Se inicia el curso (electoral)

Por Borja Montero

Se acerca peligrosamente el mes de septiembre y, aunque en Guadalajara pareciera que la normalidad rutinaria no comienza hasta que terminan las Ferias y Fiestas, muchos ya están preparados para el inicio del curso habitual de los acontecimientos. No solamente aquellos que tienen que forrar sus libros, sacar punta a sus nuevos lápices y dar vida a mochilas y estuches, sino también aquellos que, cuando vuelvan a la oficina o a la obra, encontrarán todo más o menos igual hacen estos días un acto de contrición para afrontar lo que se les viene encima en unos días, que no es otra cosa que volver a lo más que conocido.

En el terreno político, sí encontramos un factor que influye intensamente en el curso que va a comenzar: las elecciones municipales y regionales de la próxima primavera. La cercanía de los comicios va a hacer que el tiempo que queda hasta la celebración de los mismos sea bastante distinto a los tres años anteriores. En estos últimos días del mandato, poco importan las alianzas estratégicas que hayan regido el periodo, las restricciones presupuestarias de otros momentos de la legislatura o la actividad más o menos intensa desde mayo de 2015. Ahora cada cual intentara diferenciarse del de al lado y reivindicarse como la solución más acertada a los problemas, idiosincrasias y entresijos del pueblo, ciudad, provincia o región en juego.

En el caso de Guadalajara capital, el terreno de juego tiene una serie de condicionantes distintos a los de partidos anteriores. Así, el Partido Popular, que en las últimas elecciones podía actuar con cierta altanería al atribuirse para sí todos los méritos de la gestión en mayoría absoluta, ahora tendrá que hacer un esfuerzo si quiere regresar a esa posición de fuerza, un objetivo prácticamente imposible en el actual panorama político pero la única manera de volver a gobernar tal como a esta formación le gusta, sin tener que hacer demasiadas concesiones al resto de grupos políticos y sin tener que dar demasiadas explicaciones, tal como se ha podido comprobar a lo largo de los últimos años tanto con el PP local, intentando sacar adelante todo lo que podía en Junta Local de Gobierno y otros órganos internos para no tener que debatir en el Pleno y tomando por el pito del sereno todas las mociones e iniciativas planteadas por el resto de partidos y que recibían el sí del plenario municipal, como el nacional, gobernando hasta la moción de censura a golpe de decreto del Consejo de Ministros y con la tramitación de leyes, incluso de presupuestos, totalmente paralizada en el Congreso de los Diputados.

La meta de los populares es, como avanzaba hace unas líneas, irrealizable. El buen puñado de votos que le harían falta para poder ganarse nuevamente la representatividad de trece concejales no parece matemáticamente probable ni mirando a la izquierda ni a la derecha. Ciudadanos, a pesar de que su papel como oposición moderada de cara al público y socio complaciente en conversaciones internas, no parece que vaya a desaparecer del panorama político local, sino que, por el contrario, pretenderán ganar mayor representación en el Pleno guadalajareño en las próximas elecciones, quizás incidiendo más en un discurso de desgaste del PP por cuestiones nacionales, de falta de vigencia y de corrupción, que por su exiguo bagaje local, compuesto principalmente por mociones bienintencionadas pero de escasa profundidad, peticiones extemporáneas y argumentos falibles o evidentes. Por el otro lado, el PSOE lo tiene muy complicado para obtener un resultado peor que hace cuatro años. Las aguas están más o menos calmadas en el seno de la organización, más por el ascenso de Pedro Sánchez a La Moncloa que por un verdadera solución de las cuitas internas del partido, y su labor de oposición a lo largo de estos años ha sido notable, por lo que la única incógnita a resolver será si el nuevo cartel electoral podrá hacerse con el beneplácito del tradicional votante del PSOE.

La guerra de Ahora Guadalajara, por su parte, es otra. Después de tres años de trabajo sincero y exhaustivo en la oposición, los próximos meses la organización no tendrá más remedio que mirarse a sí misma. Como movimiento de confluencia ciudadana que es, no dispone de una estructura estable sobre la que asentarse sino que, cuatro años después, hay que volver a levantar el edificio, algo que, evidentemente, restará algo de vitalidad a los cuatro concejales de la Corporación en los meses previos a las elecciones, en los que habrá varias asambleas semanales para discutir nombres, listas, ideas y proyectos.

Así, en apenas un par de días, la normalidad vuelve a las vidas de todos menos a las de nuestros políticos, que se enfrentan a uno de los cursos más importantes de sus carreras, el que puede marcar su continuidad en los puestos que ocupaban hasta el momento, su ascenso a posiciones de Gobierno o su descenso a la bancada de la oposición.

Seguiremos informando.

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