Águedas de palo

Por David Sierra

Si hay una fecha en la que el vestido de alcarreña ofrece más juego es, sin duda, el inicio de febrero. Es en esta época cuando las numerosas hermandades en honor a Santa Águeda llevan a cabo las celebraciones en torno a esta fiesta que tiene lugar como fecha oficial el 5 de febrero. Cada municipio, cada grupo, lo vive a su manera, tratando de perpetuar aquellas tradiciones y costumbres que han ido pasando de madres a hijas. La cita suponía también el primer coletazo a una sociedad dominada por las formulas patriarcales. Una manera de decir, con la boca pequeña, que las cosas pueden cambiar. Que deben cambiar.

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Fiesta de Santa Águeda en Espinosa de Henares.

Santa Águeda representa el sufrimiento de la mujer. Es un vestigio del ostracismo social al que era relegado su papel. La convocatoria anual en la que le levantaban su castigo para ocupar un espacio completamente desconocido. Santa Águeda era una fiesta de bufonadas, de desmanes, del flirteo ante lo prohibido. Y de la reconquista final que suponía la vuelta al orden establecido y al sometimiento. Gracias a Dios, esas conductas y esos valores han cambiado. Queda viva la carcasa de la celebración, pero su esencia se ha transformado de tal forma que se ha convertido en una gran imploración feminista, quizá la única en pequeñas localidades pero indispensable para entender el nuevo orden social.

La mujer en el mundo rural también ha evolucionado. Quizá los pasos no hayan sido tan importantes como en el ámbito urbano. Quizá tenga algo que ver el hecho de que resulte más dificultoso independizarse en un entorno donde la dependencia física y moral es aún demasiado tensa. Las políticas de género en los pueblos se afianzan por reiteración, hasta que se convierten en costumbre. La brecha sigue siendo amplia en materia laboral, por ejemplo. Pero sin duda alguna, uno de los motivos por los que nuestros pueblos languidecen de una manera más pausada es porque quienes más apuestan por el medio rural de cara al futuro son mujeres.

La puerta a la empleabilidad de la mujer en el ámbito rural es mucho más amplia que para los hombres cuya ocupación se limita al mundo agrario. La asistencia a la tercera edad, al hogar y otras dependencias, y la apuesta por modalidades de negocio alejadas de las rudimentarias, tal como la hostelería y el pequeño comercio o servicio online están empezando a tener protagonismo como alternativas económicas. Una pequeña luz al final del túnel. Cuyo impulso, en la mayor parte de los casos, tiene su germen en el doble cromosoma. Mujeres dueñas de su destino.

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Carolina Agudo, secretaria regional del Partido Popular.

Luego están aquellas otras que nunca fueron capaces de sobreponerse a los cambios. Aquellas negacionistas de la evolución. Que no entienden que no es precisamente en los pueblos donde mayor número de abortos voluntarios se practican. Que piensan que Santa Águeda era lo de antes y no lo de ahora. Las ‘águedas’ de palo. Aquellas mujeres esperpénticas en sus manifestaciones, que mezclan churras y merinas sin entender que no puede haber pasos atrás. Mujeres capaces de relacionar aborto con despoblación como si la primera fuera la causa de la segunda. Sin comprender que la despoblación es, simplemente la consecuencia de la huida de quienes buscaban una vida mejor.

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