Autovía de la Alcarria vs Civis ¿Quién ganará?

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Los trenes civis han de ser una herramienta de vertebración territorial.

Por Julio Martínez

El tramo final del 2016 está trayendo muchas noticias sobre infraestructuras. ¿Será que estamos saliendo de la crisis? Lo dudo. De hecho, hace poco analizaba en El Hexágono el anuncio de Fomento de rescatar las autopistas de pago. Una obra faraónica que, como siempre, se hizo sin mesura y sin contemplar el posible costo que llevaría su falta de uso. De hecho, hoy estas decisiones las debemos asumir entre todos…

A pesar de ello, parece que no aprendemos. Ahora es el Gobierno regional el que reclama otra  infraestructura sin sentido. Hablo de la Autovía de la Alcarria, aquella carretera que partiría de Guadalajara y desembocaría en Tarancón. Y que, gracias a posteriores conexiones, vertebraría la región de norte a sur, llegando hasta Albacete. La mencionada idea volvió a salir a la palestra hace unos días en la reunión entre el presidente autonómico, Emiliano García Paje, y el ministro  de Fomento, Íñigo de la Serna.

Page recordó a De la Serna que el Gobierno central debe cumplir el convenio firmado en 2007 con el Ejecutivo castellanomanchego, por el cual Toledo se encargaba de la Nacional 320 entre Cuenca y Albacete, mientras que Madrid ejecutaría la Autovía de la Alcarria. “La Junta está cumpliendo, pero el Estado, no”, espetaba el mandamás regional. “Se trata de una infraestructura de la que se lleva hablando más de una década. Hay que reclamar a Fomento que la haga. Y, si no está dispuesto a ello, que lo diga”, añadía el delegado autonómico en Guadalajara, Alberto Rojo.

Sin embargo, ¿alguien se ha planteado qué uso y utilidad social tendrá este macro proyecto? ¿Estaría justificada su elevada inversión? ¿Nos podríamos encontrar ante una nueva infraestructura fantasma? Como recordaba mi compañero, el periodista Álvaro Nuño, se preveía que en 2010 podrían haber circulado por esta vía –si hubiera estado construida– algo más de 8.000 vehículos diarios. Una cifra que, a priori, no es elevada. Por tanto, hay que preguntarse qué porcentaje de la población necesita realmente una autovía de estas características.

Además, las circunstancias económicas desde 2007 –año en que se firmó el mencionado convenio– han cambiado radicalmente. Seguimos en una crisis que –parece– no quiere abandonarnos. La inversión, tanto pública como privada, se ha reducido brutalmente. E, incluso, muchos hábitos ciudadanos se han transformado de forma muy importante. Por ello, no es lógico insistir en determinados proyectos que no tienen ningún sentido hoy –apenas lo tenían poco en su día–, basándose en el cumplimiento de un acuerdo firmado hace una década.

Ante esto, el ejecutivo regional tiene que ser valiente. Y durante el tiempo que se han dado las partes para analizar este tema, ha de mostrar inteligencia, apostando por la introducción de elementos que transformen el modelo de movilidad. Se deben olvidar las grandes obras inútiles, al tiempo que se camina hacia una mayor sostenibilidad. Esta finalidad se puede alcanzar, por ejemplo, mediante el estímulo de los transportes públicos, que vertebren más y mejor la  región.

Es cierto que hay que conservar y mejorar las vías de comunicación existentes. Pero esto no significa impulsar grandes carreteras que –muy probablemente– no contarán con un elevado uso ciudadano. No olvidemos el resultado de las Radiales de Aznar. Por tanto, se debe diseñar un cambio en el tipo de movilidad. Hay que reducir la utilización del vehículo privado. Así, el dinero que se ahorraría si no se ejecuta la autovía de la Alcarria se podría emplear en incrementar las frecuencias del tren convencional –que cada día están más mermadas–, o en aumentar el número de civis que unen Guadalajara con Madrid. Ésta última reclamación, además, ya fue planteada por García Page en su reunión con De la Serna. Tampoco hace falta variar mucho el discurso.

Por tanto, en el enfrentamiento Autovía de la Alcarria vs Civis, ¿quién ganará? Esperemos que la segunda opción, por ecológica, económica y por lógica. Y porque la vertebración del territorio no se consigue con una autovía entre Guadalajara y Tarancón. Debemos desechar definitivamente  la concepción de que las obras faraónicas –por el hecho de serlo– son buenas. Otro modelo es posible y viable. Y éste pasa por el fomento del transporte público.

PD: Estamos sólo a unos días de finalizar en 2016. Les deseo que en 2017 se cumplan todos sus deseos. ¡Feliz año!

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Un pensamiento en “Autovía de la Alcarria vs Civis ¿Quién ganará?

  1. No existe tal enfrentamiento más que en la cabeza del autor del artículo. Una es una gran infraestructura de ¿cientos? de millones de euros, lo otro no es más que variar un servicio que no se hace porque no les da la gana a los políticos. Uno es para acercar a los viajeros de la zona del corredor a Madrid, lo otro sería para vertebrar territorios a una escala regional y nacional. Como digo, nada ver una cosa con la otra, ni son proyectos excluyentes. Otra cosa, y en eso sí estoy de acuerdo, es en plantear la utilidad de la autovía de La Alcarria, más como estaba planteada con un trazado más que sinuoso y demasiado pegado a la provincia de Madrid como para que el territorio despoblado alcarreño pudiese aprovechar la sinergia de la misma (otra cosa también dudosa, que no veo que se aproveche mucho la sinergia de la A-2 más allá de Torija).

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