Guadalajara ya no es tan Gigante

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Uno de los escenarios del festival Gigante // Foto: Festival Gigante/Alba García

Por Patricia Biosca

La noticia se extendía como la pólvora desde el viernes: el Ayuntamiento confirmaba el desencuentro con la empresa que organiza el festival Gigante y en el pleno, de soslayo y a una pregunta de Aike, soltaba la bomba: se iban de la ciudad. En ese momento, mi móvil empezó a dar señales de explosión por la proliferación de mensajes. Indignados en su mayor parte, incrédulos por otra, ávidos de información exigiendo a la presente radio patio más noticias acerca de este jarro de agua fría o enterados de la intrahistoria más allá del tuit. Todos opinábamos acerca de lo que todos coincidíamos: es algo malo para la ciudad. El fin de semana aún quedaba un hilo de esperanza porque todo fuera un órdago, un “a ver quién puede más”, un “por mis cojones Mariloli”, que finalmente se truncaba con el anuncio de la empresa a través de su página web. El Gigante se escapa definitivamente de la capital alcarreña en 2020. Guadalajara es un poco más pequeña ahora y la resaca del fin de semana se alarga más de lo esperado. 

Es cierto que en la pasada edición ya hubo momentos críticos: hasta julio no se supo con certeza su ubicación y muchos vaticinaban (vaticinamos) el soberano sopapo al Gigante. De hecho, también parece ser que se resintió el cartel, si bien es cierto que en los últimos años ha tomado una deriva más comercial para atraer a gente de todo tipo, no “festivaleros” al uso. Sea como fuere, la empresa consiguió congregar a 20.000 personas entre los tres días en su ubicación primigenia, las pistas de la Fuente de la Niña -gracias a un giro de guion del nuevo Ayuntamiento que ni Hitchcock, e incluso a pesar de la oposición frontal de los deportistas en contra con petición en Change.org incluida-. Sin embargo, tal y como desvela Santi Barra en Guadalajaradiario.com acabó “palmando” la friolera de 25.000 euros. Cosas de la inversión privada, oiga. 

A partir de aquí, las versiones cambian según quien las cuente: Evaristo Olcina, actual concejal de Deportes y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Guadalajara, contaba a través de su Twitter que los organizadores ya habían tomado la decisión de llevarse al Gigante fuera de la ciudad antes siquiera de haber hablado con el Consistorio. Fuentes cercanas a la empresa -qué bien sienta escribir algo tan impreciso; pero fíense de mí, les juro por mi tío Sebastián que son de buena tinta- afirman que “el Gigante no se ha ido de Guadalajara. Al Gigante lo han echado de Guadalajara”. Es decir: todos tiran balones fuera al más puro estilo “entre todas la mataron y ella solita se murió” para no cargar con el cadáver, porque igual que los crímenes, esto tendrá consecuencias. Yo, ilusa de mí, pensé en un principio que era un pulso entre Ayuntamiento y organizadores, que al final acabaría resolviéndose porque Guadalajara necesita al Gigante y el Gigante a Guadalajara. El éxito de estos años se debe a un recinto de lujo que -ruego me perdone el sector deportista- le venía como anillo al dedo al festival. Por otro lado, ese fin de semana la ciudad bullía como pocas veces, y Guadalajara se creía Gigante de verdad, no la diminuta ciudad dormitorio que nos repiten día sí día también que es. 

Y después de un fin de semana de dimes y diretes online, en los que la concejala de Festejos, Sara Simón -sí, por increíble que parezca, este tema se está llevando desde Festejos y no desde Cultura, que tiene a Riansares a tope salvando las Veladas de Arte Sacro– decía que la decisión había sido tomada de forma unilateral por la empresa y que podemos ir pensando en no traer “primeras espadas” a los conciertos de Ferias porque, sencillamente, no hay lugar para hacerlo. Así que olvídense de El Barrio, de Marea, de David Bustamante o del siempre querido Melendi -desde que grabó el videoclip en la calle Mayor parece que se ha ganado un puesto de honor en las votaciones populares y ya ha batido el récord que ostentaban Los Mojinos Escocíos, quienes dice la leyenda que tenían carnet de la Biblioteca de Guadalajara-, porque pinta regular incluso para septiembre de 2020 -Simón dixit-. 

Y ahora me pondré en modo pitonisa: a este culebrón aún le faltan capítulos y en los próximos días veremos cómo actores principales y secundarios se tiran los trastos a la cabeza -e intentan ganar puntos a costa de esto, que llegan las elecciones y la nueva edición del Gigante ya tiene bastante polémica encima-, descargando responsabilidades para no ser los señalados. Porque, como bien decía la concejala de Festejos, las decisiones tienen consecuencias. La empresa de Guadalajara alega “inseguridad e incertidumbre”, pero es la misma que tendrá al cambiar la ubicación, ya que no está claro cómo afectará su marcha a Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz o Toledo, candidatas que suenan con fuerza en las últimas horas. El festival Gigante estaba unido irremediablemente a Guadalajara y viceversa, aunque muchos hayan (hayamos) renegado en algún momento o en todos. Tampoco será buena publicidad para un Ayuntamiento recién llegado que pierde uno de los eventos culturales que más gente atrae a la ciudad a finales de agosto, cuando el pueblo o la playa llaman más que el Cuerno de Gondor. Se supone que ya están trabajando “para buscar y atraer nuevas oportunidades culturales y musicales a nuestra ciudad” (con emoji de lengua fuera), aunque si no se quiere apostar por la empresa privada ni existe a día de hoy un recinto que pueda albergar grandes conciertos, ¿cómo rellenarán el vacío Gigante? 

El tiempo vuela para tomar decisiones, porque es posible que llegue a caer en el olvido un festival que lleva cinco años; pero ¿cómo se tomarán esos nostálgicos que vieron al Dúo Dinámico reventar el antiguo auditorio aka hacedor de viudas, a Alejandro Sanz y la leyenda urbana de que se le vio contento por el ferial o a un joven Ricky Martin -gracias a Irene por el apunte- mover las caderas con “María, María” que los conciertos de Ferias queden relegados a simples verbenas? 

Mientras, Guadalajara se ha quedado un poco huérfana de música. Puede que no fuese la opción organizativa más popular, que hubiese perdido la esencia del principio y que costase un riñón echarte un litro de cerveza. Pero nada de eso importaba tanto como el momento en el que te juntabas con tus amigos a corear “Hurt” de Jhonny Cash, justo antes de que echasen el cierre a otra edición, para volver andando con una sonrisa a casa. Te echaremos de menos, Gigante.

Un pensamiento en “Guadalajara ya no es tan Gigante

  1. Una “empresa privada” que ha crecido al calor del dinero público en más de un 90%, que se va de una ciudad justo cuando cambia el color del Ayto, huele a lo que huele. Me da que el Gigante he ha usado como moneda de cambio para un órdago que no ha funcionado. Recuerden Vds. el oscuro asunto del concurso público de ferias (AHÍ es donde está el dinero) con la empresa denunciante de amaño retirando la denuncia a cambio de trabajo ad-hoc.

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