La primera encuesta

2018.04.13 Encuesta-Castilla-La-Mancha

Por Álvaro Nuño.

26 de mayo de 2019. Es el día al que ya miran fijamente todos los partidos políticos como objetivo. Ese domingo, los ciudadanos decidiremos quiénes serán nuestros concejales -de entre ellos también saldrá en una votación indirecta el Presidente o Presidenta de la Diputación-, nuestros alcaldes y alcaldesas, nuestros diputados regionales, el presidente o presidenta de la Comunidad Autónoma e, incluso, en esta ocasión, nuestros europarlamentarios. Salvo el gobierno central, ese último domingo de mayo se decidirá prácticamente todo. Por eso, las proas de las formaciones políticas ya tienen el rumbo fijado hacia ese puerto, el velamen desplegado y la carta de navegación sobre el puente de mando. El problema para algunos es que todavía no han decidido quién será el patrón que comande la nave.

Esta semana se publicaban los resultados de la primera encuesta de ámbito regional, encargada por el Partido Socialista a la empresa Celeste-Tel. Según esta, sus propios clientes estarían rozando la codiciada mayoría absoluta, con un 37,2 por ciento de los votos, que se traducirían en entre 14 y 17 escaños en las Cortes de Toledo (en 17 se sitúa la mayoría absoluta). El Partido Popular sería la segunda fuerza más votada, con un 28,6% y 11 escaños. Ciudadanos entraría por primera vez en la Cámara regional con entre 4 y seis diputados, gracias a un 16,8% de votos, y Podemos rondaría entre uno y tres, con el 9 por ciento. Sorprendentemente, esta consulta no ha contabilizado los votos de la coalición de Pablo Iglesias con Izquierda Unida, a pesar de que ambas formaciones ya se presentaron juntos en las últimas elecciones generales. Así, IU obtiene un 3,1% de intención de voto que le dejaría fuera de las Cortes de Castilla-La Mancha.

El sondeo, que se realizó entre el 1 y el 22 de marzo preguntando casi a 2.000 personas por teléfono, da por tanto una clara victoria a los socialistas -que para eso lo han pagado y, es de suponer, que si la encuesta les fuese negativa, no habrían hecho público su resultado-. Emiliano García Page, por tanto, repetiría como presidente de los castellanomanchegos en solitario o con el apoyo de uno de los dos partidos surgidos en esta década: Podemos, como ocurre en estos mismos momentos, o Ciudadanos, como ocurre por ejemplo en la vecina Comunidad de Andalucía, a cuya presidenta Page apoyó en las primarias socialistas que Susana Díaz perdió.

Por lo que respecta a nuestra provincia, el PSOE también aparece como la fuerza más votada, con un 29,4 por ciento de los votos, frente al 23,5% de los populares, lo que en escaños se traduciría en dos para los socialistas y uno para el PP, con lo que perdería uno de los que disfruta en esta legislatura. Podemos mantendría al actual diputado en el Parlamento regional y Ciudadanos obtendría representación por primera vez con un diputado.

De darse estos resultados, el actual presidente Emiliano García Page, cabeza indiscutible del socialismo regional, refrendado por la mayoría de sus compañeros en el último proceso de primarias frente al alcalde azudense José Luis Blanco, repetiría como presidente regional, en cualquier caso, dada la habilidad y la cintura que el PSOE siempre ha demostrado para pactar cuando lo ha necesitado. Además, una posible coalición entre populares y Ciudadanos no superaría los votos de socialistas y Podemos, formaciones que ya gobiernan en este momento en Castilla-La Mancha.

En el otro bando, el Partido Popular parece no contar de una manera segura con su candidata de las dos últimas elecciones generales, la hoy ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, que sigue presidiendo aún así su partido. El discurso oficial es que ella es su lideresa y el puesto no se discute pero la tozuda realidad sitúa a la también secretaria general del PP más en Madrid que en Toledo. Si a esta circunstancia le unimos la caída de votos respecto a las elecciones de 2015 -que ganaron con un 37,51, aunque no llegaron a gobernar por el pacto de investidura y después de gobierno PSOE-Podemos en el legislativo- que le “roba” Ciudadanos, con un ascenso de ocho puntos, similar al descenso de los populares, se puede decir que el PP tiene un duro trabajo por delante en el próximo año: por un lado, luchar contra el protagonismo institucional del que goza Page como presidente y sacando a la luz los errores o inacciones cometidos por el ejecutivo en esta legislatura; y, por otro, mantenerse como referencia de su cuota de electorado fiel, evitando que los naranjas les coman el terreno. Y todo eso, sin cabeza clara de cartel. Mucho trabajo para un año.

Ciudadanos, por su parte, es una formación que no tiene nada que perder a nivel regional, puesto que hasta el momento ha sido inexistente en la comunidad, salvo en algunos municipios -como Guadalajara capital-, donde actúa de muleta de los populares en momentos claves como la aprobación de los Presupuestos anuales. Su secretario de Organización regional, el concejal Alejandro Ruiz, ya ha pedido calma ya que los candidatos no se elegirán hasta principios de 2019 por elecciones primarias internas. Y no sabemos si en este proceso participará su actual portavoz, la también alcarreña Orlena de Miguel, cabeza visible en estos momentos de los de Rivera en Castilla-La Mancha.

Por último, Podemos parece no avanzar en los resultados de la encuesta encargada por sus actuales socios de Gobierno. Tienen en la actualidad dos diputados y les vaticinan entre 1 y 3, aunque en porcentaje de voto triplicarían el 3,11 por ciento cosechado en 2015. La verdad es que Page parece haber ganado el órdago que lanzó a los morados invitándoles a formar parte del Gobierno. Desde que José Manuel Molina es uno de los vicepresidentes del ejecutivo regional, su anterior faceta guerrera y contestataria ha quedado completamente diluida y su compañero “anticapi”, el campiñero David Llorente, ha quedado reducido a la voz de la conciencia de esa izquierda minoritaria dentro de la propia organización, que se conforma con la soflama teórica y estética, pero cuyos postulados luego no se convierten en votos en las Cortes. Muy al contrario, apoyan al PSOE, cumpliendo así los pactos aprobados por la mayoría de su propia formación, con la que ni él ni su corriente están en el fondo de acuerdo.

 

 

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