Sin concordia con los libreros

Por Concha Balenzategui

En vísperas de la celebración del Día del Libro, hemos sabido, por “CulturaEnGuada”, que este año no se celebrará la Feria del Libro en Guadalajara. El desencuentro entre el Ayuntamiento y los libreros, por su ubicación, patente desde que el año pasado la Feria se trasladara a la plaza Mayor, ha ido enconándose de tal forma que no habrá casetas a mediados de mayo. Y es, sin duda, un gran lunar que quedará en el calendario cultural de la capital. A mí me produce tristeza que perdamos esa cita con los libros, la charla, los autores, la poesía y la primavera. Desde luego, si este es el modo de celebrar en Guadalajara el IV Centenario de la segunda parte del Quijote, nos estamos luciendo.

Había demasiadas pistas en el aire para sospechar que la cita de este año no iba a ser fácil. Ya se venía barruntando esta ausencia desde hace meses, porque no se estaba produciendo el ritual de los preparativos de los últimos años que venía marcando el Ayuntamiento con sus notas de prensa. Nada se ha publicado de la reunión que en los años anteriores mantenían los representantes del Patronato de Cultura con los libreros en el mes de enero o febrero, ni de la llamada pública a los interesados en ocupar las casetas. Tampoco se convocó el concurso del cartel anunciador, que siempre se fallaba en marzo.

La ausencia de estas convocatorias en la prensa local había pasado desapercibida para muchos hasta que, el pasado 2 de marzo, Antonio Herrera Casado, cronista provincial, divulgador y editor, presente en todas las ediciones que recuerdo con Aache, preguntaba en Facebook a los seguidores del grupo “No eres de Guadalajara si…” si preferían la plaza Mayor o la Concordia. Más de 300 personas respondieron, y aunque no hay ningún rigor demoscópico en el experimento, el resultado era demoledor: Casi el 90 por ciento prefería el parque. Demasiado abrumador como para hacer oídos sordos. Herrera Casado ya anunciaba entonces que el Ayuntamiento estaba empeñado en repetir la ubicación de la plaza Mayor, aunque a muchos libreros no les convencía. La opinión de estos sí estaba contrastada empíricamente: En la encuesta realizada al finalizar la última Feria del Libro, solo 2 de los 18 expositores participantes manifestaron que preferían que las casetas se ubicaran junto al Ayuntamiento.

Fotografías que ilustraban la pregunta de Herrera Casado en Facebook.

Fotografías que ilustraban la pregunta de Herrera Casado en Facebook.

¿Las razones de unos y otros? Pues en general, las que ya apuntaba la concejala de Cultura, Isabel Nogueroles, en el año 2009, cuando decidió trasladar la Feria de la plaza del Jardinillo a la Concordia: Que es “un espacio más amplio y abierto a muchas posibilidades”. La edil acertaba entonces, inaugurando un modelo de Feria que ha ido  creciendo en público y sobre todo en actividades. Probablemente las ventas no han acompañado tanto como se quisiera durante los cinco años de concordia entre el Consistorio y los libreros, pero está claro que en la plaza Mayor descendieron de modo radical. Y no se puede echar la culpa al mal tiempo (hizo un sol esplendoroso en los días de la Feria, el año pasado), ni a la crisis, con la que llevamos conviviendo demasiados años.

La Feria del Libro ha tenido tres emplazamientos en las últimas décadas, que yo recuerde. Uno tradicional, en el Jardinillo, que este año también se ha ofrecido como alternativa; otra que gustaba a los expositores y respaldaba el público, en el parque de la Concordia; y otra que se intentó el año pasado, y no terminó de convencer. Lo analizaba “CulturaenGuada” al final de la Feria de 2014, aunque a los que estuvimos un par de veces y habíamos saludado a los libreros no nos sorprendió. El calor, la falta de espacio para los niños, hacía que todos echaran de menos la Concordia. Como experimento, puede tener un pase un año. No se puede decir que no se intentó. Pero repetir el error sería de necios.

No voy a negar que el Ayuntamiento está cargado de razón en querer dinamizar el casco con actividades. Pero no se puede forzar a que todo pase por la calle Mayor, pese a quien le pese. ¿Por qué no nos llevamos a la plaza Mayor la peña Caracol, en la semana de Ferias, o los encierros, como ya ha propuesto algún partido? Hay que recordar que el Consistorio fue criticado cuando la procesión de la Antigua o la cabalgata de Reyes dejaron de pasar por la calle peatonal, y también cuando el Pregón de Peñas se trasladó del palacio del Infantado. Y en esos momentos fueron sensibles a la opinión generalizada de los vecinos, los peñistas, los feligreses y los comerciantes. Por eso no entiendo la cerrazón de esta ocasión. Si todo tiene que pasar por la plaza Mayor, ¿organizará aquí Nogueroles el próximo Solsticio Folk, o no tocará lo que tan bien funciona, y lo dejará en el Merendero de San Roque? ¿Y la paella que todos los años hace el PP para sus afiliados y simpatizantes? ¿Ya no les permitirán hacerla en La Concordia? ¿Estarán los populares obligados a torrarse en la plaza Mayor entre grano y grano de arroz?

Hay algunas consideraciones más que quiero aportar a este debate. Una ya la hice en mi respuesta a la pregunta de Herrera Casado, y es por qué ese empeño en defender una hostelería y un comercio de la calle Mayor y Miguel Fluiters, que, dicho sea de paso, de forma mayoritaria permanecía con las verjas cerradas el sábado por la tarde y todo el domingo durante la pasada edición de la Feria del Libro. Me pregunto si los comerciantes y los hosteleros de La Llanilla, o los de la Carrera, no pagan los mismos impuestos que los de esta zona de la ciudad. La otra duda es por qué, siendo también comerciantes los libreros, y sabiendo el momento por el que atraviesa el sector editorial, se les da la espalda en una de las escasas veces que tienen ocasión de hacer algo de negocio, a costa de pasar horas en la caseta, acarrear libros, y organizar firmas y presentaciones de libros para aderezar el evento. No entiendo por qué se les ponen tantas pegas, máxime cuando el libro no es un bien de consumo más, sino un vehículo de cultura que las instituciones están obligadas a promover por mandato constitucional.

Me pregunto también con cuántos colectivos culturales más está dispuesto a enfrentarse este Ayuntamiento. Y si no hablamos de cultura, sino de votos, me gustaría saber si se ha sopesado bien el coste electoral que este enfrentamiento puede reportarle en estas fechas. O si se da por hecho que entre los amantes de la cultura no hay un voto que rascar, que también puede ser. Sobre lo que significa la dinamización del casco también se podría escribir largo y tendido, pero basta con decir que nuestro centro histórico necesita sobre todo de personas que habiten sus casas día y noche, y no solo turistas que visiten sus museos. Y mucho menos, visitantes “forzados” que se acercan a él, no por sus encantos y su oferta comercial, sino porque el Ayuntamiento trata de arrastrarlos, aunque sea de mala gana.

Me produce desazón ver a los libreros tan decepcionados y escuchar tan triste a Herrera Casado, que tanto ha hecho por la divulgación de nuestra Historia y nuestro Patrimonio, y a quien nadie podrá tachar de polemista ni de radical. Y me indigna ver al Ayuntamiento tan obcecado en su cerrazón. Me duele por la lectura, sinceramente. Pero me escuece por la Democracia.

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4 pensamientos en “Sin concordia con los libreros

  1. Guadalajara se vacía, había pequeños espacios culturales que habían conseguido personas con mucho empeño y trabajo, que desde aquí agradezco enormemente y que están desapareciendo. También a mí me da mucha pena.

  2. Estoy totalmente de acuerdo con Concha, que creo que lo expone con una claridad magnífica. Sólo recordar que por razones muy similares desapareció hace poco más de dos años el Festival Titiriguada, cuando vivía su mejor momento, y se sustituyó por un programa de globoflexia, guiñoles e hinchables que tiene muy poco que ver con el teatro.
    Cuando hace un año escribí el artículo “El Matronato” (https://elhexagono.wordpress.com/2014/04/09/el-matronato/) sobre el modo en que se hacen las cosas en el Patronato de Cultura, tal vez alguien pensó que exageraba. En mi contacto con la gente dela cultura, día a día sólo encuentro argumentos que refuerzan esta visión de las cosas. La suspensión de la Feria del Libro sería uno más, aunque bastante grave a mi juicio.
    Sobre el asunto de fondo, recordar que una feria de un sector como es esta del libro tiene siempre como objetivo que las administraciones colaboren en poner en contacto a quienes venden y a quienes compran, en este caso libreros y lectores; animar la hostelería del entorno de la carpa sólo sería un deseable efecto colateral. La experiencia del año pasado da por muerto el intento de llevarla a la Plaza Mayor, con la honorable excusa de revitalizar el centro, pero a contracorriente de lo que se hace con las ferias de primavera de toda España, en parques y jardines.
    Nuestras autoridades locales se decantan últimanente por el talante Cañete cuando dijo sobre el trasvase del Ebro que se haría “por cojones”. Pero al final no hubo trasvase.
    Rubén Madrid.

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