La España mareada

Por Sonsoles Fernández Day

Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, lo ha dicho ya en varias ocasiones, no será obligatorio el uso del pasaporte COVID en nuestra región. Mientras que la mayoría de las Comunidades Autónomas están tomando medidas ante el aumento de casos de Covid-19 y la aparición de la nueva variante Ómicron, y se preparan para los movimientos de población del inminente puente de diciembre y los viajes y reuniones de las fiestas navideñas, Madrid, La Rioja, Extremadura y Castilla-La Mancha, encuentran innecesario el uso del pasaporte COVID. Al menos por ahora, que ya sabemos cómo puede de repente cambiar el panorama.

Las diferencias de criterio y normativas entre unas comunidades y otras nos suenan de otros momentos de la pandemia, según el nivel de contagios y casos de cada zona cada uno llevaba su ritmo después del estado de alarma. Lo mismo está ocurriendo ahora con las medidas contra la llamada sexta ola, si es que alguien sabe realmente los vaivenes que llevamos, y el certificado COVID. Emiliano García-Page preferiría que hubiera consenso entre las Comunidades Autónomas y el Estado. ‘Hay que pactar lo que haya que decidir porque si no la gente se marea’. Lamentablemente, no hay pacto ni consenso. Y, cuánta razón tiene Emiliano, España está mareada.

El certificado COVID, como se conoce oficialmente, o pasaporte COVID, como dice la prensa por darle algo más de pompa al documento, acredita que la persona ha sido vacunada contra la Covid-19, se ha recuperado de la enfermedad o tiene una prueba negativa en las últimas 48/72 horas. Es la prueba para poder viajar entre países y para acceder a muchos interiores. Se puede llevar descargado en el móvil o en papel y se solicita gratuitamente en la página de cada comunidad o a través del Ministerio de Sanidad. Así de fácil. A través del SESCAM se consigue en unos minutos, nada que ver con lo que se puede tardar en conseguir una receta para un simple protector estomacal o ibuprofeno de 600 mg, por poner un ejemplo.

Les ahorro la extensa lista del mareo de restricciones por comunidades, dónde le van a pedir el pasaporte COVID y en qué situación. Para los afortunados que se van de puente lo más sencillo es llevarlo encima, descargado o impreso, y enseñarlo cuando se lo pidan.

La pregunta ahora es si realmente sirve para frenar el virus. La Ponencia de Alertas, el grupo formado por técnicos del Ministerio de Sanidad y de las comunidades que se encarga de asesorar sobre medidas para el control de la pandemia, no lo cree. Para ellos, aún no se ha demostrado que ayude a reducir los contagios. No es lo mismo estar vacunado que estar inmunizado, podría dar una falsa sensación de seguridad y el riesgo está en que la gente se relaje en los interiores, considerando que solo con haber enseñado el certificado ya están a salvo del virus. También creen que estaría más justificado solicitar el certificado para entrar en centros sanitarios que en bares o en lugares de ocio. No es por desanimar a los expertos asesores, pero la gente se relaja en interiores de ocio siempre, habiendo o no enseñado un certificado.

Fernando Simón, el director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, el de la almendra, tampoco cree en la eficacia del uso del certificado COVID. ‘Si todo el mundo está vacunado, ¿para qué necesitas saberlo cada vez que entras en un bar?’. Será porque no todo el mundo está vacunado. Una vez más, las reflexiones de Simón, el experto en pandemias, nos dejan boquiabiertos.

Sí es posible que desde que se pide el certificado COVID haya habido un aumento en la vacunación en toda España. Algunos han cambiado de idea y prefieren vacunarse a perderse un sarao. El miedo a quedarse fuera de un evento o a no poder hacer un viaje son motivos para una primera vacuna, tanto como el miedo a las nuevas variantes y a un contagio a las puertas de la Navidad. Aunque lo que principalmente ha supuesto un incremento en las vacunaciones han sido las terceras dosis que se han administrado a los mayores de 70 años y a los sanitarios.

Si el pasaporte COVID es un mareo a nivel nacional, la variante Ómicron lo es a nivel mundial. Aún se desconocen datos sobre su transmisibilidad, reproductividad y patogenicidad, es decir, sus poderes. Los científicos tendrán que estudiarla, como hicieron con la variante Delta. Sin embargo, los medios opinan libremente creando pánico, los países toman medidas, se cancelan vuelos y se imponen nuevas restricciones. Esto es el Never ending story.

Pero la vida ahora transcurre y se mide en burbujas. Las variantes llegan de países lejanos donde apenas tienen un 20% de la población vacunada mientras el primer mundo va por la tercera dosis. España está a punto de alcanzar un 80% de la población con la pauta completa. Castilla-La Mancha está ‘entre las tres mejores comunidades autónomas donde mejor evoluciona la pandemia’. Y Guadalajara tiene su Navilandia, con sus luces y sus cacharritos. Aquí estamos tan felices. Tal vez deberían pedir el pasaporte COVID a los de fuera para subir a la noria. Por tomar alguna medida, si eso.

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