El sol del Maratón

Maratón de Cuentos Guadalajara

La zona de Santa Clara, engalanada para acoger el Maratón de Cuentos 2018 // Foto: Guadalajara Diario

Por Álvaro Nuño.

Tengo que confesárselo. Menos mal que esto no es un video-blog porque si no me verían la cara de bobo que se me pone cuando llega el tercer fin de semana de junio en esta ciudad a la que tanto quiero. Una sonrisa tonta se instala en mi cara y no me abandona desde que veo la Calle Mayor baja adornada de telas multicolor, viendo esas letras colgando en el cielo, jugando con las puntas de diamante de la fachada del Palacio del Infantado, con la ventaja de que a ellas las mece el viento y las piedras las observan ahí sin moverse, pero si pudieran sonreír como yo, seguro que también lo harían. Este año ya las he visto decorando Santa Clara. Echarán de menos -como todos- la que ha sido su sitio durante un cuarto de siglo, pero han encontrado otro lugar donde seguir bailando al ritmo que marca el viento.

Dicen los organizadores del Maratón nada más empezar el folleto del programa de actividades del Maratón de Cuentos de 2018 que a ellos no les gusta el término “problema”, “A pesar de los pesares, no caben lamentos en este programa”, comienzan. Pero a nadie se le escapa que este Maratón no podrá ser lo mismo sin nuestro Palacio del Infantado abierto, lleno de vida, de gente, de la magia y de la ilusión que impregna en sus muros y columnas esta fiesta de la palabra. Cuando pasemos por delante de él, lo veremos más cerrado que nunca y seguro que los leones y los grifos de su patio nos estarán echando de menos este fin de semana más que nosotros a ellos, ¡y ya es decir!

Pero los organizadores, la gente del Seminario de Lengua y Literatura Juvenil han puesto al mal tiempo buena cara, haciendo de tripas corazón, y han buscado una alternativa cercana, también palaciega y mendocina, que va a resultar más coqueta por decirlo de alguna manera, más recogida, como es el instituto “Liceo Caracense”, el antiguo Palacio de Antonio de Mendoza y donde yace en su sepulcro doña Brianda de la misma familia. Su patio no es tan archiconocido como el del Infantado pero tiene escudo imperial y todo, además, de estar decorado con azulejería multicolor y artesonados y viguería de madera noble -de esa en la que no hay peligro de sufrir aluminosis. Estos Mendoza sabían hacer bien las cosas, y sus casas con sus patios mejor que ninguna.

Así que ante el cierre extraño y repentino del Palacio, han trasladado todo el cotarro unos metros más arriba, no queriendo abandonar de todo al Infantado ni mucho menos al casco histórico de Guadalajara, que se podrá disfrutar como siempre gracias a la multitud de actividades de calle que circundan al escenario en el que, durante 46 horas de manera ininterrumpida, se contarán cuentos. Esa es la esencia, el origen y el fin de todo. Porque sin el millar de contadores, la inmensa mayoría de ellos ciudadanos anónimos, vecinos, escolares, grupos, amigos, familias, -acompañados de narradores profesionales-,  que se preparan en casa su historia, la ensayan en el salón, se la aprenden -sigue estando prohibido leer- y finalmente la representan en el escenario ante un público fiel, devoto, masivo y entregado a esta fiesta de la palabra, todo esto no existiría, ni dulzainas y conciertos por las calles, ni puestos de artesanos, ni conferencias, ni maratones paralelos, ni nada de nada. Eso es lo que no ha cambiado ni tiene pinta de cambiar, el verdadero sentido del Maratón, el milagro de que unas personas les cuentan historias inventadas a otras y las otras les escuchan como si fueran verdad sabiendo que son mentira. Es la magia de la palabra, la esencia del Maratón, lo que trasciende incluso al que nos ha parecido durante un cuarto de siglo, su escenario natural, el Palacio del Infantado.

Tampoco nos queremos acordar ya -aunque lo hagamos- del “regalo” del Ayuntamiento recortando la partida presupuestaria al Maratón, un dinero sin el que muchas de estas cosas no serían posibles. Ya dijimos en su momento que era incomprensible reducir la partida municipal al sin duda principal evento cultural de la ciudad. No tendría dinero suficiente el Ayuntamiento para organizar todo lo que se celebra este fin de semana, no habría empresa de eventos que supliera con jornales la ilusión y el esfuerzo de los organizadores y de los dos centenares de voluntarios que llevan trabajando semanas simplemente por amor a su Maratón, que es el de Guadalajara. A la ciudad le cambia la cara este fin de semana, es una fiesta aunque no se vea un solo pañuelo morado anudado al cuello. Al final, el programa se ha hecho completo y lo inaugurará hoy el primer vecino, el Alcalde, como se ha hecho siempre. Aunque sea él uno de los que decidió meter la tijera en esto también.

Pero no todo van a ser desventuras. Por contra, la Junta de Comunidades ha declarado por fin al Maratón de Cuentos de Guadalajara Fiesta de Interés Turístico Regional, un reconocimiento que se debía haber otorgado hace mucho tiempo, porque el Maratón trasciende nuestra ciudad y provincia. Somos la capital de la narración oral, aquí vienen contadores de todo el mundo y público de fuera que se queda prendado de la magia que lo envuelve todo y al final acaba enamorada de la tierra que lo acoge y de sus moradores, que lo hacen posible. Ahora sólo queda que las palmaditas en la espalda vengan acompañadas de ayuda tangible también por parte de una administración que siempre se ha sentido desde aquí un tanto lejana y que tiene otra oportunidad para retratarse con la cultura de esta ciudad y de esta provincia. Un aumento sustancial de su aportación seguro que sería agradecido, reconocido y aplaudido por todos, así como la presencia de algún consejero o del propio Presidente, que no conoce ni ha participado nunca en el Maratón. ¡Señor Page, venga a disfrutarlo porque se está perdiendo uno de los acontecimientos seguro que más mágicos de su región!

Y, por último, parece que los astros han sabido agradecer a los organizadores del Maratón que este año hayan decidido dedicarlo a las estrellas y así, la más cercana y más importante para nosotros, ha decidido hacer por fin acto de presencia y nos acompañara toso el fin de semana. Se acabó el mal tiempo, las nubes negras, las lluvias y las tormentas. El cielo parece que nos sonreirá a partir de ahora e iluminará el escenario y las calles de la ciudad. Después de esta larga y oscura primavera tan otoñal, el sol ha bendecido con su presencia el Maratón 2018 y ha hecho desaparecer todas nuestras sombras mundanas. ¡Que ustedes disfruten ambos!

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