seguramente el plan sería distinto, mucho mejor a todas luces, sin ningún resquicio de fallo. Pero también es sencillo elucubrar el argumento del PSOE de Guadalajara en esa situación, y se asemeja mucho a la que ahora da el PP en el Ayuntamiento. “Las casualidades no existen”, que diría Carl Jung, coleguita de Freud. Y yo añado: menos en la política.

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