La ciudad de los cuentos

2016.06.17 Volutarios

Por Álvaro Nuño.

Me gusta el Maratón. Es más, me encanta el Maratón. Es una de esas citas ineludibles en mi calendario particular y creo que en el de esta ciudad en general. El Maratón es mágico. Una pequeña capital de provincia, acusada en muchas ocasiones de aburrida y una zona de esa ciudad, la que rodea a nuestro majestuoso Palacio del Infantado, también un tanto desértica muchas semanas al año, se llena por arte de magia de guadalajareños deseosos únicamente de participar en la fiesta de la palabra. Porque el Maratón de los Cuentos es sólo eso, palabras, pero palabras llenas de emoción, de amor, de recuerdos y de sentimientos que unos centenares de personas trasladan a otros miles que les escuchan atentamente ensimismados. Y en la época de las pantallas y el guasap, la comunicación oral cara a cara funciona. Es mágico, una comunión entre vecinos de una ciudad que, en la mayoría de los casos ni se conocen, pero que comparten historias, a veces íntimas y otras famosas. Guadalajara es la ciudad de los cuentos y este año, además, celebramos las bodas de plata de este maravilloso invento.

Hace 25 años, tres mujeres, la contadora Estrella Ortiz, la bibliotecaria Eva Ortiz y la entonces alcaldesa de la ciudad, Blanca Calvo, estaban buscando una actividad que animara la Feria del Libro. “Estábamos las tres pensando cómo enriquecer la Feria del Libro de Guadalajara, cómo hacer partícipe a la ciudad, y sacar a la calle la narración oral que ya se practicaba en la Biblioteca a través de los clubes de lectura, contaba ayer mismo Eva Ortiz en una entrevista en Ser Guadalajara. “En principio se pensó en diferentes plazas o rincones de la ciudad con los narradores contaran cuentos, pero al final se optó por concentrarlo todo en la Plaza Mayor para que no se dispersara demasiado”. Los más viejos del lugar todavía lo recordamos. Allí estuvieron el dramaturgo Buero Vallejo o el poeta Ramón de Garciasol. El reto era que en el escenario no se dejaran de contar cuentos durante 24 horas ininterrumpidas. Incluso un equipo de mantenimiento con contadores de guardia estaba preparado para ocupar el micrófono si se quedaba vacío. No hizo falta, El primer año, la compañía Fuegos Fatuos, que era en la que trabajaba Estrella y se encargaba de la Escuela Municipal de Teatro, embarcó a todos sus alumnos para que fuera el equipo de mantenimiento y cada uno de ellos “se aprendió cinco o seis cuentos y estaba allí por si acaso pasaba algo, por si nadie contaba, algo que no sucedió finalmente” recuerda Blanca Calvo en la misma entrevista.

Blanca es el alma del Maratón, es la que siempre tira del Maratón y es la que siempre tiene tiempo e ideas, como si fuera el hada madrina del Maratón” la describe su compañera y amiga Eva Ortiz -bibliotecarias ambas de profesión y recientemente jubiladas ambas. Como paridora de la idea y alcaldesa, Calvo -uno de esos personajes que se convierten en imprescindibles en el devenir de una ciudad- inauguró el Maratón de 1992 y, desde entonces, todos los alcaldes de la ciudad han contado siempre el primer cuento, exceptuando el año pasado en el que a Antonio Román se le terminaba el tiempo para llegar a un pacto de legislatura y no llego a inaugurar. Este año sí volverá a contar el viernes 17 a las cinco de la tarde junto al resto de los alcaldes del último cuarto de siglo: el muy maratoniano José María Bris, Jesús Alique y la propia Blanca Calvo.

Consciente de la importancia del evento, el Ayuntamiento de Guadalajara siempre ha sido el principal valedor y sustento económico del Maratón. Tanto es así que en esta edición se inaugurará una escultura conmemorativa del 25 aniversario antes de que comience en la plaza de Dávalos, junto a la Biblioteca. “Espero que muchos niños acaricien a la hilandera y recuerden el Maratón durante el resto del año” dice Blanca Calvo, agradecida y ajena a las polémicas políticas que ha suscitado erigir esta escultura junto a otras dos en homenaje a la Semana Santa y al Tenorio Mendocino, citas señaladas todas ellas en el calendario local. Personalmente, me hubiera gustado más ver a la Bruja Rotundifolia fundida en bronce, personaje interpretado por la otra pata de este taburete, la contadora y actriz Estrella Ortiz -nadie podrá negar viendo la estatua del Comendador que es la viva imagen de uno de los padres del Tenorio Mendocino, nuestro querido Javier Borobia, un guiño local que, esta ocasión se podría haber tenido también-.

“El flecahzo que sintieron en 1992 se ha convertido a estas alturas en una relación sólida, de las que casi no se recuerda el origen y de las que no es posible imaginar el final” comienza diciendo el programa de mano de esta 25 edición dedicada a la poesía. N0 puedo estar más de acuerdo con estas palabras. Soy una de esas miles de personas a las que el Maratón atrapa, a las que se le dibuja la sonrisa sólo de ver las calles engalanadas con telas de colores, de las que baja al Palacio estos tres días y no encuentra nunca la hora de marcharse: entras al Patio de los Leones, encuentras sitio, escuchas los cuentos, te levantas, deambulas por la galería, sales a la plaza, vas a los jardines, saludas a la gente, haces fotos con el móvil, vuelves a entrar y a escuchar, esperas tu turno para contar, y así de manera indefinida hasta que la noche te atrapa, las luces iluminan las piedras del palacio y el frescor sustituye al bochornoso sol.

“Son tantos los momentos felices que es difícil recordar sólo uno, aislarlo de los demás o saber ubicarlo en un año determinado”, le confesaba Eva Ortiz a Alberto Girón en la entrevista radiofónica. A mí me ocurre lo mismo. Son tantos los recuerdos y tan bonitos que no podría clasificarlos. Para mí, el Maratón es un estado de ánimo, casi zen. Me gustan tanto los gigantes y los cabezudos y los pasacalles de la tarde, que la queimada de la noche o el chocolate con churros de la mañana; los cuentos de los escolares de primera hora, como los de los profesionales a última; el “Érase una vez” del Alcalde como el “colorín colorado” de la Banda de Música.

Guadalajara es otra durante el Maratón, que además suele coincidir con el comienzo del verano y el final del curso escolar, y sus vecinos también somos otros. Nos transformamos en esa ciudad y en esas personas que siempre nos gustaría ser: felices.

PD: Y sería mucho más feliz si el hashtag #25MaratónCuentos se difundiera por las redes sociales hasta conseguir ser Trending Topic, el sábado 18, de 20 a 22 horas, al igual que hace 24 años, nuestra ciudad entró en el Libro Guinness de los Records. Estoy seguro que, entre todos, lo conseguiremos.

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4 pensamientos en “La ciudad de los cuentos

  1. Has descrito lo que siento cada año al acercarse el maratón. A mi me costó encontrarlo, pero se ha convertido en imprescindible. Y tiene un efecto increible en mi estado de ánimo.

  2. Todos los años, en el patio de los Leones del Palacio del Infantado, se reúnen, cientos de soñadores para relatar de viva voz sus maravillosos cuentos y dicen que hasta los Grifos Alados de piedra, mandan callar a quién no quiere escucharlos.

  3. Soy un joven de ochenta años, llevo catorce contando cuentos en el Maratón. Mientras pueda lo seguiré haciendo, para mi es un placer estar en ese Palacio y dar un poco de lo que puedo dar : Cariño para todos los que quieran oírme, no me cuesta nada. ¡ GRACIAS !

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